29 febrero 2020

LOS CABALLOS DEL APOCALIPSIS ELECTORAL

La democracia oligárquica en acción en Bolivia


Carlos Rodrigo Zapata C. 

A raíz del monumental fraude electoral cometido por el MAS el 20 de octubre de 2019, la renuncia del Presidente Morales a su investidura el pasado 10 de noviembre y su sustitución por un gobierno transitorio en el marco de la sucesión prevista por las normas constitucionales, la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP) ha anulado los resultados de dichas elecciones y convocado a nuevas elecciones, a verificarse el próximo 3 de mayo de 2020, un lapso de tiempo muy corto como para resolver numerosos problemas y defectos existentes en el régimen electoral desde hace ya muchos años.  

Este cambio relativamente intempestivo de gobierno ha conducido a los estamentos políticos a creer que el MAS ha perdido gran parte de su apoyo electoral, razón por la cual se han presentado a las nuevas elecciones 8 alianzas y partidos, considerando que tienen posibilidades de ganar o cuando menos llegar a segunda vuelta con el ganador de la primera vuelta. 

Dicha conducta ha causado honda preocupación en el electorado que considera que todos los partidos quieren sacar provecho de las jornadas de movilización que sirvieron para desplazar al régimen fraudulento y que la participación de tantas agrupaciones, la mayoría con escasa o ninguna trayectoria política anterior, podría más bien ayudar al MAS a mejorar sus propias expectativas electorales. 

Como si se tratara de darles la razón a unos y otros, se han presentados los resultados de una primera encuesta de opinión para auscultar las preferencias electorales. Dicha encuesta ha confirmado, por un lado, que el apoyo al MAS habría caído en no menos de 15 puntos porcentuales, si se compara con los resultados iniciales de las elecciones anuladas. Por otro lado, la encuesta sitúa al MAS en el primer lugar de las preferencias con el 31,6%, confirmando con ello las preocupaciones del electorado. Además muestra que el MAS se hallaría a buena distancia de sus inmediatos perseguidores, en este caso CC de Mesa con el 17,1% y Juntos de Añez con el 16,5%. Los demás postulantes –con excepción de Creemos de Camacho que tiene 9,6%- aparecen con apoyos muy exiguos. 

Estos resultados han prendido las alarmas en el electorado. Los pedidos de unidad, de bajarse a los unos o de fusionarse a los otros, se han multiplicado como reguero de pólvora. El peligro que representa para la gobernabilidad del país un resultado favorable al MAS se ha instalado en el ambiente nacional. 

Si se toma en cuenta los resultados de las elecciones entre el 2005 y 2014 puede observarse que el MAS ganó las últimas 3 elecciones con más del 50% y que inclusive logró los 2/3 de la ALP. Por ello, se supone que si el MAS ha caído significativamente en las preferencias, ello significaría que su apoyo parlamentario caerá en igual medida.

En las líneas que siguen me he propuesto demostrar que dicha suposición es un gran error de apreciación que nace del desconocimiento efectivo del régimen electoral actualmente vigente en Bolivia.

Para decirlo en pocas líneas y luego exponerlo más ampliamente, puede observarse que dicho régimen ha sido diseñado para ganar el poder o conservarlo cuando “las papas queman”, es decir, cuando el apoyo electoral no es tan extraordinario como lo fue para el MAS entre el 2005 y 2014. 

Justamente en dichas circunstancias, es cuando se activan unos mecanismos de maximización del poder electoral, lo cual significa que es posible acumular proporcionalmente muchos más escaños que los que corresponderían a la votación obtenida. 

Para que dichos mecanismos entren plenamente en funcionamiento se requiere una sola condición: constituirse en la primera fuerza electoral, es decir, la que obtiene más votos que los demás contendientes así la votación para todas las fuerzas sea relativamente baja. Si tomamos el escenario que esboza la encuesta citada, puede advertirse que el MAS cumple esta condición plenamente, por lo que dicha fuerza política podrá obtener en su beneficio todos los réditos electorales que ofrece el régimen electoral actualmente vigente, lleno de defectos y ventajas para la primera fuerza electoral. 

A esos factores que hacen posible obtener ese rédito electoral he llamado LOS 4 CABALLOS DEL APOCALIPSIS ELECTORAL, ya que una vez puestos en acción tienden a arrasar con los derechos electorales del soberano de modo extremo, al punto que una fracción reducida de electores podría lograr la mayoría de escaños en la ALP. A nivel teórico es posible lograr ese resultado con porcentajes muy bajos de apoyo, pero en la realidad empíricamente observada, en el pasado ha sido posible lograrlo con apoyos que rondan el 30% de los votos. 

El MAS cuenta actualmente aproximadamente con ese apoyo, por lo que cuando menos el MAS podría ganar una mayoría de bloqueo de la gobernabilidad, aunque no gane las elecciones en primera vuelta. 

Explicar cuáles son esas fuerzas amenazantes, cómo se han constituido, cómo operan y cuáles son todos los recursos, medios y artimañas que el MAS tendría a su favor o podrá usar si ocupa el primer lugar de la votación, es la tarea que me propongo mostrar a continuación.

Para los lectores apurados, aquí presento LOS 4 CABALLOS DEL APOCALIPSIS ELECTORAL, con nombre y apellido:

TROZAR: Fragmentar el universo electoral en 80 unidades electorales.

SESGAR: asignar pesos electorales groseramente desiguales a dichas unidades, lo cual conduce a:
     ■  reducir al máximo la cantidad de votos necesarios para ganar  y crear electorados cautivos de caciques locales en cada circunscripción;
   acrecentar las diferencias entre circunscripciones urbanas y rurales y manipular el voto en las circunscripciones especiales. 

DIVIDIR: la participación de muchas fuerzas políticas opuestas al MAS ocasionará la división del voto entre ellas, de tal modo que el MAS podría ganar en la totalidad de circunscripciones uninominales y especiales, incluso con porcentajes de votación relativamente bajos. 

COSECHAR: la ley permite sacar rédito tanto de los sesgos electorales, como de la división del voto, acumulando todos los diputados uninominales que se pudiera ganar, independientemente de la proporcionalidad.

En síntesis, el frente político que ocupe la primera posición podrá cosechar gran parte de todas las gangas y rentas electorales que se han incorporado al régimen electoral, incluso con niveles relativamente bajos de votación. 

Hoy por hoy, tanto por la posición que ocupa el MAS en las expectativas del electorado, como por el hecho de contar con caciques locales y electorados cautivos en las circunscripciones uninominales y especiales, este frente tiene todas las de ganar, sea las elecciones en primera vuelta o al menos la primera mayoría en la ALP, la que muy probablemente será utilizada para obstaculizar toda posible gobernabilidad o intercambiar apoyos por favores, como es su práctica habitual.

La construcción de la democracia oligárquica en Bolivia 

En Bolivia se ha estructurado un sistema de conculcación del voto ciudadano que le impide al elector elegir libre y equilibradamente a sus representantes. 

Todo empezó hace 37 años atrás, poco después del retorno a la democracia, cuando las fuerzas políticas dominantes, se dieron a la tarea de diseñar un régimen electoral que les sea favorable en toda circunstancia. 

Se ocuparon de establecer un conjunto de reglas que cumpla dos fines fundamentales: 1) que dé la impresión que se respetan las reglas democráticas, como es eso de 1 ciudadano = 1 voto, con voto secreto, universal y obligatorio, y que al  mismo tiempo, 2) deje todas las palancas de manejo del poder en manos de dichas fuerzas, de modo que nunca pierdan el control del electorado. 

La lista de medidas que se aplicaron para diseñar este sistema es larga. Me concentraré en la descripción de la estructura electoral que se ha fabricado para satisfacer ambos fines.

Lo primero que han hecho los partidos tradicionales ha sido trozar el universo electoral en muchas partes, en total, 80: 1 circunscripción nacional, 9 departamentales, 63 uninominales y 7 especiales. Este es el resultado actual de dicha labor de fraccionamiento. 

Trozar espacios electorales es común en los sistemas electorales, pero lo particular de ese fraccionamiento en Bolivia es que cada unidad electoral o circunscripción más se asemeja a otro país, antes que a partes de uno solo, ya que los pesos electorales han sido repartidos de modo tan groseramente desigual que se puede decir que dicho régimen electoral hace escarnio de cualquier sistema democrático. Para abreviar: en el extremo, hay una circunscripción donde el peso de 1 voto llega a valer 212 veces lo que vale en otra circunscripción. En cifras: En la Circunscripción Especial Oruro (CE Oruro) han bastado 368 votos para elegir un diputado, mientras que en la Circunscripción Uninominal 24 de Cochabamba (CU 24) se ha requerido 78.302 votos para elegir otro diputado. [1] 

A modo de sintetizar el extremo en que se conculcan los derechos electorales, puede observarse que el departamento de La Paz, que tiene 3 millones de habitantes, tiene 33 asambleístas (29 diputados y 4 senadores), mientras que los 6 departamentos con menor población que en conjunto tienen 3,2 millones de habitantes, tienen en total 74 asambleístas (50 diputados y 24 senadores), es decir, más del doble de representantes que La Paz. ¿Cómo puede una sociedad valerse del voto para expresar sus demandas y necesidades con un régimen democrático que hace escarnio del voto? 

Es verdad que algunas diferencias extremas deben ser toleradas, ya que por ejemplo en la comparación señalada se ha confrontado una CU con una CE que tiene la función de asegurar alguna representación a pueblos indígenas con muy escasa población. Pero ni ante este caso se ha detenido la vorágine partidaria. Resulta que desde que se han creado dichas CE, el MAS ha acaparado casi la totalidad de ellas, lo cual significa que los electores han sido manipulados a su regalado antojo. Por lo visto, los “capataces electorales” (una suerte de ayudante en la cabina de votación para no "equivocarse" al votar), la disciplina sindical, el voto consigna y los acuerdos comunitarios para votar uniformemente apoyando al MAS han sido utilizados profusamente, lo que ha generado electorados cautivos o encadenados. 

El resultado final no ha beneficiado a los pueblos indígenas, a los que se les arrebata sus tierras, se les incendia sus territorios, no se les consulta y encima se les embarga su voto, sino a la angurria de poder de un partido. Seguro que nada de ello tenía en mente Amartya Sen cuando les atribuía a las democracias una capacidad tan extraordinaria para satisfacer necesidades fundamentales de las sociedades. [2] 

Pero sigamos. ¿Qué otra razones pueden haber primado para fragmentar nuestro espacio electoral en 80 unidades con pesos tan distintos entre ellas? Lo que hemos podido apreciar a través de 5 elecciones nacionales, desde que se incorporaron las CU en el herramental electoral el año 1997, es que se ha buscado reducir al máximo posible no solo la cantidad de votos necesarios para ganar, sino crear una suerte de electorados cautivos por determinados caciques locales, con el poder suficiente como para inducir el voto de los electores en su circunscripción. De ahí que la presencia de potentados locales en la Asamblea Legislativa o de dirigentes locales en los pasados 14 años, se fue haciendo habitual. 

En consideración de estos y muchos otros elementos, he denominado a este régimen de conculcación del voto simplemente DEMOCRACIA OLIGÁRQUICA O CACIQUIL, ya que ha sido organizado y diseñado para ponerlo al servicio de intereses locales coaligados para defender intereses particulares. El país como conjunto no ha sido tomado en cuenta en esta suerte de repartija anticipada. 

Al controlar el peso del voto mediante los distintos tamaños electorales de las circunscripciones se ha distorsionado completamente la fórmula 1 ciudadano=1 voto, porque como hemos visto en el caso extremo más arriba, si el voto de 1 ciudadano en un rincón de nuestra geografía puede valer el voto de 212 ciudadanos en otro rincón, ¿de qué democracia estamos hablando? En todo caso, la democracia oligárquica ha transformado la fórmula de 1ciudadano = 1voto = igual peso, en 1ciudadano = 1voto = distinto peso. La primera parte de la fórmula (1 ciudadano=1 voto) satisface el primer fin señalado más arriba (la apariencia de democracia), mientras que la segunda parte (distinto peso) permite satisfacer el segundo fin (controlar las palancas del poder). 

Pero esta estructura demo-oligárquica persigue varios otros fines. Al tener un electorado cautivo repartido en pequeñas parcelas (las circunscripciones) se hace más fácil la reproducción del poder y se hace innecesario pensar en la problemática nacional o departamental, ya que con un breve listado de intenciones que apunte a atender las urgencias de cada circunscripción bastaría para convencer a los electores. Desaparece así la necesidad de formular ampulosos programas nacionales, situación que además se vería reforzada con el hecho que la gente no se interesaría en los programas, ya que tendería a votar más con el hígado que con la cabeza, según han señalado estrategas de campañas y analistas políticos. De este modo, todo se complementa como para tener una democracia de bajísima intensidad, casi líquida, incapaz de representar fidedignamente los intereses y deseos de la colectividad. 

En suma, para qué esmerarse tanto, si de todas maneras el esfuerzo no será reconocido por el electorado. Esta forma de conculcar derechos electorales es a la vez una forma de minusvalorar al soberano al que se usa como marioneta al servicio de los mismos de siempre, de antes y de ahora. Lo más grave es que al segmentar el electorado en tal grado, los partidos se desentienden de fortalecerse, de elaborar diagnósticos comunes y compartidos de la problemática nacional y de ofrecer soluciones de conjunto, etc. 

Dicho de otro modo: el régimen electoral que hemos construido explica ampliamente la anemia de la estructura de partidos y el oportunismo de la clase política. 

Debido a una insospechada falla estructural de construcción, el régimen electoral que debía quedar en manos de un grupo de partidos, cayó en manos del MAS en las elecciones del 2005, del único partido que no era parte de la movida. La falla consistió en que nunca se imaginaron que un outsider, un venido de fuera de ese círculo, lograría ganar las elecciones con mayoría absoluta, como aconteció el año 2005. De un solo golpe desbancó a todo el sistema, se apropió del régimen electoral y se adueñó del país por 14 años con una facilidad pasmosa, mucho mayor que la que tuvieron los mismos creadores de ese régimen. 

Sobre llovido, mojado. Apenas el MAS asumió funciones, se ocupó de perfeccionar la democracia oligárquica. Lo primero que se le ocurrió fue acrecentar las diferencias entre circunscripciones urbanas y rurales, recurriendo a la práctica del Gerrymandering, una forma antojadiza de delimitar circunscripciones.[3] De ese modo, se aseguraban el voto rural con menor cantidad de votos. 

Es oportuno señalar que por lo general la diferencia en términos de votos requeridos (no de población electoral habilitada en cada circunscripción) para ganar en las distintas circunscripciones uninominales varía al interior de los departamentos de 1 a 3, como la que se puede observar entre las CU 58 con 31.019 votos y CU 59 con 11.021 votos en el Beni, mientras que entre circunscripciones de los diferentes departamentos varía de 1 a 13, como la que se dio entre las CU 24 (CBB) con 78.302 y CU 63 (Pando) con 5.790 votos. 

Luego agregaron las circunscripciones especiales, una buena medida pensando en la indispensable representación de pequeños grupos poblacionales completamente olvidados y desatendidos históricamente, pero como ya señalamos, esta circunstancia fue aprovechada por el MAS para sumar a sus representantes a la aplanadora masista. 

El cherry de toda la torta fue la posibilidad de acumular tantos diputados uninominales como sea posible. Ello significa que la ley rompió con la relación proporcional entre votos y escaños al dar un tratamiento distinto a la asignación de escaños uninominales.

¿Qué significa ello?

La quiebra del principio de proporcionalidad se produjo ya a tiempo de introducir las circunscripciones uninominales en la legislación electoral. Ello ocurrió mediante la Ley N° 1704 de 2 de agosto de 1996, Artículo 12. SISTEMA DE ASIGNACIÓN DE ESCAÑOS. Con algunas modificaciones de redacción, dicha disposición ha sido incluida en el Artículo 59. (ASIGNACIÓN DE ESCAÑOS PLURINOMINALES) de la Ley 026 del Régimen Electoral, actualmente vigente,[4] en cuyo parágrafo d), se señala: 

   "d) Si el número de diputados elegidos en circunscripciones uninominales fuera mayor al que le corresponda proporcionalmente a una determinada organización política, la diferencia será cubierta restando escaños plurinominales a las organizaciones políticas que tengan los cocientes más bajos de votación en la distribución por divisores en estricto orden ascendente del menor al mayor."

Ello significa que se puede tener más escaños uninominales que los que permitiría la votación proporcional, que es la que se establece con el primer voto (con el que se elige a los primeros mandatarios, senadores y diputados plurinominales). También es indispensable destacar que esta disposición de la Ley 026 no se ajusta a la letra de la Constitución que en su Artículo 146, IV, establece que:

   “IV. El número de Diputados debe reflejar la votación proporcional obtenida por cada partido, agrupación ciudadana o pueblo indígena.” 

La Constitución establece que dicha norma se debe cumplir para “cada partido, agrupación ciudadana o pueblo indígena” y no solo para el conjunto del sistema. La Constitución de 1995 ya introduce esta  misma disposición en su Artículo 60 que de igual modo tampoco fue tenida en cuenta por el Artículo 12 de la Ley 1704. 

Esta figura ha pasado relativamente desapercibida hasta ahora, simplemente porque el MAS desde que llegó al poder ha tenido votaciones siempre mayores al 50% e incluso superiores al 60%, no obstante lo cual ha tenido periodos de gobierno con dos tercios en ambas cámaras, lo que ya muestra ese sesgo electoral. Esa circunstancia ha permitido que la cantidad de escaños uninominales obtenidos comulgue ampliamente con la proporción de votos obtenidos. No obstante, lo que se verá en las elecciones de mayo, superará lo que hasta ahora ha acontecido. Lo más probable es que este desfase que permite la ley se manifieste con toda su fuerza y que el MAS con porcentajes bajos de votación (incluso con un 30%) obtenga mayoría absoluta en diputados y un tercio del senado. El fantasma de la ingobernabilidad será abruptamente sustituido por su inminente posibilidad real.

Si a ello agregamos que el MAS ha tenido 14 años para posicionar a sus candidatos locales, es decir, para convertirlos en referencias locales, sus perspectivas de ganar ampliamente en las circunscripciones uninominales en las elecciones de mayo son muy grandes. 

Como si todo ello todavía fuera poco, además el MAS tendrá la ayuda de todos los partidos que se le oponen, ya que al presentarse varias formaciones fragmentarán el voto de tal modo que el MAS podría ganar en la totalidad de las circunscripciones uninominales y especiales. Ese resultado teóricamente es posible incluso con niveles muy bajos de votación (esta aseveración vale tanto para el MAS como para cualquier otro partido que ocupara dicha posición), siempre que encabece los resultados electorales en todas las 70 circunscripciones uninominales y especiales existentes. 

Es oportuno recordar que gracias a dicha división del voto, en las elecciones del 2014 la oposición le entregó al MAS en bandeja los 2/3 en ambas cámaras, ya que si no hubiera ido dividida a la contienda electoral ese resultado habría sido muy improbable. En el cuadro adjunto se presentan los cálculos con y sin división de la oposición. Como se puede advertir, si hubieran ido juntos, los partidos de oposición podrían haber obtenido 4 senadores y 13 diputados uninominales adicionales. Este cuadro se repetirá ampliamente, aunque sin llegar al extremo que el MAS pueda obtener otra vez los 2/3 de los escaños. Para mayor abundancia valga anotar que los mismos candidatos de oposición de entonces ya están habilitados para participar nuevamente en las elecciones del 3 de mayo del 2020.




Si el MAS no gana las elecciones en primera vuelta, porque no logra cumplir las condiciones que señala la ley (50%+1 o no menos de 40/10), es probable que pierda en la segunda vuelta, pero el futuro gobierno que salga de la segunda vuelta quedará tan sujeto al poder parlamentario del MAS que terminará tirando la toalla o aceptándolo como cogobierno. Ese desenlace nos llevará de retorno a la vieja práctica de las megacoaliciones que era la forma de compartir el poder y de asegurar que el poder no salga de un determinado círculo de partidos. Solo que ahora la fuerza dominante se llamaría MAS, el partido que más ha contribuido a destruir la institucionalidad, debilitar aún más el país y sentar las bases de una gran hecatombe nacional. 

Sintetizando lo manifestado, es oportuno señalar a los 4 caballos del apocalipsis electoral:

TROZAR: Fragmentar el universo electoral en 80 unidades electorales.
SESGAR: asignar pesos electorales groseramente desiguales a dichas unidades, lo cual conduce a:
     ■  reducir al máximo la cantidad de votos necesarios para ganar y crear electorados cautivos de caciques locales en cada circunscripción;
     ■  acrecentar las diferencias entre circunscripciones urbanas     y rurales y manipular el voto en las circunscripciones especiales.

■ DIVIDIR: la participación de muchas fuerzas políticas opuestas al MAS ocasionará la división del voto entre ellas, de tal modo que el MAS podría ganar en la totalidad de circunscripciones uninominales y especiales, incluso con porcentajes de votación relativamente bajos.
■ COSECHAR: la ley permite sacar rédito tanto de los sesgos electorales, como de la división del voto, acumulando todos los diputados uninominales que se pudiera ganar, independientemente de la proporcionalidad. 


Por lo señalado puede advertirse que se cumple cuidadosamente con el rito y la apariencia de democracia electoral, pero al mismo tiempo se produce la operación más descarada de conculcación de los derechos electorales. Por todo ello, debemos enfatizar que la democracia no está funcionando y solo puede producir descalabros cada vez mayores. 

Las normas que estrenaremos 

El régimen de Evo Morales se ocupó de perfeccionar el régimen electoral descrito, el cual ya había sido diseñado y aplicado en gran medida en la fase de las megacoaliciones, como señalamos anteriormente. También ya mencionamos dos medidas que fueron introducidas por Morales que vinieron a reforzar la democracia oligárquica: la magnificación de diferencias entre circunscripciones urbanas y rurales y la creación de las circunscripciones especiales que se constituyeron en una suerte de renta electoral para el régimen gobernante, empeñado en perpetuarse en el poder a cualquier precio. 

Estas medidas estaban íntimamente relacionadas con el fracaso de Morales en la Asamblea Constituyente, donde salió a relucir su afán de eternizarse en el poder. En la versión inicialmente aprobada de la nueva Constitución, se había incluido la reelección indefinida. 

Luego, a raíz de las disputas que provocó semejante pretensión se cambió el alcance de dicha disposición por la de una reelección continua por una vez. Para asegurar su cumplimiento se vio que era necesario incluir un artículo transitorio para evitar que se empiece con una nueva cuenta de periodos de gobierno. Nada sirvió. Morales no tuvo inconveniente alguno en violar la Constitución en 5 oportunidades para asegurar su “derecho” a la reelección indefinida. No le importó que sea durante su gobierno que se haya diseñado la  Constitución, tampoco que él la promulgara. No hubo forma de que se sujete a ella. No tenía ninguna voluntad democrática. Todo el marco constitucional no era más que una fachada que había que preservar a cualquier precio. Nada sirvió para que el MAS y su dirigencia puedan convertirse en un actor de la democracia. 

Por todo ello, y ante la imposibilidad de insistir en una reelección indefinida, el régimen masista no tuvo inconveniente alguno en recurrir a otros medios. Como si se tratara de sacar un conejo de la chistera de un mago, incluyó en la nueva Constitución algunas novedades sustanciales para el régimen electoral: por un lado, introdujo la posibilidad de ganar las elecciones no solo con el clásico 50% +1 de los votos, sino también con el 40% de los votos, siempre que haya una distancia de al menos 10% entre el primero y el segundo.  Por otro lado, se propuso que en caso que ninguna fuerza política pudiera ganar mediante estas fórmulas, debía irse a una segunda vuelta entre las dos primeras, con el fin de arrebatarles a los partidos de la oposición la posibilidad que puedan formar una alianza en la Asamblea Legislativa, trasladando de este modo la responsabilidad de la elección final al elector. 

Se trataba de nuevos amarres, de otras formas de forzar mayorías y facilitar su reelección a fin de perpetuarse en el poder a como de lugar. No interesó tomar en cuenta los nefastos efectos de la segunda vuelta que ya se habían podido advertir en diferentes países, por ejemplo en el Perú, ya que al separar la elección de los asambleístas de la del ejecutivo, se obtiene usualmente una endémica debilidad legislativa en manos del nuevo gobernante. 

Por curiosidades de la historia, dichas disposiciones constitucionales que primero fueron incluidas en la Ley Electoral Transitoria de 2009 y luego en la Ley Electoral de 2010, actualmente vigente, no han sido aplicadas hasta el presente, primero porque en las elecciones de 2009 y 2014 el MAS ganó con mayoría absoluta y luego en octubre de 2019 ocurrió el monumental fraude que llevó a anular dichas elecciones y convocar a las de mayo del presente año. 

Según todas las estimaciones que es posible elaborar, dichas disposiciones entrarán en vigor en las elecciones de mayo, no solo porque el potencial electoral del masismo ha caído notablemente luego del intento de perpetuarse en el poder por la vía del fraude.

Ello significa que el MAS procurará ganar la elección con la opción del 40/10, que representa un bono extraordinario para hacerse del poder sin tener mayoría absoluta de votos ni de escaños. Estas es otra de las gangas que ofrece la democracia oligárquica perfeccionada. En  caso que no lo logre, entonces entrará en vigencia la segunda vuelta, dividiendo el poder legislativo del ejecutivo.

Una tercera novedad, además de la regla del 40/10 y de la segunda vuelta, será la medida en que el MAS podrá ganar escaños uninominales, aprovechando las ventajas de este régimen electoral sesgado que ha dejado abierta la posibilidad de romper con la proporcionalidad que debería existir entre votos y escaños. Hasta el presente, prácticamente en todas las elecciones, el MAS logró acaparar casi la totalidad de escaños uninominales, una muestra no solo del enorme caudal electoral que gozó en las 3 elecciones que ganó en el pasado, sino de una política de cooptación de dirigentes locales y de construcción de electorados cautivos, ya mencionada en la primera parte.

Este conjunto de instrumentos le permitirá ganar en una buena parte de las Circunscripciones que ha tenido bajo su mandato durante estos 14 años. Por supuesto que la división del voto entre los partidos y frentes que enfrentan al MAS será la piedra mágica que permitirá regalarle al MAS una fracción adicional de escaños, nada desdeñable ni despreciable. Gracias a toda ese conglomerado de medidas y circunstancias, el MAS estará en condiciones de lograr cuando menos una mayoría de bloqueo de las acciones gubernamentales. 

Todo ello significa no solo que estamos de retorno a las megacoaliciones, es decir, a uno de los peores escenarios que puso en riesgo la democracia, sino además de vuelta a una situación similar a la que aconteció en la UDP, cuando una alianza inter partidaria asumió las funciones de gobierno sin tener una mayoría parlamentaria. 


Una panorámica final

¿Qué significa todo ello? Que el MAS seguirá en su empeño de ganar en primera vuelta, utilizando todos los recursos que heredó, incluidos por cierto aquellos que se fabricó en estos años para asegurar su retorno al poder. 

Aún existen varios otros recursos que no tendrá empacho alguno en tratar de utilizar y es indispensable que todos los actores políticos los tengan en cuenta. 

Lo primero es que en las dos semanas que restan hasta confirmar a los candidatos (el plazo vence el 20 de marzo) aún puede haber múltiples sorpresas, especialmente con caciques locales, sean potentados regionales o dirigentes con particular ascendencia sobre el electorado, sean del mas o del menos, pues en esta contienda todo valdrá. El poder de movilización del electorado local en torno a figuras destacadas suele ser muy significativo por lo que podemos esperar que haya acuerdos de última hora con futuros senadores y diputados. No es casualidad que en los últimos días el MAS haya convocado a algunos de sus figuras políticas a retornar al seno del partido. Está claro que dichas figuras, puestas en posiciones expectantes, podrían significar un nuevo combazo a la escuálida oposición. 

Una segunda maniobra consistirá en convocar al voto cruzado, es decir, pedir al electorado que vote por sus candidatos uninominales, aunque destine su primer voto a apoyar a otro frente político. Esta figura aún ha sido escasamente utilizada por el electorado en Bolivia, que suele no dividir sus preferencias, como si votar por un candidato de un partido con el primer voto y por el candidato de otro partido con el segundo fuera una violación de sus principios y su coherencia. Dada la constelación de fuerzas, la incapacidad de los partidos democráticos de unirse y del enorme retroceso que significaría para el país un retorno del masismo luego de los funestos sucesos de octubre y noviembre, es perfectamente previsible que se convoque a cruzar el voto con el argumento que es una manera de anticipar posibles coaliciones. 

Este argumento es muy fuerte, pues está claro que cada vez es más difícil lograr mayorías amplias, más aún mayorías absolutas como las que consiguió el MAS en los años del diluvio de Maná. Por ello, una de las formas de anticipar dicha dificultad radica en apuntar a posibles coaliciones ya desde el mismo programa y la campaña. Una forma es incluir temas claves del posible compañero de ruta en la propia propuesta y campaña. La otra, es justamente instar al voto cruzado. 

También es previsible que entre las 250.000 modificaciones de domicilio registradas en el OEP en las pasadas semanas haya habido algunos desplazamientos de la población electoral que apuntan a favorecer a candidatos masistas. No olvidemos el impacto que dichos desplazamientos circunstanciales pueden tener. El caso de la reducción de población de la ciudad de La Paz en ocasión del Censo 2012 posiblemente se debió a desplazamientos de la población para hacerse censar en sus comunidades rurales a fin de favorecerlas en la distribución de los recursos de coparticipación. Como sea que haya sido, es obvio pensar que puede haber habido algunos movimientos de electores para apuntalar determinados candidatos uninominales. 

A todo ello se suman todas las formas de dirigir el voto, de presionar a los electores, de controlar su voto, como ya se señaló. 

En suma, Bolivia enfrenta la elección más dura de su historia, donde las fuerzas divididas de un lado se enfrentarán a la angurria de poder del otro que no trepidará en usar todos los recursos que estén a su alance con tal de maximizar su votación. 

El resultado previsible es que logrará una mayoría de bloqueo que obligará al sistema político a negociar concesiones que incluirán puestos de mando, prebendas, impunidad. 

Es decir, es el peor de los escenarios imaginables para una transición exitosa, capaz de dirigirse a nuevos rumbos, que apunten a superar las pequeñeces y miserias en las que se mueve nuestro país desde hace mucho tiempo. Tendremos que tener extrema cautela en los próximos tiempos.


[1]  Datos tomados de: TSE/OEP. ACTA DE CÓMPUTO NACIONAL. Elecciones Generales 2014


[2] Ver: Amartya Sen. Ningún país democrático permite el hambre. El País, 1999. https://elpais.com/diario/1999/12/05/sociedad/944348409_850215.html 

[3] Ver: Las claves para entender el ‘gerrymandering’, la manipulación de los mapas electorales en EE.UU. https://www.france24.com/es/20190627-claves-entender-gerrymandering-que-es



[4] Ver, Ley 026 del Régimen Electoral, en: https://www.oep.org.bo/wp-content/uploads/2019/07/LEY_026.pdf