29 julio 2026

¿ES POSIBLE REFORMAR EL ESTADO SIN ENCARAR LOS OBSTÁCULOS ESTRUCTURALES?

Análisis basado en entrevista a José Luis Lupo


Carlos Rodrigo Zapata C. (*)

El Deber ha publicado una entrevista con José Luis Lupo, actual ministro de la Presidencia, quien señala algunos rasgos que debería contener la reforma del Estado. [1] Lo más llamativo en este contexto es el hecho que Lupo se refiere a diversas falencias y la urgencia de superarlas, pero en ningún momento toca la cuestión capital que hace inviable el desarrollo económico, social y ambiental del país: los obstáculos estructurales.

Antes de pasar revista a sus planteamientos señalemos de modo sucinto en qué consiste la cuestión de los obstáculos estructurales. Sin pretender agotar esta problemática señalemos los principales obstáculos que bloquean continuamente nuestras posibilidades de desarrollo. Ello nos permitirá comprender, por ejemplo, que los bloqueos de carreteras que sufrimos ocasionalmente no son más que una manifestación circunstancial en comparación con el bloqueo nacional permanente que nos ocasionan los obstáculos estructurales.




Entre dichos obstáculos se encuentran el extractivismo depredador, la informalidad, la economía delincuencial con sus múltiples cabezas (narcotráfico, contrabando, explotación de oro, tala de bosques), la desinstitucionalización generalizada del aparato estatal y, como producto final generado por todos ellos, la pérdida progresiva de soberanía nacional. Este último obstáculo significa que ni siquiera contamos con la fuerza del Estado para poder defendernos de estos males. En ese marco, ni actuamos sobre las causas profundas de la debacle nacional y ni siquiera contamos con el instrumento indispensable para poder intervenir en todas las esferas que lo componen. Más fundidos no podemos estar.

¿Cómo han surgido dichos obstáculos, por qué no se les da la atención que requieren, por qué el ministro que está esbozando la reforma del Estado no los toma en cuenta? Son múltiples preguntas que quedan nuevamente sin responder, no solo ahora, sino desde siempre, pese al daño que producen: destruyen las bases del desarrollo, hacen inviable el futuro nacional.

Vayamos a la entrevista y destaquemos algunos lineamientos de política gubernamental propuestos por el ministro Lupo y analicémoslos brevemente. Habla de confianza, institucionalidad, de independencia de poderes, en fin, maneja un vocabulario que recuerda a reformistas de pura cepa, lo cual ya representa un cambio significativo en nuestro medio, acostumbrados a “meterle nomás”, sin tomar en cuenta el contexto histórico-estructural en el que nos hallamos estancados.

Principales propuestas de reforma del Estado

Señalemos las principales propuestas del ministro Lupo, pero destaquemos al mismo tiempo también sus limitaciones.

n   “Pasar de un Estado discrecional a un Estado institucional”, poner la institucionalidad en el centro de un proceso de reformas, es la carta más fuerte que Lupo pone sobre la mesa y la respalda con algunas reflexiones que señalan la vía que podría seguirse. Entre ellas destaca la necesidad de recuperar la institucionalidad del Estado y ponerla al servicio del ciudadano y menciona diversas medidas ya tomadas que atacan diversos aspectos de ese proceso de desinstitucionalización o, lo que viene a ser lo mismo, del uso del Estado para fines privados, de grupos o personas.

En este marco su aseveración más fuerte es la siguiente: “Durante demasiado tiempo fuimos acumulando excepciones, discrecionalidades y prácticas que terminaron naturalizándose. Cuando eso ocurre, las instituciones dejan de funcionar con reglas previsibles y empiezan a depender de decisiones coyunturales, intereses particulares o relaciones de poder. El Estado no puede funcionar así”.

Lo que Lupo está describiendo magníficamente, posiblemente sin tener plena consciencia de ello, es el proceso mediante el cual nacen los obstáculos estructurales a lo largo de dilatados periodos de tiempo y se constituyen en el verdadero drama del país. Si a esa “naturalización de las excepciones” a las que se refiere le agregamos el hecho que entretanto ya hay millones de ciudadanos que se han fabricado formas de vida y trabajo usualmente muy precarias para ganarse el sustento diario en esa atmósfera desinstitucionalizada, entonces ya tenemos claramente delineado el obstáculo estructural.

Eso significa que por la inmensa cantidad de gente que ya vive en el marco de unas “reglas discrecionales” habrá una gran resistencia a abandonar esas prácticas, de donde resulta la plena vigencia de este obstáculo estructural. Este es el caso de la informalidad que alberga al 85% de la fuerza laboral del país, equivalente a unos 6 millones de personas, y vive en el marco de sus propias reglas de relacionamiento e intercambio, al margen de las que señalan la constitución y las leyes.

¿De qué reglas y prácticas se trata? De vivir del contrabando, de ropa usada, de artículos pirateados (libros, videos, programas informáticos), de hacer caso omiso de las leyes, de no cumplir normas ambientales y un largo etcétera que incluye múltiples vínculos con la economía delincuencial y una inmensa dependencia de favores el Estado. Esta situación es producto en gran parte de las limitaciones de nuestro aparato productivo.

Lamentablemente ni el país, ni los dirigentes de los diversos sectores informales han dado señales de cómo cambiar este estado de cosas. Es crucial tener profundas conversaciones nacionales para auscultar las vías que permitan salir del laberinto en que nos hallamos. En la parte final de estas notas presento unos lineamientos que nos ayuden a reflexionar sobre la forma en que debemos enfrentar los obstáculos estructurales que ya se han apoderado de todo el país.

Parece nomás que el “punto de equilibrio” de la sociedad reposa sobre estas prácticas que dificultan enormemente todo progreso material. Si además se cuenta con múltiples promesas de prebendas de parte del binomio ganador de las elecciones nacionales y se tiene el voto de millones de informales siempre requeridos de favores del Estado, entonces nadie da ninguna señal que el país requiere cambios profundos.

De ese hecho se derivan a su vez dos obstáculos: la inmensa dificultad de institucionalizar el Estado y la gran complejidad de guiar a la sociedad por canales sostenibles. Sobre el primer punto vemos las enormes dificultades de proponer reformas adecuadas si es que no se toma en cuenta la realidad del país. Sobre el segundo punto es indispensable subrayar que todos debemos ganarnos el sustento diario sin depredar, sin destruir las bases del futuro. Pero si los recursos naturales renovables y no renovables son vistos como un botín indispensable para la subsistencia, mientras que los derechos y la sostenibilidad son percibidos como meros pretextos para impedir el acceso a fuentes de subsistencia, entonces estamos entre dos males espantosos: o depredamos o nos morimos de hambre.

Semejante dilema es resuelto por la vía de los diversos obstáculos estructurales señalados, es decir, tanto por los que optan por la explotación depredadora de los recursos, como por los que apuntan por la desestructuración institucional, cerrando de este modo las vías de un futuro sostenible.

Ahí es donde toda sociedad compromete su futuro que se va esfumando ante sus ojos sin poder hacer nada para impedirlo. Solo observar los millones de hectáreas desboscadas, el envenenamiento del agua por la actividad minera y el saqueo del patrimonio nacional por quienes lo explotan, son muestras que todos pueden observar, de las que todos pueden derivar un futuro desesperanzador.

Todo ello se debe a su vez a la ínfima productividad de las actividades informales, al extremo que su subsistencia depende de varias fuentes desestructuradoras de todo ordenamiento económico, legal e institucional: depende de su propia auto explotación y de sus familias, de incumplir las leyes, de sus múltiples vínculos con la economía delincuencial y de las prebendas y favores del Estado para poder subsistir. Cada una de estas fuentes de subsistencia es producto de la propia experiencia de los informales a lo largo ya de décadas, desde los tiempos de la reforma agraria cuando empezó a emerger el sector informal en nuestro medio a ritmo cada vez más acelerado como una manifestación estructural, ya no episódica o circunstancial.

n  Otra propuesta que es menester destacar en la entrevista con el ministro Lupo es relacionar la corrupción con oportunidades de corrupción antes que con comportamientos ético-morales, según el refrán “la ocasión hace al ladrón”. Este punto es importante, pues desplaza la discusión sobre la corrupción de valores a prácticas. Es más factible combatir la corrupción a corto y mediano plazo controlando los mecanismos que la facilitan, antes que poner el acento en cambiar sistemas de valores. No olvidemos la sentencia de Braudel, el historiador francés que decía que “las mentalidades también son presas de la larga duración”. La cuestión radica en comprender la dimensión, la escala, la profundidad en la que deberá actuarse para eliminar todas esas prácticas. Y aquí nos damos de bruces nuevamente con la omisión de los obstáculos estructurales.

Las prácticas que hay que desmontar son tantas y tan diametralmente opuestas a las que debe haber en un Estado razonablemente institucionalizado que da la impresión que no será posible ningún cambio. Eso es lo que las generaciones pasadas han hecho y nosotros seguimos repitiendo, incapaces de aprender del pasado. Eso es lo que destaca Lupo cuando dice que “durante demasiado tiempo fuimos acumulando excepciones, discrecionalidades y prácticas que terminaron naturalizándose…”. El hecho es que seguimos tolerando prácticas ajenas a todo nuestro ordenamiento legal, al punto que “meterle nomás” o “dejar hacer y dejar pasar” ya parecen ser las consignas generalizadas del país. 6 millones de informales no llegaron por accidente ni en un santiamén.

n   También aborda otro hierro candente del presente: las empresas públicas. En lugar de sumarse a esquemas en los que hay que privatizar todo o dejarlo todo como está, plantea un enfoque caso por caso. Lamentablemente el país está quebrado, razón por la que ese enfoque puede verse muy rápidamente cuestionado. Lo que Lupo nos está diciendo es que podemos seguir endeudándonos, ya que el déficit que generan todas esas empresas quebradas o deficitarias no se paga con promesas. Aquí no se entiende de qué modo aporta al fortalecimiento estatal ignorar esa realidad, sea que se considere el contexto estrecho, sin obstáculos estructurales, o el contexto catastrófico, con ellos. Por lo que se puede apreciar, aún estamos muy lejos de tomar al toro por las astas. Como la pátina del tiempo, todo huele a capitulación.

n   Otro punto significativo de Lupo es su énfasis en el profesionalismo, independencia y continuidad de las labores del Estado poniendo el acento en el mérito y los directorios profesionales. De este modo busca evitar que el Estado se convierta en un simple botín de los partidos que asumen la conducción del país. Es una buena intención, pero no se puede apreciar cómo se llenará ese vacío.

El hecho concreto es que a más de 8 meses de gestión se han cubierto todos esos cargos estratégicos en más de 17 instituciones públicas con personal interino, cuando esa opción debía ser la excepción (según los artículos 158, 159 y 172 de la CPE, Ley 164 y Ley 466 de empresas públicas), demostrando con ello que prefieren controlar y manejar de cerca a dicho personal estratégico antes que permitir que su desempeño responda a sus propios criterios. Esta práctica masista ha sido absolutamente nefasta, ya que al haber hecho de la excepción una norma no solo se ha puesto en duda la idoneidad de las autoridades interinas, sino que además se ha debilitado la función de independencia de estas instituciones del poder ejecutivo. El mismo discurso de la institucionalización se queda a medio camino. No basta con querer mejorar las cosas, eso ya no sirve. Lo que se requiere es cambiar el fondo y la forma de las cosas porque en Bolivia ambas están seriamente comprometidas.

Desde siempre, y aunque nos cueste admitirlo, casi todos piensan que al final del día es el Estado el ente que debe sacar las castañas del fuego, darle dirección y sentido al país, construir desde adentro de sí mismo lo que deberá ser Bolivia, pero por otra parte nadie cree que el Estado esté en condiciones de lograr algo así. Es, francamente hablando, una posición esquizofrénica, pero sigue siendo sensata, especialmente si la comparamos con las posiciones de anarquistas o de liberales de todo fuste que apuntan a hacer desaparecer el Estado, así sea a punta de dinamitazos, jurando que otros estamentos salvadores de la sociedad aparecerán súbitamente apenas el Estado se esfume.

Si tan solo hubiera una clase dirigente, una capa social dinámica y emprendedora, comprometida con la suerte del país en toda circunstancia, empeñada en formatear el país y sus instituciones y capaz de señalar hacia dónde debe marchar, como ha sucedido en muchas otras sociedades, ya podríamos imaginarnos un futuro sin Estado o con un Estado mucho menos absorbente, pero ese no es nuestro caso, también estamos muy lejos de ese escenario, por lo que el Estado sigue siendo nomás nuestro santo grial, el corazón de nuestras esperanzas.

n   Lupo asigna importancia decisiva a la institucionalidad como generadora de confianza, pero no nos dice mucho de cómo se construye la confianza y la institucionalidad y mucho menos de cuáles son los problemas de fondo que debe enfrentar. Para basar la reforma del Estado en la institucionalidad tendríamos que tener ideas claras sobre qué obstáculos enfrenta y qué resultados debe generar. Mientras las condiciones de producción y reproducción del 85% de la fuerza de trabajo permanezcan en el sector informal que vive de la desinstitucionalización en todos los ámbitos imaginables, no puede pretenderse convertir la institucionalidad en el motor de la reforma del Estado, pues ello significa simple y llanamente que primero hay que desarticular las reglas y prácticas que le dan vida al sector informal para poder avanzar.

Y eso significa que ya antes que una reforma de la institucionalidad imperante se requiere una revolución productiva. Dicho en pocas palabras: mientras no comprendamos nuestra realidad y, por tanto, no la podamos tomar apropiadamente en cuenta, ningún esfuerzo dará en el blanco, simplemente porque no sabemos hacia dónde hay que apuntar. Amplío esta temática en la sección del qué hacer.

Por todo ello, sin contar con un enfoque muy claro de cómo es posible generar confianza fortaleciendo las instituciones y sin contar con una estrategia que muestre cómo es posible lograr la transición de un Estado desinstitucionalizado a otro institucionalizado en el marco de las leyes aprobadas por la ALP no es posible ni imaginable que se logre ningún fortalecimiento institucional. En breve, lo que se requiere es decir cómo se desmantelarán, controlarán o desactivarán todos esos obstáculos estructurales, ya que los mismos se han convertido en el mayor reto a todo intento por institucionalizar el país. Lupo no nos da ninguna señal, simplemente parece obviar o desconocer estas cuestiones. Estamos sentados sobre explosivos de gran potencia y aún ni nos hemos percatado.

n   La posición de Lupo ante los bloqueos deja mucho que desear. Se señala en la entrevista que él estuvo de acuerdo con los diálogos y también con la idea de no sancionar a los bloqueadores, lo cual ya de por sí echa por tierra la importancia de la institucionalidad, pues ella no es posible en un ambiente en que a título de deudas pasadas se exime de encausar a los responsables de muertes y daños inmensos. Aquí se cae en la trampa del victimismo. Sin reconocer la igualdad ante la ley, tanto en materia de derechos, como de deberes u obligaciones, no es posible ninguna institucionalidad.

Parte de nuestra propia tragedia radica en la pervivencia de graves violaciones a los derechos humanos. Pero ello no puede significar que a cuenta de violaciones pasadas se asuma una libertad para delinquir o que ello justifique no poner límites y sancionar a los responsables. La sociedad tiene el deber de reconocer que hay cuentas pendientes con el pasado, por ello considero que es crucial encarar una catarsis nacional que nos ayude a reconstruir la memoria colectiva, a reconocer esas cuentas, a pedir perdón por los agravios pasados y a buscar por todos los medios formas de reconciliación, pero también tiene que ponerse límites claros a los atentados. Sin ello, nos quedamos presos del pasado. Los delitos cometidos por los bloqueadores no pueden quedar en la impunidad, mucho menos debido a la gravedad de las consecuencias ocurridas. De otro modo, eso ya significaría capitular como Estado y como sociedad.

n   Lupo también se ha referido a lo que ha denominado “Estado estratega”. Dice que “confundimos el tamaño del Estado con la fortaleza del Estado” cuando no son lo mismo. Dice que “un Estado no es más fuerte porque tenga más empresas, más oficinas o más funcionarios. Es más fuerte cuando funciona, planifica, regula bien, supervisa y exige resultados. Cuando protege los recursos públicos, brinda servicios de calidad y cuando tiene la capacidad de pensar más allá de la coyuntura”. Suena bien.

El drama empieza cuando observamos que no existe ningún diagnóstico más o menos integral de la problemática nacional. ¿Cómo podría tener “la capacidad de pensar más allá de la coyuntura” un Estado que no comprende los obstáculos estructurales a los que debe enfrentarse y que no conoce razonablemente bien la realidad a la que le toca enfrentarse? Tiende a convertirse en un aliado estratégico de las fuerzas adversarias, por error, acción u omisión.

¿Qué hacer, cómo afrontar los obstáculos estructurales?

¿Es posible algo así? La tarea es compleja, pero nunca podremos saber cuán compleja es si no intentamos resolverla. Tratar de delinear en un breve espacio esta tarea es sin duda una osadía, pero sería peor limitarnos únicamente a un diagnóstico demoledor centrado en señalar las condiciones de imposibilidad del cambio estructural en Bolivia. Señalaré algunas líneas estratégicas que considero imprescindible tomar en cuenta.

¿Por dónde empezar, dónde poner el acento?

Los obstáculos estructurales se presentan en tropa, donde cada componente resulta más problemático que el otro. Por ello, es crucial justificar claramente por dónde empezar para derribar a este monstruo de varias cabezas.

Es importante señalar que existe una secuencia histórica en el surgimiento de los obstáculos estructurales. Dicha secuencia no es casual, responde a un orden estricto, donde los primeros obstáculos sirvieron de apoyo a los siguientes. El hecho es que entre unos y otros se fueron estableciendo vínculos cada vez más estrechos, al punto que las condiciones de producción y reproducción de unos y otros se hallan al presente fuertemente anidadas en los otros. Eso significa que es crucial tomar en cuenta los orígenes de toda esta historia de desviaciones para identificar el punto crítico en que deben centrarse inicialmente los esfuerzos de transformación de este estado de cosas. Sin lograr resultados tangibles en plazos relativamente perentorios, será muy difícil entusiasmar al país con un futuro prometedor.

El extractivismo, como la madre de las desviaciones y la emergencia de los obstáculos estructurales, es sin duda el primer candidato a ser objeto de toda clase de ajustes y transformaciones. No obstante, estaríamos cortando toda oportunidad de construir un proceso de transformaciones viable, ya que hoy por hoy el país vive del extractivismo, entendido como el conjunto de modos depredadores de explotación de los bienes naturales irrespetando el medio ambiente, causando graves daños a las funciones ambientales. La tarea esencial en este caso es prohibir toda forma de explotación que lesione el medio ambiente. Evitar el descalabro total, debe ser la consigna. Otros aspectos deberán ser encarados una vez se haya debilitado significativamente su función de generación de medios y recursos al margen de toda norma y buena práctica.

Nuestro siguiente candidato es la informalidad, ya que históricamente es el siguiente de los grandes obstáculos que ha entrado en escena. El origen de la informalidad radica en su ínfima productividad, situación que la ha llevado a la necesidad de valerse de todos los medios imaginables para satisfacer sus necesidades, incluso a usar los vínculos con depredadores y los favores del Estado como “factores de producción”. Todo ello se debe a su vez al hecho que una parte significativa de la población laboral nunca tuvo los medios a su disposición para poder desarrollar actividades productivas de mayor rendimiento. En este caso debe centrarse la atención en reducir drásticamente los vínculos entre la informalidad y la economía delincuencial, ya que los mismos se han constituido en formas de retroalimentación y fortalecimiento de ambos obstáculos estructurales. A su vez, ambos obstáculos se han convertido en los principales tributarios del proceso de desinstitucionalización nacional, por lo que un proceso de reforma de gran calado debe apuntar a reducir y limitar su incidencia, lo cual debe suceder en paralelo a la puesta en marcha de medidas para fortalecer el aparato productivo y apoyar específicamente a los informales. La confianza en la institucionalidad recién se podrá recuperar cuando se pueda apreciar que las fuerzas que la quiebran y vulneran se hallan sometidas a un profundo proceso de transformación.

La economía delincuencial ha emergido a su vez en un ambiente en el que ya muchas precondiciones habían ganado terreno, de modo que instalarse y sacar provecho de todo ese proceso de desestructuración ya resultó una tarea relativamente más simple. Su aporte a la consolidación de los obstáculos estructurales radica en sus métodos que se orientan a la maximización de rentas y al uso de la violencia. Este sector por su propio poder se ha convertido en el eje estructurador del conjunto de obstáculos estructurales que están destruyendo el futuro nacional. Todo intento de combatir directa y abiertamente a esta economía se traducirá en violencia y escasos avances. Por ello, es primordial reducir sus lazos de complementación y dependencia mutuos tanto con el extractivismo como con el sector informal.

La desinstitucionalización y la pérdida progresiva de soberanía ya aparecen como consecuencia de los demás obstáculos. En este punto es primordial señalar que existen muchos otros obstáculos estructurales en Bolivia, pero por su origen y consecuencias están más limitados o restringidos a sus propios ámbitos. Entre ellos cabe mencionar los casos de educación, justicia y transporte.

Estrategia centrada en la transformación del sector informal

Requerimos una estrategia de corto, mediano y largo plazo para desarticular los nudos que se han establecido entre los diversos obstáculos estructurales, pero centrada en el sector informal:

Desincentivar las prácticas que retroalimentan a los diferentes obstáculos estructurales.

Fortalecer al sector informal que procura el sustento familiar, pero tiene graves limitaciones para hacerlo, razón por la que se vale de todo medio que encuentre.

Desarrollar una gran acción combinada entre fortalecimiento del aparato productivo local, regional y nacional y apoyo directo a los informales. La misión radica en mejorar significativamente la productividad en actividades alejadas del extractivismo y los vínculos con la economía delincuencial.

Dicho todo esto, el punto de partida está en el sector informal, debido a que:  

Es la expresión de una historia de descuido y desatención, pero especialmente por el hecho que los informales se han convertido en los principales “consumidores” de las desviaciones y tergiversaciones a las que han dado lugar los obstáculos estructurales, o sea, a la desinstitucionalización y, mediante sus vínculos con la economía delincuencial, al contrabando y a todas las formas de depredación y saqueo de los bienes naturales.

La informalidad está primordialmente centrada en satisfacer sus necesidades de subsistencia y no en la acumulación desmedida de riqueza por cualquier medio. Este hecho señalaría una mayor propensión a introducir cambios en su comportamiento, siempre y cuando pueda acceder a condiciones propicias para hacerlo.

La informalidad es producto de la muy exigua productividad de sus operaciones, lo cual se debe a los limitados medios que históricamente ha tenido a su disposición, así como a la magra estructura productiva imperante en el país. Ello significa que, si se logran superar esas limitaciones, se le podrá restar al informal muchas razones para mantenerse en las filas de la informalidad.

Estos pasos requieren trasformaciones profundas:

La primera debe consistir en reformatear el Estado de arriba a abajo para pasar de un Estado burocrático especializado en producir trabas que no son más que trampas para la corrupción, a un Estado proveedor de bienes y servicios públicos y colectivos;

Estos bienes y servicios tendrán la doble misión de contribuir a poner en valor múltiples potenciales repartidos a lo largo y ancho del país, así como de complementar los recursos de los informales para elevar sus rendimientos y niveles de vida en plazos significativamente cortos;

Reconocer que los informales por su larga experiencia y trayectoria en la tarea de ganarse el sustento en condiciones de extrema precariedad se han constituido en la vanguardia de los emprendedores que tiene el país. Una cosa es dar la pelea de la vida con los brazos amarrados, otra muy distinta es contar con toda la fuerza que tiene cada uno.

Conclusiones

Concluyamos este recuento. Confieso que la entrevista al ministro Lupo me ha interesado mucho más desde una perspectiva pedagógica como forma de ejemplificar lo que a estas alturas del desgarre nacional no basta para cambiar el estado de cosas imperante. Eso significa que me he permitido tomar el ejemplo del ministro Lupo, sin duda un profesional respetado en múltiples esferas, para mostrar las profundas debilidades que azotan a nuestra sociedad. Tengo el pleno convencimiento que desconocemos nuestra realidad y que aun cuando procuramos movilizar todas nuestras capacidades y experiencias, nos tropezamos una y otra vez con el mismo drama: no entendemos lo que acontece en Bolivia o, peor aún, preferimos desentendernos de todo ello.  

El problema mayor radica en limitarnos casi exclusivamente a la problemática coyuntural y en desconocer muy ampliamente los obstáculos estructurales que nos tienen contra las cuerdas. Tengo algunas hipótesis explicativas acerca de las causas o razones por las que ello ocurre.

−   La primera es que nunca hemos realizado diagnósticos profundos y exhaustivos de nuestra realidad. Datos estadísticos, análisis de coyuntura, incluso recuentos históricos centrados en eventos de corta duración no cubren la necesidad de sendos diagnósticos de la problemática nacional. Nunca hemos intentado una historia de nuestras estructuras. Si bien es cierto que nunca es posible una comprensión plena de la realidad y que siempre habrá personas y grupos que prefieran aferrarse a sus propias verdades, el hecho definitivo es que una sociedad incapaz de converger en un conjunto relativamente amplio de diagnósticos no puede desarrollar un lenguaje común, lo cual le impide o dificulta enormemente el diálogo y el consenso. Sin ello no hay ni puede haber visiones de desarrollo promisorio ni proyectos de vida compartidos.

   La segunda es que los cuadros o imágenes públicas que ponen en evidencia la plena vigencia de los obstáculos estructurales los hemos naturalizado e internalizado a tal extremo que ya nos parecen parte usual del paisaje nacional, razón por la que ya ni nos llaman la atención. Por ejemplo, la ciudad de El Ato se ha convertido en un gigantesco toldo que alberga a decenas de miles de vendedores, práctica que la vemos como natural o propia de nuestros usos y costumbres, cuando en realidad se trata de una manifestación extrema de un obstáculo estructural que bloquea nuestro propio progreso.

−   Una tercera hipótesis se refiere al hecho que la corrupción se ha generalizado al extremo que se ha institucionalizado: en unos casos se puede pagar por evitar sanciones, pero en otros hay que pagar por fallos favorables a quien tiene la razón o para lograr resultados en plazos razonables, etc.

    Una cuarta hipótesis se refiere a la ausencia de un compromiso serio y profundo con la patria, con su construcción, su defensa, engrandecimiento. Ese compromiso es muy difícil de asumir en una sociedad escindida, incapaz de valorar y respetar a toda su población.

Sin conocimiento adecuado de nuestra realidad, sin un diagnóstico común y compartido, sin identificar plenamente la vigencia de los obstáculos estructurales en todas las esferas de nuestro acontecer nacional y sin señalar claramente la secuencia en que debemos encarar esos problemas, o sea, sin un compromiso serio y rotundo con nuestro futuro, sin vernos como artífices o constructores de nuestra propia patria, no podremos superar el estado de indefensión en que nos hallamos.

Estamos impedidos de velar por nuestro propio futuro debido a la existencia de una coraza conformada por múltiples capas de problemas que nos resistimos a ver, reconocer o admitir. Tenemos el presente que históricamente nos hemos fabricado paso a paso. Es tiempo de fabricarnos el futuro que ansiamos.

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(*) Economista, experto en planificación territorial y gestión de riesgos, Catedrático de “Desarrollo del Capitalismo” (UMSA, 2017). La Paz

[1]  José Luis Lupo: “Bolivia necesita recuperar confianza y la confianza es probablemente el recurso más escaso”

https://eldeber.com.bo/pais/jose-luis-lupo-bolivia-necesita-recuperar-confianza-confianza-probablemente-recurso-escaso_1784489167

 


17 junio 2026

El día después de los bloqueos
ES HORA DE GANARNOS EL DERECHO AL FUTURO

 

Carlos Rodrigo Zapata C. (*)

“Sociedades como las nuestras que por [ser tan] “abigarradas” no pueden, según Zavaleta, conocerse a sí mismas o están bloqueadas por su heterogeneidad perceptiva”.

Jorge Lazarte, Prólogo a “Clases Sociales y Conocimiento” de René Zavaleta (1988)

 

RESUMEN

La crisis que atraviesa Bolivia no puede entenderse únicamente como resultado de problemas coyunturales, errores gubernamentales o disputas por recursos. Los bloqueos recientes constituyen una manifestación visible de problemas mucho más profundos históricamente acumulados que han ido configurando múltiples formas de bloqueo al desarrollo nacional. Puede decirse que los bloqueos ya están instalados en nuestras estructuras, sólo que esta vez han eclosionado hasta alcanzar las capas superficiales.

El drama de la sociedad boliviana es que aún no ha identificado claramente cuáles son los problemas que bloquean su desarrollo. Ello no solo impide comprender su problemática y desarrollar un lenguaje común que nos permita encarar nuestra problemática, sino que impide forjar pactos y consensos sociales, identificar las soluciones más convenientes y diseñar las políticas más pertinentes para hacer realidad la (re)construcción de nuestro país. Sin encarar todo ello, es imposible que podamos forjar una visión nacional o establecer un horizonte común de desarrollo.

Para poder identificar y comprender el estado de nuestra situación actual es esencial elaborar un diagnóstico común y compartido, serio y profundo de la problemática nacional a cargo de todos los actores relevantes de la sociedad, tales como partidos, entidades subnacionales, organizaciones sociales, cívicas, académicas, culturales, instancias gubernamentales, etc. Sin dicho diagnóstico, sin comprender las causas profundas de nuestro estancamiento, estamos absolutamente incapacitados de ir a ninguna parte.

Este trabajo centra su atención en la identificación de los principales problemas que podrían derivarse de la elaboración colectiva de ese diagnóstico profundo de la problemática nacional al que nos hemos referido. En este sentido, presenta la situación actual del país como resultado de la acumulación de una diversidad de obstáculos estructurales que limitan la capacidad del país para construir un destino común. Entre dichos obstáculos destacan principalmente el extractivismo depredador, la informalidad, la expansión de economías ilícitas, la desinstitucionalización, la pérdida progresiva de soberanía nacional efectiva y las fracturas sociales vinculadas al racismo y al desencuentro histórico entre sectores de la sociedad. Sin superar esos y otros obstáculos Bolivia no tiene ninguna oportunidad de construir su propio rumbo hacia su progreso y prosperidad.

En este marco, surge la pregunta acerca del modo más efectivo de comprometer históricamente a la sociedad boliviana con el rumbo a seguir y con la forma de refrendar sus pactos y consensos. Este trabajo propone recurrir a la “función de orientación” de la Constitución, esto es, a la función que establece las directrices estratégicas fundamentales que se propone seguir todo país que pretende perdurar en el tiempo y constituirse en un miembro valioso y apreciado de la comunidad mundial.

En este sentido, en este trabajo presento los principales obstáculos estructurales que bloquean el desarrollo nacional que un diagnóstico serio y profundo podría identificar como la tarea común y central de toda la sociedad, situación que nos obligaría a concentrar todas nuestras capacidades y recursos en la superación de dichos obstáculos estructurales.

Al incluir los obstáculos estructurales en la Constitución se lograría que el conjunto de la sociedad tenga claro qué obstáculos enfrenta y qué tareas debe asumir para salir del pantano en que nos hallamos, lo cual a su vez haría innecesario que los partidos políticos presenten programas que no se hallen sólidamente sustentados por diagnósticos apropiados.

Una misión adicional que se señala en este trabajo es la de realizar una catarsis nacional centrada en la recuperación de la memoria colectiva relacionada con la historia de ofensas y discriminación que sufrieron los pueblos originarios de nuestro país. Sin encarar las causas que provocan tanta polarización en la sociedad boliviana tampoco lograremos convertir la crisis actual en una oportunidad histórica para ganarnos el derecho a construir nuestro futuro.

  

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El día después de los bloqueos

ES HORA DE GANARNOS EL DERECHO AL FUTURO

Carlos Rodrigo Zapata C. (*)

“Sociedades como las nuestras que por [ser tan] “abigarradas” no pueden, según Zavaleta, conocerse a sí mismas o están bloqueadas por su heterogeneidad perceptiva”.

Jorge Lazarte, Prólogo a “Clases Sociales y Conocimiento” de René Zavaleta (1988)

Bolivia se ha fabricado un tenebroso laberinto a lo largo de sus dos siglos de vida independiente, basado en su largo pasado colonial y desastrosamente ahondado en los últimos 20 años. Esto indica que la problemática nacional tiene raíces profundas, por lo que urge entender los orígenes y las causas que han conducido a ella y las vías a seguir para formular soluciones de fondo en los plazos más reducidos posibles. Para ello es fundamental comprender la crisis terminal en que nos hallamos como fuente esencial de conocimiento de la sociedad total. [i]

1. Los bloqueos: hechos, causas. Las deficiencias gubernamentales son manifestaciones superficiales de graves problemas históricamente acumulados

Empecemos con un cuadro que presenta el dramatismo de la hora de cuerpo entero. Un candidato que gana la silla presidencial ofreciendo prebendas de todo tipo sin presentar un diagnóstico mínimo de la problemática imperante en Bolivia y unos bloqueadores radicales que exigen la renuncia del presidente por incumplimiento de esas prebendas en plazos perentorios nos dan una primera idea del laberinto en que nos hallamos.

Si a ello añadimos que los bloqueadores no son capaces de decir qué idea de desarrollo tienen en mente o cuáles serían las bases indispensables para mejorar significativamente sus condiciones y oportunidades de vida, nos encontramos con una síntesis pavorosa de las formas en que se manifiesta nuestra tragedia en los momentos actuales.

Lo más grave en este contexto es que Bolivia también se halla desafiada por fuerzas delincuenciales ligadas primordialmente al narcotráfico. Informaciones iniciales dan cuenta de múltiples indicios que van en esa dirección, tales como gente armada, bloqueadores pagados, incautación de grandes sumas de dinero en áreas de bloqueo, múltiples amenazas y chantajes de dirigentes de diversas organizaciones a sus “bases” para que se sumen a los bloqueos. Las directrices provenientes del expresidente Morales, actualmente prófugo de la justicia, confirman dicha participación.

Esta breve presentación de los bloqueos que ya duran 47 días y obstruyen el normal desenvolviendo del país busca retratar el momento actual como íntimamente vinculado a una serie de obstáculos estructurales que se señalan más adelante.

La intención de estas notas apunta a reflexionar sobre lo que debería suceder el día después que logremos superar este momento espantoso. Sin comprender aspectos básicos de nuestra realidad y sin ponerlos en el centro de nuestra atención no solo que no podremos ir a ninguna parte, sino que además dejaremos las puertas abiertas de par en par para volver por las mismas vías desgraciadas por las que hemos llegado hasta aquí.

Por lo que podemos apreciar, los bloqueos que siguen activos en diversos puntos del país son producto de estructuras profundamente distorsionadas que se han instalado en el país a lo largo de su existencia y buscan denodadamente prolongar y perpetuar los espacios que han tomado en él. Dichas estructuras funcionan con lógicas completamente ajenas a las que suelen primar en una sociedad y un Estado que apunten a construir un destino común basado en reglas respetadas por todos. [ii]

El drama mayor es que los actores fundamentales de nuestra sociedad dan muestras claras de no comprender nuestra realidad, por lo que no puede esperarse que puedan encarar su problemática y contribuir a construir un norte común.

Con semejante trasfondo, ¿cómo podríamos contar con un lenguaje común que nos permita dialogar y llegar a consensos si vivimos de desencuentro en desencuentro y basamos nuestra comprensión del otro en prejuicios, ideas superficiales o sucesos del momento?

La orfandad nacional es descomunal. Da la impresión que recién estuviéramos descubriendo un mundo repleto de obstáculos de toda clase, en el que cada quien se las arregla como sea con las trabas que le toca enfrentar para poder seguir (sobre)viviendo en este nuestro espacio, pésimamente organizado y gestionado desde sus orígenes. Ese “arréglatelas como sea” no significa otra cosa que “desinstitucionalización”, una práctica en la que todo vale y que a estas alturas ya se ha convertido en otro obstáculo estructural inmenso a nuestro desarrollo, pero que resulta muy conveniente para las nuevas estructuras que han emergido a lo largo de mucho tiempo hasta apoderarse de nuestro horizonte.

Por todo ello y en el entendido que Bolivia no puede pasar de largo este episodio macabro y que debe enfrentar sus profundas fallas estructurales con gran entrega y convicción, es que comparto estas reflexiones centradas en el día después a este atraco a la nación boliviana que estamos viviendo, lo cual no significa pasar por alto la manera de encarar la resolución de la crisis actual, ya que de ello dependerá en grado significativo la posibilidad de encarar la resolución de las fallas estructurales que ahogan a nuestro país y que han salido a relucir tan escabrosamente en las últimas semanas.

En este marco es oportuno recordar el pensamiento de Kant quien en sus reflexiones sobre “La paz eterna” recomendaba que “en medio del fragor de la contienda aún debe quedar algún resto de confianza en el modo de pensar del adversario, pues de otro modo … cómo podría creerse que éste aún respeta algún principio o norma ética de convivencia, cómo podría confiarse en su intención de una paz futura”. [iii]

2.      Bolivia está bloqueada histórica-estructuralmente: Los obstáculos estructurales, el racismo y la mafiocracia constituyen el fondo sobre el que acontecen las cosas

¿Qué hacemos frente al desmadre que tenemos entre manos y amenaza con hacer volar por los aires lo poco o mucho logrado en 200 años de vida independiente? Dadas las circunstancias que rodean el acontecer nacional observamos que nos hallamos jugando nuestras últimas cartas y nuestra historia de fracasos nos dice que esta vez no podemos fallar porque eso puede significar la liquidación de nuestra patria.

Los peligros que nos acechan radican en la existencia de fuerzas infames que buscan apoderarse del destino de la nación, fuerzas que no aparecieron hoy y ni siquiera en los últimos tiempos, sino que vienen desde muy atrás. No sé si alguien se ha puesto a pensar qué significa perder el suelo patrio, convertirse en un ser errante que divaga por un mundo cada más insensible, sin piso ni norte que lo sustente. Es ahora que debemos reaccionar antes que nuestra propia ineptitud o esos poderes abyectos den fin con nuestros sueños y esperanzas. El juego con repetición, es decir, el ensayo y error hasta aprender, se terminó. Es ahora o nunca que debemos encarar la reconstrucción de nuestra patria desde sus mismos cimientos. Estamos advertidos.

Para ello es primordial identificar los colosales problemas a los que nos enfrentamos e identificar las directrices que nos ayuden a definir un rumbo claro que nos traiga paz, progreso y prosperidad para todos. En este marco, Bolivia tiene el deber de establecer un pacto común centrado, primero, en identificar las raíces de los obstáculos que bloquean nuestro desarrollo y, segundo, en definir un norte común y compartido que apunte a superarlos. Sin establecer estos pilares fundamentales tampoco podremos construir ese lenguaje común al que nos referíamos, ya que sin él tampoco podremos construir un destino común deseable y viable para todos.

Considero que este inmenso desencuentro es producto de la falta de un estudio permanente de la misma y de la elaboración objetiva de diagnósticos amplios e integrales de nuestra problemática nacional que no se limiten a asuntos coyunturales y superficiales, a hechos o sucesos del momento, sino que vayan al fondo de las cosas, a sus dimensiones histórico-estructurales. 

La narrativa histórica boliviana es rica en sucesos anecdóticos, pero carece de historias de sus estructuras, situación que nos impide comprender las raíces de nuestro pasado. Encarar esa tarea nos ayudará no sólo a descubrir dónde equivocamos los caminos, sino que además nos permitirá por primera vez en nuestra historia empezar a hablar un mismo lenguaje, el que hace posible un entendimiento común. Un pueblo que no es capaz de identificar sus problemas comunes fundamentales está incapacitado de poder llegar a acuerdos sobre su futuro.

Considero que las vías hacia un desarrollo próspero que beneficie a todos se hallan bloqueadas debido a la emergencia histórica de diversos obstáculos estructurales.

En este trabajo nos hemos propuesto presentar de modo preliminar los principales obstáculos estructurales, dejando claramente señalado que consideramos que la identificación de esos obstáculos debe provenir de un diagnóstico elaborado por todas las fuerzas viva del país y sus actores fundamentales, ya que es el convencimiento común acerca de los problemas fundamentales el medio que nos permitirá contar con un lenguaje común, básico para poder dialogar y llegar a grandes consensos nacionales que sean perdurables en el tiempo.

En este marco, considero que los obstáculos estructurales que se presentan a continuación son indispensables para comprender los alcances de la debacle nacional y la urgencia de ponerlos en el corazón de la atención nacional.

Dicho todo ello, concentrémonos en los principales obstáculos estructurales que bloquean el desarrollo nacional:

·     el extractivismo depredador

·     la informalidad

·     la economía delictiva con sus diversas ramificaciones

·     la desinstitucionalización

·     la pérdida progresiva de soberanía nacional.

Existen también otros obstáculos estructurales incrustados en la matriz productiva, la justicia, la educación, el cuidado del medio ambiente, los costes de transporte, la geografía, etc., pero estos obstáculos estructurales están ampliamente determinados por los mencionados inicialmente, de modo que si queremos desmontar la maraña de obstáculos que nos mantiene estructuralmente bloqueados debemos empezar por superar inicialmente las prácticas y métodos que sostienen a los primeros.

¿Por qué son obstáculos y por qué son estructurales? Son estructurales debido a que amplios sectores de la población dependen sustantivamente de las prácticas y métodos utilizados en cada uno de los ámbitos de actividad mencionados para satisfacer sus necesidades. Son obstáculos debido a que las prácticas y métodos usualmente utilizados en cada uno de esos ámbitos son de corte ilegal, depredador, delincuencial o extremadamente precario, rasgos que constituyen por sí mismos formas de limitar o bloquear el desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad.

Dicho de otro modo: satisfacer necesidades humanas generando una amplia gama de cargas y costes económicos, sociales, ambientales y estatales impide la reproducción sostenible de las condiciones que hacen posible justamente dicha satisfacción de necesidades. Esas cargas constituyen un coste creciente para la sociedad y más aún para las nuevas generaciones, puesto que para plasmarse requieren de una amplia gama de prebendas, concesiones, excepciones y autorizaciones que muchas veces solo son posibles violando los marcos legales existentes y atentando contra la base material de la sociedad. Ello significa que la generación y la reproducción de los obstáculos estructurales están orgánicamente relacionados con diversas formas de violación del ordenamiento establecido, lo cual a su vez solo es posible recurriendo a grandes dosis de corrupción. Todo este conjunto de prácticas, urgencias, dependencias e interrelaciones conforma una poderosa valla al desarrollo nacional.

A ello aún debemos añadir los costos anuales que debemos asumir año tras año para reducir los impactos negativos que ocasionan los obstáculos estructurales, sea para gestión, prevención, reparación o mitigación. Si solo el “Estado tranca” nos cuesta anualmente 6% del PIB, según estimaciones del actual gobierno, ¿cuánto nos cuestan todos los obstáculos identificados en este trabajo?

Una primera aproximación nos señala que estaríamos destinando cerca del 25% del PIB para superar las consecuencias negativas derivadas de todos los obstáculos estructurales mencionados a fin de poder sostener nuestras precarias condiciones de vida. Dicho de otra manera: Bolivia no solo se ocupa de producir bienes y servicios, sino que además debe destinar cada año una fracción muy alta de su esfuerzo nacional para contrarrestar los impactos negativos derivados de los diversos obstáculos estructurales, de modo que para impulsar el crecimiento del ingreso nacional queda el restante 75% del PIB, lo cual significa que estamos más o menos condenados al estancamiento.

Esta categoría de gasto –la que registra los costos relacionados con la superación momentánea derivada de los obstáculos estructurales mencionados– no está incluida expresamente en nuestros registros macroeconómicos. Solo pensar en los costos salvajes que nos están deparando los bloqueos a los que estamos sometidos nos da una idea de la importancia crucial de identificar muy claramente esta categoría de empobrecimiento nacional.

En síntesis, una sociedad que ha permitido el surgimiento de una diversidad de obstáculos estructurales y se halla constantemente expuesta a los mismos está impedida de progresar por las cargas y costos que genera, razón por la que no cuenta con las condiciones indispensables para construir su futuro.

Veamos a continuación algunos rasgos de los principales obstáculos estructurales. Tratar en detalle todos estos obstáculos significaría elaborar sendos estudios para mostrar sus raíces y sus alcances en toda su extensión, tarea que debe ser asumida por equipos de expertos y por toda la sociedad.

El EXTRACTIVISMO es el obstáculo más antiguo, pues viene desde la colonia. La explotación de los bienes naturales renovables y no renovables sin respetar la sostenibilidad de los procesos ni al pueblo que es propietario del patrimonio nacional se halla en la base de este modo de explotación depredador. Un país que no cuida ni protege sus recursos está condenado a perder las bases o fundamentos de su propio futuro.

El SECTOR INFORMAL es producto histórico de un sinfín de carencias que sufren amplios sectores de la población y de sus formas y maneras de ganarse el sustento básico. Al no encontrar puestos de trabajo en las ciudades ni contar con los medios de producción que les permitan ejercer actividades por su cuenta los informales se vieron en la obligación de construir amplias tramas de interrelaciones y formas de acceder a dichos medios, recurriendo a múltiples formas de violar los marcos legales, ambientales, éticos y de prudencia económica. Si hoy los llamamos “cuentapropistas” es porque lograron acceder a los medios que les permiten ganar el sustento diario, aunque a un nivel muy precario debido a los muy bajos niveles de productividad que los caracterizan. Así nació y se forjó el sector informal que hoy alberga al 85% de la población laboral en Bolivia, el mayor del mundo. La informalidad también se caracteriza por la evasión impositiva y la proliferación de normas de excepción. Si consideramos que los impuestos representan el precio de construir una sociedad civilizada (basada en leyes) y el costo de labrarse el futuro (para proveer una amplia gama de bienes y servicios públicos y colectivos), podemos decir que Bolivia no muestra mucho interés en acceder a esas conquistas, especialmente si tenemos en cuenta que aprox. 3500 grandes contribuyentes aportan con no menos del 80% de las recaudaciones totales que obtiene el país, en circunstancias en que el país tiene aprox. 340.000 empresas registradas, la gran mayoría unipersonales que son manejadas por “cuentapropistas”. La informalidad se ha convertido en sinónimo de desinstitucionalización y de requerimiento de prebendas, indispensables para asegurar el sustento diario, muchas de las cuales implican violaciones al ordenamiento jurídico del país.

La ECONOMÍA DELINCUENCIAL nació básicamente como forma de acumulación rápida de fortunas y siempre de la mano del Estado que por acción, omisión o inoperancia ayudó a sentar las bases de dicha economía que hoy cuenta con múltiples ramificaciones, tales como el contrabando, el narcotráfico, la explotación depredadora del oro, la tala ilegal de bosques, etc. Hoy está empeñada en reproducir las bases que les permitieron a estas actividades implantar sus métodos de expoliación nacional. Por su capacidad de atraer a porciones significativas de la fuerza laboral se retroalimenta de fuerza de trabajo informal, situación que muestra la mutua imbricación que tienen estas actividades como obstáculos al desarrollo.

La DESINSTITUCIONALIZACIÓN viene a ser un obstáculo emergente, producto de todas las formas de violar los marcos legales e institucionales a lo que contribuyen todos los obstáculos estructurales. Este obstáculo muestra que los marcos legales y constitucionales vigentes resultan en muchos casos simple papel mojado porque no existen las condiciones para hacerlos cumplir. Hablar de que “todos somos iguales ante la ley” en circunstancias en que coexisten diversas lógicas y reglas resulta una gran aberración.

La PÉRDIDA PROGRESIVA DE SOBERANÍA NACIONAL es otra propiedad emergente de la formación social en Bolivia, producto de todas las formas de violar los marcos legales existentes sin que exista la autoridad ni la capacidad para hacer respetar la soberanía. El control de territorios al margen de la acción del Estado y los bloqueos que incluyen la destrucción de la economía de la gente pobre que vive al día y de los empresarios que invierten ahorros y dedican su esfuerzo para desarrollar sus empresas, así como la convulsión de la vida nacional e incluso la muerte de gente inocente impedida de desplazarse a donde requería trasladarse, son otras manifestaciones de estos obstáculos estructurales en acción que bloquean toda construcción viable y sostenible de nuestro futuro.

La otra vía que está minando la soberanía y destruyendo todo el tejido social boliviano radica en la emergencia de una MAFIOCRACIA que promueve la economía delincuencial y que estaría particularmente involucrada en los atentados que al presente está sufriendo la patria boliviana. Esta situación muestra el grado y la medida en que se ha permitido que proliferen diversas estructuras al margen del ordenamiento legal e institucional del país. Dicho de otro modo: a la superación de los obstáculos estructurales se añade este otro problema de gran envergadura.

En estos días aciagos en que el país está sometido a un ataque por parte de bloqueadores radicales que se valen de la pobre economía del pueblo más vulnerable para presionar y chantajear al mismo gobierno para imponer sus exigencias, podemos ver los BLOQUEOS como otro tipo de obstáculo estructural que nos empobrece y nos impide hacer realidad nuestros planes y proyectos. Este obstáculo responde a la definición dada de obstáculo estructural y se explica por la frecuencia con que los diversos sectores sociales recurren a este medio destructivo para imponer exigencias. [iv]

La cadena de quiebras y perdidas que está desatando este ataque a la nación boliviana es único e inaudito. La denuncia del sector turístico es por demás elocuente: ya a estas alturas del año se quedaron prácticamente sin turistas por el resto del año debido a que la casi totalidad de reservas fueron canceladas. Los bloqueos apuntan a llevar a rastras al país y la sociedad hacia el abismo y todo para seguir alimentando el monstruo de los obstáculos estructurales y de los intereses que los han prohijado.

Es oportuno destacar que unos obstáculos estructurales han ido abriendo brecha para la emergencia de otros obstáculos, partiendo del extractivismo, ya desde la colonia. Luego surgió el sector informal a lo largo de un periodo de aprox. 70 años (desde la reforma agraria) que fue abriendo amplio cauce a diversas formas de vulnerar y violar el espacio legal e institucional del país y se constituyó en la base para emergencia de la economía delictiva y los demás obstáculos nombrados. Por no haber sabido actuar las administraciones del país a lo largo de dos siglos para contener tantas incoherencias e inconsistencias es que se han ido fortaleciendo y multiplicando estas estructuras que les dan sustento precario a unos y riquezas mal habidas a otros, pero en conjunto contribuyen a la inviabilidad nacional.

Además de los obstáculos estructurales mencionados se halla presente en nuestra sociedad el RACISMO que impide la comunicación y el contacto entre diversos sectores de la sociedad, situación que bloquea la posibilidad de definir objetivos y vías de acción común. En ese marco, los diálogos, encuentros y consensos para definir las mejores vías de acción son poco probables. Este otro impedimento contribuye poderosamente a desentenderse de la problemática subyacente, ya que se tiene más en cuenta las dificultades de la comunicación y el entendimiento que el peso de las problemáticas que requerimos encarar y superar con suma urgencia. En este marco se inscribe el tema de la memoria colectiva, tratado al final de estas reflexiones.

No sé si la crisis nos está dando la oportunidad de conocer la sociedad total en todos sus laberintos y vericuetos o más bien nos está abriendo la posibilidad de darnos cuenta del grado y la medida en que la desconocemos. Como sea, está ocasionando un profundo llamado de atención a nuestra comprensión de las reglas reales que presiden el acontecer nacional y nos está dando una oportunidad para reaccionar ante este embrollo monumental. Por el estado de profundo deterioro de todas nuestras estructuras podemos decir que este llamado de atención reviste un carácter terminal, advertencia que no podemos dejar pasar de largo so pena de sucumbir como otros países sometidos a la ley de las mafias y a la completa desinstitucionalización nacional. Haití y varios países africanos ya no parecen tan lejanos.

En suma, los obstáculos estructurales impiden que el país pueda manejarse con una ley, una autoridad, un destino común. Ninguna sociedad puede convivir con una diversidad de reglas de comportamiento tan contradictorias. La JUSTICIA es imposible justamente por esa razón: no es posible tener un marco legal que sea capaz de atender esa diversidad de lógicas, necesidades y comportamientos. Esta traba estructural convierte a la justicia en otro obstáculo estructural de nuestra formación social. La corrupción en la justicia ya viene a ser sólo un aditamento más a este embrollo estructural.

Recordemos nuevamente la cita inicial: Sociedades como la nuestra no pueden conocerse a sí mismas por su extremo abigarramiento, pues “están bloqueadas por su heterogeneidad perceptiva”. Bolivia no tiene norte porque no tiene una comprensión apropiada de su realidad. Sin comprender nuestra problemática total es imposible poder definir rutas para superar nuestro atraso cada vez más lamentable.

3.    ¿Qué hacer? Apuntar al futuro, pero superando el pasado

¿Cómo podemos hacernos cargo del futuro si estamos presos del pasado? Así como nadie puede dar el segundo paso sin haber dado el primero, del mismo modo Bolivia está condenada a superar las estructuras torcidas de su pasado para tener la oportunidad de encarar su futuro.

¿A qué se debe que el pasado se mantiene como una fuerza omnipresente sobre nuestro presente? Considero que ello se debe a que no le hemos dado suficiente atención a nuestro pasado y hacemos de cuenta que el pasado es simplemente pasado por lo que creemos que podemos desentendernos de él. Peor aún, consideramos que el pasado es perfectamente prolongable hacia el futuro, por lo que no nos vemos impelidos a cambiar nada y todo ello simplemente porque no tenemos idea de todo lo que podríamos lograr bajo otras condiciones. El problema de proceder de ese modo es que el pasado permanece pegado a nuestro presente, como su sombra indeleble, y contribuye a formatear el futuro, y no solo eso, sino que ya lo anticipa hasta en sus mínimos detalles. Los bloqueos y todo el movimiento sedicioso en marcha son una demostración patética de la forma en la que el pasado se empeña en apoderarse del futuro a cualquier precio. Este el modo más seguro de repetir el pasado que tuvo algunas cosas buenas, pero también muchas malas y muy malas.

Estas últimas se constituyen en cargas cada vez más insoportables para vivir el presente y construir el futuro. Esto significa que aún no nos hemos ganado el derecho de construir un futuro promisorio para todos nosotros.

La tarea a enfrentar es inmensa y debe ser conducida con absoluta disciplina y seriedad. No nos queda otra alternativa más que ganar, ya que el fracaso dejó de ser opción por consumo excesivo de fracasos. La manera ordenada, legal y consensuada de conducir este proceso es partir de la elaboración de un gran diagnóstico nacional y de la comprensión integral de nuestra problemática, a partir de lo cual se introduzcan todos los ajustes y complementaciones constitucionales que sean indispensables, como veremos en el siguiente punto. Esta tarea no se resuelve en un instante, pero nunca si no la encaramos ya.

Dicho diagnóstico debe ser común y compartido, no ser la idea o la ocurrencia de alguien en particular o de unos pocos, menos de partidos que hoy no pasan de ser meros vientres de alquiler, y debe señalar con meridiana claridad los obstáculos estructurales que bloquean nuestro porvenir. Los obstáculos señalados en esta reflexión destacan los más probables, pero es el diagnóstico, amplio e integral generado por todas las fuerzas vivas del país el que finalmente debe establecer qué obstáculos estructurales han producido o generado el calamitoso estado de cosas que exhibe nuestro país. Realizar esta tarea se constituye en una misión estratégica de gran trascendencia para el futuro nacional, por lo que debe ser conducida con extremo cuidado y dedicación plena hasta su conclusión.

Los programas que presentaron los partidos políticos elección tras elección fueron una muestra de su propia orfandad, de su incapacidad y falta de voluntad para construir visiones deseables y viables de desarrollo nacional. Un partido llegó al extremo de presentar la copia del programa de un partido de otro país y el común de ellos se limitó a presentar programas insulsos que por lo general no tenían un diagnóstico razonable de la problemática nacional, tampoco una visión de desarrollo ni un enfoque coherente para conducir las políticas y estrategias que proponían. Con semejante perdida de todo norte, ¿cómo podíamos construir un futuro común viable?

Uno de los grandes fallos en el proceso de elaboración de las bases legales e institucionales del país radica en haber confiado a los partidos tareas tan trascendentales para el futuro nacional y en haberles impuesto tan pocas obligaciones. Confiar que los partidos tendrían la capacidad de formular sendos programas de gobierno que respondan a nuestra problemática fue un error craso, pues era poner en manos no solo inexpertas sino ligeras y faltas de compromiso con la suerte del país, la conducción del destino nacional. Partidos resucitados y armados en las vísperas de procesos electorales que no tienen vida orgánica, ni tampoco cuentan con centros de estudio ni con formas de relacionamiento sólido con los diferentes sectores de la sociedad no pueden tener la capacidad de decir nada sustancial sobre nuestro futuro.

A dicho error se sumó otro muy grave relacionado con la elección de la mitad de los diputados en circunscripciones uninominales. Esa fue la tabla de salvación para caciques locales que podían llegar al parlamento sin elaborar ningún programa, ya que bastaba con unas cuantas promesas locales para lograr su cometido. En lugar que los partidos se constituyan en fuerzas de fortalecimiento y engrandecimiento nacional se convirtieron en las fuerzas que enanizaron nuestro presente y nuestro porvenir y se pusieron al frente de la ceguera nacional. La chorrera de partidos que participaron en las últimas elecciones subnacionales pusieron su sello indeleble a semejante estado de cosas. La configuración del actual gobierno corporiza patéticamente todo lo señalado, aunque solo representa la culminación de semejante vía desastrosa.

4.   Cómo operacionalizar la urgencia de marchar hacia el futuro: La Constitución y su Función de Orientación

Considero que la estrategia adecuada para emplear nuestros escasos recursos de modo concentrado en las tareas que nos exige la sociedad, radica en ver la Constitución como guía o programa de acción para el desarrollo y no sólo como un marco jurídico que defina las relaciones sociales fundamentales o nos atiborre con un balance fantástico de derechos y deberes que se desentiende de la cuestión de cómo financiar tantos palacios en el aire.

Ello significa incluir en la Constitución los obstáculos estructurales del país que requerimos enfrentar y resolver con suma urgencia, los mismos que se constituirían en la base de las políticas públicas necesarias para superar nuestro actual estado endémico de postración. De este modo, todos los recursos y capacidades públicas, privadas y de la sociedad civil, todas las “energías nacionales” (Franz Tamayo) deberían emplearse concentradamente para enfrentar estos problemas, ya que de este modo el quehacer estatal tendría fuertemente definidas las directrices de su accionar y los partidos políticos podrían ocuparse de complementar dicho programa básico con sus propuestas, concentrándose en la elaboración de programas y propuestas para la superación de los obstáculos estructurales ya identificados.

Para comprender la pertinencia de este enfoque es indispensable tomar en cuenta las funciones que la teoría del Derecho Constitucional asigna a toda Constitución. Dichas funciones son: la Función de Organización (establecimiento de la organización del Estado y la autoridad), la Función de Limitación del poder (protección de la libertad y los derechos ciudadanos), la Función de Orden (la base para la ley, la creación de seguridad legal), la Función de Orientación (la que define los objetivos principales de la sociedad) y la Función de Integración (la que vela por la unidad nacional). Entre las funciones que regulan las bases de todo Pacto Social, la Función de Orientación es clave, pues ella indica los objetivos primordiales que persigue la sociedad en su conjunto.

Los objetivos usuales que se destacan en toda Constitución se refieren a libertad, dignidad, igualdad, respeto, entre otros. Si bien dichos objetivos son portadores de todo un programa de acción social y política de gran alcance para el Estado y la sociedad, por nuestra experiencia histórica de 200 años, podemos afirmar que ninguno de esos objetivos podrá alcanzarse estable y sosteniblemente, si es que no resolvemos adecuadamente nuestros obstáculos estructurales. De ahí que la Función de Orientación de la Constitución necesariamente debe incluir los obstáculos estructurales al desarrollo del país ya mencionados.

Dicho brevemente: Lo que requerimos es introducir en la Constitución la superación de todos y cada uno de los obstáculos estructurales señalados como mandatos de cumplimiento obligatorio para el conjunto de la sociedad. Es una forma radical de auto convocarnos colectiva y permanentemente para encarar y superar dichos obstáculos. Esta tarea tiene varias finalidades:

·   La primera es mantener siempre presente y vigente el deber nacional de encarar y enfrentar los obstáculos estructurales como la prioridad básica o esencial para superar las bases de nuestro subdesarrollo en todos los frentes y así sentar bases sólidas para construir nuestro futuro.

·     La segunda apunta a eximir a los partidos de inventarse programas que nadie lee y nadie cumple y obligarlos a que se ocupen de proponer fórmulas y maneras de superar dichos obstáculos. Esa sería la manera más seria de auto obligarnos a concentrar nuestros recursos en la superación de dichos obstáculos en lugar de seguir inventándonos objetivos, programas y proyectos sacados de la manga y si acaso llegan a implementarse son dejados de lado a más tardar por la siguiente administración del país.

·    La tercera radicaba en tener un instrumento de control y seguimiento a la mano que nos permita evaluar continuamente el desempeño de los partidos en su labor de contribuir a superar los obstáculos estructurales priorizados en la Constitución y de todas las instancias de la administración pública. Este punto también es crucial no solo porque los políticos usualmente desconocen la problemática imperante, particularmente la de carácter estructural, sino porque evitan comprometerse con cualquier lectura concreta de los obstáculos imperantes, ya que la misma les resta grados de libertad para poder cambiar intempestivamente de curso, maniobra muy usual en la práctica politiquera en nuestro medio. Tener un instrumento de control de la administración pública es esencial para pedir cuentas, para asegurar la transparencia y facilitar la articulación de todas las fuerzas vivas de país.

Luego del inmenso fracaso que representó la Constitución del 2009 debemos ser sumamente cautos, ya que no tuvo la capacidad de incluir la raíz de la problemática nacional entre sus mandatos, es decir, los obstáculos estructurales al desarrollo nacional, pero sí se ocupó de incluir más derechos que deberes y también incluyó una serie de ocurrencias que nunca dieron frutos, tales como el “vivir bien”, la “economía plural” y otros que no pasaron ni la prueba de la novedad, ya que apenas ingresaron en el ambiente nacional, desaparecieron sin dejar rastros. [v]  

Volvamos al presente. Una manera de abordar y superar la crisis terminal en la que nos hallamos radica en explorar lo que hicimos mal para extraer lecciones que nos abran nuevas oportunidades. Considero que lo señalado en relación a ver la Constitución como programa de desarrollo abre un espacio extraordinario para encarar las inmensas cargas que arrastramos en algunos casos desde la época colonial, sin que nunca hayamos hecho un esfuerzo nacional para superarlas exitosamente.

5.      La memoria colectiva. Urgencia de una gran catarsis nacional

No hay ocasión en que se producen desencuentros pronunciados o conflictos de diverso calado que no salgan a relucir manifestaciones de victimización, odio y racismo.

Es fácil pensar que los enemigos de la patria solo tienen que rasgar superficialmente la epidermis nacional como para activar esas reacciones y atizar aún más la confrontación. El hecho que debemos asumir de una buena vez es que esas reacciones o sentimientos se hallan efectivamente a flor de piel y viven en la memoria de los pueblos indígenas u originarios cuyos antepasados han sido objeto de tratos crueles y discriminatorios durante la colonia y también en la era republicana. Basta recordar que recién hace 72 años se abolió el sistema semifeudal y semiesclavista que regía en el agro boliviano.

En esta materia subsisten dos vacíos no superados hasta el presente. El primero radica en basar la memoria de un pueblo en memorias individuales, pues la memoria individual es frágil y tiende a llenar vacíos de información y de memoria con lo que tiene más a mano, situación que suele ahondar aún más los hechos del pasado, voluntaria o involuntariamente. El otro vacío es que nunca se ha tratado de ayudar a estos pueblos a superar los traumas y vicisitudes relacionados con estos hechos.

De acuerdo a la experiencia de diferentes países es crucial reconstruir la memoria colectiva, única forma de superar las lesiones psicosociales que ha dejado ese pasado, aprovechando los relatos individuales, pero reconstruyéndolos colectivamente. Las experiencias de Colombia y países centroamericanos con circunstancias de violencia y opresión similares pueden servir de referencia. Lo que debe advertirse es que sin encarar estos hechos será muy difícil lograr un espíritu de cuerpo en la nación boliviana. El racismo y la discriminación constituyen sin duda otro obstáculo estructural que bloquea nuestro derecho al futuro.

6.      Conclusiones

La crisis que hoy vive Bolivia constituye una advertencia histórica que obliga a mirar más allá de la coyuntura. Los bloqueos, las tensiones políticas y el deterioro económico muestran problemas visibles, pero remiten a procesos más profundos que se han acumulado durante largos periodos y han ido debilitando la capacidad del país para actuar como comunidad política orientada hacia objetivos comunes.

Estas reflexiones sostienen que el principal desafío nacional no consiste únicamente en administrar mejor el presente, sino en comprender con mayor profundidad las estructuras que reproducen el atraso, la fragmentación y la pérdida de horizontes compartidos. Superar tales obstáculos exige abandonar respuestas improvisadas y construir un diagnóstico amplio, común y verificable sobre las condiciones que impiden desplegar plenamente las capacidades del país.

A partir de dicho diagnóstico será posible definir prioridades nacionales estables, fortalecer instituciones, orientar las políticas públicas y generar mecanismos efectivos de seguimiento y rendición de cuentas. El propósito no es uniformar la sociedad ni eliminar su diversidad, sino establecer un marco común que permita transformar diferencias en cooperación y conflicto en construcción institucional compartida.

Al mismo tiempo, ningún esfuerzo de reconstrucción será suficiente si no incorpora una tarea más profunda: reconstruir vínculos de confianza, procesar memorias históricas pendientes y fortalecer una cultura de responsabilidad compartida respecto del futuro.

El futuro no es una herencia automática ni una promesa garantizada. Es una construcción colectiva que requiere comprensión, disciplina institucional, cooperación y voluntad sostenida de transformación. Ganarnos el derecho a construir nuestro al futuro pasa esencialmente por asumir esa responsabilidad.



(*) Economista, experto en planificación territorial y gestión de riesgos. Catedrático de Desarrollo del Capitalismo, UMSA, 2017.

[i]   Ver, R. Zavaleta, La autodeterminación de las masas; L. Tapia, La producción del conocimiento local

[ii]  R. Zavaleta, La burguesía incompleta, en: Clases Sociales y Conocimiento

[iii]  I. Kant, Zum ewigen Frieden

[iv]  Fundación Unir https://unirbolivia.org

[v]  Adjunto referencias a varios artículos publicados durante el periodo de la Asamblea Constituyente entre 2007 y 2009 esperando que se incluyan los obstáculos estructurales en la Constitución. Los Constituyentes prefirieron dejarles esa tarea a los partidos políticos.  CR Zapata, La Constitución como programa de desarrollo, junio, 2007 [https://yapukamani.blogspot.com/2010/07/bolivia-constituyente-la-constitucion.html?zx=1c3a823869bd0928]; Orígenes de nuestro abismal desencuentro. El Diario, diciembre de 2007; ¿Qué hacer para salir del laberinto? El Diario, mayo de 2008.