22 enero 2018

LA “UNIFICACIÓN DEL SUBALTERNO", UN RELATO INAUDITO



A. García Linera: “Perder a Evo Morales sería un suicidio político”
LA “UNIFICACIÓN DEL SUBALTERNO", UN RELATO INAUDITO


¿Será que es posible convertir a sectores sociales depauperados en actores de su propia emancipación, reproduciendo y profundizando las condiciones de su pobreza?


Nada indica que ello pueda ser posible. Muy por el contrario, lo que sale a relucir es que se ha instalado en el país un esquema orientado a explotar las limitaciones estructurales existentes en nuestra formación social, propiciando un intercambio de prebendas y favores por apoyo incondicional a los gobernantes, todo a costa de destruir la frágil institucionalidad estatal.

Pretender que todo ese tráfico de intercambios tiene algo que ver con un proceso de cambio, está demasiado lejos de lo que urgente y desesperadamente requerimos.

Las reflexiones incluidas en el presente artículo apuntan a esclarecer el marco de lo que viene aconteciendo en nuestro país durante la actual gestión de gobierno.

Carlos Rodrigo Zapata Cusicanqui

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LA “UNIFICACIÓN DEL SUBALTERNO", UN RELATO INAUDITO



A. García Linera: "El subalterno pasa el 98% de su historia fragmentado; cuando vive el 2% unificado, sería una locura que lo deje pasar por un mero apego muerto a la palabra institucional de la democracia representativa".
Carlos Rodrigo Zapata Cusicanqui (*)

Por lo que llevamos visto en nuestro país, hay muchas formas de justificar la violación de la constitución, las leyes y las reglas básicas de convivencia. Nuestra historia está repleta de argumentos grotescos, seguramente como consecuencia de las muchas asonadas, golpes de estado, cuartelazos y hasta supuestas revoluciones que tuvimos. Cada nuevo mandamás que llegaba a Palacio venía cargado de toda suerte de justificaciones que resultaban tanto más cortas, cuanto más largas eran sus armas. 

Lo que nunca pudieron explicar fue cómo así se esfumaban los apoyos tan pronto, al punto que llegamos a tener varios presidentes en un año y hasta en un día. Ahora tenemos un Presidente que acude a una instancia que no tiene atribuciones para asumir determinadas funciones que se le exigen, la que sin empacho alguno decreta la posibilidad de reelección indefinida de los primeros mandatarios en contra de la Constitución y del Soberano expresamente convocado, y un Vicepresidente que se mofa de la democracia representativa siendo presidente nato de la Asamblea Legislativa, es decir, la expresión más directa de la democracia. Como se podrá apreciar, nos movemos en aguas conocidas, al punto que el mayor peligro para el orden y la justicia proviene, como antes y como siempre, de sus máximos encargados y responsables. 

La situación actual se asemeja a aquellos tramos de la historia cuando se acababan los periodos de gracia y rebrotaba el descontento, sin que haya forma de contener esos desbordes, sea porque de pronto las premisas del análisis ya no funcionaban, las correlaciones de fuerzas habían cambiado o los equilibrios fabricados empezaban a hacerse trizas. La única diferencia, es que en este caso el periodo de gracia ha sido mucho más prolongado que en cualquier otra fase de nuestra historia, gracias al maná, producto de los altísimos precios internacionales de las materias primas. Pero ya estamos de vuelta.

Si esos mandamases hubieran intentado ensayar alguna explicación de sus fracasadas administraciones pasajeras, seguramente se habrían limitado a destacar asuntos que no estaban al alcance de su mano ni bajo su control, como expertos en evadir sus propias responsabilidades,  pero nunca habrían admitido o reconocido que no eran capaces de administrar el país o que simplemente no conocían el país que tenemos o ambas falencias. Por lo que se puede percibir, la situación actual también ya se asemeja a ese pasado lamentable. De aprestos imperialistas y de confabulaciones de todo tipo se escucha a menudo, nunca un tono autocrítico.

Por lo destacado al inicio de estas reflexiones, el Vicepresidente está empeñado en tratar de contarnos unos cuentos, tarea en la que ya acumula buena experiencia. Relacionar una supuesta “unificación del subalterno” con un  proceso revolucionario en marcha, resulta sin duda un gran atrevimiento. No obstante, debemos admitir que no le ha ido mal con este tipo de relatos, puesto que ha sorprendido hasta a los más pintados luchadores sociales internacionales (recuerdo cuán impactados estaban los comunistas franceses cuando el Vicepresidente fue a su casa matriz en París a darles una charla sobre cómo se hacen revoluciones), simplemente porque no conocen la realidad boliviana. Por todo ello, intentaremos separar el trigo de la paja como para abrirnos campo en esta tupida maleza que amenaza con taparnos todo horizonte de visibilidad.

Lo más importante a destacar es que se ha fabricado una peligrosa confusión para hacer aparecer como impronta revolucionaria lo que no es más que un viejo sueño de participación en la fiesta nacional. Me explico. Con la expresión ‘fiesta nacional’ quiero decir simple y llanamente, tener acceso a bienes, servicios, oportunidades, por nimias o precarias que fueran, simplemente porque antes no los había o eran aún más limitados que los que actualmente obtienen.

Sin duda, uno debería alegrarse por una noticia de este tipo, ya que las grandes mayorías nacionales han vivido siempre postergadas y excluidas por la estrechez de miras y horizontes de las clases dominantes, e incluso disponerse a darles la razón a quienes se refieren a la “unificación del subalterno”. Eso tocaría hacer, si así fueran las cosas.

Pero lo primero que hay que señalar es que muchas veces las apariencias engañan y que las capas más superficiales de la realidad y de la historia suelen no reflejar fidedignamente lo que acontece en sus capas más profundas. Ello significa que es crucial tener cuidado a la hora de relacionar ciertos hechos con ciertas explicaciones o interpretaciones, pues fácilmente nos podrían estar dando gato por liebre, haciendo pasar ciertas manifestaciones como si fueran producidas por determinadas leyes de movimiento, cuando puede ser que su proveniencia sea muy distinta de la que se pretende.

La apariencia nos dice –y nos lo han repetido hasta el cansancio- que los sectores sociales postergados y marginados de nuestro país habrían encontrado en Evo Morales y el MAS la oportunidad de cambiar su suerte, que al fin llegó luego de cientos de años. La emergencia de movimientos sociales, su unificación en torno a su instrumento político, el MAS, los bonos que entrega a distintos sectores sociales, los incrementos  salariales  muy superiores al pasado, serían algunas manifestaciones relacionadas con esta versión. 

Este es al menos el plato que el Vicepresidente pretende que todo el mundo se sirva, ya que le permite colocar como fuente y origen de su “unificación del subalterno” y de todas esas oportunidades, a los “movimientos sociales” y al “proceso de cambio”.

Las capas profundas de nuestra realidad y de nuestra historia nos cuentan una versión muy distinta. Lo primero es puntualizar que Bolivia es una “formación social abigarrada”, como correctamente caracterizó René Zavaleta a nuestro país. ¿Qué significa ello? Pues que Bolivia es una sociedad heterogénea, diversa, estructuralmente compleja, un museo vivo de múltiples  formas de producción, muchas de ellas insostenibles, donde coexiste un cúmulo de lógicas de acumulación, enriquecimiento y supervivencia conviviendo lado a lado.

El origen de dicha diversidad es multifacético, pero tiene una raíz común: la incapacidad histórica estructural de la clase propietaria de los medios de producción para usar y aprovechar dichos medios, a fin de generar los puestos de trabajo y los empleos que les permitan a las clases despojadas ganarse el sustento diario. 

Como consecuencia de dicha incapacidad, la estructura de clases que se ha conformado en nuestro medio se deriva directamente del tipo de relación o no relación que los sectores sociales han establecido con los medios de producción. Así podríamos decir que en Bolivia coexisten al menos los siguientes tipos de clases: la que fue despojada de los medios de producción y hoy se halla proletarizada; la que recuperó los medios de producción que le fueron arrebatados (principalmente, los sectores campesinos); la que tiene que inventarse un sinfín de formas de subsistencia y medios de producción inusuales (vinculadas por ejemplo al sector informal, el contrabando, la piratería, el narcotráfico, etc.); la que hace lo mismo que la anterior, pero para acumular y enriquecerse, y la que nunca perdió el control de los medios de producción (algunos pueblos indígenas de la Amazonía, pueblos no contactados).

Si a dicha clasificación agregamos que la clase que ha tenido que inventarse un sinfín de formas de subsistencia para sobrevivir es probablemente la más numerosa (pues albergaría a más del 50% de la fuerza de trabajo nacional), estamos diciendo que Bolivia vive predominante de actividades insostenibles e inviables, que  en muchos casos solo pueden sobrevivir o perdurar al margen de la ley, cuya productividad y competitividad no puede mejorarse, pues de hacerlo sería para peor. Basta imaginar a un “comerciante de prendería usada” mejorando la eficiencia de sus actividades o expandiéndolas.

En una formación social como la nuestra, hay a su vez dos rasgos que han impregnado a fuego su estructura o base material: el subdesarrollo y el extractivismo, marcas de distinción de nuestra formación social, indelebles hasta el presente. ¿Qué implica y significa eso? Que los modos de producción y lógicas que conviven y coexisten en nuestro medio tienen a su vez muy escasas opciones o posibilidades de convertirse en actividades viables y sostenibles, que tengan futuro, razón por la que no les queda otra opción que tratar de aprovechar toda ocasión para asegurar las condiciones de su propia reproducción. Por todo ello, el momento actual resulta particularmente oportuno para sacarle el jugo al juego prebendal y clientelístico que se ha instalado sin ningún pudor: tú me das lo que requiero, yo te apoyo. 

Ello significa que lo que más ha proliferado es el juego al margen de la ley o de las reglas de convivencia que nos estábamos dando, pues esa es la esfera en la que prácticamente la totalidad de esas lógicas de supervivencia que copan el ambiente nacional, encuentra su espacio de actuación, su oportunidad: tan solo quebrando leyes, haciendo caso omiso de las mismas y logrando favores y prebendas gubernamentales es posible formar algo así como unos ahorros, una oportunidad que reduzca el riesgo de volver a caer en la pobreza y la miseria, pero también para acumular grandes fortunas a marchas forzadas en algunos casos. Para ello, vale todo.

Lo más llamativo es que el gobierno se empeña en llamar “proceso de cambio”, “revolución” y otros apelativos semejantes a todo ese modo de explotar los recursos del país y del estado, cuando salta a la vista que se trata de un proceso de “desacumulación originaria”, es decir, de recuperación de recursos históricamente arrebatados, de construcción de opciones de subsistencia, aunque muchas de ellas insostenibles e inviables, producto de la incapacidad histórica de las clases propietarias, pero también de la incapacidad de los mismos gobernantes de generar otras oportunidades de empleo, producción e ingresos.

Llámese sector informal, contrabando de chutos, ropa usada y mil otras cosas, piratería, producción de hoja de coca, narcotráfico, cooperativas mineras, gremiales, etc., todos estos sectores tienen sus propias lógicas de funcionamiento y reproducción, sus propias exigencias, sus propias demandas, y hasta el presente nunca habían encontrado un gobierno, un mandatario y un partido político a su disposición, dispuesto a respaldar toda suerte de demandas, algunas más abiertamente que otras, unas más disparatadas e insostenibles que otras, demandas al fin que sin el apoyo gubernamental no habrían tenido muchas oportunidades de cristalizarse.

Forman legión todos los casos y formas en que se ha apoyado a estas diversas lógicas de producción y subsistencia prevalecientes en nuestro medio, por lo que me limitaré a recordar solo algunos casos o ejemplos emblemáticos, más con el fin de precisar el cauce de la argumentación que de efectuar una exposición exhaustiva de casos.

Posiblemente el caso más lacerante para la vida nacional sea el protagonizado por los cooperativistas mineros y el asesinato del Viceministro de Régimen Interior, Rodolfo Illanes. ¿Cuál fue la circunstancia? Un intento del Viceministro por morigerar a los cooperativistas mineros que exigían que el estado les entregue de una buena vez todo lo que requerían que era nada menos que todas las condiciones, autorizaciones, licencias, yacimientos y excepciones para poder desplegar su negocio sin ningún riesgo ni costo para ellos, incluyendo el uso indiscriminado de agua y eximirlos de rendir cuentas por contaminación ambiental. Al no poder conseguir todas sus desorbitadas exigencias –una novedad en lo que va de la actual gestión- los cooperativistas mineros procedieron a ejecutar al Viceministro, habiendo dejado  con ello una huella trágica e indeleble en la noble y valerosa historia de las cooperativas mineras.

Otros casos dramáticos tienen que ver con la ley de la coca que aprueba miles de hectáreas y toneladas de coca excedentarias para un fin no especificado (89% de la coca del Chapare no se destina al mercado oficial de Sacaba, según UNODC), que no puede ser otro que el narcotráfico. El millón de vehículos importados en la década pasada, muchos de ellos usados y sin papeles, es otra muestra de ese gran pacto entre el gobierno y sectores sociales en procura de reproducir sus precarias condiciones de vida. La fracasada lucha contra los comerciantes de ropa usada y el abandono de la defensa del sector textil, la permisividad y los dobles y triples estándares en materia de cumplimiento de leyes laborales (pese a las publicitadas elevaciones del salario mínimo, hoy en día más del 60% de los trabajadores en Bolivia no percibe ni el salario mínimo en sus actividades), impositivas, de seguro social y de salud, la explotación a mansalva de yacimientos mineros, la apertura indiscriminada de la frontera agrícola, etc. son apenas algunos ejemplos de ese pacto estructural gobierno-lógicas de subsistencia o modos de producción en muchos casos inviables que tan solo permiten a la gran mayoría reproducir sus condiciones de pobreza.

Por ello, por ese fomento indiscriminado a estas formas de subsistencia, resulta inimaginable que el gobierno del MAS pueda propiciar el cambio de la matriz productiva o incluso su diversificación en base a empleo digno. Por lo que vemos, no puede haber nada más anti revolucionario y anti transformador que este acuerdo estructural entre gobierno y estos modos de producción en muchos casos insostenibles que solo pueden sobrevivir a expensas del orden interno o ignorando el ordenamiento jurídico del país.

A partir de esa base de acción conjunta, presentar ese tipo de acuerdos, de apoyos, de facilidades como un proceso de cambio revolucionario, sustentado por supuestos "movimientos sociales", puede efectivamente confundir a más de uno, si no se comprende los procesos de penetración del capitalismo y no se conoce el profundo fracaso histórico de las clases dominantes que se quedaron estancadas en su gran mayoría en el rentismo y el extractivismo, en lugar de avanzar hacia el desarrollo de las fuerzas productivas. 

Pretender llamar cambio o revolución a la permisividad, a dejar de aplicar leyes o, peor aún, a usarlas para fomentar sectores económicamente insostenibles, usándolos a su vez para aferrarse al poder, atizando odios viscerales, demostrando con todo ello una incapacidad que raya en el asombro para diversificar nuestra vieja y vetusta matriz productiva, es una inmensa aberración, más aún cuando tenemos en cuenta que el gobierno en funciones ha tenido ingentes recursos a disposición, los mayores desde que existe nuestra patria Bolivia.

Por todo ello, resulta francamente grotesco presentar al Presidente como insustituible para seguir usando a todos estos sectores sociales requeridos de un amplia gama de favores y prebendas para asegurar su subsistencia y, al mismo tiempo, no tener remilgo alguno para mandar al diablo a la democracia representativa, aquella que los bolivianos hemos elegido y por la que hemos luchado, no por ser precisamente la mejor forma de gobierno, sino porque es la única que nos puede ayudar a balancear de alguna manera razonable nuestras demandas y necesidades, para reemplazarla finalmente por un tótem oscuro llamado “unificación del subalterno”.

Para concluir, es indispensable conocer las razones y las causas reales del apoyo que hasta no hace mucho ha tenido el Presidente Morales en amplios sectores del electorado nacional. La labor de algunos magos ha consistido en contarnos cuentos, convertir a dirigentes de esos sectores sociales y esas lógicas de subsistencia en líderes de “movimientos sociales”, cuando han sido reducidos a la condición de meros empleados sumisos del Ejecutivo, todo un enjuague para pasar cuentas de vidrio como perlas y convertir a sectores sociales históricamente hambrientos de pertenecer al mundo en “movimientos sociales revolucionarios”, todo lo cual debe servir a su vez para poner a disposición la democracia, pasarse por encima de la constitución, hacerse la burla de la legislación y la jurisprudencia internacional, todo en aras de un insustituible al que ahora se lo quiere eternizar y todo ello a su vez en aras de la famosa “unificación del subalterno”.

Ya es tiempo de evitar que nos tomen el pelo y de salir de esa pose revolucionaria montada sobre los hombros de sectores sociales depauperados que hoy requieren de toda suerte de dádivas para subsistir, cuando lo que verdaderamente necesitan es una revolución de sus condiciones de producción y de su base material que les asegure formas de vida dignas y actividades que puedan ser permanentemente perfectibles y les permitan marcar con su huella la historia de su propio progreso y no la senda de su propia historia de pobreza, frustración y sometimiento.



(*) Economista (titulado), catedrático de “Desarrollo del Capitalismo” y especialista en planificación territorial.





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El vicepresidente de Bolivia asegura que el mandatario es "la personificación de la unificación de lo popular"



El vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Liñera. EFE
Inseparable compañero de Evo Morales durante los últimos 12 años, el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera (Cochabamba, 1962), no buscará una nueva reelección en 2019, pero cree que es imprescindible que lo haga Morales, cuya capacidad para “unificar a los subalternos” –dice– no puede perderse “por apego muerto a la palabra institucional de la democracia representativa”.
Pregunta. Dice que no hay contradicción entre el resultado del referendo de 2016, que no autorizó una nueva reelección del presidente, y el reciente fallo del Tribunal Constitucional, que sí la autorizó. ¿Cuál es su argumento?
Respuesta. En 2015 se planteó modificar un artículo de la Constitución, el 168, que establece un límite a la reelección de un candidato presidencial. El procedimiento constitucional exige que la Asamblea Legislativa plantee un proyecto de ley para modificar este artículo y se vaya a un referendo, el cual se organizó en 2016, el 21 de febrero. Por un mínimo margen, de 51 contra 49%, la gente dijo que no, que no había que modificar este artículo. Entonces la Asamblea, que era la encargada de aplicar el resultado del referendo, lo que hizo fue suspender la ley de modificación del citado artículo en cumplimiento de la decisión vinculante del soberano. El referendo fue ejecutado: por él no se modificó el artículo 168 de la Constitución.
Un año y medio después, surge otra iniciativa de la bancada mayoritaria de la Asamblea Legislativa que ya no toca el artículo 168, sino que plantea que no se puede establecer límites al derecho político que tienen las personas de participar en elecciones. La Constitución establece la primacía de los acuerdos internacionales sobre la propia Constitución. Entonces, se planteó al Constitucional que no debería establecerse límites para que una persona candidatee, en cumplimiento el Pacto de San José sobre derechos humanos. Y el Constitucional, que es el único intérprete de la Constitución, estableció que esto es correcto. A raíz de esta consulta de la Asamblea y de esta respuesta del Tribunal, varias autoridades actuales, entre ellas el presidente, si quieren candidatear de nuevo pueden hacerlo en 2019. De esta manera, el Tribunal Constitucional ha igualado la situación boliviana con lo que establecen otras constituciones del mundo, como la de Alemania o la de España. El único límite es el voto, que decidirá si el pueblo acepta que una autoridad vuelva o no.
P. Como teórico social, usted ha planteado una polaridad entre un “poder constituyente”, que es el poder de la gente de rehacer la sociedad, y un “poder constituido”, que es el aparato normativo y la institucionalidad establecida. Para habilitar al presidente, el MAS —el partido de Morales— acudió al Constitucional mientras dejó de lado lo dicho por el poder constituyente en el referendo. ¿No ve una contradicción entre estos eventos y la primacía que antes usted le asignaba al poder constituyente?
R. No. El poder constituyente fue la sublevación de la gente, en 2001, 2003, 2005, que se expresó en la votación por Evo, por un indio, algo inédito. Se eligió al que se consideraba descalificado, inepto, para ser autoridad. Las clases dominantes están en el poder porque pueden ejercer un mando unificado y articulan en torno a este a las clases subalternas, que por definición son clases fragmentadas. Entonces, una revolución es el momento en el que los subalternos abandonan su subalternidad porque se unifican. Lo interesante es que la persona que permite la unificación y le da cuerpo visible, palpable, es Evo. Uno como ellos, de su misma sangre, de su mismo color… Y entonces la pregunta que se hace un revolucionario es: aquel símbolo de la constitución de lo popular, aquel símbolo que expresa la ruptura de la subalternidad, ¿por qué dejarlo ir? ¿Por qué ahora? Si uno se apegara estrictamente a las formas institucionales, correspondería dejarlo ir. Pero si uno se apega al núcleo ígneo de lo popular en movimiento, de lo popular unificándose, es un gran error perder aquello que se logra cada 100 o 200 años, la unificación, en aras de una lectura digamos plana de lo institucional.
En otras palabras: la lógica del poder constituyente sigue prevaleciendo en la candidatura de Evo, porque Evo es la personificación de la unificación de lo popular.
P. ¿Esto se dará mientras Morales viva?
R. Ojo, no fue algo que hayamos buscado. Lo ideal es una renovación generacional y colectiva de estos liderazgos fuertes. Pero por la adversidad en que ha nacido nuestro poder, en estos 10 años no nos hemos preocupado del asunto. Ahora tenemos siete años para eso. El objetivo es que en 2024, cuando haya nuevas elecciones, podamos tener líderes sustitutivos de Evo y una estructura colectiva mucho más sólida que la que tenemos.
P. Las encuestas señalan que usted es el mejor candidato del MAS después de Morales. ¿Lo que dice es una renuncia?
R. No. Simplemente una reafirmación de mi ser individual e intelectual. Yo he peleado para que los indios lleguen al poder. No para que Álvaro García lo haga, porque Álvaro García no es indio. Nunca ha buscado sustituir, representar ni ha querido disfrazarse. Él sabe cuál es su condición social. Entonces no hay renuncia personal. Álvaro García jamás ha imaginado, sería un contrasentido, sería una especie de traición a mi ser revolucionario, asumir un cargo presidencial.
P. Usted escribió el libro Democracia, Estado y Nación, donde dice que la democracia no es reglas, que estas pueden cambiar con tal de que haya progresos en la igualdad. Sus rivales son partidarios de la democracia como cumplimiento de reglas y por eso han dicho que después del fallo del Constitucional el país ha entrado en un momento no democrático. Algunos incluso hablan de “dictadura”, “totalitarismo”…
R. La mayor parte de los que usan el concepto de totalitarismo ni siquiera han leído la primera página del libro de Hannah Arnedt sobre el tema (“Los orígenes del totalitarismo”). Usan la palabra como un cliché que no entienden. Otros tienen un apego meramente procedimental a lo democrático, como enseña [Norberto] Bobbio y [Giovanni] Sartori. Nosotros siempre hemos reivindicado la democracia como algo más, como la igualación de las oportunidades de las personas para decidir, para participar en los asuntos comunes. Igualación cultural y política, no solo económica, en el acceso a bienes y a oportunidades. Me encanta la definición de [Jacques] Rancière: ‘hay democracia cuando los que se considera que son incapaces de ejercer los cargos son quienes los ejercen’. Es fantástica. Por esto digo: ¡Cómo los subalternos van a dejar escapar su símbolo de unificación! Sería un suicidio político. El subalterno pasa el 98% de su historia fragmentado; cuando vive el 2% unificado, sería una locura que lo deje pasar por un mero apego muerto a la palabra institucional de la democracia representativa.



30 diciembre 2017

LAS MALAS ARTES DEL CAPITALISMO: LA RECLUSIÓN DE LA MUJER EN EL ÁMBITO DOMÉSTICO COMO FORMA DE ASEGURAR LA ACUMULACIÓN



Carlos Rodrigo Zapata C. (*)


Comprender el lugar que ocuparon las mujeres en el proceso de formación y desarrollo del capitalismo es sin duda un asunto de gran trascendencia, ya que nos permite identificar una diversidad de vacíos que se han registrado en el estudio de este modo de producción que al presente ya se ha extendido por sobre todas las sociedades del orbe.

Los temas que destaca Adriana Montenegro en su artículo MUJERES Y CAPITALISMO[i] permiten identificar justamente algunos vacíos que al presente siguen pasando de largo, como por ejemplo el hecho que en ningún momento se intentó incluir explícitamente a la mujer en el concepto de homo oeconomicus o que la revolución francesa que proclamaba los derechos del hombre, realmente solo pensaba en el hombre, y no en los derechos de la mujer.

En este marco resulta crucial comprender la función que se les asignó a las mujeres en las primeras etapas de formación del capitalismo y hasta el presente. Podríamos decir que las mujeres fueron destinadas al frente de la reproducción y el cuidado familiar o como dice Montenegro, siguiendo a Federici, “en el proceso de acumulación originaria del capital, el Estado necesitaba disciplinar a las mujeres para asegurarse de que cumplan su papel reproductor, y además, completar el círculo con la devaluación de su trabajo” y agrega: “si el capitalista hubiese tenido que pagar en algún momento por el trabajo reproductivo que le permite contar con mano de obra (entiéndase reproductivo en un sentido amplio, que implica no solamente la reproducción biológica sino el cuidado y trabajo que requiere la conservación del capital humano), la plusvalía sería inviable”.


Lugar de las mujeres en la función de producción capitalista

En efecto, si seguimos críticamente las reflexiones de Marx sobre la acumulación y la generación de plusvalía, no podemos más que estar de acuerdo con este enfoque. La clave de la acumulación radica en la plusvalía relativa, que depende esencialmente de dos factores: del incremento incesante de la capacidad productiva (Marx la llama “la fuerza productiva del trabajo”) y de los costos de reproducción de la fuerza de trabajo (que corresponden al “valor de la fuerza de trabajo… determinado por los valores de las mercancías”, según Marx). 

Al colocar Marx a los hombres (con trabajo remunerado) tanto en el frente de la producción como en el de la reproducción, no repara que en los largos siglos que tomó el capitalismo en cristalizar y llegar a su fase industrial no existían las capacidades productivas que permitan reducir los costos de reproducción significativamente, ya que éstas se fueron desarrollando muy lenta y desigualmente.[ii]

Por esta razón queda claro que Marx no explica cómo podía ser posible la plusvalía relativa en el periodo anterior a la maquinización de la producción, mucho más en una etapa en que dicho desarrollo aún estaba en ciernes, razón por la que las que en realidad fueron colocadas en el frente de la reproducción y los cuidados fueron las mujeres (sin remuneración), conformando de ese modo en conjunto la función real de producción del orden capitalista: los hombres en el frente de la producción y las mujeres en el frente de la reproducción.

Es necesario observar que este modo de incluir a la mujer en el proceso de acumulación capitalista tenía varias razones. La principal radica a nuestro juicio en satisfacer una condición imprescindible para el proceso de acumulación global, especialmente en sus primeras etapas. Consistía en contar con el pleno concurso de la mujer en el frente de la reproducción como apoyo al frente de la producción, sin que ello genere costos adicionales al capitalista. Otra razón clave radicaba en lograr de este modo y al mismo tiempo que la mujer permanezca recluida en el ámbito doméstico y no se presente al mercado de trabajo en busca de empleo.

Esta combinación de razones es crucial en las fases iniciales de estructuración del capitalismo, ya que de este modo la mujer prestaba valiosos servicios en el proceso de acumulación capitalista por activa y por pasiva, ya que a su aporte activo y denodado en las tareas de cuidado y reproducción en el ámbito doméstico, se agregaba el hecho de no ofrecer su fuerza de trabajo en el mercado laboral. 

Esta función pasiva también fue vital para hacer viable el proceso de acumulación capitalista, ya que de no haber ocurrido de ese modo, múltiples inconvenientes y conflictos podrían haber surgido. 

Para comprender la importancia de este otro aporte de la mujer es crucial tomar en cuenta que el proceso de formación del capitalismo demoró siglos desde su emergencia a fines del siglo XV, según consigna Marx, hasta llegar a su fase de industrialización a fines del siglo XVIII, período sin el cual el propio modo de producción capitalista no habría podido continuar su existencia, presa de sus propias contradicciones.


La ‘proto industrialización’, el eslabón crítico en el proceso de formación del modo de producción capitalista

Esos tres siglos que separan sus orígenes del momento de la revolución industrial han sido estudiados por historiadores, economistas y muchos otros cientistas sociales bajo el concepto de la ‘proto industrialización’, es decir, el proceso centenario que transformó la pequeña producción artesanal y campesina en talleres de producción y luego en pequeñas fábricas organizadas en base a los conceptos de la división del trabajo y la especialización. 

No es este el lugar para detallar dicho proceso, pero su estudio y comprensión es sin duda clave para comprender el proceso de formación del capitalismo, el lugar que se le asignó a la mujer en dicho proceso e incluso para entender porqué el capitalismo en América Latina nunca tuvo la capacidad de desatar las fuerzas productivas que si logró desplegar en su lugar de nacimiento, principalmente Inglaterra, Flandes, Holanda y luego en muchas otras partes del mundo.[iii]

El punto que si es necesario destacar tiene que ver con dos procesos paralelos: el proceso que desembocó en la conformación de la fábrica y el desarrollo técnico que hizo posible la revolución industrial, sin el cual el mismo capitalismo nunca habría tenido las condiciones necesarias y suficientes para proseguir su camino, y la paulatina separación del trabajador de los medios de producción, llamado acumulación originaria en la terminología de Marx. 

Como consecuencia de dichos procesos, históricamente se fue desarrollando un peligroso contrapunto entre la separación de los trabajadores de sus medios de producción y el lento surgimiento de la industria como un nuevo sector capaz de generar nuevas oportunidades de empleo para la creciente masa de la fuerza de trabajo empobrecida.

Mientras más demoraba en surgir ese nuevo sector y más crecían los contingentes humanos atrapados por ese proceso de separación de los medios de producción, más crecía la presión sobre los mercados de trabajo, cada vez más de carácter urbano, producto  de las crecientes migraciones que se fueron dando desde el campo a los villorrios y ciudades emergentes.
Victorian Poorhouse
En este punto es cuando intervienen las autoridades. Por decretos reales se dispuso particularmente en Inglaterra múltiples formas de contener y controlar esa fuerza de trabajo ansiosa y urgida de encontrar medios de vida, en este caso, empleo que le permita ganarse el sustento mínimo. Las leyes de pobres, las disposiciones que obligaban a aceptar un trabajo, el que sea, bajo sanciones de todo tipo, la prohibición de mendigar, las disposiciones contra el vagabundaje, los feroces castigos, las despiadadas sanciones, incluso el castigo con la muerte a los reincidentes, son algunas de las disposiciones que se dictaron y aplicaron especialmente en los siglos XVI y XVII, como ha reseñado Marx en su famoso capítulo sobre la acumulación originaria.[iv]

De estos modos se procuraba controlar los desbordes que ya se habían puesto de manifiesto de diversas formas.

Cuánto tiempo más habría soportado la gente desplazada, depauperada y desposeída ese estado de cosas, es muy difícil saber. El hecho es que en este estado de cosas, lograr controlar a la mitad de la fuerza de trabajo que también se hallaba en esa misma situación, resultaba fundamental para evitar que las cosas se desborden. Por ello, el control de las mujeres, mantenerlas recluidas en sus ámbitos domésticos, era una tarea de primera importancia por lo que resultaban cruciales todas las formas que se emplearon para ejercer presión sobre ellas, de devaluar su trabajo, de reducir su ámbito laboral a tareas domesticas y de cuidado, como subraya Montenegro. En este marco, también es oportuno destacar la función clave que jugó la caza de brujas, acción con la que se “trató de destruir el control que las mujeres habían ejercido sobre su función reproductiva y que sirvió para allanar el camino al desarrollo de un régi­men patriarcal más opresivo”.[v]
 
En este contexto se puede apreciar la trascendencia estratégica que tuvieron las movidas desplegadas contra las mujeres para someterlas a determinados ámbitos y mantenerlas vinculadas a determinadas tareas, puesto que ese mismo tipo de estrategias se usó para evitar la concentración de desocupados en busca de empleos, como vimos al referirnos a las medidas aplicadas para mantener “despejados” los mercados de trabajo.
Ninos-trabajadores-de-una-fabrica-en-la-Inglaterra-victoriana

Esta estrategia de mantener a las mujeres apartadas del mercado de trabajo y evitar la concentración de los desposeídos en los mercados urabanos,  también se empleo en otros casos. Es el caso de las cooperativas de producción que se impulsaron en Europa en el siglo XIX y que fueron consideradas la solución a la “cuestión social”, expresión con la que se trataba el problema de desempleo y depauperación como consecuencia del proceso de separación de los trabajadores de sus condiciones de producción, ahora adicionalmente acentuado por la revolución industrial. Ferdinand Lasalle, uno de los impulsores de la social democracia alemana, planteó la tesis hacia 1860 que la creación de cooperativas de producción era una forma de retiro o repliegue de trabajadores del mercado de trabajo, lo cual permitiría que suban los salarios de los trabajadores en el sector capitalista, aunque también podríamos decir que era una forma de reducir la presión sobre el mercado de trabajo, siempre que se logren conformar dichas cooperativas. Apenas unas tres décadas después de esos planteamientos, el movimiento obrero consideró que las cooperativas de producción habían traicionado sus principios, ya que seguían prolongando la jornada de trabajo en circunstancias en que los trabajadores en empresas capitalistas ya la habían reducido.


Epílogo

Estas notas apuntan a brindar algunos elementos adicionales al marco de circunstancias en que se produjo el proceso de sometimiento de la mujer y de reclusión de la misma en el ámbito doméstico encargada de las tareas de reproducción y cuidado.

Son múltiples las consecuencias que dicha reclusión ha ocasionado sobre la vida de las mujeres, al punto que cabe preguntarse como lo hace vigorosamente Montenegro en uno de los subtítulos de su artículo: “¿Dónde estábamos nosotras mientras la historia sucedía?”. 

Hoy en día han empezado a cambiar diversas condiciones en torno a la mujer, aunque no en la medida ni con la rapidez que debería acontecer. Todo dependerá, como siempre, de las formas de organización y lucha que asuman las mujeres y todos quienes pretendemos un mundo más justo y más humano para todos.
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(*) Economista, especialista en planificación regional. Catedrático de "Desarrollo del Capitalismo", Carrera de Sociología, UMSA.




[i] Ver, Adriana Montenegro. MUJERES Y CAPITALISMO, http://yapukamani.blogspot.com/2017/12/mujeres-y-capitalismo.html
[ii]  Ver K. Marx, El Capital, Tomo I, capítulo X, La plusvalía relativa: “El total de los medios de vida necesarios está formado por diversas mercancías, producto de distintas industrias, y el valor de cada una de estas mercancías no es nunca más que una parte alícuota del valor de la fuerza de trabajo. Este valor disminuye al disminuir el tiempo de trabajo necesario para su reproducción, y la disminución total de éste equivale a la suma de las disminuciones experimentadas por todas aquellas ramas de producción. Para los efectos de nuestro análisis, este resultado general es considerado como si fuese resultado inmediato y fin inmediato en cada caso concreto. Cuando, por ejemplo, un determinado capitalista abarata las camisas intensificando la capacidad productiva del trabajo, no es necesario que su intención sea, ni mucho menos, disminuir proporcionalmente el valor de la fuerza de trabajo y, por tanto, el tiempo de trabajo necesario, pero sólo contribuyendo de algún modo a este resultado contribuirá a elevar la cuota general de plusvalía”.
[iii]  En el capítulo XII del Tomo I de El Capital, Marx se refiere a la División del Trabajo y Manufactura.
[iv]  Ver: K. Marx, El Capital, Tomo I, capítulo XXIV LA LLAMADA ACUMULACION ORIGINARIA.
[v]  S. Federeci, Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación primitiva. Traficantes de Sueños. p. 26.