18 agosto 2019

Las estrategias aisladas nos conducen a una hecatombe ¿ESTAMOS EN UN PAÍS DE CHIFLADOS?



Carlos Rodrigo Zapata C.


Al observar los aprestos electorales de diestros y siniestros no me cabe más que la pregunta del epígrafe, al punto que ya he empezado a dudar de mí mismo.




Da la impresión que todos los actores sociales y políticos se hubieran propuesto hacer exactamente lo contrario de lo que una conducta coherente y razonable prescribiría.

Si empezamos por el oficialismo, éste hace todo como para ser detestado, repudiado y, consiguientemente, expulsado del poder por la vía electorado por mañoso compulsivo y violador de derechos y libertades. Para lograrlo viola la Constitución, conculca derechos, barre con la independencia de los poderes del Estado, indispensable para controlar los desbordes del poder y la pone a disposición del partido gobernante y su caudillo, organiza multitudinarias marchas sobre la base de empleados públicos chantajeados y “bases” de sindicatos oficialistas como si se tratará de simples pedazos de masas manipulables a capricho. 

Pregunta: ¿éstas son maniobras para ganar elecciones, para ganar adherentes o para hacerse odiar y despreciar? A mi entender ya dudoso, creo que es para hacerse rechazar desde lo más íntimo de nuestra ya trajinada y vapuleada dignidad. Pero los planes para nuevas concentraciones, aún más masivas y multitudinarias que las otras, siguen. Si lograran superar a las que se dieron hace años durante la lucha por la sede de gobierno del país, creo que se me terminaría de romper mi ya precaria cordura. La única explicación que todavía alcanzo a elucubrar es que el oficialismo actúa así con tanto desdén por el electorado porque sabe que tiene todas las palancas para asegurar el resultado de la contienda en su favor, sea por la vía electoral limpia o por la vía del fraude desfachatado. 



De los diestros ya ni qué decir, pues parece que se han propuesto ser sus primeros adversarios, los unos de los otros y hasta de sí mismos. Da la impresión que se hubieran propuesto no dejar ningún error sin aprovechar ni posponerlo para más tarde. 


Entre las fuerzas que se adscriben a la oposición, hay una con posibilidades casi seguras de no pasar el 2%, pero ya se halla en plenos aprestos hasta para cambiar a su candidato presidencial que renunció en un ataque de sinceramiento.

Todos entendimos -bueno, todos es mucha multitud, yo entendí- que dicha renuncia significaba que ese frente se retiraba de la contienda electoral. Pero no, como si se tratara de una acción perfectamente sincronizada y concertada –según mi irreverente y confundido parecer, el TSE decide que los partidos pueden renovar sus binomios, al mismo tiempo que este frente político decide seguir en carrera y mientras tanto hasta ya tiene nuevo candidato, absolutamente desconocido –para mí- y todo a escasas 9 semanas del verificativo electoral. 

Tuve ocasión completamente fortuita de tener frente a mí al futuro candidato de marras y no pude evitar el manifestarle mis reservas sobre las consecuencias del voto dividido, advirtiéndole que la oposición terminará sufriendo la mayor paliza electoral de su historia, con el resultado que me responde, diplomáticamente, debo reconocer, que tengo “otra lectura de las cosas” o algo similar. Sí, debo estar completamente equivocado, tanto que ya no tengo idea de donde estoy parado. No obstante, me pregunto, si un candidato a candidato –porque aún no logra ser reconocido como tal- que se suma a una contienda electoral a pocas semanas de su verificativo, es completamente desconocido en el ámbito nacional y según las encuestas, el frente por el que va no llega al 1% de las preferencias electorales, entonces, ¿a qué juega? ¿A llamar la atención sobre su persona, a una acrobacia de egolatría o a “otra lectura” de la realidad? La única opción que cabe en mi mente, sin duda ya confundida, es para movilizar las pocas bases que tenga (según dicen en el ámbito de iglesias protestantes) con la única finalidad de restarle votos a la oposición, es decir, de ayudar al Usurpador a ganar las elecciones. Este es el único juego que es posible vislumbrar. 

Otros candidatos casi invisibles tienen iguales o mayores ínfulas como si su triunfo estaría a las puertas mismas del cielo y yo sin enterarme, sin lograr percatarme de cuál puede ser el poderoso y misterioso imán que usan para atraer a las masas a sus predios. Otra vez el despistado soy yo, el que intenta ver con ojos de cordura este desaguisado que se juega en las ligas celestiales del poder. Todos estos candidatos a no superar el 3% y, por tanto, a quedar excluidos del reparto de escaños y perder la personería jurídica, se mueven como si ya gozarán de los poderes del mando de la Nación. No hay nada que los desanime, los enfríe o los haga titubear. El dudoso, el repleto de interrogantes, el extraviado, soy otra vez yo. 


Aproximándome ya a los semidioses de la cancha electoral observo uno que dice que se sitúa en la oposición, pero que ha elegido como el mayor o único contendor a otro opositor que se halla claramente al frente de las preferencias electorales opositoras, y que además no se hace ningún problema con que el actual gobernante pueda seguir en funciones por unos añitos más. ¿Eso es un opositor, ese puede ser alguien que lidere los cambios que desesperadamente requiere el país, cuando solo aspira a instalar una bancada que cuando más le reste unos escaños al régimen en el poder desde hace 14 años y que junto con el otro gran contendor opositor logren arrebatarle los dos tercios? ¿Tanto nos han domesticado en estos años que ahora apenas si emitimos un quejido lastimero cuando deberían salirnos rugidos de canes enfurecidos ante semejantes enjuagues y ataques a la dignidad y el Estado de derecho nacionales?

La pregunta indispensable es, ¿por qué actúa así esta fuerza que se precia de querer representar al país, pero no logra ni el 10% de apoyo en las encuestas y por lo que se puede ver no tiene la capacidad de sintonizar con las grandes mayorías nacionales? La única respuesta es porque tiene un proyecto sectorialista que representa a fuerzas que no se quieren quedar mirando de palco, pero tampoco tiene ninguna chance de hacerse con el poder, aunque tampoco está en contra de una continuidad del actual esquema en el poder. Esta opción a favor de determinados sectores de interés nacionales está claramente diseñada en contra de la Nación, de la posibilidad que el soberano, o sea, el pueblo, recupere el control de los poderes que ha conferido y que evite esta debacle en camino. Así como en la elecciones del 2014 un candidato se ocupó de evitar que la oposición sume votos y terminó entregándole los dos tercios del poder al régimen ya entonces de carácter usurpador, ahora es esta fuerza política la que se ha confabulado en contra de Bolivia. 


Pero ahora recién llegamos al plato fuerte de la temporada: el opositor, aquél que se supone encarna la oposición en el sentido que parece ser el único que quiere derrotar al oficialismo usurpador de derechos, violador de libertades y sacrificador de futuros. Actúa como si ya hubiera consolidado su triunfo, al punto que se da el lujo de escoger con pinzas a sus adherentes, con tantas que muchos no elegidos y ya desesperanzados de no ser incluidos en tan benévola categoría, han buscado su suerte y destino en otras opciones y alternativas. El supuesto vencedor, que ignora y desprecia las bases que probablemente le permitirían tener una chance real de enfrentar la maquinaria del ogro filantrópico y de sus irrefrenables ansias de eternizarse en el poder, hace gala de una ligereza y arrogancia impresionantes. Desprecia pactos y acuerdos porque aparentemente le parecen maniobras no aptas para la política. Tampoco organiza un sistema de control electoral que le permita al electorado contar con algo así como una OEP paralela, capaz de controlar todos los tiempos y movimientos de cada actor electoral, al menos durante y después del día de la votación, pero nada, nada que trascienda al público, menos alguna señal sobre la escala que sería menester para enfrentar a la que sin ninguna duda será la maquinaria más voraz de fraude electoral de toda nuestra historia. Habría que nacer en otro planeta y haber vivido en otra galaxia como para no comprenderlo de esta forma.

Pero no, el supuesto elegido por los dioses para dar fin a esta pesadilla que ya se prolongó demasiado, no da señas de mover un dedo en la materia, lo que equivale a haber renunciado de antemano a organizar el mayor sistema de control electoral requerido en nuestro país, sin el cual, insisto, todo será una broma tan absurda e insulsa como unas primarias sin rivales, cuyos binomios ahora resulta que pueden ser reemplazados porque así le conviene al combo en el poder. 


Resultado final: los ciudadanos que aún no se dejaron envolver por alguna de esas maquinarias electorales fantásticas y siguen titubeando, no pueden entender que el candidato opositor elegido por los astros y los dioses no se empeñe al máximo para controlar toda la movida electoral y no haga acuerdos con otras fuerzas políticas y sociales, por lo que terminarán tan extraviados como yo y, en sus casos, posiblemente optando por apoyar a alguna de las otras fuerzas dizque de oposición en carrera. 


El resultado último en medio de todas estas borracheras por el poder, de este conjunto de extravíos más escandalosos de nuestra historia, en que el pueblo boliviano está mostrando una incapacidad de indignarse que raya en la incomprensión y la chifladura, es claro: continuará en el poder el conculcador de nuestros derechos y libertades, tendrá aliados incondicionales que le ayudarán a gobernar para extraer pingües beneficios en favor de estrechos círculos de poder y todo el país seguirá yéndose al tacho de la historia, a sembrar más miseria, estancamiento y coca para felicidad de nuestros “hermanos” narcos que terminarán controlando completamente el Estado plurinacional, ya sin necesidad de ningún ejército. 


Bien, tranquilos nomás, este sería el estado actual de mi locura, un estado en el cual uno jura ver algunas cosas que parece que nadie más sospecha que existen. 


¡Salud pues, sírvanse, a qué han venido!


Encuesta: el 54% de los bolivianos considera que 
Evo Morales es un "dictador"
https://www.lostiempos.com/actualidad/pais/20190804/evo-respetar-21f-es-respetar-mentira



05 agosto 2019

BOLIVIA - Accidentes de tránsito. Nuestro magnicidio anual


Carlos Rodrigo Zapata C.

Una de las mayores tragedias de Bolivia son sus accidentes de tránsito. La cantidad de muertos y heridos anuales ya nadie la tiene en cuenta. 

Hoy, por ejemplo, hubo un accidente en la carretera al norte de La Paz, en la zona de Charazani, donde hubo 14 muertos y más de dos decenas de heridos. Por las primeras informaciones, entre los afectados se halla personal de salud rumbo a los confines patrios.

La sociedad parece adormecida. Ya no reacciona ante estos hechos. Se limita a comprobar si el vehículo siniestrado que ocasionó esos muertos y heridos tiene SOAT (seguro en caso de accidentes), pues allí se tiene algo de dinero para costear los gastos básicos, dejando a las familias libradas a su suerte en los casos en que dichos gastos exceden el monto asegurado.

No existe una política integral de control del tráfico carretero, menos la aplicación de sanciones que coadyuven a disciplinar a la sociedad en estas materias.

El panorama se ha agravado en los últimos años, ya que entre 2006 y 2018 han ingresado al país 1,5 millones de vehículo adicionales, hallándose el parque automotriz en Bolivia en aprox. 2 millones de unidades. Una parte significativa de dichos vehículos no tiene ni placas ni registros, como se puede advertir al viajar por cualquier población del país, con excepción de las mayores ciudades.




¿Cuál es la situación más reciente? Según los datos que ofrece WORLD HEALTH RANKINGS que incluye a los accidentes carreteros entre las causas de muerte, estima para Bolivia en 25,6 muertos por cada 100.000 hab. para el año 2017. Dada la población de Bolivia de 11 millones para ese año, la cantidad de muertos en accidentes de tráfico alcanza a 2800 personas, es decir, un incremento de más del 100% respecto a las cifras para el año 2006. 
 
Las dimensiones de nuestro magnicidio anual siguen creciendo. La indolencia de autoridades y empresas de transportes sigue inalterable, la sensibilidad de la ciudadanía, aletargada. Un escenario para que los accidentes de tráfico sigan creciendo como bola de nieve. 

Qué pena que no se pueda esperar un cambio ni de las empresas, ni de las entidades aseguradoras, ni de los clubs de automovilismo, ni de los sindicatos que monopolizan los caminos. Morir en las carreteras en Bolivia es simplemente un evento más que ocurre con macabra regularidad ante la indiferencia generalizada.

Otros datos para 2013:

https://www.lostiempos.com/actualidad/nacional/20160613/bolivia-mueren-promedio-1326-personas-al-ano-accidentes-transito




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Accidentes de tránsito, nuestro magnicidio anual  [2007]

Carlos Rodrigo Zapata C.  (*) 


Una nueva oleada de accidentes muy graves de tránsito ha vuelto a arrollar al país, con consecuencias mucho más sentidas que las inundaciones, incendios y sequías que nos asolan cada año, al menos en lo que se refiere al número de muertos y heridos. Nuevamente muchas familias se visten de luto para lamentar la muerte de un ser querido o para arrastrar, posiblemente de por vida, las consecuencias de un accidente. Nuevamente sale a relucir en todo su terrorífico esplendor la indolencia de los participantes en el tráfico rodado, muy en particular las empresas de transporte público, sus chóferes y las autoridades del ramo.

 

Gracias al trabajo de medios de prensa escrita, la ciudadanía ha podido acceder en el último tiempo a información estadística sobre la cantidad de accidentes de tránsito acaecidos en Bolivia en los últimos años, así como a datos actualizados sobre el parque automotriz nacional. Los datos resultan francamente devastadores.

La cantidad de personas afectadas por accidentes de tráfico fue de 13.421 personas el año 2006, de las que 1.465 han muerto y 11.956 han sido heridas en todo el país. Por dicha causa perecieron, por ejemplo, en Cochabamba 552 personas, en La Paz 285 y en Oruro 219, los departamentos más fatales. Adicionalmente se observa que la cantidad de personas muertas y heridas en accidentes de tráfico aumenta año a año. Así, mientras que el año 2000 se vieron afectadas un total de 6.037 personas, el 2002 fueron 7.863 personas y el 2004, 11.318 personas.

Sin duda que el número total de personas afectadas por accidentes de tráfico ya debería ser motivo o razón suficiente de alarma y reacción. No obstante ello, la falta de parámetros de comparación nos impide juzgar la dimensión de este magnicidio que ocurre año a año en nuestras propias narices y con nuestra propia complicidad. 

Por ello, una forma de obtener dichos parámetros consiste en relacionar la cantidad de accidentados con el parque automotriz y luego comparar dicha relación con la que se presenta en otros países, relaciones que pueden ayudarnos a ilustrar la magnitud de nuestra indolencia. En el caso boliviano, observamos que el parque automotriz a fines del 2006 contaba con un total de 594.469 vehículos de todo tipo, lo cual nos indica que por cada muerto en accidentes de tráfico hay un promedio de 406 vehículos y por cada herido un promedio de 50 vehículos.

Alemania, uno de los países con uno de los parques automotrices más grandes del mundo, tenía el año 2006 un total de 54,9 millones de vehículos y tuvo ese año un total de 427.428 personas afectadas en accidentes de tráfico, de las que 5.091 murieron y 422.337 resultaron heridas. De dichos datos resulta que en Alemania por cada muerto en accidentes de tráfico había un promedio de 10.794 vehículos y por cada herido un promedio de 130 vehículos.

Si comparamos ahora estas relaciones entre ambos países, podremos darnos cuenta mejor de la magnitud del desastre. En Alemania existen 26 veces más vehículos por cada muerto y 2,5 veces más vehículos por cada herido que en Bolivia, ocasionados en todos los casos por accidentes de tránsito.

De ello se desprende que si en Alemania se diera la misma relación que se presenta en Bolivia entre parque automotriz y afectados por accidentes de tránsito -406 vehículos por cada muerto y 50 vehículos por cada herido-, en Alemania tendría que haber un total de 135.433 muertos y 1.105.281 heridos cada año, lo cual sólo se compara con las grandes catástrofes que acaecen en nuestro globo, aunque ello sucedería con una regularidad anual. Inversamente, si en Bolivia existiera la relación existente en Alemania entre parque automotriz y afectados por accidentes de tránsito -10.794 vehículos por cada muerto y 130 vehículos por cada herido-, el total de muertos en nuestro país sería de 55 y 4.605 heridos cada año, y no alcanzar a los 1.465 muertos y 11.956 heridos que hemos tenido durante el año 2006. Estos datos hablan por si solos.

Como dato adicional, habría que agregar que la cantidad de personas muertas y heridas en accidentes de tránsito en Alemania disminuye año a año. Las medidas de control del tráfico carretero en Alemania incluyen controles a los límites de velocidad, al límite de ingestión de alcohol, uso obligatorio de cinturón de seguridad, además de una amplia gama de otros controles, tales como la inspección técnica de los vehículos, donde se controla rigurosamente su estado y no existe forma de obtener la “roseta” sin aprobar dicha inspección, los rigurosos exámenes para la obtención del brevet para conducir, los controles a todas las empresas de transporte público, etc. Todas esas medidas se hallan a su vez acompañadas por un proceso continuo de formación ciudadana en materia vial.

Las preguntas que resultan de estos datos son claras y simples: ¿hasta cuando vamos a seguir tolerando este estado de cosas de dejar hacer y dejar pasar las cosas con total indolencia? ¿Cómo vamos a inducir a los protagonistas de este desastre que lacera sin compasión a la familia boliviana, a un comportamiento más cuidadoso y atento con la integridad física de los ciudadanos?

La respuesta deben darla todos los participantes del tráfico rodado. Tanto empresas, como conductores y usuarios, autoridades de tránsito y peatones, todos deben asumir su cuota parte de responsabilidad en este magnicidio anual. Entre otras tareas, lo menos que debe exigirse es la instalación de una red de talleres de inspección técnica que certifiquen apropiadamente la transitabilidad de los vehículos. También ya es hora que las empresas de transporte asuman su deber de servicio hacia la ciudadanía plenamente y las autoridades informen regularmente sobre el estado anual del transporte. Ideas como la de un “ranking de flotas” en base a la cantidad de accidentes que cometen como medio de información ciudadana, parecen una burla o un chiste de mal gusto, pues lo que se requiere es una política integral que apunte a la formación ciudadana en materia vial y a implantar una diversidad de sistemas efectivos de control regular.

Los usuarios por su parte también tienen una parte significativa de responsabilidad en este desastre anual. Si para los usuarios es más importante el precio por el servicio y la velocidad de desplazamiento que la seguridad y las condiciones de viaje, es evidente que se le está dando al conductor y a la empresa amplia potestad para actuar como se le antoje. La superación de este desastre anual, provocado íntegramente por nuestro comportamiento, es una obligación que toda la sociedad debe imponerse sin nuevas dilaciones.

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(*) Artículo publicado originalente en BolPress el 06-09-2007 http://www.bolpress.net/art.php?Cod=2007090603 
 
* Economista, planificador regional. E-mail: czapata@acelerate.com

Carlos Rodrigo Zapata C., boliviano, nacido en La Paz, Bolivia.
Economista, con estudios en Argentina, Bolivia y Alemania, candidato a doctorado en economía. Estudios complementarios y experiencia en desarrollo local, gestión pública, cooperativismo, gestión de recursos naturales, turismo. Es coautor de varios planes de uso del suelo (PLUS) en Bolivia a nivel departamental. También ha publicado numerosos ensayos relacionados con análisis económico y político, planificación, democracia, libertad de expresión y otras temáticas.

Ha sido columnista de diversos medios de información (Ultima Hora, La Razón, El Diario) y escribe regularmente en medios virtuales. Sus principales áreas de interés y actividad son: economía, planificación urbana y regional, gestión pública, democracia, desarrollo local, medio ambiente, gestión de riesgos.

Mantiene un blog llamado CLARABOYA dedicado primordialmente a democracia y libertad de expresión: http://yapukamani.blogspot.com


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