17 junio 2026

El día después de los bloqueos
ES HORA DE GANARNOS EL DERECHO AL FUTURO

 

Carlos Rodrigo Zapata C. (*)

“Sociedades como las nuestras que por [ser tan] “abigarradas” no pueden, según Zavaleta, conocerse a sí mismas o están bloqueadas por su heterogeneidad perceptiva”.

Jorge Lazarte, Prólogo a “Clases Sociales y Conocimiento” de René Zavaleta (1988)

 

RESUMEN

La crisis que atraviesa Bolivia no puede entenderse únicamente como resultado de problemas coyunturales, errores gubernamentales o disputas por recursos. Los bloqueos recientes constituyen una manifestación visible de problemas mucho más profundos históricamente acumulados que han ido configurando múltiples formas de bloqueo al desarrollo nacional. Puede decirse que los bloqueos ya están instalados en nuestras estructuras, sólo que esta vez han eclosionado hasta alcanzar las capas superficiales.

El drama de la sociedad boliviana es que aún no ha identificado claramente cuáles son los problemas que bloquean su desarrollo. Ello no solo impide comprender su problemática y desarrollar un lenguaje común que nos permita encarar nuestra problemática, sino que impide forjar pactos y consensos sociales, identificar las soluciones más convenientes y diseñar las políticas más pertinentes para hacer realidad la (re)construcción de nuestro país. Sin encarar todo ello, es imposible que podamos forjar una visión nacional o establecer un horizonte común de desarrollo.

Para poder identificar y comprender el estado de nuestra situación actual es esencial elaborar un diagnóstico común y compartido, serio y profundo de la problemática nacional a cargo de todos los actores relevantes de la sociedad, tales como partidos, entidades subnacionales, organizaciones sociales, cívicas, académicas, culturales, instancias gubernamentales, etc. Sin dicho diagnóstico, sin comprender las causas profundas de nuestro estancamiento, estamos absolutamente incapacitados de ir a ninguna parte.

Este trabajo centra su atención en la identificación de los principales problemas que podrían derivarse de la elaboración colectiva de ese diagnóstico profundo de la problemática nacional al que nos hemos referido. En este sentido, presenta la situación actual del país como resultado de la acumulación de una diversidad de obstáculos estructurales que limitan la capacidad del país para construir un destino común. Entre dichos obstáculos destacan principalmente el extractivismo depredador, la informalidad, la expansión de economías ilícitas, la desinstitucionalización, la pérdida progresiva de soberanía nacional efectiva y las fracturas sociales vinculadas al racismo y al desencuentro histórico entre sectores de la sociedad. Sin superar esos y otros obstáculos Bolivia no tiene ninguna oportunidad de construir su propio rumbo hacia su progreso y prosperidad.

En este marco, surge la pregunta acerca del modo más efectivo de comprometer históricamente a la sociedad boliviana con el rumbo a seguir y con la forma de refrendar sus pactos y consensos. Este trabajo propone recurrir a la “función de orientación” de la Constitución, esto es, a la función que establece las directrices estratégicas fundamentales que se propone seguir todo país que pretende perdurar en el tiempo y constituirse en un miembro valioso y apreciado de la comunidad mundial.

En este sentido, en este trabajo presento los principales obstáculos estructurales que bloquean el desarrollo nacional que un diagnóstico serio y profundo podría identificar como la tarea común y central de toda la sociedad, situación que nos obligaría a concentrar todas nuestras capacidades y recursos en la superación de dichos obstáculos estructurales.

Al incluir los obstáculos estructurales en la Constitución se lograría que el conjunto de la sociedad tenga claro qué obstáculos enfrenta y qué tareas debe asumir para salir del pantano en que nos hallamos, lo cual a su vez haría innecesario que los partidos políticos presenten programas que no se hallen sólidamente sustentados por diagnósticos apropiados.

Una misión adicional que se señala en este trabajo es la de realizar una catarsis nacional centrada en la recuperación de la memoria colectiva relacionada con la historia de ofensas y discriminación que sufrieron los pueblos originarios de nuestro país. Sin encarar las causas que provocan tanta polarización en la sociedad boliviana tampoco lograremos convertir la crisis actual en una oportunidad histórica para ganarnos el derecho a construir nuestro futuro.

  

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El día después de los bloqueos

ES HORA DE GANARNOS EL DERECHO AL FUTURO

Carlos Rodrigo Zapata C. (*)

“Sociedades como las nuestras que por [ser tan] “abigarradas” no pueden, según Zavaleta, conocerse a sí mismas o están bloqueadas por su heterogeneidad perceptiva”.

Jorge Lazarte, Prólogo a “Clases Sociales y Conocimiento” de René Zavaleta (1988)

Bolivia se ha fabricado un tenebroso laberinto a lo largo de sus dos siglos de vida independiente, basado en su largo pasado colonial y desastrosamente ahondado en los últimos 20 años. Esto indica que la problemática nacional tiene raíces profundas, por lo que urge entender los orígenes y las causas que han conducido a ella y las vías a seguir para formular soluciones de fondo en los plazos más reducidos posibles. Para ello es fundamental comprender la crisis terminal en que nos hallamos como fuente esencial de conocimiento de la sociedad total. [i]

1. Los bloqueos: hechos, causas. Las deficiencias gubernamentales son manifestaciones superficiales de graves problemas históricamente acumulados

Empecemos con un cuadro que presenta el dramatismo de la hora de cuerpo entero. Un candidato que gana la silla presidencial ofreciendo prebendas de todo tipo sin presentar un diagnóstico mínimo de la problemática imperante en Bolivia y unos bloqueadores radicales que exigen la renuncia del presidente por incumplimiento de esas prebendas en plazos perentorios nos dan una primera idea del laberinto en que nos hallamos.

Si a ello añadimos que los bloqueadores no son capaces de decir qué idea de desarrollo tienen en mente o cuáles serían las bases indispensables para mejorar significativamente sus condiciones y oportunidades de vida, nos encontramos con una síntesis pavorosa de las formas en que se manifiesta nuestra tragedia en los momentos actuales.

Lo más grave en este contexto es que Bolivia también se halla desafiada por fuerzas delincuenciales ligadas primordialmente al narcotráfico. Informaciones iniciales dan cuenta de múltiples indicios que van en esa dirección, tales como gente armada, bloqueadores pagados, incautación de grandes sumas de dinero en áreas de bloqueo, múltiples amenazas y chantajes de dirigentes de diversas organizaciones a sus “bases” para que se sumen a los bloqueos. Las directrices provenientes del expresidente Morales, actualmente prófugo de la justicia, confirman dicha participación.

Esta breve presentación de los bloqueos que ya duran 47 días y obstruyen el normal desenvolviendo del país busca retratar el momento actual como íntimamente vinculado a una serie de obstáculos estructurales que se señalan más adelante.

La intención de estas notas apunta a reflexionar sobre lo que debería suceder el día después que logremos superar este momento espantoso. Sin comprender aspectos básicos de nuestra realidad y sin ponerlos en el centro de nuestra atención no solo que no podremos ir a ninguna parte, sino que además dejaremos las puertas abiertas de par en par para volver por las mismas vías desgraciadas por las que hemos llegado hasta aquí.

Por lo que podemos apreciar, los bloqueos que siguen activos en diversos puntos del país son producto de estructuras profundamente distorsionadas que se han instalado en el país a lo largo de su existencia y buscan denodadamente prolongar y perpetuar los espacios que han tomado en él. Dichas estructuras funcionan con lógicas completamente ajenas a las que suelen primar en una sociedad y un Estado que apunten a construir un destino común basado en reglas respetadas por todos. [ii]

El drama mayor es que los actores fundamentales de nuestra sociedad dan muestras claras de no comprender nuestra realidad, por lo que no puede esperarse que puedan encarar su problemática y contribuir a construir un norte común.

Con semejante trasfondo, ¿cómo podríamos contar con un lenguaje común que nos permita dialogar y llegar a consensos si vivimos de desencuentro en desencuentro y basamos nuestra comprensión del otro en prejuicios, ideas superficiales o sucesos del momento?

La orfandad nacional es descomunal. Da la impresión que recién estuviéramos descubriendo un mundo repleto de obstáculos de toda clase, en el que cada quien se las arregla como sea con las trabas que le toca enfrentar para poder seguir (sobre)viviendo en este nuestro espacio, pésimamente organizado y gestionado desde sus orígenes. Ese “arréglatelas como sea” no significa otra cosa que “desinstitucionalización”, una práctica en la que todo vale y que a estas alturas ya se ha convertido en otro obstáculo estructural inmenso a nuestro desarrollo, pero que resulta muy conveniente para las nuevas estructuras que han emergido a lo largo de mucho tiempo hasta apoderarse de nuestro horizonte.

Por todo ello y en el entendido que Bolivia no puede pasar de largo este episodio macabro y que debe enfrentar sus profundas fallas estructurales con gran entrega y convicción, es que comparto estas reflexiones centradas en el día después a este atraco a la nación boliviana que estamos viviendo, lo cual no significa pasar por alto la manera de encarar la resolución de la crisis actual, ya que de ello dependerá en grado significativo la posibilidad de encarar la resolución de las fallas estructurales que ahogan a nuestro país y que han salido a relucir tan escabrosamente en las últimas semanas.

En este marco es oportuno recordar el pensamiento de Kant quien en sus reflexiones sobre “La paz eterna” recomendaba que “en medio del fragor de la contienda aún debe quedar algún resto de confianza en el modo de pensar del adversario, pues de otro modo … cómo podría creerse que éste aún respeta algún principio o norma ética de convivencia, cómo podría confiarse en su intención de una paz futura”. [iii]

2.      Bolivia está bloqueada histórica-estructuralmente: Los obstáculos estructurales, el racismo y la mafiocracia constituyen el fondo sobre el que acontecen las cosas

¿Qué hacemos frente al desmadre que tenemos entre manos y amenaza con hacer volar por los aires lo poco o mucho logrado en 200 años de vida independiente? Dadas las circunstancias que rodean el acontecer nacional observamos que nos hallamos jugando nuestras últimas cartas y nuestra historia de fracasos nos dice que esta vez no podemos fallar porque eso puede significar la liquidación de nuestra patria.

Los peligros que nos acechan radican en la existencia de fuerzas infames que buscan apoderarse del destino de la nación, fuerzas que no aparecieron hoy y ni siquiera en los últimos tiempos, sino que vienen desde muy atrás. No sé si alguien se ha puesto a pensar qué significa perder el suelo patrio, convertirse en un ser errante que divaga por un mundo cada más insensible, sin piso ni norte que lo sustente. Es ahora que debemos reaccionar antes que nuestra propia ineptitud o esos poderes abyectos den fin con nuestros sueños y esperanzas. El juego con repetición, es decir, el ensayo y error hasta aprender, se terminó. Es ahora o nunca que debemos encarar la reconstrucción de nuestra patria desde sus mismos cimientos. Estamos advertidos.

Para ello es primordial identificar los colosales problemas a los que nos enfrentamos e identificar las directrices que nos ayuden a definir un rumbo claro que nos traiga paz, progreso y prosperidad para todos. En este marco, Bolivia tiene el deber de establecer un pacto común centrado, primero, en identificar las raíces de los obstáculos que bloquean nuestro desarrollo y, segundo, en definir un norte común y compartido que apunte a superarlos. Sin establecer estos pilares fundamentales tampoco podremos construir ese lenguaje común al que nos referíamos, ya que sin él tampoco podremos construir un destino común deseable y viable para todos.

Considero que este inmenso desencuentro es producto de la falta de un estudio permanente de la misma y de la elaboración objetiva de diagnósticos amplios e integrales de nuestra problemática nacional que no se limiten a asuntos coyunturales y superficiales, a hechos o sucesos del momento, sino que vayan al fondo de las cosas, a sus dimensiones histórico-estructurales. 

La narrativa histórica boliviana es rica en sucesos anecdóticos, pero carece de historias de sus estructuras, situación que nos impide comprender las raíces de nuestro pasado. Encarar esa tarea nos ayudará no sólo a descubrir dónde equivocamos los caminos, sino que además nos permitirá por primera vez en nuestra historia empezar a hablar un mismo lenguaje, el que hace posible un entendimiento común. Un pueblo que no es capaz de identificar sus problemas comunes fundamentales está incapacitado de poder llegar a acuerdos sobre su futuro.

Considero que las vías hacia un desarrollo próspero que beneficie a todos se hallan bloqueadas debido a la emergencia histórica de diversos obstáculos estructurales.

En este trabajo nos hemos propuesto presentar de modo preliminar los principales obstáculos estructurales, dejando claramente señalado que consideramos que la identificación de esos obstáculos debe provenir de un diagnóstico elaborado por todas las fuerzas viva del país y sus actores fundamentales, ya que es el convencimiento común acerca de los problemas fundamentales el medio que nos permitirá contar con un lenguaje común, básico para poder dialogar y llegar a grandes consensos nacionales que sean perdurables en el tiempo.

En este marco, considero que los obstáculos estructurales que se presentan a continuación son indispensables para comprender los alcances de la debacle nacional y la urgencia de ponerlos en el corazón de la atención nacional.

Dicho todo ello, concentrémonos en los principales obstáculos estructurales que bloquean el desarrollo nacional:

·         el extractivismo depredador

·         la informalidad

·         la economía delictiva con sus diversas ramificaciones

·         la desinstitucionalización

·         la pérdida progresiva de soberanía nacional.

Existen también otros obstáculos estructurales incrustados en la matriz productiva, la justicia, la educación, el cuidado del medio ambiente, los costes de transporte, la geografía, etc., pero estos obstáculos estructurales están ampliamente determinados por los mencionados inicialmente, de modo que si queremos desmontar la maraña de obstáculos que nos mantiene estructuralmente bloqueados debemos empezar por superar inicialmente las prácticas y métodos que sostienen a los primeros.

¿Por qué son obstáculos y por qué son estructurales? Son estructurales debido a que amplios sectores de la población dependen sustantivamente de las prácticas y métodos utilizados en cada uno de los ámbitos de actividad mencionados para satisfacer sus necesidades. Son obstáculos debido a que las prácticas y métodos usualmente utilizados en cada uno de esos ámbitos son de corte ilegal, depredador, delincuencial o extremadamente precario, rasgos que constituyen por sí mismos formas de limitar o bloquear el desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad.

Dicho de otro modo: satisfacer necesidades humanas generando una amplia gama de cargas y costes económicos, sociales, ambientales y estatales impide la reproducción sostenible de las condiciones que hacen posible justamente dicha satisfacción de necesidades. Esas cargas constituyen un coste creciente para la sociedad y más aún para las nuevas generaciones, puesto que para plasmarse requieren de una amplia gama de prebendas, concesiones, excepciones y autorizaciones que muchas veces solo son posibles violando los marcos legales existentes y atentando contra la base material de la sociedad. Ello significa que la generación y la reproducción de los obstáculos estructurales están orgánicamente relacionados con diversas formas de violación del ordenamiento establecido, lo cual a su vez solo es posible recurriendo a grandes dosis de corrupción. Todo este conjunto de prácticas, urgencias, dependencias e interrelaciones conforma una poderosa valla al desarrollo nacional.

A ello aún debemos añadir los costos anuales que debemos asumir año tras año para reducir los impactos negativos que ocasionan los obstáculos estructurales, sea para gestión, prevención, reparación o mitigación. Si solo el “Estado tranca” nos cuesta anualmente 6% del PIB, según estimaciones del actual gobierno, ¿cuánto nos cuestan todos los obstáculos identificados en este trabajo?

Una primera aproximación nos señala que estaríamos destinando cerca del 25% del PIB para superar las consecuencias negativas derivadas de todos los obstáculos estructurales mencionados a fin de poder sostener nuestras precarias condiciones de vida. Dicho de otra manera: Bolivia no solo se ocupa de producir bienes y servicios, sino que además debe destinar cada año una fracción muy alta de su esfuerzo nacional para contrarrestar los impactos negativos derivados de los diversos obstáculos estructurales, de modo que para impulsar el crecimiento del ingreso nacional queda el restante 75% del PIB, lo cual significa que estamos más o menos condenados al estancamiento.

Esta categoría de gasto –la que registra los costos relacionados con la superación momentánea derivada de los obstáculos estructurales mencionados– no está incluida expresamente en nuestros registros macroeconómicos. Solo pensar en los costos salvajes que nos están deparando los bloqueos a los que estamos sometidos nos da una idea de la importancia crucial de identificar muy claramente esta categoría de empobrecimiento nacional.

En síntesis, una sociedad que ha permitido el surgimiento de una diversidad de obstáculos estructurales y se halla constantemente expuesta a los mismos está impedida de progresar por las cargas y costos que genera, razón por la que no cuenta con las condiciones indispensables para construir su futuro.

Veamos a continuación algunos rasgos de los principales obstáculos estructurales. Tratar en detalle todos estos obstáculos significaría elaborar sendos estudios para mostrar sus raíces y sus alcances en toda su extensión, tarea que debe ser asumida por equipos de expertos y por toda la sociedad.

El EXTRACTIVISMO es el obstáculo más antiguo, pues viene desde la colonia. La explotación de los bienes naturales renovables y no renovables sin respetar la sostenibilidad de los procesos ni al pueblo que es propietario del patrimonio nacional se halla en la base de este modo de explotación depredador. Un país que no cuida ni protege sus recursos está condenado a perder las bases o fundamentos de su propio futuro.

El SECTOR INFORMAL es producto histórico de un sinfín de carencias que sufren amplios sectores de la población y de sus formas y maneras de ganarse el sustento básico. Al no encontrar puestos de trabajo en las ciudades ni contar con los medios de producción que les permitan ejercer actividades por su cuenta los informales se vieron en la obligación de construir amplias tramas de interrelaciones y formas de acceder a dichos medios, recurriendo a múltiples formas de violar los marcos legales, ambientales, éticos y de prudencia económica. Si hoy los llamamos “cuentapropistas” es porque lograron acceder a los medios que les permiten ganar el sustento diario, aunque a un nivel muy precario debido a los muy bajos niveles de productividad que los caracterizan. Así nació y se forjó el sector informal que hoy alberga al 85% de la población laboral en Bolivia, el mayor del mundo. La informalidad también se caracteriza por la evasión impositiva y la proliferación de normas de excepción. Si consideramos que los impuestos representan el precio de construir una sociedad civilizada (basada en leyes) y el costo de labrarse el futuro (para proveer una amplia gama de bienes y servicios públicos y colectivos), podemos decir que Bolivia no muestra mucho interés en acceder a esas conquistas, especialmente si tenemos en cuenta que aprox. 3500 grandes contribuyentes aportan con no menos del 80% de las recaudaciones totales que obtiene el país, en circunstancias en que el país tiene aprox. 340.000 empresas registradas, la gran mayoría unipersonales que son manejadas por “cuentapropistas”. La informalidad se ha convertido en sinónimo de desinstitucionalización y de requerimiento de prebendas, indispensables para asegurar el sustento diario, muchas de las cuales implican violaciones al ordenamiento jurídico del país.

La ECONOMÍA DELINCUENCIAL nació básicamente como forma de acumulación rápida de fortunas y siempre de la mano del Estado que por acción, omisión o inoperancia ayudó a sentar las bases de dicha economía que hoy cuenta con múltiples ramificaciones, tales como el contrabando, el narcotráfico, la explotación depredadora del oro, la tala ilegal de bosques, etc. Hoy está empeñada en reproducir las bases que les permitieron a estas actividades implantar sus métodos de expoliación nacional. Por su capacidad de atraer a porciones significativas de la fuerza laboral se retroalimenta de fuerza de trabajo informal, situación que muestra la mutua imbricación que tienen estas actividades como obstáculos al desarrollo.

La DESINSTITUCIONALIZACIÓN viene a ser un obstáculo emergente, producto de todas las formas de violar los marcos legales e institucionales a lo que contribuyen todos los obstáculos estructurales. Este obstáculo muestra que los marcos legales y constitucionales vigentes resultan en muchos casos simple papel mojado porque no existen las condiciones para hacerlos cumplir. Hablar de que “todos somos iguales ante la ley” en circunstancias en que coexisten diversas lógicas y reglas resulta una gran aberración.

La PÉRDIDA PROGRESIVA DE SOBERANÍA NACIONAL es otra propiedad emergente de la formación social en Bolivia, producto de todas las formas de violar los marcos legales existentes sin que exista la autoridad ni la capacidad para hacer respetar la soberanía. El control de territorios al margen de la acción del Estado y los bloqueos que incluyen la destrucción de la economía de la gente pobre que vive al día y de los empresarios que invierten ahorros y dedican su esfuerzo para desarrollar sus empresas, así como la convulsión de la vida nacional e incluso la muerte de gente inocente impedida de desplazarse a donde requería trasladarse, son otras manifestaciones de estos obstáculos estructurales en acción que bloquean toda construcción viable y sostenible de nuestro futuro.

La otra vía que está minando la soberanía y destruyendo todo el tejido social boliviano radica en la emergencia de una MAFIOCRACIA que promueve la economía delincuencial y que estaría particularmente involucrada en los atentados que al presente está sufriendo la patria boliviana. Esta situación muestra el grado y la medida en que se ha permitido que proliferen diversas estructuras al margen del ordenamiento legal e institucional del país. Dicho de otro modo: a la superación de los obstáculos estructurales se añade este otro problema de gran envergadura.

En estos días aciagos en que el país está sometido a un ataque por parte de bloqueadores radicales que se valen de la pobre economía del pueblo más vulnerable para presionar y chantajear al mismo gobierno para imponer sus exigencias, podemos ver los BLOQUEOS como otro tipo de obstáculo estructural que nos empobrece y nos impide hacer realidad nuestros planes y proyectos. Este obstáculo responde a la definición dada de obstáculo estructural y se explica por la frecuencia con que los diversos sectores sociales recurren a este medio destructivo para imponer exigencias. [iv]

La cadena de quiebras y perdidas que está desatando este ataque a la nación boliviana es único e inaudito. La denuncia del sector turístico es por demás elocuente: ya a estas alturas del año se quedaron prácticamente sin turistas por el resto del año debido a que la casi totalidad de reservas fueron canceladas. Los bloqueos apuntan a llevar a rastras al país y la sociedad hacia el abismo y todo para seguir alimentando el monstruo de los obstáculos estructurales y de los intereses que los han prohijado.

Es oportuno destacar que unos obstáculos estructurales han ido abriendo brecha para la emergencia de otros obstáculos, partiendo del extractivismo, ya desde la colonia. Luego surgió el sector informal a lo largo de un periodo de aprox. 70 años (desde la reforma agraria) que fue abriendo amplio cauce a diversas formas de vulnerar y violar el espacio legal e institucional del país y se constituyó en la base para emergencia de la economía delictiva y los demás obstáculos nombrados. Por no haber sabido actuar las administraciones del país a lo largo de dos siglos para contener tantas incoherencias e inconsistencias es que se han ido fortaleciendo y multiplicando estas estructuras que les dan sustento precario a unos y riquezas mal habidas a otros, pero en conjunto contribuyen a la inviabilidad nacional.

Además de los obstáculos estructurales mencionados se halla presente en nuestra sociedad el RACISMO que impide la comunicación y el contacto entre diversos sectores de la sociedad, situación que bloquea la posibilidad de definir objetivos y vías de acción común. En ese marco, los diálogos, encuentros y consensos para definir las mejores vías de acción son poco probables. Este otro impedimento contribuye poderosamente a desentenderse de la problemática subyacente, ya que se tiene más en cuenta las dificultades de la comunicación y el entendimiento que el peso de las problemáticas que requerimos encarar y superar con suma urgencia. En este marco se inscribe el tema de la memoria colectiva, tratado al final de estas reflexiones.

No sé si la crisis nos está dando la oportunidad de conocer la sociedad total en todos sus laberintos y vericuetos o más bien nos está abriendo la posibilidad de darnos cuenta del grado y la medida en que la desconocemos. Como sea, está ocasionando un profundo llamado de atención a nuestra comprensión de las reglas reales que presiden el acontecer nacional y nos está dando una oportunidad para reaccionar ante este embrollo monumental. Por el estado de profundo deterioro de todas nuestras estructuras podemos decir que este llamado de atención reviste un carácter terminal, advertencia que no podemos dejar pasar de largo so pena de sucumbir como otros países sometidos a la ley de las mafias y a la completa desinstitucionalización nacional. Haití y varios países africanos ya no parecen tan lejanos.

En suma, los obstáculos estructurales impiden que el país pueda manejarse con una ley, una autoridad, un destino común. Ninguna sociedad puede convivir con una diversidad de reglas de comportamiento tan contradictorias. La JUSTICIA es imposible justamente por esa razón: no es posible tener un marco legal que sea capaz de atender esa diversidad de lógicas, necesidades y comportamientos. Esta traba estructural convierte a la justicia en otro obstáculo estructural de nuestra formación social. La corrupción en la justicia ya viene a ser sólo un aditamento más a este embrollo estructural.

Recordemos nuevamente la cita inicial: Sociedades como la nuestra no pueden conocerse a sí mismas por su extremo abigarramiento, pues “están bloqueadas por su heterogeneidad perceptiva”. Bolivia no tiene norte porque no tiene una comprensión apropiada de su realidad. Sin comprender nuestra problemática total es imposible poder definir rutas para superar nuestro atraso cada vez más lamentable.

3.      ¿Qué hacer? Apuntar al futuro, pero superando el pasado

¿Cómo podemos hacernos cargo del futuro si estamos presos del pasado? Así como nadie puede dar el segundo paso sin haber dado el primero, del mismo modo Bolivia está condenada a superar las estructuras torcidas de su pasado para tener la oportunidad de encarar su futuro.

¿A qué se debe que el pasado se mantiene como una fuerza omnipresente sobre nuestro presente? Considero que ello se debe a que no le hemos dado suficiente atención a nuestro pasado y hacemos de cuenta que el pasado es simplemente pasado por lo que creemos que podemos desentendernos de él. Peor aún, consideramos que el pasado es perfectamente prolongable hacia el futuro, por lo que no nos vemos impelidos a cambiar nada y todo ello simplemente porque no tenemos idea de todo lo que podríamos lograr bajo otras condiciones. El problema de proceder de ese modo es que el pasado permanece pegado a nuestro presente, como su sombra indeleble, y contribuye a formatear el futuro, y no solo eso, sino que ya lo anticipa hasta en sus mínimos detalles. Los bloqueos y todo el movimiento sedicioso en marcha son una demostración patética de la forma en la que el pasado se empeña en apoderarse del futuro a cualquier precio. Este el modo más seguro de repetir el pasado que tuvo algunas cosas buenas, pero también muchas malas y muy malas.

Estas últimas se constituyen en cargas cada vez más insoportables para vivir el presente y construir el futuro. Esto significa que aún no nos hemos ganado el derecho de construir un futuro promisorio para todos nosotros.

La tarea a enfrentar es inmensa y debe ser conducida con absoluta disciplina y seriedad. No nos queda otra alternativa más que ganar, ya que el fracaso dejó de ser opción por consumo excesivo de fracasos. La manera ordenada, legal y consensuada de conducir este proceso es partir de la elaboración de un gran diagnóstico nacional y de la comprensión integral de nuestra problemática, a partir de lo cual se introduzcan todos los ajustes y complementaciones constitucionales que sean indispensables, como veremos en el siguiente punto. Esta tarea no se resuelve en un instante, pero nunca si no la encaramos ya.

Dicho diagnóstico debe ser común y compartido, no ser la idea o la ocurrencia de alguien en particular o de unos pocos, menos de partidos que hoy no pasan de ser meros vientres de alquiler, y debe señalar con meridiana claridad los obstáculos estructurales que bloquean nuestro porvenir. Los obstáculos señalados en esta reflexión destacan los más probables, pero es el diagnóstico, amplio e integral generado por todas las fuerzas vivas del país el que finalmente debe establecer qué obstáculos estructurales han producido o generado el calamitoso estado de cosas que exhibe nuestro país. Realizar esta tarea se constituye en una misión estratégica de gran trascendencia para el futuro nacional, por lo que debe ser conducida con extremo cuidado y dedicación plena hasta su conclusión.

Los programas que presentaron los partidos políticos elección tras elección fueron una muestra de su propia orfandad, de su incapacidad y falta de voluntad para construir visiones deseables y viables de desarrollo nacional. Un partido llegó al extremo de presentar la copia del programa de un partido de otro país y el común de ellos se limitó a presentar programas insulsos que por lo general no tenían un diagnóstico razonable de la problemática nacional, tampoco una visión de desarrollo ni un enfoque coherente para conducir las políticas y estrategias que proponían. Con semejante perdida de todo norte, ¿cómo podíamos construir un futuro común viable?

Uno de los grandes fallos en el proceso de elaboración de las bases legales e institucionales del país radica en haber confiado a los partidos tareas tan trascendentales para el futuro nacional y en haberles impuesto tan pocas obligaciones. Confiar que los partidos tendrían la capacidad de formular sendos programas de gobierno que respondan a nuestra problemática fue un error craso, pues era poner en manos no solo inexpertas sino ligeras y faltas de compromiso con la suerte del país, la conducción del destino nacional. Partidos resucitados y armados en las vísperas de procesos electorales que no tienen vida orgánica, ni tampoco cuentan con centros de estudio ni con formas de relacionamiento sólido con los diferentes sectores de la sociedad no pueden tener la capacidad de decir nada sustancial sobre nuestro futuro.

A dicho error se sumó otro muy grave relacionado con la elección de la mitad de los diputados en circunscripciones uninominales. Esa fue la tabla de salvación para caciques locales que podían llegar al parlamento sin elaborar ningún programa, ya que bastaba con unas cuantas promesas locales para lograr su cometido. En lugar que los partidos se constituyan en fuerzas de fortalecimiento y engrandecimiento nacional se convirtieron en las fuerzas que enanizaron nuestro presente y nuestro porvenir y se pusieron al frente de la ceguera nacional. La chorrera de partidos que participaron en las últimas elecciones subnacionales pusieron su sello indeleble a semejante estado de cosas. La configuración del actual gobierno corporiza patéticamente todo lo señalado, aunque solo representa la culminación de semejante vía desastrosa.

4.      Cómo operacionalizar la urgencia de marchar hacia el futuro: La Constitución y su Función de Orientación

Considero que la estrategia adecuada para emplear nuestros escasos recursos de modo concentrado en las tareas que nos exige la sociedad, radica en ver la Constitución como guía o programa de acción para el desarrollo y no sólo como un marco jurídico que defina las relaciones sociales fundamentales o nos atiborre con un balance fantástico de derechos y deberes que se desentiende de la cuestión de cómo financiar tantos palacios en el aire.

Ello significa incluir en la Constitución los obstáculos estructurales del país que requerimos enfrentar y resolver con suma urgencia, los mismos que se constituirían en la base de las políticas públicas necesarias para superar nuestro actual estado endémico de postración. De este modo, todos los recursos y capacidades públicas, privadas y de la sociedad civil, todas las “energías nacionales” (Franz Tamayo) deberían emplearse concentradamente para enfrentar estos problemas, ya que de este modo el quehacer estatal tendría fuertemente definidas las directrices de su accionar y los partidos políticos podrían ocuparse de complementar dicho programa básico con sus propuestas, concentrándose en la elaboración de programas y propuestas para la superación de los obstáculos estructurales ya identificados.

Para comprender la pertinencia de este enfoque es indispensable tomar en cuenta las funciones que la teoría del Derecho Constitucional asigna a toda Constitución. Dichas funciones son: la Función de Organización (establecimiento de la organización del Estado y la autoridad), la Función de Limitación del poder (protección de la libertad y los derechos ciudadanos), la Función de Orden (la base para la ley, la creación de seguridad legal), la Función de Orientación (la que define los objetivos principales de la sociedad) y la Función de Integración (la que vela por la unidad nacional). Entre las funciones que regulan las bases de todo Pacto Social, la Función de Orientación es clave, pues ella indica los objetivos primordiales que persigue la sociedad en su conjunto.

Los objetivos usuales que se destacan en toda Constitución se refieren a libertad, dignidad, igualdad, respeto, entre otros. Si bien dichos objetivos son portadores de todo un programa de acción social y política de gran alcance para el Estado y la sociedad, por nuestra experiencia histórica de 200 años, podemos afirmar que ninguno de esos objetivos podrá alcanzarse estable y sosteniblemente, si es que no resolvemos adecuadamente nuestros obstáculos estructurales. De ahí que la Función de Orientación de la Constitución necesariamente debe incluir los obstáculos estructurales al desarrollo del país ya mencionados.

Dicho brevemente: Lo que requerimos es introducir en la Constitución la superación de todos y cada uno de los obstáculos estructurales señalados como mandatos de cumplimiento obligatorio para el conjunto de la sociedad. Es una forma radical de auto convocarnos colectiva y permanentemente para encarar y superar dichos obstáculos. Esta tarea tiene varias finalidades:

·   La primera es mantener siempre presente y vigente el deber nacional de encarar y enfrentar los obstáculos estructurales como la prioridad básica o esencial para superar las bases de nuestro subdesarrollo en todos los frentes y así sentar bases sólidas para construir nuestro futuro.

·     La segunda apunta a eximir a los partidos de inventarse programas que nadie lee y nadie cumple y obligarlos a que se ocupen de proponer fórmulas y maneras de superar dichos obstáculos. Esa sería la manera más seria de auto obligarnos a concentrar nuestros recursos en la superación de dichos obstáculos en lugar de seguir inventándonos objetivos, programas y proyectos sacados de la manga y si acaso llegan a implementarse son dejados de lado a más tardar por la siguiente administración del país.

·    La tercera radicaba en tener un instrumento de control y seguimiento a la mano que nos permita evaluar continuamente el desempeño de los partidos en su labor de contribuir a superar los obstáculos estructurales priorizados en la Constitución y de todas las instancias de la administración pública. Este punto también es crucial no solo porque los políticos usualmente desconocen la problemática imperante, particularmente la de carácter estructural, sino porque evitan comprometerse con cualquier lectura concreta de los obstáculos imperantes, ya que la misma les resta grados de libertad para poder cambiar intempestivamente de curso, maniobra muy usual en la práctica politiquera en nuestro medio. Tener un instrumento de control de la administración pública es esencial para pedir cuentas, para asegurar la transparencia y facilitar la articulación de todas las fuerzas vivas de país.

Luego del inmenso fracaso que representó la Constitución del 2009 debemos ser sumamente cautos, ya que no tuvo la capacidad de incluir la raíz de la problemática nacional entre sus mandatos, es decir, los obstáculos estructurales al desarrollo nacional, pero sí se ocupó de incluir más derechos que deberes y también incluyó una serie de ocurrencias que nunca dieron frutos, tales como el “vivir bien”, la “economía plural” y otros que no pasaron ni la prueba de la novedad, ya que apenas ingresaron en el ambiente nacional, desaparecieron sin dejar rastros. [v]  

Volvamos al presente. Una manera de abordar y superar la crisis terminal en la que nos hallamos radica en explorar lo que hicimos mal para extraer lecciones que nos abran nuevas oportunidades. Considero que lo señalado en relación a ver la Constitución como programa de desarrollo abre un espacio extraordinario para encarar las inmensas cargas que arrastramos en algunos casos desde la época colonial, sin que nunca hayamos hecho un esfuerzo nacional para superarlas exitosamente.

5.      La memoria colectiva. Urgencia de una gran catarsis nacional

No hay ocasión en que se producen desencuentros pronunciados o conflictos de diverso calado que no salgan a relucir manifestaciones de victimización, odio y racismo.

Es fácil pensar que los enemigos de la patria solo tienen que rasgar superficialmente la epidermis nacional como para activar esas reacciones y atizar aún más la confrontación. El hecho que debemos asumir de una buena vez es que esas reacciones o sentimientos se hallan efectivamente a flor de piel y viven en la memoria de los pueblos indígenas u originarios cuyos antepasados han sido objeto de tratos crueles y discriminatorios durante la colonia y también en la era republicana. Basta recordar que recién hace 72 años se abolió el sistema semifeudal y semiesclavista que regía en el agro boliviano.

En esta materia subsisten dos vacíos no superados hasta el presente. El primero radica en basar la memoria de un pueblo en memorias individuales, pues la memoria individual es frágil y tiende a llenar vacíos de información y de memoria con lo que tiene más a mano, situación que suele ahondar aún más los hechos del pasado, voluntaria o involuntariamente. El otro vacío es que nunca se ha tratado de ayudar a estos pueblos a superar los traumas y vicisitudes relacionados con estos hechos.

De acuerdo a la experiencia de diferentes países es crucial reconstruir la memoria colectiva, única forma de superar las lesiones psicosociales que ha dejado ese pasado, aprovechando los relatos individuales, pero reconstruyéndolos colectivamente. Las experiencias de Colombia y países centroamericanos con circunstancias de violencia y opresión similares pueden servir de referencia. Lo que debe advertirse es que sin encarar estos hechos será muy difícil lograr un espíritu de cuerpo en la nación boliviana. El racismo y la discriminación constituyen sin duda otro obstáculo estructural que bloquea nuestro derecho al futuro.

6.      Conclusiones

La crisis que hoy vive Bolivia constituye una advertencia histórica que obliga a mirar más allá de la coyuntura. Los bloqueos, las tensiones políticas y el deterioro económico muestran problemas visibles, pero remiten a procesos más profundos que se han acumulado durante largos periodos y han ido debilitando la capacidad del país para actuar como comunidad política orientada hacia objetivos comunes.

Estas reflexiones sostienen que el principal desafío nacional no consiste únicamente en administrar mejor el presente, sino en comprender con mayor profundidad las estructuras que reproducen el atraso, la fragmentación y la pérdida de horizontes compartidos. Superar tales obstáculos exige abandonar respuestas improvisadas y construir un diagnóstico amplio, común y verificable sobre las condiciones que impiden desplegar plenamente las capacidades del país.

A partir de dicho diagnóstico será posible definir prioridades nacionales estables, fortalecer instituciones, orientar las políticas públicas y generar mecanismos efectivos de seguimiento y rendición de cuentas. El propósito no es uniformar la sociedad ni eliminar su diversidad, sino establecer un marco común que permita transformar diferencias en cooperación y conflicto en construcción institucional compartida.

Al mismo tiempo, ningún esfuerzo de reconstrucción será suficiente si no incorpora una tarea más profunda: reconstruir vínculos de confianza, procesar memorias históricas pendientes y fortalecer una cultura de responsabilidad compartida respecto del futuro.

El futuro no es una herencia automática ni una promesa garantizada. Es una construcción colectiva que requiere comprensión, disciplina institucional, cooperación y voluntad sostenida de transformación. Ganarnos el derecho a construir nuestro al futuro pasa esencialmente por asumir esa responsabilidad.



(*) Economista, experto en planificación territorial y gestión de riesgos. Catedrático de Desarrollo del Capitalismo, UMSA, 2017.

[i]   Ver, R. Zavaleta, La autodeterminación de las masas; L. Tapia, La producción del conocimiento local

[ii]  R. Zavaleta, La burguesía incompleta, en: Clases Sociales y Conocimiento

[iii]  I. Kant, Zum ewigen Frieden

[iv]  Fundación Unir https://unirbolivia.org

[v]  Adjunto referencias a varios artículos publicados durante el periodo de la Asamblea Constituyente entre 2007 y 2009 esperando que se incluyan los obstáculos estructurales en la Constitución. Los Constituyentes prefirieron dejarles esa tarea a los partidos políticos.  CR Zapata, La Constitución como programa de desarrollo, junio, 2007 [https://yapukamani.blogspot.com/2010/07/bolivia-constituyente-la-constitucion.html?zx=1c3a823869bd0928]; Orígenes de nuestro abismal desencuentro. El Diario, diciembre de 2007; ¿Qué hacer para salir del laberinto? El Diario, mayo de 2008.

 

27 abril 2026

“The Fundamental Disequilibrium in Latin America”, James Robinson ¿AMÉRICA LATINA ESTÁ TAN EXTRAVIADA?


Carlos Rodrigo Zapata C. (*)

Da la impresión de que en América Latina “el pasado nunca muere, ni siquiera es pasado” (Faulkner), puesto que vivimos en el marco de obstáculos estructurales poderosamente anclados en el pasado.

¿A qué se debe que el pasado se mantenga como una fuerza omnipresente sobre nuestro presente de modo tan rotundo y categórico? Considero que ello se debe a que no le hemos dado suficiente atención a nuestro pasado y hacemos de cuenta como si el pasado fuera simplemente pasado y que podemos desentendernos de él. El problema de proceder de ese modo es que el pasado permanece pegado a nuestro presente, como su sombra indeleble, y contribuye a formatear el futuro.


James Robinson, Premio Nobel de Economía 2024,
explicando su enfoque sobre lo "real" y lo "ideal" en América Latina durante su conferencia magistral en la Universidad de Los Andes, Bogotá, Colombia, enero 2026


Todas las estructuras huelen a pasado al punto que hay quienes señalan que el colonialismo está tan incrustado hasta en nuestras más comunes expresiones que podría decirse que ya ni nosotros mismos somos responsables de nuestro presente, sino tan solo reflejos o recuerdos del pasado, incapaces de agencia propia, es decir, de ser actores de nuestro propio destino.

El problema ya no radica en querer o no querer desvincularse del pasado porque sí. Radica en que se ha incrustado en nuestra vida diaria de tal modo que no hay lugar, paraje ni horizonte en los que ese pasado no forme parte significativa de nuestro presente.

Hoy en día América Latina se halla acosada por su pasado, por poderosos obstáculos estructurales que le han surgido por todos los costados, en particular, el extractivismo depredador, la informalidad desinstitucionalizadora, la economía delictiva y muchos otros, al punto que las reglas e instituciones provenientes de esos ámbitos tienen tanto o mayor peso que las instituciones legales o formales que pretenden gobernar nuestro presente.

Estas reflexiones son indispensables para referirme a una reciente conferencia magistral de James Robinson, premio Nobel de economía, sobre “The Fundamental Disequilibrium in Latin America” quien llega a la conclusión que América Latina tiene un “desequilibrio fundamental” consistente en la coexistencia de realidades contradictorias, producto de la colisión entre lo "real" y lo "ideal", donde lo “ideal” provendría de una larga tradición ligada al utopismo en América Latina y lo “real” estaría representado por realidades inmediatamente observables. [1]

En este desequilibrio, cuando algo no funciona, la respuesta no es ajustar la práctica a la realidad o aprender de los errores, sino proponer un nuevo plan ideal, como se puede apreciar ejemplarmente en la inmensa cantidad y frecuencia con que se reescriben y enmiendan constituciones en América Latina, así como en otros ejemplos que propone el economista. Según la información recabada sobre cambios constitucionales en el mundo, no existe región que sea más adicta o proclive al cambio completo o parcial de sus constituciones que América Latina. [2]



Lo que Robinson no comprende es que existen procesos que han crecido desmesuradamente en la región a lo largo de dilatados espacios de tiempo –como los obstáculos estructurales que estamos señalando– que exigen procesos de transformación de gran calado y continuidad férrea para poder enfrentarlos. [3]

Tampoco toma en cuenta que diversos procesos han sido generados e impulsados ya desde el mismo periodo colonial, lo cual no significa que las generaciones posteriores a dicho periodo no tengan su propia responsabilidad en las estructuras que se formaron o perpetuaron. Pero entre incapacidad histórica de enfrentarlas y preferencia por ideas y prácticas fracasadas hay grandes diferencias, aunque pueda dar la impresión de que lo uno implica lo otro.

Esta explicación de Robinson es cuando menos curiosa, pues intenta usar diversos elementos de la realidad observable y ponerlos en interrelación de algún modo, de donde extrae sus conclusiones. Los obstáculos estructurales no aparecen en su mapa, razón por la que su explicación resulta bastante forzada, como si en América Latina nos diera lo mismo el éxito que el fracaso o, simplemente, prefiriéramos probar las mezclas de soluciones más estrambóticas que nos dicte la imaginación.

No se puede apreciar que tome en cuenta las retorcidas estructuras de poder imperantes ni el largo y pesado fardo de la carga histórica en la conformación de nuestras estructuras, excepto para extractar de ese pasado algunos casos y ejemplos exóticos que ilustran su enfoque.

Lo más que podemos decir es que la persistencia de los obstáculos estructurales induce a la sociedad a convivir con una cosa y su contrario, todo ello producto de la sedimentación histórica de capas de problemas no resueltos, de acumulación de riesgos no superados, de inconsistencias no enfrentadas, de modo tal que los diversos sectores sociales se ven obligados a acomodarse a esa realidad objetiva que emerge de las propias estructuras que se han ido creando, razón por la que la ley y la autoridad como fuerzas ordenadoras de la sociedad y canalizadoras de la voluntad popular se convierten en una fantasía muy difícil de tomarse en cuenta.

Un elemento interesante de la posición de Robinson que es oportuno recuperar es la facilidad con que se reemplazan constituciones y se formulan propuestas “ideales” para intentar enfrentar problemas reales. Pero esto no tiene nada que ver con apostar por “soluciones mágicas”, como señala el economista, sino que es producto básicamente tanto de la ausencia de diagnósticos objetivos e integrales de la realidad que sean comunes y compartidos por amplios sectores de la ciudadanía, como de la incapacidad histórica de los países de América Latina de diseñar políticas de Estado de largo aliento e implementarlas consecuentemente. [4]

En ausencia de estas bases elementales y a la vez fundamentales para resolver problemas de diversa índole, las salidas a las que se refiere Robinson se traducen en “demandas de magia” para superar dichas problemáticas, pero que conducen inevitablemente a situaciones en las que, en lugar de reemplazar una práctica o idea errónea por otra que la resuelva (como se esperaría en una práctica razonable), ambas se aceptarían, ya sea "superpuestas" o "una al lado de la otra".

El clientelismo es citado como el medio o instrumento necesario para “hacer magia”, es decir, como la vía para acceder a toda clase de servicios requeridos por la sociedad. Robinson no comprende que se recurre al clientelismo tanto como forma de reproducir condiciones obsoletas y no sostenibles para el proceso productivo por parte de ejércitos de informales y de una economía delincuencial ampliamente desarrollada que ya ha cooptado tramos significativos del territorio, del mismo aparato estatal y hasta de su legislación, así como medio que utilizan los gobiernos en funciones para aplicar políticas clientelares y prebendales para conservar o ampliar las bases sociales que los respaldan. Lo grave de este trueque clientelar depredador radica en que todo ello se hace a costa de todo futuro viable y promisorio.

Esta interpretación de Robinson muestra un intento de tratar de explicar la compleja realidad latinoamericana, aunque sin comprender los entretejidos profundos que la caracterizan. Nuestro trabajo busca precisamente eso: explicar del modo más coherente posible las causas y raíces de la realidad abigarrada que presenta Bolivia y que, así suponemos, también son aplicables en gran medida a la realidad latinoamericana.

¿De qué maneras y por qué una sociedad permanece sujeta o pegada a su pasado, dejando poco espacio para un presente nuevo y distinto y un futuro renovado? Eso es lo que debemos esclarecer.

La tarea es identificar las fuerzas y factores del pasado que permanecen fuertemente vinculados a nuestro presente y que se han convertido en poderosos frenos y obstáculos para toda clase de futuro inclusivo, sostenible y promisorio.

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Notas:

(*) Economista, planificador regional, experto en riesgos. Esta nota es parte de un estudio sobre las causas histórico-estructurales del rezago económico en Bolivia.

1] Ver, James Robinson, The Fundamental Disequilibrium in Latin America, enero, 2026. Recomiendo a los lectores estudiar esta conferencia y poder extractar de ella sus propias conclusiones. https://www.youtube.com/live/OHb7gJ2VlIM

2] Cronología de cambios y enmiendas constitucionales en América Latina. https://comparativeconstitutionsproject.org/chronology/

3] Es interesante observar que recién últimamente la CEPAL está procurando enfrentar ese vacío relacionado con la ausencia de políticas de Estado, es decir, con la falta de continuidad en la aplicación de políticas públicas. Ver, CEPAL Salazar-Xirinachs, José Manuel, Boeninger Sempere, Andrés. Gobernanza endógena: teoría, datos y herramientas para salir de la trampa de gobernanza poco efectiva en América Latina. Abril, 2026. https://repositorio.cepal.org/entities/publication/82111ad3-0045-4385-b7f7-aaf76ed0eaf7

4] ver, CR Zapata, Bolivia Constituyente - "La Constitución como programa de desarrollo"
https://yapukamani.blogspot.com/2010/07/bolivia-constituyente-la-constitucion.html Publicado originalmente el 2006 a inicios de la Asamblea Constituyente en Bolivia. Allí se planteaba la urgencia de utilizar la constitución para identificar los principales obstáculos estructurales y dirigir todo el esfuerzo nacional para superarlos y "velar por el uso estratégico, efectivo y eficiente de los recursos que tenemos a disposición". Ya conocemos el resultado: se dilapidaron los mayores recursos de toda nuestra historia en proyectos insulsos en su mayor parte y en corrupción a raudales. En América Latina se trabaja duro para fabricar obstáculos estructurales y también para conservarlos.

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Diálogo en Panamericana
¿QUIÉN HIZO POSIBLE EL TRIUNFO DE RODRIGO PAZ?


Carlos Rodrigo Zapata C.


“Bolivia ha dado una demostración increíble de votos y de civilidad. Lo ha sacado al gobierno cleptómano, ladrón, pillo, uno de los peores de la historia de este país con el voto, sin ningún tipo de problema. La población ha votado masivamente contra ellos. La población ha mostrado unidad en el voto y los ha sacado… hay una sana envidia. Otro elemento magnífico de la sociedad es que hubo el gasolinazo y todo el mundo estaba asustado… pero la gente lo aceptó serenamente. Estas dos señales que vienen de la sociedad no pueden ser respondidas con mezquindad política por los políticos…”

      >> Gonzalo Chávez, Economista



Cuando en torno a un asunto compiten varias explicaciones, cada una con más o menos respaldos, podemos concluir que ninguna es dueña de la verdad, sea porque tan solo pueden dar indicios de por donde circula la verdad, sea porque desconocen la realidad profunda que procuran explicar.




En “Diálogo en Panamericana” del 25 de abril de 2026 pudimos escuchar el enfoque de Gonzalo Chávez citado inicialmente en relación al triunfo de Rodrigo Paz. [1] El sumun del mismo: fue una “demostración increíble de votos y de civilidad” que “sacó al gobierno cleptómano, ladrón, pillo, con el voto, sin ningún tipo de problema”.

¿Será, hubo dicha demostración para sacar al MAS “con el voto, sin ningún tipo de problema”? ¿No será que se mantiene vivito y coleando el esquema utilizado por el MAS, aunque bajo otra facha?

Este asunto debe ser sometido a análisis exhaustivo. Aquí proponemos unas líneas generales de análisis. Lo primero que debemos advertir es que ya circulan cuando menos tres teorías sobre el triunfo de Paz, descartando el fraude, asunto que no ha sido objeto de denuncia, pero tampoco de verificación por parte de los mismos contrincantes de Paz.

La teoría dominante es la que atribuye el triunfo de Paz al masismo, especialmente a su figura dominante, el violador consuetudinario de la CPE y de menores, Evo Morales. Se ha repetido hasta el cansancio que el voto nulo en la primera vuelta se volcó en favor de Paz en la segunda vuelta, cerrando el paso definitivamente a Tuto Quiroga. De acuerdo a todos los datos que se han podido acumular, ese voto en ningún caso pasó de 12%, pero Rodrigo Paz, pasó de 8% en las últimas encuestas de opinión antes de las elecciones a un 32% en la primera vuelta, un salto mágico inaudito donde las encuestas de opinión quedaron convertidas en una simple broma, resultado que en principio solo se podría explicar por un fraude masivo. Pero no, ya descartamos el fraude debido a que los mayores interesados no dijeron ni pío al respecto. A la gente de LIBRE le dirijo una simple pregunta: ¿lo comprobaron, reunieron las actas suficientes como para no impugnarlas? Nunca me enteré que esta tienda política hubiera dado un informe detallado de su propio sistema de observación electoral.

El asunto es que en la segunda vuelta Paz se alzó con un triunfo contundente que llegó al 56% de los votos. La pregunta sigue en pie: ¿cómo se dio ese salto de 8% a 32% y luego por arte de magia a 56%? ¿Podemos seguir insistiendo en que las huestes que siguen al cocalero le dieron el triunfo a Paz? Eso ya suena a una teoría fantástica sin respaldos suficientes. Si no fueron los masistas que se volcaron en favor de Paz ni tampoco fue el fraude, entonces ¿de dónde vino ese caudal increíble de votos en favor de un candidato que ni él creía que podría ganar?

Veamos la segunda teoría, que es la que quien suscribe estas líneas sostiene vehementemente. El triunfo se lo dieron los informales y la economía delincuencial a Rodrigo Paz. Es importante caracterizar brevemente a los dos segmentos más importantes de la economía nacional ilegal para comprender el contexto de esta afirmación.

Según todas las fuentes serias que se puede consultar se estima que en Bolivia los informales superan el 80% de la población laboral. Aproximadamente el 90% de ese 80% se auto emplea o ejerce actividades “por cuenta propia”, un eufemismo que encubre el fracaso del sistema capitalista empresarial en Bolivia. Eso significa que toda esa masa de gente debe ver cómo se las arregla para sobrevivir, para lo cual se vale de no pagar impuestos, ni cumplir la legislación laboral, menos de pagar aguinaldos y otras ocurrencias, y si llegan a pagar algo en esa línea es mediante sistemas de excepción.

Lo más curioso en este marco es que se siguen utilizando categorías y prácticas complemente ajenas a dicho sector informal. “Salario mínimo”, “aguinaldo”, “sindicatos”, “COB”, “contratos de trabajo”, “desempleo abierto” son categorías ajenas al sector informal. ¿Alguna vez alguien por casualidad ha verificado si esas categorías son útiles para gestionar el mercado de trabajo vinculado el sector informal que está compuesta por no menos de 350.000 empresas registradas, más del 95% de ellas unipersonales, y millones de individuos que actúan por cuenta propia? Nadie, pero siguen utilizándose como si fueran útiles para gestionar nuestra economía, nuestros mercados laborales, nuestras regulaciones empresariales. Vivimos completamente ajenos a nuestra realidad. [2]

Veamos ahora algunos rasgos de la economía delincuencial. Su característica fundamental es el saqueo, el extractivismo y la depredación recurriendo incluso a la violencia para acumular riquezas. Las actividades centrales de esta economía no controlada por el Estado son el narcotráfico, la explotación del oro, el contrabando, la tala indiscriminada de bosques y el acaparamiento de tierras. Estas actividades resultan parcial o totalmente inviables sin los componentes de depredación y destrucción, sin incumplimiento de las leyes. Su beneficio es nuestro perjuicio y nuestra catástrofe.

Una de las combinaciones más problemáticas y letales para la sociedad boliviana radica en la articulación de estas dos grandes ramas de la economía ilegal en Bolivia. Ello se debe a que las ansias de acumulación desmedida instaladas principalmente en la economía delincuencial se mezclan con la búsqueda de condiciones de subsistencia de los informales, de modo que acumulación y supervivencia van de la mano al punto que la sociedad boliviana no se atreve a protestar, pues podría entenderse como cuestionar los deseos de sobrevivencia de los informales.

Está claro que la economía delincuencial ha aprendido a valerse de estas contradicciones para tender un cordón de protección a sus actividades, dividiendo odiosamente a la misma sociedad entre los que toleran y justifican la depredación y la destrucción ambiental en aras de la sobrevivencia y los que cuestionan cuando menos los excesos, pero muchas veces prefieren no manifestarse.

Está claro que a estas alturas la economía delincuencial ha tomado el comando de ambos sectores, ya que por diversas vías les facilita las cosas a los informales, actuando como proveedor de fondos y mercancías y también como contratista. De otro modo los gremiales y diversos otros sectores informales no habrían armado tremendo zafarrancho el 2021 para evitar la aprobación del proyecto de “Ley contra la Legitimación de Ganancias Ilícitas, Financiamiento del Terrorismo y Armas de Destrucción Masiva” y para abrogar la Ley N° 1386 que normaba la “Estrategia nacional de lucha contra la legitimación de ganancias ilícitas y el financiamiento del terrorismo”, marcos legales que obviamente pueden afectar más directamente a los miembros de la economía delincuencial.

Tanto el sector informal como esta economía delincuencial requieren de prebendas, gangas y canonjías de parte del Estado para vivir y reproducirse. Aquí es indispensable hacer una distinción. Mientras a la economía delincuencial le basta con que el Estado no se entrometa en sus asuntos, es decir, se abstenga de cumplir las leyes que pueden perturbarla y se ocupe de mirar el techo, los informales requieren un acompañamiento más directo que consiste en facilitar el contrabando, no hacer cumplir innumerables leyes relacionada con impuestos, leyes laborales, ocupación de espacios, normas de seguridad, higiene, etc.

En este contexto que es crucial tomar en cuenta podemos hacer dos afirmaciones tajantes. La primera es que ambos segmentos de la economía ilegal en Bolivia requieren de favores del Estado como el aire para respirar, lo cual significa simple y llanamente la desinstitucionalización del país, convertir a las autoridades nacionales y locales en estatuas de sal y que el Estado cumpla el papel de un estado sirviente al servicio de intereses que están destruyendo las bases del futuro nacional.

La segunda afirmación es que el mayor electorado que tiene Bolivia es el relacionado con el sector informal y la economía delincuencial, ya que entre ambos emplean o mal emplean a más del 80% de la fuerza laboral en Bolivia, por lo que sus intereses están intrínseca y orgánicamente interconectados al punto que no requieren de ninguna organización matriz que los aglutine y los adoctrine como para que sepan cómo actuar de modo conjunto y articulado. Ellos saben perfectamente donde les aprieta el zapato por lo que sin ninguna dirección significativa saben lo que requieren y lo que les toca hacer: favorecer a una fuerza que comulgue con sus demandas o que, al menos, esté dispuesta a facilitarlas y hacerlas realidad.

El binomio presentado por el PDC, o sea, Paz y Lara, hizo suyas esas demandas y las expresó y verbalizó claramente en todos los idiomas y proclamas que pudo. Ya resulta ocioso recordar todas las ofertas de prebendas vertidas, pero vale la pena recordarlas. Ofrecieron chutos, catos, títulos, rentas … y nunca prometieron capturar al mayor delincuente del país.

El voto brotó en todo el país, en el campo y las ciudades. Ha habido áreas rurales perdidas donde más del 90% de los electores votó por el binomio del PDC. Un verdadero milagro en materia electoral. Ya veremos si eso fue una “demostración increíble de votos y de civilidad”.

La tercera teoría o enfoque es el esbozado por Chávez, citado al inicio de estas reflexiones. Está claro que se sacó de la conducción del país a un partido absolutamente nefasto para el futuro nacional, pero estamos a años luz de habernos librado de sus prácticas malévolas. Por ello, hablar de “sana envidia” o de haber “resuelto el asunto sin ningún problema” son formas de desconocer los fondos y trasfondos de lo que acontece en Bolivia. Está claro que los políticos no pueden responder de otra forma que no sea con “mezquindad”, porque comprometieron sus acciones y su futuro a la entrega de dádivas y prebendas de todo tipo a aquellas fracciones de la economía nacional que viven del saqueo, la depredación, la destrucción de los bienes naturales y las funciones ambientales, de la apropiación de las rentas derivadas de estos bienes, despojando así en casi todos los sentido al pueblo boliviano de las bases mínimas indispensables para construir su futuro. Lo que hace este enfoque no solo es distorsionar, sino encubrir la realidad nacional.

El enfoque centrado en la informalidad y la economía delincuencial que hemos presentado se basa en los obstáculos estructurales al desarrollo y al futuro nacional. Los principales obstáculos estructurales que están actuando contra todos nuestros futuros promisorios posibles son el extractivismo, la informalidad, la economía delincuencial, la desinstitucionalización y, como corolario de corolarios, la pérdida progresiva y sistemática de la soberanía nacional, acelerada por una nueva corriente de entreguismo del futuro nacional.

Resulta absolutamente asombroso que todo este conjunto de fuerzas y factores que acosan al futuro del país y que se han constituido en las verdaderas trancas de todo progreso – y no solo el famoso “Estado tranca” que no es más que un segmento de las múltiples trancas que nos tiene sitiados– no sean tenidas en cuenta en nuestras reflexiones sobre la realidad nacional.

En Bolivia nos hemos acostumbrado a usar un cierto conjunto de categorías económicas, políticas, estatales, de justicia, etc. y a dar vueltas y revueltas a las mismas como si bastaran para comprender nuestra realidad. Estamos lejos de comprender que sería mucha, demasiada casualidad que en este nuestro mundo plagado de obstáculos estructurales las llaves del futuro se nos hubieran extraviado justo debajo del único haz de luz con el que nos tropezamos en medio de la oscuridad. Lo más probable o, más bien, ya lo obvio, es que las llaves de nuestro futuro se extraviaron en medio de esa tenebrosa oscuridad en que se ha convertido nuestro desconocimiento de la realidad y sus implicaciones patéticas sobre nuestro futuro.

Las realidades estructurales no deseadas, pero que fueron evolucionando y creciendo ante nuestras narices durante décadas (como la informalidad y la economía delincuencial) e incluso durante siglos (como el extractivismo) se han convertido en marcas o señas duras y pertinaces de nuestra realidad. Sin enfrentarlas y superarlas no tenemos ningún futuro. La imaginación no basta ni alcanza para hacer posible y viable ese futuro.

[1] ver, Diálogo en Panamericana, 25 04 2026 https://www.panamericana.bo/articulo/nacional/dialogo-panamericana-ypfb-tension-social-economia-nacional/20260427001456015784

[2] Ver, INFORMALES INDIGNADOS. Un país descubre sus estructuras profundas. https://yapukamani.blogspot.com/2021/11/informales-indignados-un-pais-descubre.html