21 abril 2018

ELECCIONES EN COLOMBIA. ¿CÓMO COSECHAR LOS DIVIDENDOS DE LA PAZ?


Carlos Rodrigo Zapata C.

Colombia se halla en la recta final. En un mes se celebran elecciones en ese país, las primeras luego de alcanzados los acuerdos de paz con las FARC.

Son numerosas las nuevas variables que asoman al espectro político-electoral, muchas de ellas desatadas por el mismo proceso de paz, pero otras tantas por los mismos candidatos. 

Uno de los elementos más sorprendentes se refiere a la calidad de los candidatos, todos ellos con amplia experiencia en funciones públicas, a las que accedieron en unos casos mediante el voto popular, en otros como funcionarios nombrados de alto nivel.

Al presente las encuestas son lideradas por el candidato conservador Iván Duque, perteneciente al ámbito del uribismo. Un candidato joven, con una gran capacidad analítica y de oratoria, pero que se halla demasiado inmerso en los esquemas tradicionales de la política y la economía.

Le sigue en las intenciones de voto Gustavo Petro, ex alcalde de Bogotá, antiguamente vinculado al M19, que llega con un discurso renovado, muy comprometido con los sectores populares y con una gran cantidad de propuestas nuevas.

Sergio Fajardo, matemático, ex alcalde de Medellín y ex gobernador de Antioquia, les sigue en las encuestas. Se trata de un candidato ampliamente apartado de los aparatos político-partidarios y sin una larga carrera en la política, que pretende construir su candidatura en contacto directo con el electorado. 

Por lo que puede anticiparse, Fajardo tiene escasas oportunidades de lograr un lugar para la segunda vuelta, por lo que se constituirá en el fiel de la balanza colombiana, ya que es previsible que entre Duque y Petro surgirá el ganador de estas justas electorales,

Germán Vargas Lleras va en 4ta posición y con una tendencia descendente en el favor del electorado. Ex vicepresidente y ex ministro del gobierno Santos, se destaca por haber encabezado diversas reformas, leyes y programas con amplia experiencia en la gestión pública. Sus enfoques conservadores y su vinculación a políticas del pasado le están pasando factura. Se lo puede ver como aliado natural de Duque y del uribismo.

Humberto de la Calle, connotado político colombiano que lideró todo el proceso de negociación de los acuerdos de paz con las FARC en la Habana, se halla a la zaga de estos candidatos, Pese a ser reconocidamente el principal negociador del proceso de paz, de la Calle tiene un mínimo respaldo, básicamente por las críticas que han sufrido los acuerdos de paz por parte de la oposición, Se considera ampliamente en Colombia que se les concedió demasiadas facilidades a los miembros de las FARC para reintegrarse en la sociedad y en la política, sin asumir suficientemente sus culpas y responsabilidades. Se lo puede considerar un aliado de Petro, aunque de todos modos tendrá poca influencia en la votación final.

Posiblemente el factor más interesante que se puede advertir en la contienda electoral es el duelo que se va desatando entre Duque y Petro, pues viene a ser como un choque frontal entre la mejor escuela conservadora que representa el primero y las propuestas más innovadoras y transformadoras que propone el segundo. Mientras que el catalogo de medidas que plantea Duque resulta familiar y conocido, el catálogo que ofrece Petro es novedoso, pero poco conocido. 

Por ejemplo, mientras Duque plantea que mejorar las oportunidades de empleo pasa por disminuir impuestos a los empleadores, Petro sostiene que el destino fatal de un trabajador no es ser dependiente, sino que puede ser emprendedor, y que ello pasa por acceder a diversas condiciones que tiene que ofrecer el Estado para hacerlas posible. Dicho de otro modo: mientras el primero apunta a fortalecer a las clases dominantes tradicionales, el segundo apunta a fortalecer las capacidades de las clases trabajadoras y subalternas.

A partir de la debacle que han sufrido en América Latina los gobiernos afines al llamado socialismo del siglo XXI en los últimos años, uno estaría tentado de vaticinar que Petro no tendrá gran oportunidad. No obstante, aquí surgen dos factores de gran trascendencia, cuando menos para pensar en un desenlace sorprendente. 

Por un lado, Petro propone una gama amplia de respuestas y soluciones centradas en la construcción de capacidades en los sectores populares, como no se había escuchado en otras contiendas. Por otro lado, la contienda electoral se desarrolla en el marco de la implementación de los acuerdos de paz, que más allá de algunas discrepancias sobre sus alcances y contenidos, se ha constituido en el nuevo horizonte para la sociedad colombiana. 

¿Qué significa ello? Que uno de los criterios para valorar las propuestas de los candidatos estará íntimamente ligado con la forma de aprovechar esta inmensa ventana de oportunidad llamada paz, cómo se espera obtener de ella los mayores dividendos posibles, a qué sectores privilegiar, de qué modo, aunque todo ello no exento de riesgos y peligros.

Por lo que se puede apreciar desde la distancia, las propuestas de Petro sintonizan mucho mejor con los procesos de paz, con la construcción de nuevas formas de empoderar a la gente, de facilitar las bases y condiciones para evitar un retorno a modelos de dependencia y sumisión a poderes locales y oligárquicos que perduran en Colombia y se resisten a ceder posiciones ante aquellos sectores sociales que buscan recuperar tierras y espacios que les fueron arrebatado en la larga guerra interna que desangró a la sociedad colombiana por más de medio siglo.

Los electores tendrán la palabra final, siempre acechados por los mercaderes del voto y las presiones locales. El mes que aún nos separa del día de las elecciones sin duda será uno de los periodos más interesantes en la vida de la hermana nación colombiana, ansiosa por desatar todas sus energías, limitadas y restringidas por los largos años de la violencia y el despojo. 

Espero y deseo que su voto sea el más beneficioso para su futuro.


Incluyo los links de dos DEBATES ENTRE LOS CANDIDATOS a la presidencia en Colombia que muestran su alto nivel y su dominio de los diversos temas que exponen y discuten.


https://www.youtube.com/watch?v=VMBLarNQyB0

https://www.youtube.com/watch?v=bMEfRgi2hb8

 
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11 abril 2018

Venezuela, una dictadura indisimulable

Respuesta a Juan Eduardo Romero 
[ver su artículo a continuación de esta nota]
Me he tomado un tiempo para leer su artículo, Dr. Juan Eduardo Romero J., con el afán de considerar un punto de vista distinto, ya que daba la impresión de ir a contrapelo de lo que usualmente se puede leer o escuchar sobre Venezuela. Esperaba encontrar una argumentación que me muestre de modo claro en qué consisten todas esas guerras contra Venezuela que continuamente se denuncian, en particular la guerra económica, la psicológica, la informativa y la No Convencional (GNC) o Guerra Híbrida (GH).

La verdad es que no he encontrado la argumentación que esperaba. Es más, me ha causado enorme decepción imaginar que este artículo pueda resumir y sintetizar todo lo que se suele decir para mostrar y justificar todas esas guerras sobre las que continuamente se habla. Si se ha puesto toda la carne al asador, debo decir que es muy poca, muy insípida y no alcanza ni para poner en remojo la expresión dictadura, mucho menos para retirarla. Es un fiasco que no pasa de una mera contra argumentación sin sentido que de algún modo pueda justificar tanto atropello, inquina, odio y desmán contra el pueblo venezolano.
 La teoría de la “ruptura cultural” que esboza en su nota, recurriendo nada menos que a Gramsci, no resiste el menor análisis, ya que esas supuestas discrepancias entre diversas culturas han sido producidas en gran medida a costa de mucha prebenda y clientelismo, por lo que cuando mucho se puede hablar de discrepancias circunstanciales de intereses. La razón de ello es muy clara: hasta el presente no hemos visto una doctrina Chávez, un "catecismo", unos lineamientos que señalen horizontes futuros imprescindibles, de aquellos que debemos aprestarnos a alcanzar porque allí se juegan nuestros porvenires. Nada de eso: ni libro rojo, ni verde, ni amarillo, solo una colección de errores, esa es la herencia de Chávez, la que buenamente me es posible registrar. Que ello provoque un movimiento social delirante, una “ruptura cultural”, resulta a todas luces forzado, exento de base y contenido, una quimera ilusa, producto de unos tiempos de exceso y de derroche.
  Pero llego al punto principal de su artículo orientado a desmontar toda suerte de injurias en sentido que Maduro corporice una dictadura. Se atiene a 10 puntos que caracterizarían una dictadura y los desmenuza, destaca algunas de sus aristas y contornos, como para mostrar que en ningún caso son expresiones o manifestaciones claras y evidentes de una dictadura. Buen intento, pero a mi entender totalmente insuficiente, y por tanto fracasado. Resulta fácil escogerse unos rasgos que usualmente caracterizan una dictadura, desmontarlos de cualquier forma y decir, aquí no pasa nada. Pero ese es un juego muy infantil.

Qué tal si analizamos cada una en detalle, verdaderamente. El resultado sería: cada panadero alaba su pan, cada quien lleva el agua a su molino, en pocas palabras: cada uno interpreta las cosas como mejor se le antoja, como mejor se avengan a sus intereses, tal como sucede en este caso. Por ejemplo, cuando se trata de explicar la falta de elecciones, se habla de “rezago”, cuando se habla de conculcar los derechos y atribuciones del poder legislativo, es “situaciones de emergencia”, etc. En suma, no hay argumento que penetre el duro cuero de quien ya ha tomado partido, pero pretende actuar objetiva y equilibradamente, como si el resto de la humanidad estuviera compuesto por una manga de imbéciles. La regla básica o elemental de la objetividad, base de toda ciencia, es la posibilidad de demostrar la falsedad de una afirmación. En sus aseveraciones no existe esa posibilidad, por lo que en medio de un manto de objetividad usted hace escarnio de ella.

Pero vamos un poco más allá. Le propongo una nueva lista de rasgos que también ayudan a caracterizar una dictadura, descarnada y desembozada como la que ya se ha perfilado en Venezuela. He aquí la lista complementaria a los rasgos ya expuestos: 11) control, saboteo y persecución de la prensa 12) represión de manifestaciones 13) irrespeto de los poderes del estado 14) desconocimiento del poder legislativo, 15) manipulación de los fallos judiciales 16) completa e irresponsable desatención de las necesidades básicas de la población 17) sometimiento a poderes ajenos a la voluntad colectiva nacional 18) socapar y encubrir a miembros del gobierno sometidos a denuncias internacionales y falta de investigación de múltiples actos de corrupción 19) descontrol total de seguridad del estado, de la protección de los ciudadanos 20) No convocatoria a procesos electorales previstos 21) control y censura de las redes sociales 22) Fomento de los colectivos y sus desmanes… Me imagino que desde la perspectiva y ángulo de quienes están sufriendo directamente los embates de esta dictadura podrían agregarse aún muchos otros elementos más.

Permitir manifestaciones, convocatorias, el funcionamiento de medios, no significa en absoluto que cuenten con las garantías, los respaldos, el respeto al ejercicio de esos derechos. Están permitidos pero no autorizados, tienen la potestad pero por razones de seguridad o de limitaciones de diverso tipo, incluso amenazas y falta de garantías, prefieren no ejercerlas. O sea, de forma, Maduro no encabeza una dictadura. No obstante, actúa exactamente como toda dictadura, que intenta guardar algunas formas aparentes y justificar las intervenciones al margen de la ley como “rezagos”, “olvidos” o razones de fuerza tan mayor que puede elegir el camino de la dictadura (romper el orden constitucional y ejercer el poder discrecionalmente), “autonomizarse” de los otros poderes, posponer reelecciones, etc. o elegir el camino que se le antoje sin ningún empacho. Esa es una dictadura plena, madura.

Qué pena que un medio de comunicación que pretende ser expresión de la verdad y lo dice, publique semejantes análisis dirigidos a desvirtuar toda acusación de dictadura al gobierno ya de fuerza que encabeza Maduro, cuando en realidad lo único que consigue es demostrar que se encuentra en la fase de intentar todavía mantener algún rastro de legitimidad, aunque ya se halle plenamente instalada en ella y sin ningún ánimo ni voluntad de dar marcha atrás, lo que significa que se dispone a pasar a la fase de dictadura plenamente desembozada. El retiro de Venezuela de la OEA es un primer síntoma en esa dirección.

Qué pena Venezuela. Tus días de dolor son inevitables, pero tampoco hay un anochecer interminable. Como sabemos, también tiene las horas contadas.
carlosrodrigozapata@gmail.com
Bolivia


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Venezuela: ¿una dictadura?

Fuente: Juan Romero


En Venezuela se sucede un laboratorio vivencial, por diversas razones. En primer lugar, es el epicentro de un debate contrahegemónico, en torno al alcance del socialismo del siglo XXI en contraposición al capitalismo post-industrial. En segundo lugar, por derivación el Gobierno Bolivariano se constituye en un “mal ejemplo”, para la hegemonía tradicional de los EEUU en América Latina y el Caribe. En tercer lugar, porque se aplican contra su gobiernos todas las estrategias de Guerra No Convencional (GNC) o Guerra Híbrida (GH).
En torno a esos tres elementos, queremos concentrarnos en demostrar el último, por las implicaciones que tiene en estos momentos de coyuntura crítica que experimentan los venezolanos. Los medios de comunicación, han arreciado sus titulares acusando al Gobierno de Nicolás maduro de autoritario, dictatorial, totalitario, entre otros señalamientos. ¿Qué tan ciertos pueden ser considerados estos argumento? ¿Son argumentos o encajan más bien en marcos interpretativos, formulados desde las empresas mediáticas? ¿Hay elementos preocupantes, en el funcionamiento institucional de la democracia venezolana? Estas son algunas de las interrogantes que pretendemos responder, en estos momentos donde se afirma sobre el proceso venezolano, cualquier cantidad de generalidades.
Comencemos por la definición de autoritarismo. El DRAE, define autoritarismo como 1. Actitud de quién ejerce con exceso su autoridad o abusa de ella y 2. Régimen o sistema autoritario. Al intentar caracterizar un régimen autoritarista, nos encontramos con diez (10) características, a saber: 1) gobierno unipersonal, en donde el liderazgo ejercido no fue elegido, sino impuesto (subrayado nuestro), 2) ausencia de una ideología oficial, producto de la supresión de todos los partidos (subrayado nuestro), respondiendo quién ejerce el liderazgo sólo a una pequeña porción de grupos económicos que detentan el poder, 3) promoción del terror a través de amenazas y asesinatos, 4) fuerte presencia militar , 5) medios de comunicación como base de propaganda política, 6) dominio absoluto de un partido político, 7) apoyo selectivo a ciertos grupos de interés, 8) manipulación de la constitución a través de su modificación para sustentarse en el poder, 9) participación popular bajo un control estricto y 10) violación de los DDHH.
Al leerlo, observamos diversas posturas en torno a estos elementos. En primer lugar, hablemos de los elementos que no encajan en absoluto. Nos referimos al punto 1, 2, 3,6 y 8. En relación a estos aspectos, no puede acusarse al Gobierno de Nicolás Maduro de no ser elegido democráticamente, ni de representar a un pequeño grupo económico o de representar a solo un partido político. Tampoco de asesinar selectivamente a opositores o de someterlos a torturas o sufrimientos físicos (punto 3). Menos aún de un dominio absoluto de un partido (en nuestro caso el PSUV) o de intentar modificar la constitución para perpetuarse en el poder. En segundo lugar, nos encontramos con las características que pudieran estar presentes parcialmente, dependiendo de la óptica del analista. Comencemos por el punto 4 (fuerte presencia militar). No hay duda que en el Gobierno de Nicolás Maduro hay presencia de militares, tal como ocurrió en el Gobierno de Chávez (1998-2013), pero la presencia de militares no significa un gobierno militarista, sobre esto hemos deliberado en algunos trabajos previos. Ejemplificamos de otra manera, sí se afirma que la presencia de militares en el gobierno, es una muestra de autoritarismo, entonces como explicar el Gobierno de Dwight Eisenhower, que tuvo una fuerte presencia militar en su gabinete. ¿Fue un gobierno autoritarista y militarista? La respuesta es no. Totalmente diferente de las dictaduras militares en Chile con Augusto Pinochet o de Videla, en Argentina. Hay militarismo cuando la acción de gobierno es esencialmente impuesta de acuerdo a los intereses de los militares.
En Venezuela es innegable la presencia de militares en el Gobierno Nacional, pero no se traduce en un gobierno para los militares, aunque su influencia es importante. El punto 5, señala que se utiliza a los medios como elemento de convencimiento. Esto significaría un control total del aparato comunicacional, para hacer efectivo esa dominación, y al mismo tiempo sería una muestra de la existencia del totalitarismo.
Acá hay ambivalencias. La primera, es que en Venezuela, el Ministerio del Poder Popular para la Información y Comunicación (MPPIC) no tiene control hegemónico sobre los medios, aunque sin duda, utiliza los medios con los que cuenta para mostrar – y apoyar- la gestión del Gobierno de Maduro. El intelectual venezolano, Luís Britto García señala como los medios (privados y opositores) son los verdaderamente hegemónicos y dominantes en el país: medios impresos existían para 2012 unas 334 publicaciones periódicas, de ellas más de 250 son abiertamente oposionistas. Apenas hay tres (3) diarios con políticas editoriales cercanas al Gobierno (Diario vea, Correo del Orinoco y Ciudad Caracas). En relación con radios (FM y AM) hay 499 emisoras privadas, apenas 83 de servicio público y 247 comunitarias. En cuanto a televisoras, 67 son comerciales (privadas), 13 de servicio público y 38 comunitarias (pero con un ámbito de trasmisión muy localizado). Habría que preguntarse ¿cómo un gobierno que es minoritario en todos los medios de comunicación, puede realizar propaganda y ser totalitario? Misterios de la ciencia, habría que responder.
El punto 7, indica que un gobierno totalitario, da apoyo selectivo a grupos económicos particulares, que los mantienen en el poder. Es más que evidente, que los grupos económicos históricos en Venezuela están enfrentados al Gobierno Nacional. Los trabajos de investigadores como Pascualina Curcio muestran como los grandes grupos económicos tienen una guerra de amplio espectro contra el Gobierno de Nicolás Maduro, desde sus inicios en 2013. Por el contrario, sostenemos que gran parte de las dificultades del Gobierno Bolivariano devienen del hecho que no mantiene relaciones de convivencia con esos grupos poderosos. Podemos sí señalar, las observaciones críticas en torno a grupos que se han beneficiado del otorgamiento de divisas a través de los diversos mecanismos manejados por el gobierno.
El punto 9, está referido a la participación popular bajo un control estricto. Acá hay divergencias también. ¿Cómo es que un país que realizó 20 elecciones entre 1998 a 2015, se le acusa de autoritario? ¿Deben realizarse elecciones por capricho o apegadas a la ley? ¿Los sistemas democráticos deben permitir que las fuerzas políticas no cumplan con las leyes y procedimientos electorales? Quienes se basan en este aspecto, acusan al Gobierno Nacional de autoritario y dictatorial, siguiendo el supuesto que el Gobierno de Nicolás Maduro no permite la realización de elecciones. Sin embargo hay que explicar esta apreciación. Hay elementos ciertos y otros manipulados por Provea. Los ciertos es que hay un retraso en la realización de las elecciones regionales (alcaldes y gobernadores) que debían realizarse en el 2016, pero lo que no es cierto es que se quiera oponer a la realización de esas elecciones. El Consejo Nacional Electoral (CNE) se vio forzado a procesar las solicitudes de la oposición para la realización de un Referendo revocatorio (RR) que fue la estrategia central del discurso – y la praxis- contra el Presidente Maduro durante el 2016, inmediatamente después de la juramentación de la nueva Asamblea Nacional en enero de ese año. La manipulación consiste en la acusación de estar bajo una dictadura. Acá cabe el análisis desde la teoría decisionista.
La acción del CNE de reprogramar las elecciones, debe ser visto en el marco del decisionismo, que sostiene que se produce una concentración del poder decisorio en la figura presidencial, la autonomización del poder ejecutivo respecto a los demás poderes públicos (principalmente frente al poder legislativo), empleo de recursos extraordinarios (decretos de necesidad y urgencia, delegación de facultades extraordinarias), tomados todos en situaciones de emergencia. El año 2016, encaja en ese contexto. La caída de los ingresos petroleros y su impacto sobre la capacidad de gerencia del Gobierno Nacional, así como la situación de conflictividad política impulsada desde la Asamblea Nacional (AN) en su enfrentamiento con el Poder Ejecutivo, obstaculizó el cronograma normal del proceso electoral.
El punto 10, es más conflictivo, pues está referido a Violaciones de los DDHH. En este punto, se puede decir que ha habido situaciones donde las fuerzas de seguridad han actuado con uso excesivo de la fuerza y en eso casos el Gobierno ha actuado. Podemos acceder que no siempre con la velocidad que debiera, pero ha actuado. Otros DDHH como la libertad de expresión, o circulación, el derecho a la vida han sido protegidos y garantizados. No hay límites a las expresiones ligadas a los medios de comunicación, llegando incluso al término de incentivar la violencia, como quedó demostrado en recientes acontecimientos que involucran a un diputado opositor (Freddy Guevara del Partido Voluntad Popular). Como en todo Estado de Derecho, ocurren alteraciones que se producen en la protección, pues las características de nuestros sistemas políticos están asociadas al uso indeterminado de la libertad de decisión de los funcionarios públicos. Pero eso no solo ocurre acá, también en otros sistemas democráticos se producen violaciones a los DDHH, pero nada tan grave como para afirmar que se vive en un régimen autoritario. Es interesante comparar este tema con casos en Nuestra América, como Colombia donde los asesinatos y desapariciones son cosa común o México, por sólo nombrar dos. Bajo ningún concepto, justificamos los casos de exceso en el uso de la fuerza, pero lo que sí señalamos es la manipulación que se pretende hacer sobre casos reales o no, particularmente en las protestas sucedidas desde el 4 de abril hasta el 19 de abril de este año.
VENEZUELA: UNA EXTRAÑA DICTADURA
Las afirmaciones sobre el carácter dictatorial del país son cada vez más comunes. En nuestro criterio, tal como hemos mostrado someramente, sí bien hay observaciones sobre algunos de los puntos que caracterizan un sistema totalitario, no puede afirmarse que exista y mucho menos que estemos ante una Dictadura.
Sí estuviéramos en una dictadura, ¿pudieran los actores políticos convocar abiertamente a la sustitución de un gobierno, elegido democráticamente, tal como lo hacen personeros de la oposición política en Venezuela?. Principalmente dirigentes del Partido Voluntad Popular, cuya principal matriz discursiva es la salida del Presidente Nicolás Maduro, mediante acciones que “fuercen” su renuncia.
¿Qué ocurre en otros sistemas políticos sí se hace un llamado a derrocar a un gobierno? En el caso de la legislación de EEUU, se considera delito de traición a la Patria, “hacer la guerra o en unirse a sus enemigos, impartiéndoles ayuda y protección”. Acaso no puede considerarse en esos términos las acciones de Diputados como Julio Borges, del partido Primero Justicia, actual Presidente de la Asamblea Nacional (AN), quién fue a los EEUU a declarar en contra del país, solicitando apoyo para aplicar sanciones por parte de una entidad extranjera. En Colombia, por ejemplo el Código Penal y de Procedimiento Penal Concordado (Ley 599 julio de 2000) en su artículo 455, establece “que quien realice actos que tiendan a menoscabar la integridad territorial de Colombia, someterla en todo o en parte al dominio extranjero, a afectar su naturaleza de Estado soberano” incurrirá en prisión de veinte (20) a treinta (30) años. El artículo 456, sobre Hostilidad Militar señala que todo ciudadano colombiano o extranjero, que intervenga en actos de hostigamiento militar y cuya intervención, ponga en peligro la seguridad del Estado o sufran prejuicios sus bienes o las fuerzas armadas, la pena se aumentará una tercera parte, sobre la base de 360 meses. ¿Se permitiría en EEUU o Colombia, que se atente contra la institucionalidad del Gobierno y se intente desestabilizarlo, sin ningún tipo de reacción? Sin duda que no sería el caso, pero sí en Venezuela se actúa, se está ante un Gobierno Militar. ¡Qué absurdo¡
Hay quienes para acusar al país de ser una dictadura, señalan las amenazas a la libertad de información y las agresiones contra periodistas. De nuevo la comparación es pertinente. En Colombia, por ejemplo han ocurrido una serie indetenible de asesinatos contra periodistas en los últimos años (1977-2016), llegando a más de 153 víctimas. Sin embargo, no observamos titulares señalando a Colombia – y su gobierno- de aplicar acciones de miedo y terror (que es una de las características del totalitarismo). Veamos otro caso: México. Ahí cada treinta (30) días se produce un crimen contra un periodista. ¿Acaso hay acusaciones en la prensa mundial sobre una dictadura en ese país?. Mientras tanto en Venezuela, los medios se dedican a divulgar constantemente que el país vive en un régimen autoritario. ¿Qué dictadura tan extraña la que prevalece en Venezuela, que permite expresiones abiertas a derrocar al Presidente en ejercicio, con apoyo de Gobiernos extranjeros?
Una dictadura, no toleraría que un opositor exprese en sus redes, tal como lo hace el Gobernador de Miranda, Henrique Capriles Radonsky lo siguiente: “El esperpento de Miraflores como todo dictador es mitómano ¡Nadie le cree..”. O expresiones cómo las del Secretario General de Acción Democrática (AD) Henry Ramos Allup que indica: “Alerta: organismos policiales régimen narcorrupto y represor dotan hampones d colectivos violentos con franelas y banderas partidos opo”. ¿Qué extraña dictadura, que otro líder opositor se expresa sin ningún problema sobre el Gobierno? Es el caso de Freddy Guevara, dirigente de Voluntad Popular (VP) que expresó: “A la cúpula de la dictadura. Terminen de entenderlo: aún pueden negociar su salida. No sigan este camino que sólo los llevará a La Haya”.
La idea esencial con todas esas declaraciones, es crear un marco interpretativo, entendido como metáforas específicas, representaciones simbólicas e indicadores cognitivos utilizadas para presentar conductas y eventos de forma evaluativa y para sugerir formas de acción colectiva. En este supuesto, se trata de presentar el Gobierno de Nicolás Maduro como una dictadura totalitaria, a pesar de no coincidir con ningún elemento que las caracteriza. Ese marco, es reproducido abiertamente a través de los medios de comunicación, que como señalamos, son esencialmente controlados por actores privados, vinculados abiertamente a los sectores opositores.
Sostenemos que lo que ocurre en Venezuela es el choque entre dos representaciones, surgidas de una ruptura cultural que hace ver las contradicciones existentes en forma latente. La llegada al poder de Hugo Chávez, la transformación de sujetos excluidos (sujetos subalternizados en el sentido de Antonio Gramsci) en sujetos con protagonismos histórico, el surgimiento de nuevos actores con capacidad de movilización y un discurso disruptivo que retó las formas de poder característicos de la Venezuela entre 1958-1998, son solo algunos de los elementos que explican estas rupturas culturales. Asistimos a un proceso de definición de ideologías, símbolos y elementos icónicos planteados a través de los medios de comunicación, exaltando las contradicciones existentes entre dos modelos de democracia: la representativa (defendida a través del Sistema Interamericano y la OEA) y la participativa –popular (plasmada en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela).
Desde la desaparición física de Chávez, en marzo de 2013, se dio inicio a la implementación de acciones destinadas a desestabilizar al Gobierno de Nicolás Maduro, empleando la manipulación, la distorsión informativa, el bloqueo económico, en fin, estrategias de Guerra No Convencional (GNC) o Guerra Híbrida. Se trata de crear un caos constructivo, que sobre la base de protestas eleven la conflictividad, impulsen – a través de la provocación- a las fuerzas de seguridad a reprimir y se devenga en un ciclo de violencia que termine forzando una transición, cuyo último objetivo es la restitución del sistema político venezolano a sus viejas formas conciliatorias y consensuadas inter-elites.
Hay detrás de todo, una operación psicológica, que busca “ablandar” los apoyos políticos, desmovilizar a los actores contrapuestos (el chavismo, “bruto y represor”) y se hace, como bien lo señala un interesante artículo de docente universitario e investigador del lenguaje Steven Bermúdez, de construir una visión parcializada de la realidad, donde la oposición “representa” a los “venezolanos”, donde las expresiones de Luís Almagro “son las expresiones de toda Nuestra América” y dónde los opositores son los “únicos que entienden la gravedad de la dictadura”. Eso mismo se hace con la afirmación “Venezuela es una dictadura”. No importa que los elementos que caracterizan a una dictadura no estén presentes (carencia total de libertad de expresión, torturas y desapariciones de opositores, aparato militar que controla todos los sectores de la sociedad), pero igual se produce una generalización (desinformación o distorsión informativa) que busca reproducir la idea simbólica objetivo: “Es una terrible Dictadura”.
Lo preocupante, es que sobre esa manipulación se entretejen temas que son realmente importantes, ligados al accionar de las políticas públicas, las acciones de atención a la crisis por desabastecimiento programado, la violencia simbólica expresada libremente en los medios de comunicación. Todo ello hace una mezcla propicia para la aplicación en nuestro país de este laboratorio vivencial, que pretende llevarnos al máximo posible a la situación de confrontación civil en Libia o Siria. Las presiones sobre el Gobierno de Maduro son enormes y nunca antes experimentadas, ni siquiera por el propio gobierno de Chávez. La batalla tiene connotaciones simbólicas, pues como manifiesta el experto geopolítico Alexander Duguin, Venezuela es un Estado que resiste a los intereses de un mundo unilateral dominado por los EEUU y eso, lo transforma en una amenaza que debe ser reducida o mejor aún, desaparecida. Esperemos poder resistir y superar estos intentos que buscan desmembrar el país, con la anuencia de un grupo de venezolanos cuyos intereses marchan en una vía contraria, enmarcada perfectamente en la idea de “traición a la patria”.

Dr. Juan Eduardo Romero J
Docente e investigador Universidad del Zulia
Historiador y politólogo
Director del Centro de Investigaciones y Estudios Políticos y Estratégicos (CIEPES)
Miembro del Colectivo de Formación Combates por la Historia
Juane1208@gmail.com
20/04/2017




01 marzo 2018

La bestialidad de la violencia ante la indiferencia del mundo SIRIA: MENSAJES DEL INFIERNO


Un artículo de hoy del periódico DIE ZEIT de Alemania, SIRIA - MENSAJES DEL INFIERNO, retrata la ferocidad de la violencia descarnada y la incapacidad de la comunidad internacional para reaccionar ante todo ello.


Retrata con breves trazos las formas de resistencia y supervivencia de los asediados en las ciudades contiguas a Damasco, la capital siria, Ghuta y Erbin. Nos muestra algunos retratos heroicos de resistencia, hechos que están sucediendo en estos días en ese lugar, donde el odio y la violencia se despliegan desenfrenadamente.

El artículo termina con otra referencia macabra: "100 cohetes en 300 segundos", una muestra del odio despiadado para no dejar piedra sobre piedra con tal de exterminar hasta el último resquicio de la oposición. 

La idea de la sacralidad de la vida humana se ha convertido en una mera burla. la indiferencia y la apatía de la comunidad internacional, en la única verdad de una humanidad decadente. Los socios del gobierno boliviano –Rusia e Irán, junto con el ejército sirio- son los encargados de ejecutar esta obra bestial. Siria está mucho más cerca de lo que preferiríamos suponer.

¡Dios nos guarde!

Carlos Rodrigo Zapata C.

[Adjunto a continuación la traducción del artículo mencionado]


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SIRIA - MENSAJES DEL INFIERNO

Con la ayuda de Rusia e Irán, el dictador sirio está destruyendo el último refugio de la oposición. 

Por Andrea Böhm 

1 de marzo de 2018

[Casa en Ostghuta destruida por la Fuerza Aérea Siria © Samer Bouidani / dpa]

Los fabricantes de diesel necesitan urgentemente volver a trabajar. Casi no hay combustible en Ghuta, el cinturón suburbano sitiado al este de Damasco. Sin combustible, no funciona ningún generador, sin generador no hay electricidad, sin electricidad no hay internet. Y sin internet no hay contacto con el mundo. Recogiendo residuos de plástico, fundiéndolos en un horno, condensando los vapores, han estado produciendo combustible aquí desde que el régimen sirio cerró el anillo de asedio alrededor de los suburbios controlados por los rebeldes en 2013. ¿Pero quién quiere recoger plástico en la calle, cuando las bombas caen sin parar? Por ello muchos generadores no funcionan.

Especialmente ahora que el mundo debería saber lo que está sucediendo en Ghuta. Es el año siete de esta guerra con cerca de 400,000 muertos y once millones de refugiados, en los que se han anunciado y roto nuevas treguas. El más reciente, fue decidido por el Consejo de Seguridad de la ONU el domingo pasado, bajo la impresión del bombardeo continuo de los civiles encerrados. Debía haber una "tregua inmediata" de 30 días. La maestra Samara Matar escribe: "Una vez más tuve la esperanza de que la ONU nos ayudaría a salir de este infierno". Pero poco después escuchó los aviones de combate y las explosiones otra vez, se escondió con su hijo de dos años debajo de las gradas de su casa en Erbin, la segunda ciudad más grande de Ghuta. 

La comunicación con Matar a través de WhatsApp funciona de manera esporádica; no solo porque la electricidad es escasa, sino también porque hay recepción de teléfonos móviles solo al aire libre. Para contarles a los periodistas extranjeros y sus audiencias sobre las bombas, las hambres y las víctimas con la mayor precisión posible, personas como Matar tienen que salir arrastrándose de sus refugios en los sótanos y debajo de las escaleras. Esto aumenta el riesgo de morir en el próximo ataque aéreo. Sin embargo, muchos corren el riesgo, aunque la mayoría se da cuenta de que el mundo está mirando, pero no actuará.

En realidad, esta debería ser una historia sobre las huellas de la revolución en Siria: no sobre las protestas en 2011 y ciertamente no sobre los rebeldes islamizados y corrompidos desde hace tiempo. Más bien, sobre el surgimiento de un sentido de ciudadanía que no ha existido en este país antes. Sobre comités locales que organizaron hospitales, recolección de basura y servicios de bomberos en áreas de oposición, abrieron estaciones de radio, cuidaron a los refugiados que continuaron protestando contra Assad, pero también contra el terror del IS y los rebeldes islamistas. 

En noviembre de 2015, cuando cientos de miles de refugiados sirios marcharon en dirección a Alemania, el [periódico alemán] DIE ZEIT había hablado con miembros de la oposición en Siria que estaban decididos a quedarse. Entre ellos estaba el farmacéutico Abdulsattar Sharaf de Erbin. Junto con los vecinos y con la ayuda de clubes alemanes como Medico International y Adopte una Revolución, Sharaf había establecido escuelas gratuitas, en bodegas fortificadas, protegidas de los ataques aéreos. La enseñanza no solo estaba libre de la propaganda del régimen, sino también del adoctrinamiento de los grupos islamistas que habían ganado la delantera en Ghuta. 

Estos extremistas trataron a los activistas seculares similares de igual modo que lo hizo el régimen de Assad: amenazas, arrestos, tortura. Pero a diferencia del tiempo de predominio de Assad, la libertad política permaneció. En Duma, la ciudad más grande y conservadora de Ghuta, los artistas abrieron un estudio de grabación donde grabaron poemas y canciones que publicaron en Internet. En Erbin, los padres compitieron por los aproximadamente 2.000 lugares en las escuelas libres de Sharafs. 

A solo unos pocos kilómetros de la presencia de Assad en Damasco, se había formado una sociedad civil diversa en la zona rebelde, a pesar de la represión de los islamistas, a pesar del asedio en curso y las bombas de barril del régimen.

¿Qué ha quedado de eso? Cuando restablecimos el contacto en enero de 2018, Sharaf se dirige al curso de alemán. "Estoy en Heidelberg desde hace unos meses", escribe. Pero con los pensamientos, todavía sigue en Siria. Sharaf se pone en contacto con Samara Matar, que enseña en una de las escuelas gratuitas en Ghuta. El sueño de una expansión de las escuelas ha terminado.
El régimen de Assad, gracias a la ayuda de Rusia y de Irán desde finales de 2015 militares en aumento, ahora solo quiere eliminar la mayor vergüenza que ha sufrido en esta guerra: un enclave de la oposición a la vista de la capital. 

Desde principios de febrero, el ejército sirio y sus aliados atacan Ghuta preparándola para el asalto final. Ya no hay lecciones en las escuelas gratuitas. Algunas aulas han sido ocupadas con bombas para aguas residuales, tanques de agua potable y ventiladores, y sirven como refugios para cientos de familias.

En Ghuta no mueres solo por ataques aéreos

Los mensajes de Erbin vienen en estilo de telegrama: "Hoy 81 muertos en el este de Ghuta". - "Solo siete ataques sucesivos con misiles". Fotos de clínicas subterráneas, donde doctores reciben heridos como en una cadena de montaje, a los que les faltan las piernas o los brazos o, como el lunes pasado, se hallan cerca de la asfixia, después de un ataque con gas de cloro, como dicen los médicos. Algunos residentes en estado de shock transportan no solo a sus familiares lesionados a la sala de emergencias, sino también llevan sus extremidades desgarradas, como si los médicos pudieran coserlas de nuevo. Mientras tanto, falta todo: vendas, conservas de sangre, instrumentos quirúrgicos.

Abdulsattar Sharaf traducido para nosotros del árabe al Inglés, identificando en las fotografías de las víctimas a niños, a los que tan solo hace unos meses había otorgado certificados. Al mismo tiempo, hay cada vez más indicios de que el régimen pronto tomará Ghuta con tropas de infantería. Un "cese al fuego humanitario" diario entre las 9:00 y las 14:00, incluida la posibilidad de que los civiles abandonaran el sitiado Ghuta, como lo había proclamado Vladimir Putin a instancias de la ONU, se quebró a la media hora. 

Los rebeldes y el regímen se acusan mutuamente de disparar primero. En Ghuta existe el rumor de que la milicia islamista y Damasco están negociando una retirada, junto con sus armas, de Ghuta a la provincia de Idlib, que también está controlada por milicias islamistas. Se dice que los civiles deben ser internados en centros de detención y que los opositores deben ser entregados al servicio de inteligencia sirio. Su venganza no apunta tanto a luchadores armados, como a ciudadanos comprometidos con una sociedad civil. Gente como Samara Matar, que por lo tanto no aparece con su verdadero nombre en esta historia.

En Ghuta no mueres solo por ataques aéreos, también mueres de hambre y enfermedad. Los suburbios Damasquinos están ahora asediados por más tiempo que Sarajevo durante la guerra de Bosnia. Al igual que en Sarajevo, los habitantes de Ghuta han excavado túneles a través de los cuales se podían contrabandear bienes, armas, municiones y medicinas. Al igual que en Sarajevo, todas las partes enfrentadas se beneficiaron del contrabando. 

Los túneles de Ghuta ahora han sido bloqueados por el ejército de Assad. Y los campos de frutas y cultivos por los cuales Ghuta alguna vez fue famoso están siendo bombardeados. O a los agricultores les falta el diesel para sus tractores. 

Los ingredientes para las "recetas para resistir el asedio" ahora se han terminado. Gorriones a la plancha, harina en base a forrajes, saltamontes asados con ensalada de hierba. Al menos el once por ciento de los niños en Ghuta padecen desnutrición aguda, según Unicef. "A veces teníamos niños en clase", dice Sharaf, "que se desmayaban por hambre". Abdulsattar Sharaf dejó Erbin en 2017 justo antes de que los túneles cayeran en manos del régimen. Hasta ese momento, había sobrevivido a innumerables ataques aéreos, un intento de asesinato de los islamistas y el ataque con gas venenoso del 21 de agosto de 2013.

En esa fecha, cientos de personas en Ghuta murieron del gas nervioso sarín. En ese momento, Barack Obama había amenazado con la intervención militar estadounidense en caso de uso de armas C. Pero retrocedió, supuestamente también, porque la autoría de este atentado por parte del régimen no había sido probada. Sharaf ayudó en el hospital. "Con este gas venenoso, tienes que inyectar Atropina a las personas", dice. Habían encontrado en una fábrica de productos farmacéuticos cuya fecha de vencimiento era hace años. "Por supuesto que lo usamos de todos modos, ¿qué deberíamos hacer?".

Casi cuatro años después, el 30 de enero de 2018, se supo que las pruebas de laboratorio de la Organización para la Prohibición de Armas Químicas podían asignar las trazas de sarin provenientes de Ghuta a las armas del régimen con una certeza casi absoluta.
En la primera línea, las tropas del régimen están ahora desplegadas. Uno de los comandantes del ejército ha anunciado en un video mensaje a la gente en Ghuta una "lección" y un baño de sangre. La maestra Samara Matar y su hijo continúan esperando debajo de las escaleras de su casa. La última señal de vida del estudio de grabación en Duma data del 23 de febrero. Los activistas habían encendido el micrófono durante los bombardeos. La grabación dura cinco minutos. Su título: "100 cohetes en 300 segundos".

[Traducido por Carlos Rodrigo Zapata C.]

[Versión original en alemán]
http://www.zeit.de/…/syrien-baschar-al-assa…/komplettansicht






22 enero 2018

LA “UNIFICACIÓN DEL SUBALTERNO", UN RELATO INAUDITO



A. García Linera: “Perder a Evo Morales sería un suicidio político”
LA “UNIFICACIÓN DEL SUBALTERNO", UN RELATO INAUDITO


¿Será que es posible convertir a sectores sociales depauperados en actores de su propia emancipación, reproduciendo y profundizando las condiciones de su pobreza?


Nada indica que ello pueda ser posible. Muy por el contrario, lo que sale a relucir es que se ha instalado en el país un esquema orientado a explotar las limitaciones estructurales existentes en nuestra formación social, propiciando un intercambio de prebendas y favores por apoyo incondicional a los gobernantes, todo a costa de destruir la frágil institucionalidad estatal.

Pretender que todo ese tráfico de intercambios tiene algo que ver con un proceso de cambio, está demasiado lejos de lo que urgente y desesperadamente requerimos.

Las reflexiones incluidas en el presente artículo apuntan a esclarecer el marco de lo que viene aconteciendo en nuestro país durante la actual gestión de gobierno.

Carlos Rodrigo Zapata Cusicanqui

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LA “UNIFICACIÓN DEL SUBALTERNO", UN RELATO INAUDITO



A. García Linera: "El subalterno pasa el 98% de su historia fragmentado; cuando vive el 2% unificado, sería una locura que lo deje pasar por un mero apego muerto a la palabra institucional de la democracia representativa".
Carlos Rodrigo Zapata Cusicanqui (*)

Por lo que llevamos visto en nuestro país, hay muchas formas de justificar la violación de la constitución, las leyes y las reglas básicas de convivencia. Nuestra historia está repleta de argumentos grotescos, seguramente como consecuencia de las muchas asonadas, golpes de estado, cuartelazos y hasta supuestas revoluciones que tuvimos. Cada nuevo mandamás que llegaba a Palacio venía cargado de toda suerte de justificaciones que resultaban tanto más cortas, cuanto más largas eran sus armas. 

Lo que nunca pudieron explicar fue cómo así se esfumaban los apoyos tan pronto, al punto que llegamos a tener varios presidentes en un año y hasta en un día. Ahora tenemos un Presidente que acude a una instancia que no tiene atribuciones para asumir determinadas funciones que se le exigen, la que sin empacho alguno decreta la posibilidad de reelección indefinida de los primeros mandatarios en contra de la Constitución y del Soberano expresamente convocado, y un Vicepresidente que se mofa de la democracia representativa siendo presidente nato de la Asamblea Legislativa, es decir, la expresión más directa de la democracia. Como se podrá apreciar, nos movemos en aguas conocidas, al punto que el mayor peligro para el orden y la justicia proviene, como antes y como siempre, de sus máximos encargados y responsables. 

La situación actual se asemeja a aquellos tramos de la historia cuando se acababan los periodos de gracia y rebrotaba el descontento, sin que haya forma de contener esos desbordes, sea porque de pronto las premisas del análisis ya no funcionaban, las correlaciones de fuerzas habían cambiado o los equilibrios fabricados empezaban a hacerse trizas. La única diferencia, es que en este caso el periodo de gracia ha sido mucho más prolongado que en cualquier otra fase de nuestra historia, gracias al maná, producto de los altísimos precios internacionales de las materias primas. Pero ya estamos de vuelta.

Si esos mandamases hubieran intentado ensayar alguna explicación de sus fracasadas administraciones pasajeras, seguramente se habrían limitado a destacar asuntos que no estaban al alcance de su mano ni bajo su control, como expertos en evadir sus propias responsabilidades,  pero nunca habrían admitido o reconocido que no eran capaces de administrar el país o que simplemente no conocían el país que tenemos o ambas falencias. Por lo que se puede percibir, la situación actual también ya se asemeja a ese pasado lamentable. De aprestos imperialistas y de confabulaciones de todo tipo se escucha a menudo, nunca un tono autocrítico.

Por lo destacado al inicio de estas reflexiones, el Vicepresidente está empeñado en tratar de contarnos unos cuentos, tarea en la que ya acumula buena experiencia. Relacionar una supuesta “unificación del subalterno” con un  proceso revolucionario en marcha, resulta sin duda un gran atrevimiento. No obstante, debemos admitir que no le ha ido mal con este tipo de relatos, puesto que ha sorprendido hasta a los más pintados luchadores sociales internacionales (recuerdo cuán impactados estaban los comunistas franceses cuando el Vicepresidente fue a su casa matriz en París a darles una charla sobre cómo se hacen revoluciones), simplemente porque no conocen la realidad boliviana. Por todo ello, intentaremos separar el trigo de la paja como para abrirnos campo en esta tupida maleza que amenaza con taparnos todo horizonte de visibilidad.

Lo más importante a destacar es que se ha fabricado una peligrosa confusión para hacer aparecer como impronta revolucionaria lo que no es más que un viejo sueño de participación en la fiesta nacional. Me explico. Con la expresión ‘fiesta nacional’ quiero decir simple y llanamente, tener acceso a bienes, servicios, oportunidades, por nimias o precarias que fueran, simplemente porque antes no los había o eran aún más limitados que los que actualmente obtienen.

Sin duda, uno debería alegrarse por una noticia de este tipo, ya que las grandes mayorías nacionales han vivido siempre postergadas y excluidas por la estrechez de miras y horizontes de las clases dominantes, e incluso disponerse a darles la razón a quienes se refieren a la “unificación del subalterno”. Eso tocaría hacer, si así fueran las cosas.

Pero lo primero que hay que señalar es que muchas veces las apariencias engañan y que las capas más superficiales de la realidad y de la historia suelen no reflejar fidedignamente lo que acontece en sus capas más profundas. Ello significa que es crucial tener cuidado a la hora de relacionar ciertos hechos con ciertas explicaciones o interpretaciones, pues fácilmente nos podrían estar dando gato por liebre, haciendo pasar ciertas manifestaciones como si fueran producidas por determinadas leyes de movimiento, cuando puede ser que su proveniencia sea muy distinta de la que se pretende.

La apariencia nos dice –y nos lo han repetido hasta el cansancio- que los sectores sociales postergados y marginados de nuestro país habrían encontrado en Evo Morales y el MAS la oportunidad de cambiar su suerte, que al fin llegó luego de cientos de años. La emergencia de movimientos sociales, su unificación en torno a su instrumento político, el MAS, los bonos que entrega a distintos sectores sociales, los incrementos  salariales  muy superiores al pasado, serían algunas manifestaciones relacionadas con esta versión. 

Este es al menos el plato que el Vicepresidente pretende que todo el mundo se sirva, ya que le permite colocar como fuente y origen de su “unificación del subalterno” y de todas esas oportunidades, a los “movimientos sociales” y al “proceso de cambio”.

Las capas profundas de nuestra realidad y de nuestra historia nos cuentan una versión muy distinta. Lo primero es puntualizar que Bolivia es una “formación social abigarrada”, como correctamente caracterizó René Zavaleta a nuestro país. ¿Qué significa ello? Pues que Bolivia es una sociedad heterogénea, diversa, estructuralmente compleja, un museo vivo de múltiples  formas de producción, muchas de ellas insostenibles, donde coexiste un cúmulo de lógicas de acumulación, enriquecimiento y supervivencia conviviendo lado a lado.

El origen de dicha diversidad es multifacético, pero tiene una raíz común: la incapacidad histórica estructural de la clase propietaria de los medios de producción para usar y aprovechar dichos medios, a fin de generar los puestos de trabajo y los empleos que les permitan a las clases despojadas ganarse el sustento diario. 

Como consecuencia de dicha incapacidad, la estructura de clases que se ha conformado en nuestro medio se deriva directamente del tipo de relación o no relación que los sectores sociales han establecido con los medios de producción. Así podríamos decir que en Bolivia coexisten al menos los siguientes tipos de clases: la que fue despojada de los medios de producción y hoy se halla proletarizada; la que recuperó los medios de producción que le fueron arrebatados (principalmente, los sectores campesinos); la que tiene que inventarse un sinfín de formas de subsistencia y medios de producción inusuales (vinculadas por ejemplo al sector informal, el contrabando, la piratería, el narcotráfico, etc.); la que hace lo mismo que la anterior, pero para acumular y enriquecerse, y la que nunca perdió el control de los medios de producción (algunos pueblos indígenas de la Amazonía, pueblos no contactados).

Si a dicha clasificación agregamos que la clase que ha tenido que inventarse un sinfín de formas de subsistencia para sobrevivir es probablemente la más numerosa (pues albergaría a más del 50% de la fuerza de trabajo nacional), estamos diciendo que Bolivia vive predominante de actividades insostenibles e inviables, que  en muchos casos solo pueden sobrevivir o perdurar al margen de la ley, cuya productividad y competitividad no puede mejorarse, pues de hacerlo sería para peor. Basta imaginar a un “comerciante de prendería usada” mejorando la eficiencia de sus actividades o expandiéndolas.

En una formación social como la nuestra, hay a su vez dos rasgos que han impregnado a fuego su estructura o base material: el subdesarrollo y el extractivismo, marcas de distinción de nuestra formación social, indelebles hasta el presente. ¿Qué implica y significa eso? Que los modos de producción y lógicas que conviven y coexisten en nuestro medio tienen a su vez muy escasas opciones o posibilidades de convertirse en actividades viables y sostenibles, que tengan futuro, razón por la que no les queda otra opción que tratar de aprovechar toda ocasión para asegurar las condiciones de su propia reproducción. Por todo ello, el momento actual resulta particularmente oportuno para sacarle el jugo al juego prebendal y clientelístico que se ha instalado sin ningún pudor: tú me das lo que requiero, yo te apoyo. 

Ello significa que lo que más ha proliferado es el juego al margen de la ley o de las reglas de convivencia que nos estábamos dando, pues esa es la esfera en la que prácticamente la totalidad de esas lógicas de supervivencia que copan el ambiente nacional, encuentra su espacio de actuación, su oportunidad: tan solo quebrando leyes, haciendo caso omiso de las mismas y logrando favores y prebendas gubernamentales es posible formar algo así como unos ahorros, una oportunidad que reduzca el riesgo de volver a caer en la pobreza y la miseria, pero también para acumular grandes fortunas a marchas forzadas en algunos casos. Para ello, vale todo.

Lo más llamativo es que el gobierno se empeña en llamar “proceso de cambio”, “revolución” y otros apelativos semejantes a todo ese modo de explotar los recursos del país y del estado, cuando salta a la vista que se trata de un proceso de “desacumulación originaria”, es decir, de recuperación de recursos históricamente arrebatados, de construcción de opciones de subsistencia, aunque muchas de ellas insostenibles e inviables, producto de la incapacidad histórica de las clases propietarias, pero también de la incapacidad de los mismos gobernantes de generar otras oportunidades de empleo, producción e ingresos.

Llámese sector informal, contrabando de chutos, ropa usada y mil otras cosas, piratería, producción de hoja de coca, narcotráfico, cooperativas mineras, gremiales, etc., todos estos sectores tienen sus propias lógicas de funcionamiento y reproducción, sus propias exigencias, sus propias demandas, y hasta el presente nunca habían encontrado un gobierno, un mandatario y un partido político a su disposición, dispuesto a respaldar toda suerte de demandas, algunas más abiertamente que otras, unas más disparatadas e insostenibles que otras, demandas al fin que sin el apoyo gubernamental no habrían tenido muchas oportunidades de cristalizarse.

Forman legión todos los casos y formas en que se ha apoyado a estas diversas lógicas de producción y subsistencia prevalecientes en nuestro medio, por lo que me limitaré a recordar solo algunos casos o ejemplos emblemáticos, más con el fin de precisar el cauce de la argumentación que de efectuar una exposición exhaustiva de casos.

Posiblemente el caso más lacerante para la vida nacional sea el protagonizado por los cooperativistas mineros y el asesinato del Viceministro de Régimen Interior, Rodolfo Illanes. ¿Cuál fue la circunstancia? Un intento del Viceministro por morigerar a los cooperativistas mineros que exigían que el estado les entregue de una buena vez todo lo que requerían que era nada menos que todas las condiciones, autorizaciones, licencias, yacimientos y excepciones para poder desplegar su negocio sin ningún riesgo ni costo para ellos, incluyendo el uso indiscriminado de agua y eximirlos de rendir cuentas por contaminación ambiental. Al no poder conseguir todas sus desorbitadas exigencias –una novedad en lo que va de la actual gestión- los cooperativistas mineros procedieron a ejecutar al Viceministro, habiendo dejado  con ello una huella trágica e indeleble en la noble y valerosa historia de las cooperativas mineras.

Otros casos dramáticos tienen que ver con la ley de la coca que aprueba miles de hectáreas y toneladas de coca excedentarias para un fin no especificado (89% de la coca del Chapare no se destina al mercado oficial de Sacaba, según UNODC), que no puede ser otro que el narcotráfico. El millón de vehículos importados en la década pasada, muchos de ellos usados y sin papeles, es otra muestra de ese gran pacto entre el gobierno y sectores sociales en procura de reproducir sus precarias condiciones de vida. La fracasada lucha contra los comerciantes de ropa usada y el abandono de la defensa del sector textil, la permisividad y los dobles y triples estándares en materia de cumplimiento de leyes laborales (pese a las publicitadas elevaciones del salario mínimo, hoy en día más del 60% de los trabajadores en Bolivia no percibe ni el salario mínimo en sus actividades), impositivas, de seguro social y de salud, la explotación a mansalva de yacimientos mineros, la apertura indiscriminada de la frontera agrícola, etc. son apenas algunos ejemplos de ese pacto estructural gobierno-lógicas de subsistencia o modos de producción en muchos casos inviables que tan solo permiten a la gran mayoría reproducir sus condiciones de pobreza.

Por ello, por ese fomento indiscriminado a estas formas de subsistencia, resulta inimaginable que el gobierno del MAS pueda propiciar el cambio de la matriz productiva o incluso su diversificación en base a empleo digno. Por lo que vemos, no puede haber nada más anti revolucionario y anti transformador que este acuerdo estructural entre gobierno y estos modos de producción en muchos casos insostenibles que solo pueden sobrevivir a expensas del orden interno o ignorando el ordenamiento jurídico del país.

A partir de esa base de acción conjunta, presentar ese tipo de acuerdos, de apoyos, de facilidades como un proceso de cambio revolucionario, sustentado por supuestos "movimientos sociales", puede efectivamente confundir a más de uno, si no se comprende los procesos de penetración del capitalismo y no se conoce el profundo fracaso histórico de las clases dominantes que se quedaron estancadas en su gran mayoría en el rentismo y el extractivismo, en lugar de avanzar hacia el desarrollo de las fuerzas productivas. 

Pretender llamar cambio o revolución a la permisividad, a dejar de aplicar leyes o, peor aún, a usarlas para fomentar sectores económicamente insostenibles, usándolos a su vez para aferrarse al poder, atizando odios viscerales, demostrando con todo ello una incapacidad que raya en el asombro para diversificar nuestra vieja y vetusta matriz productiva, es una inmensa aberración, más aún cuando tenemos en cuenta que el gobierno en funciones ha tenido ingentes recursos a disposición, los mayores desde que existe nuestra patria Bolivia.

Por todo ello, resulta francamente grotesco presentar al Presidente como insustituible para seguir usando a todos estos sectores sociales requeridos de un amplia gama de favores y prebendas para asegurar su subsistencia y, al mismo tiempo, no tener remilgo alguno para mandar al diablo a la democracia representativa, aquella que los bolivianos hemos elegido y por la que hemos luchado, no por ser precisamente la mejor forma de gobierno, sino porque es la única que nos puede ayudar a balancear de alguna manera razonable nuestras demandas y necesidades, para reemplazarla finalmente por un tótem oscuro llamado “unificación del subalterno”.

Para concluir, es indispensable conocer las razones y las causas reales del apoyo que hasta no hace mucho ha tenido el Presidente Morales en amplios sectores del electorado nacional. La labor de algunos magos ha consistido en contarnos cuentos, convertir a dirigentes de esos sectores sociales y esas lógicas de subsistencia en líderes de “movimientos sociales”, cuando han sido reducidos a la condición de meros empleados sumisos del Ejecutivo, todo un enjuague para pasar cuentas de vidrio como perlas y convertir a sectores sociales históricamente hambrientos de pertenecer al mundo en “movimientos sociales revolucionarios”, todo lo cual debe servir a su vez para poner a disposición la democracia, pasarse por encima de la constitución, hacerse la burla de la legislación y la jurisprudencia internacional, todo en aras de un insustituible al que ahora se lo quiere eternizar y todo ello a su vez en aras de la famosa “unificación del subalterno”.

Ya es tiempo de evitar que nos tomen el pelo y de salir de esa pose revolucionaria montada sobre los hombros de sectores sociales depauperados que hoy requieren de toda suerte de dádivas para subsistir, cuando lo que verdaderamente necesitan es una revolución de sus condiciones de producción y de su base material que les asegure formas de vida dignas y actividades que puedan ser permanentemente perfectibles y les permitan marcar con su huella la historia de su propio progreso y no la senda de su propia historia de pobreza, frustración y sometimiento.



(*) Economista (titulado), catedrático de “Desarrollo del Capitalismo” y especialista en planificación territorial.





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El vicepresidente de Bolivia asegura que el mandatario es "la personificación de la unificación de lo popular"



El vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Liñera. EFE
Inseparable compañero de Evo Morales durante los últimos 12 años, el vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera (Cochabamba, 1962), no buscará una nueva reelección en 2019, pero cree que es imprescindible que lo haga Morales, cuya capacidad para “unificar a los subalternos” –dice– no puede perderse “por apego muerto a la palabra institucional de la democracia representativa”.
Pregunta. Dice que no hay contradicción entre el resultado del referendo de 2016, que no autorizó una nueva reelección del presidente, y el reciente fallo del Tribunal Constitucional, que sí la autorizó. ¿Cuál es su argumento?
Respuesta. En 2015 se planteó modificar un artículo de la Constitución, el 168, que establece un límite a la reelección de un candidato presidencial. El procedimiento constitucional exige que la Asamblea Legislativa plantee un proyecto de ley para modificar este artículo y se vaya a un referendo, el cual se organizó en 2016, el 21 de febrero. Por un mínimo margen, de 51 contra 49%, la gente dijo que no, que no había que modificar este artículo. Entonces la Asamblea, que era la encargada de aplicar el resultado del referendo, lo que hizo fue suspender la ley de modificación del citado artículo en cumplimiento de la decisión vinculante del soberano. El referendo fue ejecutado: por él no se modificó el artículo 168 de la Constitución.
Un año y medio después, surge otra iniciativa de la bancada mayoritaria de la Asamblea Legislativa que ya no toca el artículo 168, sino que plantea que no se puede establecer límites al derecho político que tienen las personas de participar en elecciones. La Constitución establece la primacía de los acuerdos internacionales sobre la propia Constitución. Entonces, se planteó al Constitucional que no debería establecerse límites para que una persona candidatee, en cumplimiento el Pacto de San José sobre derechos humanos. Y el Constitucional, que es el único intérprete de la Constitución, estableció que esto es correcto. A raíz de esta consulta de la Asamblea y de esta respuesta del Tribunal, varias autoridades actuales, entre ellas el presidente, si quieren candidatear de nuevo pueden hacerlo en 2019. De esta manera, el Tribunal Constitucional ha igualado la situación boliviana con lo que establecen otras constituciones del mundo, como la de Alemania o la de España. El único límite es el voto, que decidirá si el pueblo acepta que una autoridad vuelva o no.
P. Como teórico social, usted ha planteado una polaridad entre un “poder constituyente”, que es el poder de la gente de rehacer la sociedad, y un “poder constituido”, que es el aparato normativo y la institucionalidad establecida. Para habilitar al presidente, el MAS —el partido de Morales— acudió al Constitucional mientras dejó de lado lo dicho por el poder constituyente en el referendo. ¿No ve una contradicción entre estos eventos y la primacía que antes usted le asignaba al poder constituyente?
R. No. El poder constituyente fue la sublevación de la gente, en 2001, 2003, 2005, que se expresó en la votación por Evo, por un indio, algo inédito. Se eligió al que se consideraba descalificado, inepto, para ser autoridad. Las clases dominantes están en el poder porque pueden ejercer un mando unificado y articulan en torno a este a las clases subalternas, que por definición son clases fragmentadas. Entonces, una revolución es el momento en el que los subalternos abandonan su subalternidad porque se unifican. Lo interesante es que la persona que permite la unificación y le da cuerpo visible, palpable, es Evo. Uno como ellos, de su misma sangre, de su mismo color… Y entonces la pregunta que se hace un revolucionario es: aquel símbolo de la constitución de lo popular, aquel símbolo que expresa la ruptura de la subalternidad, ¿por qué dejarlo ir? ¿Por qué ahora? Si uno se apegara estrictamente a las formas institucionales, correspondería dejarlo ir. Pero si uno se apega al núcleo ígneo de lo popular en movimiento, de lo popular unificándose, es un gran error perder aquello que se logra cada 100 o 200 años, la unificación, en aras de una lectura digamos plana de lo institucional.
En otras palabras: la lógica del poder constituyente sigue prevaleciendo en la candidatura de Evo, porque Evo es la personificación de la unificación de lo popular.
P. ¿Esto se dará mientras Morales viva?
R. Ojo, no fue algo que hayamos buscado. Lo ideal es una renovación generacional y colectiva de estos liderazgos fuertes. Pero por la adversidad en que ha nacido nuestro poder, en estos 10 años no nos hemos preocupado del asunto. Ahora tenemos siete años para eso. El objetivo es que en 2024, cuando haya nuevas elecciones, podamos tener líderes sustitutivos de Evo y una estructura colectiva mucho más sólida que la que tenemos.
P. Las encuestas señalan que usted es el mejor candidato del MAS después de Morales. ¿Lo que dice es una renuncia?
R. No. Simplemente una reafirmación de mi ser individual e intelectual. Yo he peleado para que los indios lleguen al poder. No para que Álvaro García lo haga, porque Álvaro García no es indio. Nunca ha buscado sustituir, representar ni ha querido disfrazarse. Él sabe cuál es su condición social. Entonces no hay renuncia personal. Álvaro García jamás ha imaginado, sería un contrasentido, sería una especie de traición a mi ser revolucionario, asumir un cargo presidencial.
P. Usted escribió el libro Democracia, Estado y Nación, donde dice que la democracia no es reglas, que estas pueden cambiar con tal de que haya progresos en la igualdad. Sus rivales son partidarios de la democracia como cumplimiento de reglas y por eso han dicho que después del fallo del Constitucional el país ha entrado en un momento no democrático. Algunos incluso hablan de “dictadura”, “totalitarismo”…
R. La mayor parte de los que usan el concepto de totalitarismo ni siquiera han leído la primera página del libro de Hannah Arnedt sobre el tema (“Los orígenes del totalitarismo”). Usan la palabra como un cliché que no entienden. Otros tienen un apego meramente procedimental a lo democrático, como enseña [Norberto] Bobbio y [Giovanni] Sartori. Nosotros siempre hemos reivindicado la democracia como algo más, como la igualación de las oportunidades de las personas para decidir, para participar en los asuntos comunes. Igualación cultural y política, no solo económica, en el acceso a bienes y a oportunidades. Me encanta la definición de [Jacques] Rancière: ‘hay democracia cuando los que se considera que son incapaces de ejercer los cargos son quienes los ejercen’. Es fantástica. Por esto digo: ¡Cómo los subalternos van a dejar escapar su símbolo de unificación! Sería un suicidio político. El subalterno pasa el 98% de su historia fragmentado; cuando vive el 2% unificado, sería una locura que lo deje pasar por un mero apego muerto a la palabra institucional de la democracia representativa.