31 enero 2013

EL YAPU K'HAMANI DE MI PUEBLO


El calendario agrícola se aproxima a las fechas en que el campo empieza a agitarse, y todo comienza a girar en torno a la próxima cosecha. Este año, quiero sumarme a esa gran fiesta, pues en esos días se define cómo nos irá todo el año, si tendremos abundantes frutos, o incluso si pasaremos hambre y estrecheces.
Yapu Kamani y Warmi, foto de 1996

En medio de escenario tan esperado emerge un personaje, al que nunca hemos agradecido sus esfuerzos, ni le hemos rendido el homenaje que se merece. Es el Yapu K’hamani, que en idioma aimara significa, el guarda de las chacras colectivas.

Por primera vez publico este sencillo homenaje que escribí hace ya 17 años, en el que he procurado retratar en pocas pinceladas en qué consiste la labor del Yapu K’hamani, cuál es su importancia para la comunidad, cuánto le debemos a su rol y su función.

Para quienes les pueda sorprender la existencia de este personaje, es importante señalar un par de coordenadas que pueden ayudar a comprender las razones de su existencia y la importancia de su rol y su función.

Nace en medio de la agricultura de gran altitud, a más de 3800 msnm, en el corazón del Altiplano Boliviano, en aquellos espacios o parajes donde aún existe propiedad colectiva de la tierra y las inclemencias del clima no son tan severas como para que sean irrelevantes sus servicios, ni tan débiles u ocasionales como para prescindir de él. Un área llena de Yapu K’hamanis se encuentra entre el Lago Titikaka y la Cordillera Volcánica occidental de Los Andes, allí donde se encuentra la frontera tripartita entre Bolivia, Perú y Chile. En este extremo, por lo regular hay más de 300 días con heladas al año, haciendo prácticamente imposible toda labor agrícola. En el otro extremo de este divino pedazo andino, se encuentra el Lago Titikaka, cuna y crisol de la civilización andina. Allí, debido al efecto termorregulador del lago sobre su entorno inmediato, las heladas son muy excepcionales, por lo que no es necesario un encargado de cuidar las chacras para hacer frente a las adversidades climáticas. 

Si se quiere comprender la importancia de su labor de un sólo pincelazo, entonces hay que decir que por la gama y diversidad de limitaciones y restricciones para la agricultura en esas latitudes y altitudes, sin el Yapu K'hamani la producción agrícola sería prácticamente imposible. La acción colectiva organizada de la sociedad local, coordinada por el Yapu K'hamani, se constituye en el eslabón clave para hacer posible la agricultura de gran altura. Ello ha contribuido ya desde hace miles de años a la "humanización de la montaña" (Pierre Gourou, geógrafo francés), y sigue haciéndolo posible hoy mismo. ¡Gracias Yapu K'hamani!

Publico este homenaje en el día del cumpleaños de mi hermano menor, Marco, quien ha fungido en la familia como un auténtico Yapu K’hamani, pues se ha constituido en un verdadero puente entre todos, produciendo cercanía y calor de hogar. Gracias hermano por todo lo que nos das.

 La Paz, 31 de enero de 2013



EL YAPU K'HAMANI DE MI PUEBLO

                                                                      por: Carlos Rodrigo Zapata C.


Yapu K'hamani de mi pueblo,
alma herida por las cabriolas del clima,
atormentada por los rayos y las tormentas,
ven, acércate a mi casa, acepta mi mano
que tus tormentos son mis tormentos,
Yapu K'hamani, guarda de nuestros cultivos.

Quijote que luchas contra remolinos de viento,
que andas al acecho de la helada,
a la pesca de la granizada,
combatiendo sequías, ahuyentando pájaros,
como si fueras un espantapájaros vivo,
un espantasequías, espantaheladas,
cuidando de nuestro cotidiano alimento,
de nuestro yantar de todo el año.

Eres profundamente incomprendido
y tus desvelos parecen sólo tuyos;
eres víctima de nuestras tradiciones,
responsable de nuestra paz con la Pachamama,
de llenar nuestros graneros,
y hasta de nuestras risas y lamentos.

Las inclemencias del tiempo pueden inundar nuestras chacras,
secar nuestras plantas, quemarlas la helada,
pero tú no te librarás de nuestra furia,
tú corporizas nuestra última esperanza,
tú no nos puedes fallar.

Durante los largos meses de la siembra a la cosecha,
todos los detalles debes cuidar,
ninguno puedes ignorar de los que indica la tradición.
De poncho, chalina, lluchu y sombrero debes estar todo el tiempo,
con tu coca, alcohol, ramas secas y fósforo a la mano,
y presto en todo momento para espantar del clima sus mil demonios.

¡Guay de ti que te atrevas a bañarte o afeitarte,
o no te halles en medio de nuestros plantíos
cuando llegue la helada o caiga el granizo,
o faltes a cualesquiera de tus deberes !!.
Ahí nomás, en el acto, te convertirás en un paria,
en un desheredado, rechazado por todo el vecindario,
buscado sin pausa ni consuelo para ser duramente castigado.

Yapu K'hamani de mi pueblo,
eres nuestro último mensajero a la Pachamama
para que no nos abandone ni nos castigue,
ni nos haga llorar todito el año.

¡Y si la cosecha es abundante y copioso el fruto que recogemos,
entonces te llenaremos de collares y colgandijos de panes y frutas,
y todo el pueblo festejará y bailará a tu alrededor,
y seremos bulliciosos testigos de tus contactos con la Pachamama,
esperando encontrar para el otro año,
otro Yapu K'hamani de tus influencias !.

¡Oh Yapu K'hamani de mi pueblo,
centro de nuestras alabanzas o improperios:
no hay niño en este mi santo pueblo
que más haya sufrido que con tus desvelos,
ni más se haya alegrado que con tus logros !.

No nos dejes nunca, nunca nos abandones,
pues entre tú y la Pachamama
tejen nuestro futuro, labran nuestro destino,
dignifican toda nuestra esencia.

                                                                              La Paz, enero de 1996