11 enero 2016

EVO MORALES: “LA ECONOMÍA DEL PAÍS SE ENCUENTRA BLINDADA”



Carlos Rodrigo Zapata C. 
 
Decir que “el precio del petróleo no decide sobre el futuro de Bolivia” y que “la economía del país se encuentra blindada”, como ha sostenido recientemente el presidente Evo Morales, es una afirmación que suena disparatada, por lo que debe ser analizada con cuidado para comprender sus alcances cabalmente. Ese cuidado es tanto más importante, cuanto que  los economistas no llegaríamos a ver “qué hizo posible alejarnos de algunos patrones que tradicionalmente caracterizaron a América Latina”, como recientemente nos ha advertido el economista Alberto Bonadona (¿Qué pasó y qué puede pasar con la economía boliviana? Página Siete).

Si la afirmación del Presidente se refiere al corto plazo, posiblemente hasta tres años, es evidente que ello es así, dado que Bolivia no depende en ese corto plazo de modo tan directo y umbilical de sus ingresos por exportaciones como ocurre con otros países, como Venezuela, Brasil, etc., a los que una disminución significativa de sus exportaciones les impacta directamente y en muy corto plazo. 

¿A qué se debería esa situación particular y atípica de Bolivia? A que en la pasada década Bolivia ha exportado por 85.000 millones de dólares, lo que supone en promedio 6 veces más que lo que consiguieron los gobiernos de cuño neoliberal y 10 veces más que lo que logró el país en el siglo anterior a esta década de bonanza. Ello significa que Bolivia necesitó un siglo anteriormente para alcanzar el mismo monto de exportaciones que obtuvo el país en la última década. 

Sin duda que la explicación de semejantes diferencias radica en los precios internacionales de las materias primas que le han deparado a Bolivia y al continente la única primavera de su historia. Por cierto que la retención de una parte significativa de dichos ingresos no ha sido obra y gracia de la suerte, sino de diversos mecanismos que se pusieron en marcha oportunamente para lograrlo, en particular la ley de hidrocarburos y los nuevos contratos con las empresas petroleras, medidas que siempre fueron exigidas y respaldadas por el pueblo boliviano en su conjunto. 


Dicho de otro modo: sin precios internacionales fabulosamente altos y sin mecanismos para retener una fracción significativamente mayor de los ingresos por exportaciones, sin duda que Bolivia no se hallaría en la circunstancia en que se encuentra. Admitir estos puntos, sin duda es parte esencial, aunque elemental, de cualquier intercambio razonable. 

En este marco, es indispensable reivindicar la “acumulación histórica” de hechos y sucesos, tal como recientemente ha puesto de relieve el ex presidente Carlos Mesa (Mesa dice que se fabricó una ''inexistente polémica'' tras reflexión histórica de Goni, ANF), aspecto esencial para dar fin a fundadores de nuevas patrias y derroteros, pues al final del día, todo se cocina a fuego lento durante muchos momentos y circunstancias. Por ello, es indispensable que todos reconozcan y admitan estas bases, porque sencillamente no es posible ningún dialogo serio en la sociedad  sin partir de un diagnóstico común y compartido, y de unos criterios semejantes para abordar los asuntos del futuro. Pero sigamos, pues queremos saber si nuestra economía está blindada y, si fuera el caso, en qué medida.
 
Un país acostumbrado a vivir con exportaciones que en promedio (por ejemplo, durante los 21 años del período neoliberal) no pasaron de 1500 millones de dólares anuales, se puede decir que literalmente nada en recursos cuando las exportaciones llegaron a sextuplicarse en promedio en la última década (equivalente a 9000 millones de dólares anuales) e incluso a multiplicarse por  9 en el año 2014 (que alcanzó un valor de 14285 millones de dólares). Ese resultado no lo ha alcanzado ningún otro país latinoamericano en la última década, simplemente porque no había ningún país que hubiera tenido exportaciones tan bajas en el pasado y que, al mismo tiempo, sus ingresos en esta última década de oro hubieran crecido proporcionalmente tanto. 

Por tanto el país ha contado con ingentes recursos que le han permitido encarar con holgura una gran diversidad de tareas y deberes simultáneamente, situación que en el pasado era muy difícil poder hacerlo, simplemente, porque nunca había tantos recursos disponibles como en estos últimos años. Todo ello nos ha permitido contar con altísimos presupuestos de inversión pública (que han permitido incluso multiplicar por 16 los montos presupuestales del pasado), un dispendioso gasto en la administración pública, un ritmo de crecimiento del endeudamiento público relativamente lento, un crecimiento desmesurado de las importaciones, mantener un tipo de cambio "súper fijo", operaciones generosas de mercado abierto para controlar la inflación y mantener unas reservas internacionales altas, las mayores de nuestra historia.

En este punto es indispensable puntualizar un aspecto básico. Las exportaciones son la variable estratégica del modelo de crecimiento de una economía altamente dependiente de la exportación de materias primas y con mercado interno reducido, simplemente porque genera divisas que son indispensables para enfrentar una enorme diversidad de huecos y vacíos estructurales que tiene una economía de este tipo (ya señalamos varios de ellos), y que demás es pobre, relativamente aislada del concierto internacional, casi sin ninguna capacidad de innovación y sujeta permanentemente a la importación de equipos, tecnología y toda suerte de insumos para crecer. De ahí que dicha economía que ha tenido a su disposición todo lo señalado (repito, altísimos precios de las materias primas por una década, una capacidad mejorada de retención del excedente generado, un salto gigantesco en el valor de sus exportaciones respecto del que tradicionalmente lograba obtener y una diferencia relativa inmensa respecto a sus vecinos en estas materias) y que  además ha logrado conformar reservas de distinto tipo, entre las que puede mencionarse las reservas internacionales, los ahorros del público, los recursos no ejecutados en caja y bancos de las diversas reparticiones de la administración pública central y subnacional, las remesas de bolivianos residentes en el exterior y la existencia de un cierto margen de capacidad de endeudamiento público, sin duda tiene recursos para desacoplarse temporalmente de la dependencia directa de los ingresos por exportaciones. 

Por cierto que de ahí a sostener que la economía está blindada es un gran exceso, especialmente si pensamos en un periodo mayor al corto plazo (que estimo en no más de 3 años).

Más allá de dicho plazo y de las fintas que se puedan hacer para prolongarlo, lo cierto del caso es que volveremos a continuación a fojas cero, es decir, a sentir en carne propia el grado y dimensión en que dependemos estructuralmente de nuestros ingresos por exportaciones de materias primas. Si bien la situación actual no es igual a la que tenía el país en tiempos estañíferos, cuando todo dependía básicamente de un solo producto, el estaño, cuyo precio estaba celosamente resguardado por la General Services Administration de los EEUU, ello no significa que la lógica básica de la dependencia hubiera cambiado. Lo más que ha sucedido es que la dependencia se ha diversificado en algún grado (fundamentalmente por la producción de hidrocarburos y el crecimiento de algunos nuevos productos no tradicionales, como la soya y la quinua). El blindaje terminará en el momento en que volvamos a ingresar en una diversidad de inestabilidades relacionadas con la inflación, el tipo de cambio, el pago de la deuda externa y otros factores que será mucho más difícil gestionar y controlar.

La razón de fondo de todo ello, es que el país, una vez más, ha pospuesto aviesamente para algún futuro indeterminado el indispensable cambio o diversificación de la matriz productiva, que nos permita a los bolivianos de todos los rincones patrios incursionar activamente en la transformación de las materias primas, en su industrialización, en una gran diversificación productiva que no ha acontecido en el país. Por ello ahora se vuelve a priorizar proyectos e inversiones tendentes a reforzar la dependencia de los mercados externos, ya que sin divisas en una economía tan dependiente de las exportaciones, no es posible encarar ningún futuro. 

Hemos perdido otra década en esta materia, la década más valiosa de nuestra historia, para sentar nuevas bases sólidas, sostenibles, vitales para nuestro futuro. En lugar de ello el país sigue dependiendo de las materias primas y el sector informal, lo que da lugar a una expoliación combinada, tanto de la mano de obra que mayoritariamente sigue viviendo de empleos precarios, en condiciones deplorables y sin perspectivas de cambio en un futuro previsible, como de los recursos naturales y el medio ambiente, que sigue deteriorándose sin que se cuente al presente con mejores perspectivas para  ello. 

En suma, en el corto plazo la economía está “blindada” gracias a las bondades del mercado mundial y a algunas iniciativas nuestras para retener el excedente económico, mientras que en el mediano plazo la economía está expuesta a volver a los periodos más caóticos de nuestra vida económica, excepto que… excepto que el mercado mundial reaccione y nos de otra mano en los siguientes años. 

Una economía que depende umbilicalmente del extractivismo, está a su vez sujeta a todos los vaivenes y oscilaciones que son propias o características de los mercados de materias primas (precios oscilantes, agotamiento de reservas, cambios tecnológicos), lo que impide planear todo proceso de cambio de modo sostenible. Por ello, las inversiones en complejos petroquímicos y otras plantas centradas en procesar hidrocarburos son un atentado al futuro, no solo por las múltiples formas de incertidumbre asociadas a ellas (tecnológicas, mercados, precios internacionales, reservas), sino por comprometer muy cuantiosos recursos que excepcionalmente nos ha deparado el destino. 

Todo esto último es sin duda exactamente lo contrario de una economía blindada. Que los árboles no nos impidan ver el bosque, eso es lo esencial.


04 enero 2016

2016, AÑO DE CRISIS SIN PUNTO DE INFLEXIÓN



 Carlos Rodrigo Zapata C.

El año se presenta lleno de nubarrones e incertidumbres mayores que las usuales. Ello es signo de inquietud, preocupación y vacilación. Qué es lo que percibimos para el nuevo año en los diversos ámbitos, es un ejercicio necesario, especialmente como forma de anticipar diversas evoluciones, marcar algunas pautas y destacar diferencias. Pero, veamos cómo pinta el año en los planos internacional, latinoamericano y boliviano.

La economía mundial está revuelta. 

Los precios de las materias primas se mantendrán claramente en los niveles actuales o algo menores, simplemente porque no hay motores de crecimiento en la economía mundial. China ha reducido notablemente su ritmo de crecimiento, India trata de reemplazar esa caída, y por lo demás no se avizoran otras economías con perspectivas de crecimiento significativo. A ello se suma que se siguen acumulan excedentes de petróleo, por lo que no habrá ningún incentivo para que los precios crezcan nuevamente. Los Estados Unidos empezarán a exportar petróleo y gas provenientes de sus inconmensurables yacimientos de esquisto, lo que significará un nuevo traspié para el mercado de energía fósil.

Se estima que el problema de endeudamiento en el mundo se agravará. Existen varios factores que contribuyen a ello, en particular, los incrementos de las tasas de interés, el lento o nulo crecimiento económico, la muy baja inflación, la acumulación de deudas que superan todo record histórico del pasado y la tozuda persistencia centrada en la austeridad. También se vaticina la posibilidad que el mundo entre de lleno en una era de incumplimiento de sus compromisos financieros, lo que si sucediera podría desencadenar un agravamiento muy pronunciado de la crisis económica mundial.

Por cierto que buena parte de la crisis mundial tiene que ver con los conflictos bélicos en marcha que acosan a muchos países. No es un clima para invertir, menos para obtener utilidades significativas. No obstante, no se espera que la conflictividad misma imperante en la escena internacional contribuya a contrarrestar las tendencias mencionadas.

La excepción parece ser el comportamiento de los mercados de valores. Se estima que a las bolsas les irá bien, por lo que invertir en acciones y otros valores que se transan en las bolsas resultará uno de los negocios menos riesgosos. Ese comportamiento excepcional se debe básicamente a la política del Quantitative Easing (facilitación de dinero), por la cual los bancos centrales ponen a disposición de los bancos grandes sumas a cambio de su cartera de menor riesgo, lo que permite a los bancos adquirir liquidez y continuar con su labor de colocar sus fondos en nuevas operaciones financieras. Ello está permitiendo que las bolsas continúen haciendo pingues negocios cuando el resto del planeta se ve confrontado a graves restricciones. No obstante, esta política no irá mucho más lejos que evitar una deflación descontrolada, lo cual no es poca cosa, pero estará muy lejos de contribuir a desencadenar ritmos de crecimiento mayores, al menos mientras los bancos centrales no amplíen los valores que se permiten adquirir (al presente, restringidos a papeles de la deuda pública de los estados de eurozona, en el caso europeo). Por lo que se puede apreciar, subsiste un muy hondo temor a todo sistema de financiarización que fue el instrumento que llevó a la crisis mundial el 2008, por lo que es difícilmente imaginable que se diversifiquen los títulos y valores que adquieren.

¿Qué ocurrirá en América Latina

Su evolución dependerá del grado y la medida en que puedan exportar. Dado que el grueso de las exportaciones latinoamericanas son materias primas, más o menos refinadas, y alimentos, y que los precios de estos productos en general han caído significativamente, sin signos de recuperarse en el corto plazo, el problema radicará en la competitividad de las demás exportaciones latinoamericanas, es decir, de aquellas que no son materias primas o alimentos y que por lo general tienen un cierto componente tecnológico y valor agregado más sofisticado.

Por los primeros movimientos que van ejecutando los diversos países latinoamericanos, todo indica que están muy conscientes que sus demás productos no son competitivos y que están dispuestos a vender los que tienen a precios reducidos. Los altos niveles de devaluación de las monedas latinoamericanas nos están mostrando esos extremos. Ahora Argentina se sumó de lleno a ese comportamiento al haber oficializado la devaluación de su moneda en 30%. En los siguientes meses veremos una carrera por la reducción de la paridad cambiaria de las monedas latinoamericanas, lo que puede contribuir a reducir la cuantía en la caída de las exportaciones, pero terminará tapando problemas en los frentes de la deuda y el empleo, todo lo que a su vez repercutirá en las tasas de inflación. Dicho en breve: si el panorama internacional es oscuro, el latinoamericano es negro. El tiempo de las vacas flacas llegó, y en tropel. 

El caso de Bolivia es atípico

Bolivia se halla en medio del escenario latinoamericano, pero no presenta un panorama tan negro como el que se puede apreciar para el resto de la región. 

¿A qué se debe esa circunstancia? Al hecho que Bolivia en promedio ha sextuplicado sus exportaciones en el periodo 2006-2015 con respecto al promedio de las exportaciones del periodo neoliberal, cifra que en algunos años incluso se ha multiplicado por  8 y hasta por 9 veces, hazaña que ni remotamente han logrado alcanzar los demás países de la región y tampoco el propio país en el pasado. Los datos al respecto son muy elocuentes. 

Si se compara el período neoliberal con el actual periodo de gobierno, se observa que entre 1985 y 2005 las exportaciones bolivianas alcanzaron en promedio un monto anual de 1500 millones de dólares, una pigricia podría decirse si se compara con los 58000 millones anuales del Brasil para ese mismo periodo o los 23000 millones de la Argentina, por poner un par de ejemplos. En cambio en el actual periodo de gobierno, gracias a los fabulosos precios de las materias que han regido durante gran parte de los últimos 10 años, las exportaciones han superado en promedio los 9000 millones de dólares anuales. Ello significa que en el actual periodo de gobierno de Evo Morales la economía ha dispuesto  en promedio de 6 veces más ingresos por exportaciones que en todo el periodo neoliberal, lo que ha permitido encarar simultáneamente múltiples objetivos, como ser un alto presupuesto de inversión pública (destinando inversiones inauditas de miles de millones de dólares a plantas de refinación de hidrocarburos y minerales que han reforzado el actual esquema extractivista), un dispendioso gasto en la administración pública, un ritmo de crecimiento del endeudamiento público relativamente bajo, un crecimiento desmesurado de las importaciones, un tipo de cambio "súper fijo", operaciones generosas de mercado abierto para controlar la inflación y mantener unas reservas internacionales altas. En este punto es oportuno señalar que destacar la importancia de las exportaciones para caracterizar el proceso de crecimiento se debe al hecho que la disponibilidad de divisas permite superar muchas de las trabas que clásicamente mantienen atenazadas a las economías con perfil primario exportador. En este marco es de provecho conocer un artículo en el que se muestra el lugar crucial que ocupan las exportaciones en el crecimiento.

Así, mientras Bolivia lograba multiplicar sus exportaciones hasta en 9 (veces en comparación con las que obtenía en el periodo neoliberal), otros países latinoamericanos llegaron a cuadriplicar sus exportaciones. En comparación con las exportaciones del año 2000 (que coincide en el caso de Bolivia con el promedio de exportaciones alcanzados por los gobiernos neoliberales entre 1985 y 2005), Brasil y Chile lograron cuadruplicar sus exportaciones el año 2011, mientras que Venezuela llegó como máximo a triplicar sus exportaciones en el año 2010 y Argentina logró lo mismo el 2011. En el caso de Bolivia, el 2008 ya quintuplicó sus exportaciones y el año 2014 llegó a multiplicar por 9 los valores del año 2000. 

Todo ello también se ha traducido en el hecho que la fracción de las exportaciones que no controla el estado ha permitido a los privados obtener ingresos millonarios, al punto que al presente las cuentas de ahorro de los bolivianos superan los 15.000 millones de dólares, sin duda, otra reserva importante para el tiempo de las vacas flacas. En relación con los otros países latinoamericanos la posición boliviana resulta sin duda única, básicamente por sus muy bajos niveles históricos de exportaciones que súbitamente se vieron acrecentados en la última década, lo que permitió acumular muchas reservas que se espera puedan contribuir a reducir el impacto de la crisis económica internacional.

No solo eso, sino que gracias a dichas reservas, Bolivia está en condiciones de mantener inalterable su tipo de cambio, lo que le permitirá obtener algunos beneficios derivados de  las devaluaciones vecinas, beneficios que probablemente superarán el costo que la devaluación de los vecinos ocasionará a los productores domésticos que ya se están viendo avasallados por las importaciones legales y por la vía del contrabando. Si efectivamente se ejecuta el presupuesto de inversión pública para 2016 que supera los 8000 millones de dólares (¡16 veces mayor que el que históricamente lograron ejecutar los gobiernos anteriores que no gozaron de esta lluvia de dólares!) y se puede aprovechar los precios de descuento que existen en muchas economías de la región, es imaginable ahorros de varios cientos de millones de dólares, siempre y cuando ese sea el espíritu que se tiene cuando se salga de compras. 

Dicho en breve, desde el punto de vista macroeconómico, no hay razón para que a Bolivia le vaya mal, pues sus condiciones son al presente muy distintas a las que se presentan en el común de los países de la región que ya cayeron en la trampa de los países de ingresos medios. Es más, en el marco de la convergencia internacional (el enfoque del "catch up"), Bolivia debería crecer a tasas muy superiores a las históricamente alcanzadas (como hemos mostrado en otra nota). Más allá de todo ello, la situación es distinta cuando observamos el empleo y los salarios, y cuando ponemos atención en el tema ambiental. 

Uno de los soportes del actual modelo de crecimiento es el sector informal que se ha convertido en un mecanismo multifacético que sirve para procesar simultáneamente una diversidad de formas de vulnerar normas y reglas establecidas, a la vez que ofrece deplorables niveles de vida. En el sector informal se procesan productos de contrabando, se vulneran leyes laborales, impositivas, industriales, ambientales, al mismo tiempo que se mantienen condiciones de vida y trabajo muy lamentables. La existencia y expansión de este sector ha permitido que hasta el presente se destine una baja proporción del excedente económico para generar condiciones de vida y trabajo digno y decente, lo que ha permitido ahorrar una porción significativa de dicho excedente que al presente se invierte en los aspectos ya señalados, aunque no en el cambio de la matriz productiva. Dicho de otro modo: el esfuerzo y el sacrificio de cientos de miles de vendedores ambulantes y comerciante minoristas, de transportistas, cocaleros, mineros y otros sectores sociales con empleo precarios no han sido tenidos en cuenta, por lo que no pueden tener la certeza de contar con mejores condiciones de vida y trabajo en los próximos años. Por todo ello, ninguna mejora sustantiva puede esperar en el curso del 2016, y muy probablemente en lo que resta de la presente década. 

Los niveles salariales no podrán seguir creciendo, ni siquiera en la mínima proporción que fue posible en los años pasados, como sucedió con el salario mínimo. Los demás ingresos se verán congelados, por lo que el tema de la inflación cobrará mucha mayor importancia en la disputa social, especialmente en los sectores sociales que ya sufren el embate del congelamiento de sus ingresos, como es el caso del sector de los jubilados.
 
Gran parte de las decisiones para limitar los impactos derivados de la crisis económica internacional, se relacionan con inversiones en materia extractiva, sea autorizando la exploración y, si fuera el caso, la explotación de hidrocarburos incluso en áreas protegidas, o autorizando la ampliación de la frontera agrícola en 1 millón de hectáreas anuales, lo cual deberá acontecer básicamente deforestando y cambiando drásticamente el uso actual del suelo. 

Con ello y otras medidas (como la construcción de la carrera al Beni por el Tipnis, la construcción de grandes embalses para hidroeléctricas, entre otros) y diversas omisiones (los temas de contaminación minera, principalmente), el medio ambiente funge junto al sector informal como otro de los paganos del pato, es decir, como las cajas grandes que soportan el impacto real del modelo aplicado centrado en el extractivismo y en la extracción de plusvalía de la sociedad que soporta condiciones muy precarias de vida (en materia de vivienda y hábitat, así como de salud, educación y seguridad ciudadana), sin perspectivas ciertas y certeras de cambio y de superación de esas condiciones. 

En suma, todo seguirá más o menos igual, lo cual no es una buena noticia, pero en vista del panorama internacional y regional prevaleciente, tampoco se la puede ver como una mala noticia. 

El único factor que puede contribuir a cambiar algo esta situación radica en el referéndum de febrero de 2016 para definir si se acepta una enmienda a la Constitución que abra la posibilidad de una segunda reelección. Dado el hastío existente y el hecho que no se espera ningún cambio significativo en la matriz productiva en los siguientes años, es muy probable que el electorado rechace la posibilidad de continuidad, lo que dejaría las puertas abiertas a otros candidatos del mismo frente gobernante, así como de la oposición. Dada la gran heterogeneidad de puntos de vista existente en la oposición y la falta de una propuesta alternativa clara, es perfectamente imaginable que en caso que se rechace la opción de una nueva reelección, el actual frente gobernante pueda alzarse con una victoria, aún sin su actual líder político en las siguientes elecciones en 2019. Ello sería sin duda una gran decepción, pues los tiempos apuntan a cambio, a nuevos horizontes, a lograr transformaciones de fondo, ya que Bolivia pese a cierto repunte en los últimos años, aún sigue ocupando los últimos peldaños en una gran diversidad  de asuntos de importancia e interés para los ciudadanos. 

En todo caso, es de esperar que el año transcurra sin otros sofocones y malas sorpresas. 




14 diciembre 2015

¿ NO EXISTE UN “MODO DE REGULACIÓN” EN EL CAPITALISMO GLOBALIZADO ?




Carlos Rodrigo Zapata C.


¿Cuál es el actual modo de funcionamiento del capitalismo globalizado?, es una pregunta de singular importancia, en particular para identificar los peligros a los que se hallan expuestas las economías hoy en día.

Gustavo Codas señala en su artículo “Problemas de la política económica progresista” [ver aquí], que en su tiempo era el “keynesianismo-fordismo” el que jugaba un rol estabilizador de la economía, pues bastaba con cavar huecos y volverlos a tapar como para reactivar una economía (dicho en sentido figurado, pero reflejando la idea de Keynes relacionada con el “deficit spending” y con intervenciones mesuradas que permitan producir resultados). Por su parte, el “fordismo” actuaba en este caso como la principal correa de transmisión, pues más medios de pago en circulación (producto del déficit spending) debían impulsar una rápida reactivación de la producción para evitar inflación, y qué mejor que los nuevos métodos de producción en serie y las líneas de montaje mecanizadas. Hasta ahí todo combinaba. ¿Qué ocurre hoy y por lo menos en las últimas tres décadas? 

Se ha ido generando un desacoplamiento creciente entre el funcionamiento real de la economía y su funcionamiento monetario. Las causas son diversas y múltiples, pero se pueden resumir en buena parte en tres aspectos: la creencia en el funcionamiento de la mano invisible del mercado, la producción cada vez mayor de medios de pago por parte de los bancos y los afanes por desmontar toda norma o mecanismo que controle, regule, limite u obstaculice la libre acción de la mano invisible. 

Más allá de cuál de dichas causas ha pesado más o qué intereses han primado en todo ello, el asunto es que como consecuencia de dicho desacoplamiento creciente entre la esfera real y la esfera monetaria, ha sido indispensable recurrir a la esfera financiera (la “ingeniería financiera”), cuya importancia ha crecido aún más en la medida en que dicha brecha crecía y, por supuesto, en la medida en que el propio sector financiero descubrió que no solo era requerido para cerrar brechas, sino que podía aprovechar dichos desfases o desencuentros en su propio beneficio. 

Allí emergió la esfera financiera como el fundamento esencial e indiscutible del sistema económico planetario. Lastimosamente, su peso e importancia no fueron considerados en su justa dimensión en los análisis y reflexiones que se efectuaron en las ciencias económicas, por lo que continuó creciendo su poder no solo al amparo de su angurria, sino de la incomprensión de su creciente rol desmoronador de todo orden capitalista previo. 

La esfera financiera pronto se apropió del funcionamiento de las otras esferas, al punto que la crisis del 2008 es de su autoría y de su exclusiva factura. Todos los demonios que trajo consigo se desataron en dicha oportunidad, al punto que hubo que despertar de su tumba al viejo keynesianismo para ponerle algún remedio. 

Para comprender entonces si existe o no algún “modo de regulación” en la actual fase del capitalismo, es indispensable tener en cuenta todo ello, y darse cuenta que la esfera financiera es el ámbito en el que se ordena el funcionamiento de la economía global y que sus consecuencias, por erráticas e indeseadas que sean, son un producto inevitable de la forma y la manera en que ejerce su labor reguladora. 

Por ello podemos decir enfáticamente que existe un “modo de regulación” del capitalismo globalizado manejado por la esfera financiera, solo que a diferencia de la vieja idea de estabilidad centrada en determinados niveles de producción, empleo y consumo, el actual “modo de regulación” financiero se centra en las balanzas de ganancias y pérdidas, las tasas de rentabilidad, los niveles de ganancias y otros indicadores financieros que, por cierto, se muestran muy estables y en crecimiento, sin interesar o importar lo que pueda acontecer en la esfera real. 
Por supuesto que la esfera financiera no es suicida en su loco accionar. Tiene mecanismos y herramientas que le permiten actuar tan desembozadamente sin temer mayores embates o consecuencias. 

¿Cuáles son esas esos mecanismos? Algunos provienen desde el día aquél en que alguien logró juntar ahorros (propios y de otras personas u operaciones) y prestarlos para financiar operaciones distintas de las que habían generado ese primer capital. Ello dio lugar a la aparición del sector financiero en el firmamento capitalista y a empezar a acumular un poder cada vez mayor. 

¿Otros mecanismos? Los créditos, el endeudamiento, la competencia, la rivalidad, el poder, el desface creciente entre la esfera real y monetaria, la creencia en la mano invisible, el desmontaje de los mecanismos de control de la esfera financiera, en suma, todo aquello en lo que se puede apreciar la “belicosidad de la especie humana”, como una vez se expresó el viejo Kant, ya que todas esas son oportunidades propicias para que la esfera financiera pueda jugar un rol estelar.

Cada una de dichos mecanismos y oportunidades ha conducido a multiplicar el poder de la esfera financiera, ya que en los hechos actúa no solo como el “lender of last resort”, es decir, como primer y último medio de provisión de recursos financieros,  sino como el fiel de la balanza, el poder que dirime, el que define quién sube y quién baja, habiéndose provisto al mismo tiempo de una gran gama de lobbies y corifeos que son simplemente los empleados de los poderes que controla. 

Vistas así las cosas, podemos decir en conclusión que el “modo de regulación” prevaleciente es distinto del que prevalecía en el pasado, no solo por su idea o concepto completamente distinto de lo que debe estabilizarse, sino por las consecuencias que ocasiona, pero bajo ningún punto de vista podemos sostener que "vivimos un período histórico donde en el capitalismo mundial no hay un “modo de regulación” que tienda mínimamente a estabilizarlo – como fue el fordismo-keynesianismo en los “30 gloriosos años” de la post guerra –", como señala Codas. Lo que le interesa estabilizar al poder financiero son los niveles de ganancia y acumulación, sin duda distinto a lo que se priorizaba en el pasado. 

La esfera financiera es justamente el producto indeseado pero inevitable del capitalismo, que ha nacido y crecido en su seno y que ahora, ya llegado a su madurez, ha sacado a relucir todos los demonios que lleva dentro. No solo no le importa las consecuencias reales de sus intervenciones, sino que las mismas no son su asunto. 

Dicha esfera se entiende con angurrias, ansiedades, ambiciones, no con estómagos, corazones ni valores humanos. Si el viejo capitalismo nos parecía extraño y ajeno a nuestras inquietudes y preocupaciones, pues hay que decir que ello no es nada en comparación con su mayor engendro, la esfera financiera, que resulta completamente ajeno a todas las formas de orden que nos habíamos imaginado alguna vez.

Uno puede preguntarse azorado, ¿cómo puede ocurrir semejante desfase? ¿Acaso no ha nacido del seno de relaciones establecidas y contraídas entre seres humanos? ¡No puede haber tanto desencuentro! Pero si, existe. Ahí está. Y no parece interesado en soltar su presa. 




06 diciembre 2015

"VASIJA DE BARRO"



"Vasija de Barro" es la  canción homenaje a nuestro origen ancestral y a nuestra eterna permanencia en el mundo.


Esta canción es hoy uno de los himnos sagrados del Ecuador, pero sin duda debería ser el himno de toda nuestra especie, y por empezar de todos los pueblos de nuestra América indígena.

La historia de la creación colectiva de esta canción es extraordinariamente singular y es hermoso conocerla. Se origina nada menos que en un cuadro de Oswaldo Guayasamín, denominado “Origen” que muestra una vasija que cobija a una mujer que porta en su vientre los huesos de nuestra especie. ¿Podría haber un símbolo, una representación más portentosa que ésta, que junta y sintetiza, el origen, la creación, la vida y la eternidad?

Disfruten del cuadro de Guayasamín, conozcan la historia de creación de la canción durante una noche bohemia y oigan la canción “Vasija de Barro”, interpretada por las mejores voces del Ecuador, verdaderos regalos a nuestros sentidos y a nuestros orígenes ancestrales.


Canción "Vasija de Barro" 

https://www.youtube.com/watch?v=wKaWBXScRNQ





 

Otra hermosa interpretación de "Vasija de Barro" por el grupo boliviano Kalamarka en Francia, con un acompañamiento coral espectacular.

https://www.youtube.com/watch?v=75nXdsSHjAQ

HISTORIA DE LA CANCIÓN "VASIJA DE BARRO"


Bueno como no sabía donde poner esto, me imaginé que acá pegaría. Vasija de Barro es uno de los himnos de este país y por ende un símbolo nacional. Esta es su historia y la canción original: texto extraído del libro "Gonzalo Benítez: tras una cortina de años." 



Me encontré en la calle Guayaquil con el Oswaldo Guayasamín y nos invitó, pues, a una reunión en su casa para el viernes siete de noviembre de 1950 a las siete de la noche; pero recién podíamos ir después de la Radio a las nueve y media. “A la hora que quieras”, me dice, “y por favor invítale al Valencia”.

Así que fuimos a donde el Oswaldo, pero no tenía la casa de ahora sino que vivía donde el papá, al frente de la Basílica. Llegamos como a las diez y media y les encontramos ya medios avanzados. Fuimos con una guitarrita mía que después rompió el Valencia en una reyerta. No ve que le prestaba mi guitarra para sus serenatas; así, que él se había defendido con la guitarra y me entregó el mango no más...

En la fiesta había unos 80 invitados entre poetas, pintores y alumnos de la Escuela de Bellas Artes de La Alameda. Ahí nos pidieron que cantemos y después del canto ya se hicieron grupos, así es que me fui a donde tomaban menos y el Valencia se fue a donde estaban dándole duro.

Ahí le veo al Jorge Carrera Andrade que estaba ilusionado con un cuadro del Oswaldo llamado El Origen. El cuadro estaba todavía fresco y hasta me manché los dedos. En la pintura había una vasija de barro y, dentro de esta, unos esqueletos pequeños, de niños. El Oswaldo explicó que los Incas enterraban a sus familiares dentro de la vasija junto con alimentos. Se impresiona el Jorge Carrera y le vemos que se va a la biblioteca, coge un libro y en la contratapa escribe una estrofa:

Yo quiero que a mí me entierren
como a mis antepasados
en el vientre oscuro y fresco
de una vasija de barro.

Nos impresionó a nosotros también... Cuando en eso coge el libro el poeta Hugo Alemán y debajo escribe otra estrofa:

Cuando la vida se pierda
tras una cortina de años
vivirán a flor de tiempo
amores y desengaños.

Y para susto de todos coge el libro el pintor Jaime Valencia que escribe un cuarteto muy lindo:

Arcilla cocida y dura
alma de verdes collados
barro y sangre de mis hombres
Sol de mis antepasados.

Entonces cogí el libro porque dije a mí me toca poner alguna cosita, cuando en eso me arrancha el Jorge Enrique Adoum y me dice: “Ve vos después cantarás”. Cogió el libro, corrigió cosas y puso la cuarta estrofa:

De ti nací y a ti vuelvo
arcilla, vaso de barro
con mi muerte yazgo en ti
de tu polvo apasionado.

Terminado eso, se dieron las vueltas, nadie sabía quién iba a poner música, qué se iba a hacer con la letra. Serían las doce y media. Cuando le veo al Jorge Carrera Andrade que se acerca donde mí con el libro. Entonces me dice: “Vea Gonzalo, esto con música tiene que ser una belleza”. Pensé y le dije: “Bueno”, así es que cogí la guitarra.

¿Y ahora qué hacía? El Potolo estaba dándole al chupe* y era muy difícil concentrarse con la bulla de la gente, pero como ya le acepté, bajé unas gradas con luz que había al fondo, agarrado la guitarra y el libro. Me demoré cerca de una hora y, cuando ya estuvo, regresé y encontré a mi compañero Valencia medio dormido en un sillón. 

Total que le levanto y le digo: “Primero oíme cantar”. No le gustó y me dice: “Pero vos le has puesto un ritmo cadencioso“. Le digo: “No, porque la música tiene que estar de acuerdo al sentido de la letra”. “No, me dice, ponéle ritmo de albazo”. Le dije que no, porque el ritmo de danzante es telúrico. No acepto que le cambies.

Y como él siempre decía que es hincha del Aucas y que nunca pierden, cuando mucho empatan, le dije que yo era de la Liga y que ahora sí él iba a perder, ni siquiera a empatar. Así que le fui obligando y, como tenía buen oído, aprendió rápido.

Ensayamos para hacer el dúo y cuando cantamos la gente se emocionó tanto que se han pasado cantando hasta las seis de la mañana. Yo me salí como a las dos, porque como no chupaba... Ahí nació la Vasija de barro, que ahora es cantada en todo el mundo. Yo mismo no creía.

Parte II

Para que quede como documento, les pedí a los que escribieron que firmen y yo también dibujé un pentagrama y escribí los primeros compases. Entonces le dije a Valencia que firme también, como él estaba cantando...Y así quedó. 

Incorporamos la canción al repertorio de las audiciones y seis años después, todavía nadie quería grabar esa pieza, ¿qué tal?

Así que fui donde Gustavo Müller de Discos Nacional a decirle: “Tengo una canción muy bonita”, y le canté la Vasija de barro. No me dio ni la hora. No llegué ni a la segunda parte porque me dio coraje. “No, no”, me dice, “eso no es comercial, eso no se va a vender”. ¡Qué cosa más equivocada en que estaba! Hasta que ya no le quise ni oír y me salí. Pero me dije: “A este tengo que ganarle”.

Incluso el Potolo se resistía a cantar y me decía: “Más bien cantemos estotra canción porque esa ya está en desuso”. Ahí me daba iras. Me fui a mi casa -en la calle Imbabura, más arriba de la 24 de Mayo-, recorté un cartoncito y me puse a pintar una vasija de barro, le puse los pedacitos de hueso y le hice una portada de disco poniéndole Vasija de barro en letras grandes, porque hasta ese momento no tenía título la canción. 

Volví para convencerle a Gustavo Müller. Fui con mi dibujito y cuando me recibe le digo: “Verá, le he traído este dibujo”, y me dice: “Bonito está. A ver, ¿cómo es la canción? Cántele porque no le oí bien”.

Le canté otra vez y pregunta: “¿Con qué instrumentos podemos grabar esto?". Le digo: “Con los mismos que tenemos”. “Entonces cite a ensayo a los músicos”. Así que reuní una orquesta de diez músicos. Al piano estaba Lucila Molestina de Pólit; en la flauta, Eduardo Di Donato; y dirigió la orquesta Manuel Espín (padre de Enrique Espín Yepez) y él mismo hizo los arreglos. Entonces hizo la grabación Gustavo Müller que sabía grabar muy bien y era profesor de sonido. Salió un disco con ocho temas y luego en un “estandar play”. Esto sucedió en 1956.

Cuando salió a la venta el disco, fui al almacén y oigo una bulla grande y cuando pregunto, me dicen que abrieron a las ocho de la mañana y a las once ya no había ni un disco. Se agotó el tiraje y estaban apuraditos en hacer una edición mayor. Así fue.


Esta canción se volvió representativa de la música ecuatoriana. Pero antes había otra canción: Guayaquil de mis amores; era lo que se conocía en el exterior, porque fue grabada el año 30 en Nueva York por el dúo Ecuador (Ibáñez-Safadi). Algunos piensan que esa fue la primera grabación ecuatoriana, pero el año 25 las hermanas Fierro ya habían grabado en Radio El Prado de Riobamba. El año 32 comenzó a grabar Carlota Jaramillo en Radio El Prado. En ese tiempo había también el dúo quiteño Páez-Villavicencio, hasta que apreció el dúo Benítez-Ortiz. Después vino el resto.

Comenzaron a aparecer “compositores” de la música de la Vasija de barro. Hasta hubo un señor de Riobamba, que había mandado una partitura diciendo que era su música. Lamentablemente para ellos, mandaron después de que apareció el disco. Cuando grabamos, el Gustavo Müller nos exigía poner autor de la música y pusimos Benítez-Valencia, pero esa música es hecha por mí solito y en la forma como les conté. Incluso los derechos de autor también le reconocieron al Potolo Valencia.

Ahora no tengo idea cuántas versiones habrá de la canción, pero, sin presunción de nada, le digo que esa música me salió bien y como dicen los chilenos, al tiro. Me parece una música muy adaptable para interpretación de solista, dúo, trío o coro.


 


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