27 abril 2026

“The Fundamental Disequilibrium in Latin America”, James Robinson ¿AMÉRICA LATINA ESTÁ TAN EXTRAVIADA?


Carlos Rodrigo Zapata C. (*)

Da la impresión de que en América Latina “el pasado nunca muere, ni siquiera es pasado” (Faulkner), puesto que vivimos en el marco de obstáculos estructurales poderosamente anclados en el pasado.

¿A qué se debe que el pasado se mantenga como una fuerza omnipresente sobre nuestro presente de modo tan rotundo y categórico? Considero que ello se debe a que no le hemos dado suficiente atención a nuestro pasado y hacemos de cuenta como si el pasado fuera simplemente pasado y que podemos desentendernos de él. El problema de proceder de ese modo es que el pasado permanece pegado a nuestro presente, como su sombra indeleble, y contribuye a formatear el futuro.


James Robinson, Premio Nobel de Economía 2024,
explicando su enfoque sobre lo "real" y lo "ideal" en América Latina durante su conferencia magistral en la Universidad de Los Andes, Bogotá, Colombia, enero 2026


Todas las estructuras huelen a pasado al punto que hay quienes señalan que el colonialismo está tan incrustado hasta en nuestras más comunes expresiones que podría decirse que ya ni nosotros mismos somos responsables de nuestro presente, sino tan solo reflejos o recuerdos del pasado, incapaces de agencia propia, es decir, de ser actores de nuestro propio destino.

El problema ya no radica en querer o no querer desvincularse del pasado porque sí. Radica en que se ha incrustado en nuestra vida diaria de tal modo que no hay lugar, paraje ni horizonte en los que ese pasado no forme parte significativa de nuestro presente.

Hoy en día América Latina se halla acosada por su pasado, por poderosos obstáculos estructurales que le han surgido por todos los costados, en particular, el extractivismo depredador, la informalidad desinstitucionalizadora, la economía delictiva y muchos otros, al punto que las reglas e instituciones provenientes de esos ámbitos tienen tanto o mayor peso que las instituciones legales o formales que pretenden gobernar nuestro presente.

Estas reflexiones son indispensables para referirme a una reciente conferencia magistral de James Robinson, premio Nobel de economía, sobre “The Fundamental Disequilibrium in Latin America” quien llega a la conclusión que América Latina tiene un “desequilibrio fundamental” consistente en la coexistencia de realidades contradictorias, producto de la colisión entre lo "real" y lo "ideal", donde lo “ideal” provendría de una larga tradición ligada al utopismo en América Latina y lo “real” estaría representado por realidades inmediatamente observables. [1]

En este desequilibrio, cuando algo no funciona, la respuesta no es ajustar la práctica a la realidad o aprender de los errores, sino proponer un nuevo plan ideal, como se puede apreciar ejemplarmente en la inmensa cantidad y frecuencia con que se reescriben y enmiendan constituciones en América Latina, así como en otros ejemplos que propone el economista. Según la información recabada sobre cambios constitucionales en el mundo, no existe región que sea más adicta o proclive al cambio completo o parcial de sus constituciones que América Latina. [2]



Lo que Robinson no comprende es que existen procesos que han crecido desmesuradamente en la región a lo largo de dilatados espacios de tiempo –como los obstáculos estructurales que estamos señalando– que exigen procesos de transformación de gran calado y continuidad férrea para poder enfrentarlos. [3]

Tampoco toma en cuenta que diversos procesos han sido generados e impulsados ya desde el mismo periodo colonial, lo cual no significa que las generaciones posteriores a dicho periodo no tengan su propia responsabilidad en las estructuras que se formaron o perpetuaron. Pero entre incapacidad histórica de enfrentarlas y preferencia por ideas y prácticas fracasadas hay grandes diferencias, aunque pueda dar la impresión de que lo uno implica lo otro.

Esta explicación de Robinson es cuando menos curiosa, pues intenta usar diversos elementos de la realidad observable y ponerlos en interrelación de algún modo, de donde extrae sus conclusiones. Los obstáculos estructurales no aparecen en su mapa, razón por la que su explicación resulta bastante forzada, como si en América Latina nos diera lo mismo el éxito que el fracaso o, simplemente, prefiriéramos probar las mezclas de soluciones más estrambóticas que nos dicte la imaginación.

No se puede apreciar que tome en cuenta las retorcidas estructuras de poder imperantes ni el largo y pesado fardo de la carga histórica en la conformación de nuestras estructuras, excepto para extractar de ese pasado algunos casos y ejemplos exóticos que ilustran su enfoque.

Lo más que podemos decir es que la persistencia de los obstáculos estructurales induce a la sociedad a convivir con una cosa y su contrario, todo ello producto de la sedimentación histórica de capas de problemas no resueltos, de acumulación de riesgos no superados, de inconsistencias no enfrentadas, de modo tal que los diversos sectores sociales se ven obligados a acomodarse a esa realidad objetiva que emerge de las propias estructuras que se han ido creando, razón por la que la ley y la autoridad como fuerzas ordenadoras de la sociedad y canalizadoras de la voluntad popular se convierten en una fantasía muy difícil de tomarse en cuenta.

Un elemento interesante de la posición de Robinson que es oportuno recuperar es la facilidad con que se reemplazan constituciones y se formulan propuestas “ideales” para intentar enfrentar problemas reales. Pero esto no tiene nada que ver con apostar por “soluciones mágicas”, como señala el economista, sino que es producto básicamente tanto de la ausencia de diagnósticos objetivos e integrales de la realidad que sean comunes y compartidos por amplios sectores de la ciudadanía, como de la incapacidad histórica de los países de América Latina de diseñar políticas de Estado de largo aliento e implementarlas consecuentemente. [4]

En ausencia de estas bases elementales y a la vez fundamentales para resolver problemas de diversa índole, las salidas a las que se refiere Robinson se traducen en “demandas de magia” para superar dichas problemáticas, pero que conducen inevitablemente a situaciones en las que, en lugar de reemplazar una práctica o idea errónea por otra que la resuelva (como se esperaría en una práctica razonable), ambas se aceptarían, ya sea "superpuestas" o "una al lado de la otra".

El clientelismo es citado como el medio o instrumento necesario para “hacer magia”, es decir, como la vía para acceder a toda clase de servicios requeridos por la sociedad. Robinson no comprende que se recurre al clientelismo tanto como forma de reproducir condiciones obsoletas y no sostenibles para el proceso productivo por parte de ejércitos de informales y de una economía delincuencial ampliamente desarrollada que ya ha cooptado tramos significativos del territorio, del mismo aparato estatal y hasta de su legislación, así como medio que utilizan los gobiernos en funciones para aplicar políticas clientelares y prebendales para conservar o ampliar las bases sociales que los respaldan. Lo grave de este trueque clientelar depredador radica en que todo ello se hace a costa de todo futuro viable y promisorio.

Esta interpretación de Robinson muestra un intento de tratar de explicar la compleja realidad latinoamericana, aunque sin comprender los entretejidos profundos que la caracterizan. Nuestro trabajo busca precisamente eso: explicar del modo más coherente posible las causas y raíces de la realidad abigarrada que presenta Bolivia y que, así suponemos, también son aplicables en gran medida a la realidad latinoamericana.

¿De qué maneras y por qué una sociedad permanece sujeta o pegada a su pasado, dejando poco espacio para un presente nuevo y distinto y un futuro renovado? Eso es lo que debemos esclarecer.

La tarea es identificar las fuerzas y factores del pasado que permanecen fuertemente vinculados a nuestro presente y que se han convertido en poderosos frenos y obstáculos para toda clase de futuro inclusivo, sostenible y promisorio.

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Notas:

(*) Economista, planificador regional, experto en riesgos. Esta nota es parte de un estudio sobre las causas histórico-estructurales del rezago económico en Bolivia.

1] Ver, James Robinson, The Fundamental Disequilibrium in Latin America, enero, 2026. Recomiendo a los lectores estudiar esta conferencia y poder extractar de ella sus propias conclusiones. https://www.youtube.com/live/OHb7gJ2VlIM

2] Cronología de cambios y enmiendas constitucionales en América Latina. https://comparativeconstitutionsproject.org/chronology/

3] Es interesante observar que recién últimamente la CEPAL está procurando enfrentar ese vacío relacionado con la ausencia de políticas de Estado, es decir, con la falta de continuidad en la aplicación de políticas públicas. Ver, CEPAL Salazar-Xirinachs, José Manuel, Boeninger Sempere, Andrés. Gobernanza endógena: teoría, datos y herramientas para salir de la trampa de gobernanza poco efectiva en América Latina. Abril, 2026. https://repositorio.cepal.org/entities/publication/82111ad3-0045-4385-b7f7-aaf76ed0eaf7

4] ver, CR Zapata, Bolivia Constituyente - "La Constitución como programa de desarrollo"
https://yapukamani.blogspot.com/2010/07/bolivia-constituyente-la-constitucion.html Publicado originalmente el 2006 a inicios de la Asamblea Constituyente en Bolivia. Allí se planteaba la urgencia de utilizar la constitución para identificar los principales obstáculos estructurales y dirigir todo el esfuerzo nacional para superarlos y "velar por el uso estratégico, efectivo y eficiente de los recursos que tenemos a disposición". Ya conocemos el resultado: se dilapidaron los mayores recursos de toda nuestra historia en proyectos insulsos en su mayor parte y en corrupción a raudales. En América Latina se trabaja duro para fabricar obstáculos estructurales y también para conservarlos.

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@destacar

Diálogo en Panamericana
¿QUIÉN HIZO POSIBLE EL TRIUNFO DE RODRIGO PAZ?


Carlos Rodrigo Zapata C.


“Bolivia ha dado una demostración increíble de votos y de civilidad. Lo ha sacado al gobierno cleptómano, ladrón, pillo, uno de los peores de la historia de este país con el voto, sin ningún tipo de problema. La población ha votado masivamente contra ellos. La población ha mostrado unidad en el voto y los ha sacado… hay una sana envidia. Otro elemento magnífico de la sociedad es que hubo el gasolinazo y todo el mundo estaba asustado… pero la gente lo aceptó serenamente. Estas dos señales que vienen de la sociedad no pueden ser respondidas con mezquindad política por los políticos…”

      >> Gonzalo Chávez, Economista



Cuando en torno a un asunto compiten varias explicaciones, cada una con más o menos respaldos, podemos concluir que ninguna es dueña de la verdad, sea porque tan solo pueden dar indicios de por donde circula la verdad, sea porque desconocen la realidad profunda que procuran explicar.




En “Diálogo en Panamericana” del 25 de abril de 2026 pudimos escuchar el enfoque de Gonzalo Chávez citado inicialmente en relación al triunfo de Rodrigo Paz. [1] El sumun del mismo: fue una “demostración increíble de votos y de civilidad” que “sacó al gobierno cleptómano, ladrón, pillo, con el voto, sin ningún tipo de problema”.

¿Será, hubo dicha demostración para sacar al MAS “con el voto, sin ningún tipo de problema”? ¿No será que se mantiene vivito y coleando el esquema utilizado por el MAS, aunque bajo otra facha?

Este asunto debe ser sometido a análisis exhaustivo. Aquí proponemos unas líneas generales de análisis. Lo primero que debemos advertir es que ya circulan cuando menos tres teorías sobre el triunfo de Paz, descartando el fraude, asunto que no ha sido objeto de denuncia, pero tampoco de verificación por parte de los mismos contrincantes de Paz.

La teoría dominante es la que atribuye el triunfo de Paz al masismo, especialmente a su figura dominante, el violador consuetudinario de la CPE y de menores, Evo Morales. Se ha repetido hasta el cansancio que el voto nulo en la primera vuelta se volcó en favor de Paz en la segunda vuelta, cerrando el paso definitivamente a Tuto Quiroga. De acuerdo a todos los datos que se han podido acumular, ese voto en ningún caso pasó de 12%, pero Rodrigo Paz, pasó de 8% en las últimas encuestas de opinión antes de las elecciones a un 32% en la primera vuelta, un salto mágico inaudito donde las encuestas de opinión quedaron convertidas en una simple broma, resultado que en principio solo se podría explicar por un fraude masivo. Pero no, ya descartamos el fraude debido a que los mayores interesados no dijeron ni pío al respecto. A la gente de LIBRE le dirijo una simple pregunta: ¿lo comprobaron, reunieron las actas suficientes como para no impugnarlas? Nunca me enteré que esta tienda política hubiera dado un informe detallado de su propio sistema de observación electoral.

El asunto es que en la segunda vuelta Paz se alzó con un triunfo contundente que llegó al 56% de los votos. La pregunta sigue en pie: ¿cómo se dio ese salto de 8% a 32% y luego por arte de magia a 56%? ¿Podemos seguir insistiendo en que las huestes que siguen al cocalero le dieron el triunfo a Paz? Eso ya suena a una teoría fantástica sin respaldos suficientes. Si no fueron los masistas que se volcaron en favor de Paz ni tampoco fue el fraude, entonces ¿de dónde vino ese caudal increíble de votos en favor de un candidato que ni él creía que podría ganar?

Veamos la segunda teoría, que es la que quien suscribe estas líneas sostiene vehementemente. El triunfo se lo dieron los informales y la economía delincuencial a Rodrigo Paz. Es importante caracterizar brevemente a los dos segmentos más importantes de la economía nacional ilegal para comprender el contexto de esta afirmación.

Según todas las fuentes serias que se puede consultar se estima que en Bolivia los informales superan el 80% de la población laboral. Aproximadamente el 90% de ese 80% se auto emplea o ejerce actividades “por cuenta propia”, un eufemismo que encubre el fracaso del sistema capitalista empresarial en Bolivia. Eso significa que toda esa masa de gente debe ver cómo se las arregla para sobrevivir, para lo cual se vale de no pagar impuestos, ni cumplir la legislación laboral, menos de pagar aguinaldos y otras ocurrencias, y si llegan a pagar algo en esa línea es mediante sistemas de excepción.

Lo más curioso en este marco es que se siguen utilizando categorías y prácticas complemente ajenas a dicho sector informal. “Salario mínimo”, “aguinaldo”, “sindicatos”, “COB”, “contratos de trabajo”, “desempleo abierto” son categorías ajenas al sector informal. ¿Alguna vez alguien por casualidad ha verificado si esas categorías son útiles para gestionar el mercado de trabajo vinculado el sector informal que está compuesta por no menos de 350.000 empresas registradas, más del 95% de ellas unipersonales, y millones de individuos que actúan por cuenta propia? Nadie, pero siguen utilizándose como si fueran útiles para gestionar nuestra economía, nuestros mercados laborales, nuestras regulaciones empresariales. Vivimos completamente ajenos a nuestra realidad. [2]

Veamos ahora algunos rasgos de la economía delincuencial. Su característica fundamental es el saqueo, el extractivismo y la depredación recurriendo incluso a la violencia para acumular riquezas. Las actividades centrales de esta economía no controlada por el Estado son el narcotráfico, la explotación del oro, el contrabando, la tala indiscriminada de bosques y el acaparamiento de tierras. Estas actividades resultan parcial o totalmente inviables sin los componentes de depredación y destrucción, sin incumplimiento de las leyes. Su beneficio es nuestro perjuicio y nuestra catástrofe.

Una de las combinaciones más problemáticas y letales para la sociedad boliviana radica en la articulación de estas dos grandes ramas de la economía ilegal en Bolivia. Ello se debe a que las ansias de acumulación desmedida instaladas principalmente en la economía delincuencial se mezclan con la búsqueda de condiciones de subsistencia de los informales, de modo que acumulación y supervivencia van de la mano al punto que la sociedad boliviana no se atreve a protestar, pues podría entenderse como cuestionar los deseos de sobrevivencia de los informales.

Está claro que la economía delincuencial ha aprendido a valerse de estas contradicciones para tender un cordón de protección a sus actividades, dividiendo odiosamente a la misma sociedad entre los que toleran y justifican la depredación y la destrucción ambiental en aras de la sobrevivencia y los que cuestionan cuando menos los excesos, pero muchas veces prefieren no manifestarse.

Está claro que a estas alturas la economía delincuencial ha tomado el comando de ambos sectores, ya que por diversas vías les facilita las cosas a los informales, actuando como proveedor de fondos y mercancías y también como contratista. De otro modo los gremiales y diversos otros sectores informales no habrían armado tremendo zafarrancho el 2021 para evitar la aprobación del proyecto de “Ley contra la Legitimación de Ganancias Ilícitas, Financiamiento del Terrorismo y Armas de Destrucción Masiva” y para abrogar la Ley N° 1386 que normaba la “Estrategia nacional de lucha contra la legitimación de ganancias ilícitas y el financiamiento del terrorismo”, marcos legales que obviamente pueden afectar más directamente a los miembros de la economía delincuencial.

Tanto el sector informal como esta economía delincuencial requieren de prebendas, gangas y canonjías de parte del Estado para vivir y reproducirse. Aquí es indispensable hacer una distinción. Mientras a la economía delincuencial le basta con que el Estado no se entrometa en sus asuntos, es decir, se abstenga de cumplir las leyes que pueden perturbarla y se ocupe de mirar el techo, los informales requieren un acompañamiento más directo que consiste en facilitar el contrabando, no hacer cumplir innumerables leyes relacionada con impuestos, leyes laborales, ocupación de espacios, normas de seguridad, higiene, etc.

En este contexto que es crucial tomar en cuenta podemos hacer dos afirmaciones tajantes. La primera es que ambos segmentos de la economía ilegal en Bolivia requieren de favores del Estado como el aire para respirar, lo cual significa simple y llanamente la desinstitucionalización del país, convertir a las autoridades nacionales y locales en estatuas de sal y que el Estado cumpla el papel de un estado sirviente al servicio de intereses que están destruyendo las bases del futuro nacional.

La segunda afirmación es que el mayor electorado que tiene Bolivia es el relacionado con el sector informal y la economía delincuencial, ya que entre ambos emplean o mal emplean a más del 80% de la fuerza laboral en Bolivia, por lo que sus intereses están intrínseca y orgánicamente interconectados al punto que no requieren de ninguna organización matriz que los aglutine y los adoctrine como para que sepan cómo actuar de modo conjunto y articulado. Ellos saben perfectamente donde les aprieta el zapato por lo que sin ninguna dirección significativa saben lo que requieren y lo que les toca hacer: favorecer a una fuerza que comulgue con sus demandas o que, al menos, esté dispuesta a facilitarlas y hacerlas realidad.

El binomio presentado por el PDC, o sea, Paz y Lara, hizo suyas esas demandas y las expresó y verbalizó claramente en todos los idiomas y proclamas que pudo. Ya resulta ocioso recordar todas las ofertas de prebendas vertidas, pero vale la pena recordarlas. Ofrecieron chutos, catos, títulos, rentas … y nunca prometieron capturar al mayor delincuente del país.

El voto brotó en todo el país, en el campo y las ciudades. Ha habido áreas rurales perdidas donde más del 90% de los electores votó por el binomio del PDC. Un verdadero milagro en materia electoral. Ya veremos si eso fue una “demostración increíble de votos y de civilidad”.

La tercera teoría o enfoque es el esbozado por Chávez, citado al inicio de estas reflexiones. Está claro que se sacó de la conducción del país a un partido absolutamente nefasto para el futuro nacional, pero estamos a años luz de habernos librado de sus prácticas malévolas. Por ello, hablar de “sana envidia” o de haber “resuelto el asunto sin ningún problema” son formas de desconocer los fondos y trasfondos de lo que acontece en Bolivia. Está claro que los políticos no pueden responder de otra forma que no sea con “mezquindad”, porque comprometieron sus acciones y su futuro a la entrega de dádivas y prebendas de todo tipo a aquellas fracciones de la economía nacional que viven del saqueo, la depredación, la destrucción de los bienes naturales y las funciones ambientales, de la apropiación de las rentas derivadas de estos bienes, despojando así en casi todos los sentido al pueblo boliviano de las bases mínimas indispensables para construir su futuro. Lo que hace este enfoque no solo es distorsionar, sino encubrir la realidad nacional.

El enfoque centrado en la informalidad y la economía delincuencial que hemos presentado se basa en los obstáculos estructurales al desarrollo y al futuro nacional. Los principales obstáculos estructurales que están actuando contra todos nuestros futuros promisorios posibles son el extractivismo, la informalidad, la economía delincuencial, la desinstitucionalización y, como corolario de corolarios, la pérdida progresiva y sistemática de la soberanía nacional, acelerada por una nueva corriente de entreguismo del futuro nacional.

Resulta absolutamente asombroso que todo este conjunto de fuerzas y factores que acosan al futuro del país y que se han constituido en las verdaderas trancas de todo progreso – y no solo el famoso “Estado tranca” que no es más que un segmento de las múltiples trancas que nos tiene sitiados– no sean tenidas en cuenta en nuestras reflexiones sobre la realidad nacional.

En Bolivia nos hemos acostumbrado a usar un cierto conjunto de categorías económicas, políticas, estatales, de justicia, etc. y a dar vueltas y revueltas a las mismas como si bastaran para comprender nuestra realidad. Estamos lejos de comprender que sería mucha, demasiada casualidad que en este nuestro mundo plagado de obstáculos estructurales las llaves del futuro se nos hubieran extraviado justo debajo del único haz de luz con el que nos tropezamos en medio de la oscuridad. Lo más probable o, más bien, ya lo obvio, es que las llaves de nuestro futuro se extraviaron en medio de esa tenebrosa oscuridad en que se ha convertido nuestro desconocimiento de la realidad y sus implicaciones patéticas sobre nuestro futuro.

Las realidades estructurales no deseadas, pero que fueron evolucionando y creciendo ante nuestras narices durante décadas (como la informalidad y la economía delincuencial) e incluso durante siglos (como el extractivismo) se han convertido en marcas o señas duras y pertinaces de nuestra realidad. Sin enfrentarlas y superarlas no tenemos ningún futuro. La imaginación no basta ni alcanza para hacer posible y viable ese futuro.

[1] ver, Diálogo en Panamericana, 25 04 2026 https://www.panamericana.bo/articulo/nacional/dialogo-panamericana-ypfb-tension-social-economia-nacional/20260427001456015784

[2] Ver, INFORMALES INDIGNADOS. Un país descubre sus estructuras profundas. https://yapukamani.blogspot.com/2021/11/informales-indignados-un-pais-descubre.html