Carlos Rodrigo Zapata C. (*)
“Sociedades como las nuestras que por
[ser tan] “abigarradas” no pueden, según Zavaleta, conocerse a sí mismas o
están bloqueadas por su heterogeneidad perceptiva”.
Jorge Lazarte, Prólogo a “Clases Sociales y
Conocimiento” de René Zavaleta (1988)
RESUMEN
La
crisis que atraviesa Bolivia no puede entenderse únicamente como resultado de problemas
coyunturales, errores gubernamentales o disputas por recursos. Los bloqueos
recientes constituyen una manifestación visible de problemas mucho más
profundos históricamente acumulados que han ido configurando múltiples formas
de bloqueo al desarrollo nacional. Puede decirse que los bloqueos ya están
instalados en nuestras estructuras, sólo que esta vez han eclosionado hasta
alcanzar las capas superficiales.
El drama de la sociedad boliviana es que aún no ha identificado claramente cuáles son los problemas que bloquean su desarrollo. Ello no solo impide comprender su problemática y desarrollar un lenguaje común que nos permita encarar nuestra problemática, sino que impide forjar pactos y consensos sociales, identificar las soluciones más convenientes y diseñar las políticas más pertinentes para hacer realidad la (re)construcción de nuestro país. Sin encarar todo ello, es imposible que podamos forjar una visión nacional o establecer un horizonte común de desarrollo.
Para poder identificar y comprender el estado de nuestra situación actual es esencial elaborar un diagnóstico común y compartido, serio y profundo de la problemática nacional a cargo de todos los actores relevantes de la sociedad, tales como partidos, entidades subnacionales, organizaciones sociales, cívicas, académicas, culturales, instancias gubernamentales, etc. Sin dicho diagnóstico, sin comprender las causas profundas de nuestro estancamiento, estamos absolutamente incapacitados de ir a ninguna parte.
Este trabajo centra su atención en la identificación de los principales problemas que podrían derivarse de la elaboración colectiva de ese diagnóstico profundo de la problemática nacional al que nos hemos referido. En este sentido, presenta la situación actual del país como resultado de la acumulación de una diversidad de obstáculos estructurales que limitan la capacidad del país para construir un destino común. Entre dichos obstáculos destacan principalmente el extractivismo depredador, la informalidad, la expansión de economías ilícitas, la desinstitucionalización, la pérdida progresiva de soberanía nacional efectiva y las fracturas sociales vinculadas al racismo y al desencuentro histórico entre sectores de la sociedad. Sin superar esos y otros obstáculos Bolivia no tiene ninguna oportunidad de construir su propio rumbo hacia su progreso y prosperidad.
En este marco, surge la pregunta acerca del modo más efectivo de comprometer históricamente a la sociedad boliviana con el rumbo a seguir y con la forma de refrendar sus pactos y consensos. Este trabajo propone recurrir a la “función de orientación” de la Constitución, esto es, a la función que establece las directrices estratégicas fundamentales que se propone seguir todo país que pretende perdurar en el tiempo y constituirse en un miembro valioso y apreciado de la comunidad mundial.
En este sentido, en este trabajo presento los principales obstáculos estructurales que bloquean el desarrollo nacional que un diagnóstico serio y profundo podría identificar como la tarea común y central de toda la sociedad, situación que nos obligaría a concentrar todas nuestras capacidades y recursos en la superación de dichos obstáculos estructurales.
Al incluir los obstáculos estructurales en la Constitución se lograría que el conjunto de la sociedad tenga claro qué obstáculos enfrenta y qué tareas debe asumir para salir del pantano en que nos hallamos, lo cual a su vez haría innecesario que los partidos políticos presenten programas que no se hallen sólidamente sustentados por diagnósticos apropiados.
Una misión adicional que se señala en este trabajo es la de realizar una catarsis nacional centrada en la recuperación de la memoria colectiva relacionada con la historia de ofensas y discriminación que sufrieron los pueblos originarios de nuestro país. Sin encarar las causas que provocan tanta polarización en la sociedad boliviana tampoco lograremos convertir la crisis actual en una oportunidad histórica para ganarnos el derecho a construir nuestro futuro.
*******************************
El día después de los bloqueos
ES HORA DE GANARNOS EL DERECHO AL FUTURO
Carlos Rodrigo Zapata C. (*)
“Sociedades como las nuestras que por [ser tan] “abigarradas” no pueden, según Zavaleta, conocerse a sí mismas o están bloqueadas por su heterogeneidad perceptiva”.
Jorge Lazarte, Prólogo a “Clases Sociales y Conocimiento” de René Zavaleta (1988)
Bolivia
se ha fabricado un tenebroso laberinto a lo largo de sus dos siglos de vida
independiente, basado en su largo pasado colonial y desastrosamente ahondado en
los últimos 20 años. Esto indica que la problemática nacional tiene raíces profundas,
por lo que urge entender los orígenes y las causas que han conducido a ella y
las vías a seguir para formular soluciones de fondo en los plazos más reducidos
posibles. Para ello es fundamental comprender la crisis terminal en que nos
hallamos como fuente esencial de conocimiento de la sociedad total. [i]
1. Los bloqueos: hechos, causas. Las
deficiencias gubernamentales son manifestaciones superficiales de graves problemas
históricamente acumulados
Empecemos con un cuadro que presenta el dramatismo de la hora
de cuerpo entero. Un candidato que gana la silla presidencial ofreciendo
prebendas de todo tipo sin presentar un diagnóstico mínimo de la problemática
imperante en Bolivia y unos bloqueadores radicales que exigen la renuncia del
presidente por incumplimiento de esas prebendas en plazos perentorios nos dan
una primera idea del laberinto en que nos hallamos.
Si a ello añadimos que los bloqueadores no son capaces de
decir qué idea de desarrollo tienen en mente o cuáles serían las bases
indispensables para mejorar significativamente sus condiciones y oportunidades
de vida, nos encontramos con una síntesis pavorosa de las formas en que se
manifiesta nuestra tragedia en los momentos actuales.
Lo más grave en este contexto es que Bolivia también se halla
desafiada por fuerzas delincuenciales ligadas primordialmente al narcotráfico.
Informaciones iniciales dan cuenta de múltiples indicios que van en esa
dirección, tales como gente armada, bloqueadores pagados, incautación de
grandes sumas de dinero en áreas de bloqueo, múltiples amenazas y chantajes de
dirigentes de diversas organizaciones a sus “bases” para que se sumen a los
bloqueos. Las directrices provenientes del expresidente Morales, actualmente
prófugo de la justicia, confirman dicha participación.
Esta breve presentación de los bloqueos que ya duran 47 días y
obstruyen el normal desenvolviendo del país busca retratar el momento actual
como íntimamente vinculado a una serie de obstáculos estructurales que se
señalan más adelante.
La intención de estas notas apunta a reflexionar sobre lo que
debería suceder el día después que logremos superar este momento espantoso. Sin
comprender aspectos básicos de nuestra realidad y sin ponerlos en el centro de
nuestra atención no solo que no podremos ir a ninguna parte, sino que además
dejaremos las puertas abiertas de par en par para volver por las mismas vías
desgraciadas por las que hemos llegado hasta aquí.
Por lo que podemos apreciar, los bloqueos que siguen activos
en diversos puntos del país son producto de estructuras profundamente
distorsionadas que se han instalado en el país a lo largo de su existencia y buscan
denodadamente prolongar y perpetuar los espacios que han tomado en él. Dichas
estructuras funcionan con lógicas completamente ajenas a las que suelen primar
en una sociedad y un Estado que apunten a construir un destino común basado en
reglas respetadas por todos. [ii]
El drama mayor es que los actores fundamentales de nuestra
sociedad dan muestras claras de no comprender nuestra realidad, por lo que no
puede esperarse que puedan encarar su problemática y contribuir a construir un
norte común.
Con semejante trasfondo, ¿cómo podríamos contar con un
lenguaje común que nos permita dialogar y llegar a consensos si vivimos de
desencuentro en desencuentro y basamos nuestra comprensión del otro en
prejuicios, ideas superficiales o sucesos del momento?
La orfandad nacional es descomunal. Da la impresión que
recién estuviéramos descubriendo un mundo repleto de obstáculos de toda clase,
en el que cada quien se las arregla como sea con las trabas que le toca
enfrentar para poder seguir (sobre)viviendo en este nuestro espacio,
pésimamente organizado y gestionado desde sus orígenes. Ese “arréglatelas como
sea” no significa otra cosa que “desinstitucionalización”, una práctica en la
que todo vale y que a estas alturas ya se ha convertido en otro obstáculo
estructural inmenso a nuestro desarrollo, pero que resulta muy conveniente para
las nuevas estructuras que han emergido a lo largo de mucho tiempo hasta
apoderarse de nuestro horizonte.
Por todo ello y en el entendido que Bolivia no puede pasar de
largo este episodio macabro y que debe enfrentar sus profundas fallas
estructurales con gran entrega y convicción, es que comparto estas reflexiones
centradas en el día después a este atraco a la nación boliviana que estamos
viviendo, lo cual no significa pasar por alto la manera de encarar la
resolución de la crisis actual, ya que de ello dependerá en grado significativo
la posibilidad de encarar la resolución de las fallas estructurales que ahogan
a nuestro país y que han salido a relucir tan escabrosamente en las últimas
semanas.
En este marco es oportuno recordar el pensamiento de Kant
quien en sus reflexiones sobre “La paz eterna” recomendaba que “en medio del
fragor de la contienda aún debe quedar algún resto de confianza en el modo de
pensar del adversario, pues de otro modo … cómo podría creerse que éste aún
respeta algún principio o norma ética de convivencia, cómo podría confiarse en
su intención de una paz futura”. [iii]
2.
Bolivia está bloqueada
histórica-estructuralmente: Los obstáculos estructurales, el racismo y la mafiocracia
constituyen el fondo sobre el que acontecen las cosas
¿Qué hacemos frente al desmadre que tenemos entre manos y amenaza
con hacer volar por los aires lo poco o mucho logrado en 200 años de vida
independiente? Dadas las circunstancias que rodean el acontecer nacional
observamos que nos hallamos jugando nuestras últimas cartas y nuestra historia
de fracasos nos dice que esta vez no podemos fallar porque eso puede significar
la liquidación de nuestra patria.
Los peligros que nos acechan radican en la existencia de
fuerzas infames que buscan apoderarse del destino de la nación, fuerzas que no
aparecieron hoy y ni siquiera en los últimos tiempos, sino que vienen desde muy
atrás. No sé si alguien se ha puesto a pensar qué significa perder el suelo patrio,
convertirse en un ser errante que divaga por un mundo cada más insensible, sin
piso ni norte que lo sustente. Es ahora que debemos reaccionar antes que
nuestra propia ineptitud o esos poderes abyectos den fin con nuestros sueños y
esperanzas. El juego con repetición, es decir, el ensayo y error hasta
aprender, se terminó. Es ahora o nunca que debemos encarar la reconstrucción de
nuestra patria desde sus mismos cimientos. Estamos advertidos.
Para ello es primordial identificar los colosales problemas a
los que nos enfrentamos e identificar las directrices que nos ayuden a definir
un rumbo claro que nos traiga paz, progreso y prosperidad para todos. En este
marco, Bolivia tiene el deber de establecer un pacto común centrado, primero,
en identificar las raíces de los obstáculos que bloquean nuestro desarrollo y,
segundo, en definir un norte común y compartido que apunte a superarlos. Sin
establecer estos pilares fundamentales tampoco podremos construir ese lenguaje
común al que nos referíamos, ya que sin él tampoco podremos construir un
destino común deseable y viable para todos.
Considero que este inmenso desencuentro es producto de la
falta de un estudio permanente de la misma y de la elaboración objetiva de
diagnósticos amplios e integrales de nuestra problemática nacional que no se
limiten a asuntos coyunturales y superficiales, a hechos o sucesos del momento,
sino que vayan al fondo de las cosas, a sus dimensiones histórico-estructurales.
La narrativa histórica boliviana es rica en sucesos
anecdóticos, pero carece de historias de sus estructuras, situación que nos
impide comprender las raíces de nuestro pasado. Encarar esa tarea nos ayudará
no sólo a descubrir dónde equivocamos los caminos, sino que además nos
permitirá por primera vez en nuestra historia empezar a hablar un mismo
lenguaje, el que hace posible un entendimiento común. Un pueblo que no es capaz
de identificar sus problemas comunes fundamentales está incapacitado de poder
llegar a acuerdos sobre su futuro.
Considero que las vías hacia un desarrollo próspero que beneficie
a todos se hallan bloqueadas debido a la emergencia histórica de diversos obstáculos
estructurales.
En este trabajo nos hemos propuesto presentar de modo
preliminar los principales obstáculos estructurales, dejando claramente
señalado que consideramos que la identificación de esos obstáculos debe
provenir de un diagnóstico elaborado por todas las fuerzas viva del país y sus
actores fundamentales, ya que es el convencimiento común acerca de los problemas
fundamentales el medio que nos permitirá contar con un lenguaje común, básico
para poder dialogar y llegar a grandes consensos nacionales que sean perdurables
en el tiempo.
En este marco, considero que los obstáculos estructurales que
se presentan a continuación son indispensables para comprender los alcances de
la debacle nacional y la urgencia de ponerlos en el corazón de la atención nacional.
Dicho todo ello, concentrémonos en los principales obstáculos
estructurales que bloquean el desarrollo nacional:
·
el
extractivismo depredador
·
la
informalidad
·
la
economía delictiva con sus diversas ramificaciones
·
la
desinstitucionalización
·
la
pérdida progresiva de soberanía nacional.
Existen también otros obstáculos estructurales incrustados en
la matriz productiva, la justicia, la educación, el cuidado del medio ambiente,
los costes de transporte, la geografía, etc., pero estos obstáculos
estructurales están ampliamente determinados por los mencionados inicialmente,
de modo que si queremos desmontar la maraña de obstáculos que nos mantiene
estructuralmente bloqueados debemos empezar por superar inicialmente las prácticas
y métodos que sostienen a los primeros.
¿Por qué son obstáculos y por qué son estructurales? Son estructurales
debido a que amplios sectores de la población dependen sustantivamente de las prácticas
y métodos utilizados en cada uno de los ámbitos de actividad mencionados para satisfacer
sus necesidades. Son obstáculos debido a que las prácticas y métodos usualmente
utilizados en cada uno de esos ámbitos son de corte ilegal, depredador, delincuencial
o extremadamente precario, rasgos que constituyen por sí mismos formas de
limitar o bloquear el desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad.
Dicho de otro modo: satisfacer necesidades humanas generando
una amplia gama de cargas y costes económicos, sociales, ambientales y
estatales impide la reproducción sostenible de las condiciones que hacen
posible justamente dicha satisfacción de necesidades. Esas cargas constituyen
un coste creciente para la sociedad y más aún para las nuevas generaciones, puesto
que para plasmarse requieren de una amplia gama de prebendas, concesiones,
excepciones y autorizaciones que muchas veces solo son posibles violando los
marcos legales existentes y atentando contra la base material de la sociedad. Ello
significa que la generación y la reproducción de los obstáculos estructurales están
orgánicamente relacionados con diversas formas de violación del ordenamiento
establecido, lo cual a su vez solo es posible recurriendo a grandes dosis de corrupción.
Todo este conjunto de prácticas, urgencias, dependencias e interrelaciones conforma
una poderosa valla al desarrollo nacional.
A ello aún debemos añadir los costos anuales que debemos
asumir año tras año para reducir los impactos negativos que ocasionan los
obstáculos estructurales, sea para gestión, prevención, reparación o
mitigación. Si solo el “Estado tranca” nos cuesta anualmente 6% del PIB, según estimaciones
del actual gobierno, ¿cuánto nos cuestan todos los obstáculos identificados en
este trabajo?
Una primera aproximación nos señala que estaríamos destinando
cerca del 25% del PIB para superar las consecuencias negativas derivadas de
todos los obstáculos estructurales mencionados a fin de poder sostener nuestras
precarias condiciones de vida. Dicho de otra manera: Bolivia no solo se ocupa
de producir bienes y servicios, sino que además debe destinar cada año una
fracción muy alta de su esfuerzo nacional para contrarrestar los impactos
negativos derivados de los diversos obstáculos estructurales, de modo que para impulsar
el crecimiento del ingreso nacional queda el restante 75% del PIB, lo cual
significa que estamos más o menos condenados al estancamiento.
Esta categoría de gasto –la que registra los costos
relacionados con la superación momentánea derivada de los obstáculos
estructurales mencionados– no está incluida expresamente en nuestros registros
macroeconómicos. Solo pensar en los costos salvajes que nos están deparando los
bloqueos a los que estamos sometidos nos da una idea de la importancia crucial
de identificar muy claramente esta categoría de empobrecimiento nacional.
En síntesis, una sociedad que ha permitido el surgimiento de
una diversidad de obstáculos estructurales y se halla constantemente expuesta a
los mismos está impedida de progresar por las cargas y costos que genera, razón
por la que no cuenta con las condiciones indispensables para construir su futuro.
Veamos a continuación algunos rasgos de los principales
obstáculos estructurales. Tratar en detalle todos estos obstáculos significaría
elaborar sendos estudios para mostrar sus raíces y sus alcances en toda su
extensión, tarea que debe ser asumida por equipos de expertos y por toda la
sociedad.
El EXTRACTIVISMO es el obstáculo más antiguo, pues viene
desde la colonia. La explotación de los bienes naturales renovables y no renovables
sin respetar la sostenibilidad de los procesos ni al pueblo que es propietario
del patrimonio nacional se halla en la base de este modo de explotación
depredador. Un país que no cuida ni protege sus recursos está condenado a
perder las bases o fundamentos de su propio futuro.
El SECTOR INFORMAL es producto histórico de un sinfín de
carencias que sufren amplios sectores de la población y de sus formas y maneras
de ganarse el sustento básico. Al no encontrar puestos de trabajo en las
ciudades ni contar con los medios de producción que les permitan ejercer
actividades por su cuenta los informales se vieron en la obligación de
construir amplias tramas de interrelaciones y formas de acceder a dichos
medios, recurriendo a múltiples formas de violar los marcos legales,
ambientales, éticos y de prudencia económica. Si hoy los llamamos “cuentapropistas”
es porque lograron acceder a los medios que les permiten ganar el sustento
diario, aunque a un nivel muy precario debido a los muy bajos niveles de
productividad que los caracterizan. Así nació y se forjó el sector informal que
hoy alberga al 85% de la población laboral en Bolivia, el mayor del mundo. La informalidad
también se caracteriza por la evasión impositiva y la proliferación de normas
de excepción. Si consideramos que los impuestos representan el precio de
construir una sociedad civilizada (basada en leyes) y el costo de labrarse el futuro
(para proveer una amplia gama de bienes y servicios públicos y colectivos),
podemos decir que Bolivia no muestra mucho interés en acceder a esas
conquistas, especialmente si tenemos en cuenta que aprox. 3500 grandes
contribuyentes aportan con no menos del 80% de las recaudaciones totales que obtiene
el país, en circunstancias en que el país tiene aprox. 340.000 empresas
registradas, la gran mayoría unipersonales que son manejadas por “cuentapropistas”.
La informalidad se ha convertido en sinónimo de desinstitucionalización y de
requerimiento de prebendas, indispensables para asegurar el sustento diario, muchas
de las cuales implican violaciones al ordenamiento jurídico del país.
La ECONOMÍA DELINCUENCIAL nació básicamente como forma de
acumulación rápida de fortunas y siempre de la mano del Estado que por acción,
omisión o inoperancia ayudó a sentar las bases de dicha economía que hoy cuenta
con múltiples ramificaciones, tales como el contrabando, el narcotráfico, la
explotación depredadora del oro, la tala ilegal de bosques, etc. Hoy está
empeñada en reproducir las bases que les permitieron a estas actividades
implantar sus métodos de expoliación nacional. Por su capacidad de atraer a
porciones significativas de la fuerza laboral se retroalimenta de fuerza de
trabajo informal, situación que muestra la mutua imbricación que tienen estas
actividades como obstáculos al desarrollo.
La DESINSTITUCIONALIZACIÓN viene a ser un obstáculo
emergente, producto de todas las formas de violar los marcos legales e
institucionales a lo que contribuyen todos los obstáculos estructurales. Este
obstáculo muestra que los marcos legales y constitucionales vigentes resultan
en muchos casos simple papel mojado porque no existen las condiciones para
hacerlos cumplir. Hablar de que “todos somos iguales ante la ley” en
circunstancias en que coexisten diversas lógicas y reglas resulta una gran
aberración.
La PÉRDIDA PROGRESIVA DE SOBERANÍA NACIONAL es otra propiedad
emergente de la formación social en Bolivia, producto de todas las formas de
violar los marcos legales existentes sin que exista la autoridad ni la
capacidad para hacer respetar la soberanía. El control de territorios al margen
de la acción del Estado y los bloqueos que incluyen la destrucción de la
economía de la gente pobre que vive al día y de los empresarios que invierten
ahorros y dedican su esfuerzo para desarrollar sus empresas, así como la
convulsión de la vida nacional e incluso la muerte de gente inocente impedida
de desplazarse a donde requería trasladarse, son otras manifestaciones de estos
obstáculos estructurales en acción que bloquean toda construcción viable y
sostenible de nuestro futuro.
La otra vía que está minando la soberanía y destruyendo todo
el tejido social boliviano radica en la emergencia de una MAFIOCRACIA que promueve
la economía delincuencial y que estaría particularmente involucrada en los
atentados que al presente está sufriendo la patria boliviana. Esta situación muestra
el grado y la medida en que se ha permitido que proliferen diversas estructuras
al margen del ordenamiento legal e institucional del país. Dicho de otro modo:
a la superación de los obstáculos estructurales se añade este otro problema de
gran envergadura.
En estos días aciagos en que el país está sometido a un
ataque por parte de bloqueadores radicales que se valen de la pobre economía del
pueblo más vulnerable para presionar y chantajear al mismo gobierno para
imponer sus exigencias, podemos ver los BLOQUEOS como otro tipo de obstáculo
estructural que nos empobrece y nos impide hacer realidad nuestros planes y
proyectos. Este obstáculo responde a la definición dada de obstáculo
estructural y se explica por la frecuencia con que los diversos sectores
sociales recurren a este medio destructivo para imponer exigencias. [iv]
La cadena de quiebras y perdidas que está desatando este
ataque a la nación boliviana es único e inaudito. La denuncia del sector
turístico es por demás elocuente: ya a estas alturas del año se quedaron
prácticamente sin turistas por el resto del año debido a que la casi totalidad
de reservas fueron canceladas. Los bloqueos apuntan a llevar a rastras al país
y la sociedad hacia el abismo y todo para seguir alimentando el monstruo de los
obstáculos estructurales y de los intereses que los han prohijado.
Es oportuno destacar que unos obstáculos estructurales han
ido abriendo brecha para la emergencia de otros obstáculos, partiendo del
extractivismo, ya desde la colonia. Luego surgió el sector informal a lo largo
de un periodo de aprox. 70 años (desde la reforma agraria) que fue abriendo
amplio cauce a diversas formas de vulnerar y violar el espacio legal e
institucional del país y se constituyó en la base para emergencia de la
economía delictiva y los demás obstáculos nombrados. Por no haber sabido actuar
las administraciones del país a lo largo de dos siglos para contener tantas
incoherencias e inconsistencias es que se han ido fortaleciendo y multiplicando
estas estructuras que les dan sustento precario a unos y riquezas mal habidas a
otros, pero en conjunto contribuyen a la inviabilidad nacional.
Además de los obstáculos estructurales mencionados se halla
presente en nuestra sociedad el RACISMO que impide la comunicación y el
contacto entre diversos sectores de la sociedad, situación que bloquea la
posibilidad de definir objetivos y vías de acción común. En ese marco, los
diálogos, encuentros y consensos para definir las mejores vías de acción son
poco probables. Este otro impedimento contribuye poderosamente a desentenderse
de la problemática subyacente, ya que se tiene más en cuenta las dificultades
de la comunicación y el entendimiento que el peso de las problemáticas que
requerimos encarar y superar con suma urgencia. En este marco se inscribe el tema
de la memoria colectiva, tratado al final de estas reflexiones.
No sé si la crisis nos está dando la oportunidad de conocer
la sociedad total en todos sus laberintos y vericuetos o más bien nos está
abriendo la posibilidad de darnos cuenta del grado y la medida en que la
desconocemos. Como sea, está ocasionando un profundo llamado de atención a
nuestra comprensión de las reglas reales que presiden el acontecer nacional y
nos está dando una oportunidad para reaccionar ante este embrollo monumental.
Por el estado de profundo deterioro de todas nuestras estructuras podemos decir
que este llamado de atención reviste un carácter terminal, advertencia que no
podemos dejar pasar de largo so pena de sucumbir como otros países sometidos a
la ley de las mafias y a la completa desinstitucionalización nacional. Haití y
varios países africanos ya no parecen tan lejanos.
En suma, los obstáculos estructurales impiden que el país
pueda manejarse con una ley, una autoridad, un destino común. Ninguna sociedad
puede convivir con una diversidad de reglas de comportamiento tan contradictorias.
La JUSTICIA es imposible justamente por esa razón: no es posible tener un marco
legal que sea capaz de atender esa diversidad de lógicas, necesidades y
comportamientos. Esta traba estructural convierte a la justicia en otro
obstáculo estructural de nuestra formación social. La corrupción en la justicia ya viene a ser sólo un aditamento más a este embrollo estructural.
Recordemos nuevamente la cita inicial: Sociedades como la
nuestra no pueden conocerse a sí mismas por su extremo abigarramiento, pues
“están bloqueadas por su heterogeneidad perceptiva”. Bolivia no tiene norte
porque no tiene una comprensión apropiada de su realidad. Sin comprender
nuestra problemática total es imposible poder definir rutas para superar
nuestro atraso cada vez más lamentable.
3.
¿Qué hacer? Apuntar al futuro, pero
superando el pasado
¿Cómo podemos hacernos cargo del futuro si estamos presos del
pasado? Así como nadie puede dar el segundo paso sin haber dado el primero, del
mismo modo Bolivia está condenada a superar las estructuras torcidas de su
pasado para tener la oportunidad de encarar su futuro.
¿A
qué se debe que el pasado se mantiene como una fuerza omnipresente sobre
nuestro presente? Considero que ello se debe a que no le hemos dado suficiente
atención a nuestro pasado y hacemos de cuenta que el pasado es simplemente
pasado por lo que creemos que podemos desentendernos de él. Peor aún,
consideramos que el pasado es perfectamente prolongable hacia el futuro, por lo
que no nos vemos impelidos a cambiar nada y todo ello simplemente porque no
tenemos idea de todo lo que podríamos lograr bajo otras condiciones. El problema
de proceder de ese modo es que el pasado permanece pegado a nuestro presente,
como su sombra indeleble, y contribuye a formatear el futuro, y no solo eso,
sino que ya lo anticipa hasta en sus mínimos detalles. Los bloqueos y todo el
movimiento sedicioso en marcha son una demostración patética de la forma en la
que el pasado se empeña en apoderarse del futuro a cualquier precio. Este el
modo más seguro de repetir el pasado que tuvo algunas cosas buenas, pero
también muchas malas y muy malas.
Estas
últimas se constituyen en cargas cada vez más insoportables para vivir el
presente y construir el futuro. Esto significa que aún no nos hemos ganado el
derecho de construir un futuro promisorio para todos nosotros.
La tarea a enfrentar es inmensa y debe ser conducida con
absoluta disciplina y seriedad. No nos queda otra alternativa más que ganar, ya
que el fracaso dejó de ser opción por consumo excesivo de fracasos. La manera
ordenada, legal y consensuada de conducir este proceso es partir de la
elaboración de un gran diagnóstico nacional y de la comprensión integral de
nuestra problemática, a partir de lo cual se introduzcan todos los ajustes y
complementaciones constitucionales que sean indispensables, como veremos en el
siguiente punto. Esta tarea no se resuelve en un instante, pero nunca si no la
encaramos ya.
Dicho diagnóstico debe ser común y compartido, no ser la idea
o la ocurrencia de alguien en particular o de unos pocos, menos de partidos que
hoy no pasan de ser meros vientres de alquiler, y debe señalar con meridiana
claridad los obstáculos estructurales que bloquean nuestro porvenir. Los
obstáculos señalados en esta reflexión destacan los más probables, pero es el
diagnóstico, amplio e integral generado por todas las fuerzas vivas del país el
que finalmente debe establecer qué obstáculos estructurales han producido o
generado el calamitoso estado de cosas que exhibe nuestro país. Realizar esta
tarea se constituye en una misión estratégica de gran trascendencia para el
futuro nacional, por lo que debe ser conducida con extremo cuidado y dedicación
plena hasta su conclusión.
Los programas que presentaron los partidos políticos elección
tras elección fueron una muestra de su propia orfandad, de su incapacidad y
falta de voluntad para construir visiones deseables y viables de desarrollo
nacional. Un partido llegó al extremo de presentar la copia del programa de un
partido de otro país y el común de ellos se limitó a presentar programas
insulsos que por lo general no tenían un diagnóstico razonable de la problemática
nacional, tampoco una visión de desarrollo ni un enfoque coherente para
conducir las políticas y estrategias que proponían. Con semejante perdida de
todo norte, ¿cómo podíamos construir un futuro común viable?
Uno de los grandes fallos en el proceso de elaboración de las
bases legales e institucionales del país radica en haber confiado a los
partidos tareas tan trascendentales para el futuro nacional y en haberles
impuesto tan pocas obligaciones. Confiar que los partidos tendrían la capacidad
de formular sendos programas de gobierno que respondan a nuestra problemática
fue un error craso, pues era poner en manos no solo inexpertas sino ligeras y
faltas de compromiso con la suerte del país, la conducción del destino
nacional. Partidos resucitados y armados en las vísperas de procesos
electorales que no tienen vida orgánica, ni tampoco cuentan con centros de
estudio ni con formas de relacionamiento sólido con los diferentes sectores de
la sociedad no pueden tener la capacidad de decir nada sustancial sobre nuestro
futuro.
A dicho error se sumó otro muy grave relacionado con la
elección de la mitad de los diputados en circunscripciones uninominales. Esa
fue la tabla de salvación para caciques locales que podían llegar al parlamento
sin elaborar ningún programa, ya que bastaba con unas cuantas promesas locales
para lograr su cometido. En lugar que los partidos se constituyan en fuerzas de
fortalecimiento y engrandecimiento nacional se convirtieron en las fuerzas que
enanizaron nuestro presente y nuestro porvenir y se pusieron al frente de la
ceguera nacional. La chorrera de partidos que participaron en las últimas
elecciones subnacionales pusieron su sello indeleble a semejante estado de
cosas. La configuración del actual gobierno corporiza patéticamente todo lo
señalado, aunque solo representa la culminación de semejante vía desastrosa.
4.
Cómo operacionalizar la urgencia de
marchar hacia el futuro: La Constitución y su Función de Orientación
Considero que la estrategia adecuada para emplear nuestros
escasos recursos de modo concentrado en las tareas que nos exige la sociedad,
radica en ver la Constitución como guía o programa de acción para el desarrollo
y no sólo como un marco jurídico que defina las relaciones sociales
fundamentales o nos atiborre con un balance fantástico de derechos y deberes
que se desentiende de la cuestión de cómo financiar tantos palacios en el aire.
Ello significa incluir en la Constitución los obstáculos
estructurales del país que requerimos enfrentar y resolver con suma urgencia,
los mismos que se constituirían en la base de las políticas públicas necesarias
para superar nuestro actual estado endémico de postración. De este modo, todos
los recursos y capacidades públicas, privadas y de la sociedad civil, todas las
“energías nacionales” (Franz Tamayo) deberían emplearse concentradamente para
enfrentar estos problemas, ya que de este modo el quehacer estatal tendría
fuertemente definidas las directrices de su accionar y los partidos políticos
podrían ocuparse de complementar dicho programa básico con sus propuestas, concentrándose
en la elaboración de programas y propuestas para la superación de los
obstáculos estructurales ya identificados.
Para comprender la pertinencia de este enfoque es
indispensable tomar en cuenta las funciones que la teoría del Derecho
Constitucional asigna a toda Constitución. Dichas funciones son: la Función de
Organización (establecimiento de la organización del Estado y la autoridad), la
Función de Limitación del poder (protección de la libertad y los derechos
ciudadanos), la Función de Orden (la base para la ley, la creación de seguridad
legal), la Función de Orientación (la que define los objetivos principales de
la sociedad) y la Función de Integración (la que vela por la unidad nacional).
Entre las funciones que regulan las bases de todo Pacto Social, la Función de
Orientación es clave, pues ella indica los objetivos primordiales que persigue
la sociedad en su conjunto.
Los objetivos usuales que se destacan en toda Constitución se
refieren a libertad, dignidad, igualdad, respeto, entre otros. Si bien dichos
objetivos son portadores de todo un programa de acción social y política de gran
alcance para el Estado y la sociedad, por nuestra experiencia histórica de 200
años, podemos afirmar que ninguno de esos objetivos podrá alcanzarse estable y
sosteniblemente, si es que no resolvemos adecuadamente nuestros obstáculos
estructurales. De ahí que la Función de Orientación de la Constitución
necesariamente debe incluir los obstáculos estructurales al desarrollo del país
ya mencionados.
Dicho brevemente: Lo que requerimos es introducir en la Constitución
la superación de todos y cada uno de los obstáculos estructurales señalados
como mandatos de cumplimiento obligatorio para el conjunto de la sociedad. Es
una forma radical de auto convocarnos colectiva y permanentemente para encarar
y superar dichos obstáculos. Esta tarea tiene varias finalidades:
· La
primera es mantener siempre presente y vigente el deber nacional de encarar y
enfrentar los obstáculos estructurales como la prioridad básica o esencial para
superar las bases de nuestro subdesarrollo en todos los frentes y así sentar
bases sólidas para construir nuestro futuro.
· La
segunda apunta a eximir a los partidos de inventarse programas que nadie lee y
nadie cumple y obligarlos a que se ocupen de proponer fórmulas y maneras de
superar dichos obstáculos. Esa sería la manera más seria de auto obligarnos a
concentrar nuestros recursos en la superación de dichos obstáculos en lugar de
seguir inventándonos objetivos, programas y proyectos sacados de la manga y si
acaso llegan a implementarse son dejados de lado a más tardar por la siguiente
administración del país.
· La
tercera radicaba en tener un instrumento de control y seguimiento a la mano que
nos permita evaluar continuamente el desempeño de los partidos en su labor de
contribuir a superar los obstáculos estructurales priorizados en la Constitución
y de todas las instancias de la administración pública. Este punto también es
crucial no solo porque los políticos usualmente desconocen la problemática
imperante, particularmente la de carácter estructural, sino porque evitan comprometerse
con cualquier lectura concreta de los obstáculos imperantes, ya que la misma les
resta grados de libertad para poder cambiar intempestivamente de curso,
maniobra muy usual en la práctica politiquera en nuestro medio. Tener un
instrumento de control de la administración pública es esencial para pedir
cuentas, para asegurar la transparencia y facilitar la articulación de todas
las fuerzas vivas de país.
Luego del inmenso fracaso que representó la Constitución del
2009 debemos ser sumamente cautos, ya que no tuvo la capacidad de incluir la raíz
de la problemática nacional entre sus mandatos, es decir, los obstáculos
estructurales al desarrollo nacional, pero sí se ocupó de incluir más derechos
que deberes y también incluyó una serie de ocurrencias que nunca dieron frutos,
tales como el “vivir bien”, la “economía plural” y otros que no pasaron ni la
prueba de la novedad, ya que apenas ingresaron en el ambiente nacional,
desaparecieron sin dejar rastros. [v]
Volvamos al presente. Una manera de abordar y superar la
crisis terminal en la que nos hallamos radica en explorar lo que hicimos mal
para extraer lecciones que nos abran nuevas oportunidades. Considero que lo
señalado en relación a ver la Constitución como programa de desarrollo abre un
espacio extraordinario para encarar las inmensas cargas que arrastramos en
algunos casos desde la época colonial, sin que nunca hayamos hecho un esfuerzo
nacional para superarlas exitosamente.
5.
La memoria colectiva. Urgencia de una
gran catarsis nacional
No hay ocasión en que se producen desencuentros pronunciados
o conflictos de diverso calado que no salgan a relucir manifestaciones de
victimización, odio y racismo.
Es fácil pensar que los enemigos de la patria solo tienen que
rasgar superficialmente la epidermis nacional como para activar esas reacciones
y atizar aún más la confrontación. El hecho que debemos asumir de una buena vez
es que esas reacciones o sentimientos se hallan efectivamente a flor de piel y
viven en la memoria de los pueblos indígenas u originarios cuyos antepasados
han sido objeto de tratos crueles y discriminatorios durante la colonia y
también en la era republicana. Basta recordar que recién hace 72 años se abolió
el sistema semifeudal y semiesclavista que regía en el agro boliviano.
En esta materia subsisten dos vacíos no superados hasta el
presente. El primero radica en basar la memoria de un pueblo en memorias
individuales, pues la memoria individual es frágil y tiende a llenar vacíos de
información y de memoria con lo que tiene más a mano, situación que suele
ahondar aún más los hechos del pasado, voluntaria o involuntariamente. El otro
vacío es que nunca se ha tratado de ayudar a estos pueblos a superar los
traumas y vicisitudes relacionados con estos hechos.
De acuerdo a la experiencia de diferentes países es crucial
reconstruir la memoria colectiva, única forma de superar las lesiones
psicosociales que ha dejado ese pasado, aprovechando los relatos individuales,
pero reconstruyéndolos colectivamente. Las experiencias de Colombia y países
centroamericanos con circunstancias de violencia y opresión similares pueden
servir de referencia. Lo que debe advertirse es que sin encarar estos hechos
será muy difícil lograr un espíritu de cuerpo en la nación boliviana. El racismo
y la discriminación constituyen sin duda otro obstáculo estructural que bloquea
nuestro derecho al futuro.
6.
Conclusiones
La crisis que hoy vive Bolivia constituye una advertencia
histórica que obliga a mirar más allá de la coyuntura. Los bloqueos, las
tensiones políticas y el deterioro económico muestran problemas visibles, pero
remiten a procesos más profundos que se han acumulado durante largos periodos y
han ido debilitando la capacidad del país para actuar como comunidad política
orientada hacia objetivos comunes.
Estas reflexiones sostienen que el principal
desafío nacional no consiste únicamente en administrar mejor el presente, sino
en comprender con mayor profundidad las estructuras que reproducen el atraso,
la fragmentación y la pérdida de horizontes compartidos. Superar tales
obstáculos exige abandonar respuestas improvisadas y construir un diagnóstico
amplio, común y verificable sobre las condiciones que impiden desplegar
plenamente las capacidades del país.
A partir de dicho diagnóstico será posible definir
prioridades nacionales estables, fortalecer instituciones, orientar las
políticas públicas y generar mecanismos efectivos de seguimiento y rendición de
cuentas. El propósito no es uniformar la sociedad ni eliminar su diversidad,
sino establecer un marco común que permita transformar diferencias en
cooperación y conflicto en construcción institucional compartida.
Al mismo tiempo, ningún esfuerzo de reconstrucción
será suficiente si no incorpora una tarea más profunda: reconstruir vínculos de
confianza, procesar memorias históricas pendientes y fortalecer una cultura de
responsabilidad compartida respecto del futuro.
El futuro no es una herencia automática ni una promesa garantizada. Es una construcción colectiva que requiere comprensión, disciplina institucional, cooperación y voluntad sostenida de transformación. Ganarnos el derecho a construir nuestro al futuro pasa esencialmente por asumir esa responsabilidad.
(*) Economista, experto en planificación territorial y gestión de riesgos. Catedrático de Desarrollo del Capitalismo, UMSA, 2017.
[i] Ver, R. Zavaleta, La autodeterminación de las masas; L. Tapia, La producción del conocimiento local
[ii] R. Zavaleta, La burguesía incompleta, en: Clases Sociales y Conocimiento
[iii] I. Kant, Zum
ewigen Frieden
[iv] Fundación Unir
https://unirbolivia.org
[v] Adjunto
referencias a varios artículos publicados durante el periodo de la Asamblea
Constituyente entre 2007 y 2009 esperando que se incluyan los obstáculos estructurales en la
Constitución. Los Constituyentes prefirieron dejarles esa tarea a los partidos
políticos. CR Zapata, La Constitución
como programa de desarrollo, junio, 2007 [https://yapukamani.blogspot.com/2010/07/bolivia-constituyente-la-constitucion.html?zx=1c3a823869bd0928];
Orígenes de nuestro abismal desencuentro. El Diario, diciembre de 2007; ¿Qué
hacer para salir del laberinto? El Diario, mayo de 2008.
