25 julio 2022

PETRO, LA MEJOR NOTICIA DEL MILENIO



Carlos Rodrigo Zapata C. (*)

Gustavo Petro y Francia Márquez
Gustavo Francisco Petro Urrego ha sido elegido presidente de Colombia por el periodo 2022 – 2026. Podría haber pasado como una noticia más, pero se constituye en la mayor novedad del milenio en América Latina, no sólo porque se trata del primer candidato de izquierda en Colombia que es elegido presidente y llega vivo hasta estas alturas, sino también porque son noticias de extraordinaria significación para toda la región. Veamos brevemente la carrera política de Petro, los mayores desafíos que deberá enfrentar y su programa de gobierno. De todo ello se irá desprendiendo la trascendencia de su triunfo para la región.  

Petro, de guerrillero a presidente electo

A los 18 años de edad Petro ya se enroló en la guerrilla del M-19. Por la información disponible, nunca entró en combate y estuvo entre quienes animaron conversaciones de paz ya en los años 80. Como consecuencia de ello, el M-19 dejó las armas y se sumó a la vida social y política de Colombia. Se puede decir que les fue bien, ya que otros partidos que siguieron esa misma senda fueron inmisericordemente diezmados luego que firmaron la paz y entregaron las armas, como fue el caso de la Unión Patriótica. Poco después, Petro apoyó activamente la redacción de la nueva constitución colombiana, promulgada en 1991. Desde entonces, Petro siempre ha señalado a la nueva constitución como el verdadero plan de paz, ya que para él la paz son los derechos y los derechos son la Constitución.

Petro es economista con estudios en su patria, Bélgica y España. Ha desarrollado un perfil amplio, muy abierto a todas las cuestiones sociales y al medio ambiente. En efecto, uno de los pilares de su programa radica en la descarbonización de la economía, en alejarse a la brevedad de los combustibles fósiles y sustituirlos por energías limpias y renovables.

Los desafíos: Colombia una sociedad profundamente escindida

La fórmula ganadora ya constituye todo un programa de cambio y renovación para la sociedad colombiana, al incluir en ella a Francia Márquez, una mujer de origen afrocolombiana, profundamente involucrada en la defensa de los derechos de la población. Otra sorpresa enorme en el triunfo de Petro ha sido la cantidad de votos que logró, 11,3 millones, frente a su contendor final, Hernández, que logró 10,5 millones de votos. ¿Cuál ha sido la sorpresa? Que logró la mayor cantidad de votos que nunca antes algún candidato había alcanzado, que en la segunda vuelta hubo una votación aún mayor que en la primera vuelta y que la cuota que le dio el triunfo se debió a electores que usualmente no votaban y provienen de la periferia de Colombia, es decir, de los departamentos que rodean el centro colombiano compuesto por sus principales ciudades, Bogotá, Cali y Medellín. Se puede decir que millones de electores literalmente se descolgaron desde la periferia para respaldar a Petro que había puesto la esperanza en el centro de su campaña y su compromiso.

Esta promesa pegó muy fuerte en amplios sectores de la sociedad colombiana hastiada de violencia, confrontaciones, matanzas y falta de oportunidades de todo tipo para las grandes mayorías. Por cierto, las leyendas no se fabrican en un gabinete, tampoco son obra sólo de la astucia o del momento. Detrás había un largo trabajo, un compromiso y una lucha de décadas de Petro que fueron catapultando su nombre y su labor al centro del escenario colombiano. Son ya celebres sus denuncias de la corrupción y su labor para poner en evidencia la “parapolítica”, es decir, las actividades de fuerzas irregulares y poderes paramilitares que perpetraron horrendos crímenes. También denunció el caso de los así llamados “falsos positivos”, jóvenes cruelmente asesinados y presentados por el ejército como guerrilleros caídos en combate.

Hoy Colombia intenta consolidar el proceso de paz llevado adelante la década pasada, proceso que ha permitido la desmovilización de las principales fuerzas insurgentes, especialmente las FARC, aunque aún hoy existen diversas facciones que no han aceptado los términos del proceso de paz y siguen en armas. Lo mismo ocurre con el ELN y otras fuerzas menores. No obstante, el mayor peligro actual viene de las fuerzas paramilitares que se han sumado a los carteles de narcotráfico y se ocupan de evitar el retorno de millones de desplazados del campo colombiano a sus terruños, a fin de proteger los intereses de poderes oligárquicos quasi feudales y del narcotráfico. La paz es un proceso que ha avanzado significativamente, al punto que podríamos decir que uno de sus primeros réditos consiste precisamente en la elección de Petro, quien, pese a su pasado guerrillero, ha logrado ganado la confianza de la mayoría de la sociedad colombiana. 

Al presente Colombia atraviesa una situación económica marcada por altas tasas de crecimiento y excedente comercial, pero con pronunciadas tendencias inflacionistas, caída del valor del peso colombiano y un aparato productivo centrado en el extractivismo, en particular, carbón e hidrocarburos, así como otros productos como el café, y también en el narcotráfico que ha crecido a niveles escabrosos. Actualmente Colombia tiene más de 200.000 ha de coca con rendimientos que llegan a ser en algunas regiones 6 veces mayores que los oficialmente registrados en Bolivia. La clase dominante colombiana no ha incursionado en la sostenibilidad ambiental y concentra muchos recursos que no son utilizados, como es el caso de la tierra, donde se estima que más de 15 millones de ha. de alta fertilidad no son utilizadas y sólo sirven como activos de respaldo a terratenientes y narcotraficantes. Estas tierras se hallan en la mira de Petro y su movimiento, como veremos a continuación.

El programa de Petro, una revolución en nuestras latitudes

A fin de sintetizar el enfoque de Petro podemos decir que su programa se halla en las antípodas de los programas que han aplicado los regímenes del llamado “socialismo del siglo XXI” que se han instalado en nuestra América en las últimas dos décadas.

Petro propone una reforma de la tenencia de la tierra en base a su uso o aprovechamiento sostenible. Eso no significa que busque estatizar la tierra, sino que planteará un esquema basado en la compra de la tierra. Para animar a usar la tierra a sus actuales propietarios, Petro establecerá impuestos significativos sobre la tierra que no sea utilizada. Eso significa que los propietarios se verán en la disyuntiva de utilizar la tierra, pagar dichos impuestos o venderla. Dado que muchos no tendrán ninguna intención de utilizarla y menos de pagar impuestos, les quedará la alternativa de venderla. El gobierno colombiano la comprará con fondos provenientes de bonos emitidos por el Estado de modo que parte o gran parte de los recursos que requiera para esa operación provendrán de inversionistas interesados en adquirir dichos bonos. La siguiente etapa consistirá en distribuir esas tierras, de modo que se pueda aprovechar todo el potencial con el que actualmente cuenta Colombia.


Petro, Francia y David Racero (Presidente de la Cámara de Representantes)

Los programas sociales que propone Petro apuntan a crear oportunidades para todos con un gran énfasis en jóvenes, mujeres y la población rural, centrados en el fortalecimiento de la capacidad interna de abastecimientos, en la economía del conocimiento y en empoderar a las mujeres. La educación, la salud, la superación de la informalidad también se hallan en su propuesta de transformación.

Por los primeros nombres de ministros de su gabinete dados a conocer, todo indica que busca una alianza social, política y regional de amplio espectro, recurriendo a figuras descollantes del ambiente colombiano. El caso de la ministra designada para agricultura, López, es paradigmático, ya que se trata de una profesional altamente competente, ex ministra de agricultura, que proviene de las filas del liberalismo y estará a cargo de la reforma agraria que propicia Petro. En otros regímenes “progresistas” una decisión de tan hondo calado sería impensable.

Dado el corto periodo de gobierno y la imposibilidad de reelección, Petro apunta a establecer un gobierno de transición, lo cual significa poner a toda la sociedad colombiana sobre los rieles de la transición rumbo a la paz plena o más completa, los derechos ciudadanos, la sostenibilidad ambiental, la igualdad, el desmontaje de los grupos violentos, la lucha frontal contra el narcotráfico, el cambio de la matriz productiva. Su gobierno se ocupará de sentar las bases para poner en marcha dicho proceso de transición, que sus sucesores deberán empeñarse en continuarlo y perfeccionarlo, y esta es otra razón poderosa para forjar una gran alianza nacional con todas las fuerzas sociales. En Bolivia y en muchos otros países deberían tomar en cuenta este enfoque seriamente.

Otros acentos que ha marcado Petro tienen que ver con el respeto a la democracia, los derechos y libertades. Incluso, para quienes tratan de verlo como un ex guerrillero afín a los regímenes “progresistas” que han surgido en la región, ha sostenido el día de su triunfo que él se ocupará de desarrollar el capitalismo, dejando claramente sentado que la sociedad colombiana está muy rezagada y que existen muchas tareas de modernización que el capitalismo puede asumir con ventaja.

Como se puede apreciar, Petro representa una izquierda de otro cuño, respetuoso de derechos y libertades, pero también muy consciente que la distribución tiene que venir de la mano de la producción, de la creación de valor, del aprovechamiento sostenible de los recursos, discurso diametralmente opuesto a los esquemas fallidos del “progresismo” latinoamericano, centrados en el extractivismo a mansalva.

En una entrevista ya como presidente electo, Petro ha señalado su intención de trabajar con Mariana Mazzucato, economista italo-norteamericana que se ha destacado en la última década por su enfoque centrado la “economía de las misiones”, pilotada por el Estado como encargado de generar, en alianza con el sector privado, una diversidad de innovaciones que ayudarán a transformar profundamente la base económica y tecnológica de la sociedad colombiana.

El punto débil de su esquema es su falta de una mayoría parlamentaria. Su propuesta de desarrollar un gran acuerdo nacional apunta a ello, a lograr una mayoría capaz de poner en marcha la transición a una economía sostenible. Es de desear que sea una oposición que sólo tenga en mente los intereses del conjunto de la sociedad colombiana y no intereses ajenos al futuro del país.

En suma, Petro es la mejor síntesis posible de superación de las graves contradicciones y conflictos que dominan la sociedad colombiana, ya que ha sido capaz de formular una profunda crítica y cuestionamiento a la sociedad y, al mismo tiempo, ha logrado pergeñar un modelo que se halle a tono no sólo con los desafíos de la sociedad colombiana que son muchos y muy grandes, sino también con los desafíos que enfrenta el mundo.

Lo único que podemos desear es que a Colombia y a Petro les vaya bien y que se convierta dicha experiencia en el faro que ilumine toda la región, urgida como nunca de respuestas claras y coherentes que no se escuden en falsos logros y triunfos.

(*) Economista, catedrático de “Desarrollo del Capitalismo”.

05 julio 2022

PROBLEMAS ESTRUCTURALES. ¿QUÉ SON? ¿CUÁL ES SU IMPORTANCIA? ¿POR QUÉ VIVIMOS ACOSADOS POR ELLOS?


Carlos Rodrigo Zapata C.

A fin de caracterizar fácilmente este fenómeno, podemos decir que los problemas estructurales son aquellos que impiden la aplicación de soluciones simples y aisladas, debido a que dichas soluciones usualmente desencadenan múltiples problemas en otros ámbitos. Por ello, la solución de los problemas estructurales debe ser integral a fin de atender las múltiples dimensiones que lo caracterizan.

Esto se debe a que la estructura es producto de una serie de interrelaciones y concatenaciones fijas que se establecen a través del tiempo entre diferentes elementos o componentes de un sistema. Dichas interrelaciones pueden ser intencionadas, en el sentido que se ha buscado crear o generar dichas concatenaciones, o espontáneas, generadas por las fuerzas que han sido liberadas en un sistema.

Un ejemplo gráfico de la conformación de problemas estructurales podemos verlo en el caso de los riesgos y desastres. La falta de políticas de prevención de riesgos en los procesos de crecimiento y desarrollo lleva a la acumulación de riesgos, los cuales pueden desembocar en desastres de diversa magnitud, debido a que los riesgos no manejados oportunamente se expresan o ponen de manifiesto por la vía de los desastres. De ahí que los especialistas en riesgos, cuando se refieren a desastres, hablan de la súbita actualización de una cadena de yerros e insuficiencias social e institucionalmente construidos a través del tiempo. Esa cadena de yerros e insuficiencias son justamente los riesgos que se han ido acumulando. La falla estructural radica, por ejemplo, en levantar una serie de edificaciones, sin tener en cuenta los riesgos (sísmicos, hídricos, movimientos de masa) a los que las mismas están expuestas, y no haber establecido una política de prevención de riesgos.

La forma más usual de abordar los problemas en nuestra sociedad consiste en identificar algún problema y plantear soluciones puntuales para resolverlo, sin advertir ni reconocer su dimensión estructural, como si se tratara de un problema aislado que puede enfrentarse y resolverse igualmente de modo aislado. De ese modo, podría dar la impresión de que el país cuenta con diversas soluciones posibles, sólo que no hay quién les preste atención ni las aplique.

Este modo de ver las cosas nos lleva a desconocer el grado de dificultad que puede traer consigo la solución de múltiples problemas, mucho más cuando se cuenta con diagnósticos insuficientes que usualmente sólo ven la superficie de los problemas y no sus causas o raíces ni las estructuras en las que se encuentran insertos, apresados o secuestrados. Como veremos, muchos problemas en nuestra sociedad se hallan literalmente secuestrados por otros problemas, cada uno de ellos de igual o mayor envergadura, al extremo que las soluciones superficiales, en lugar de resolver los problemas existentes de modo estable y sostenible, tienden a generar otros problemas de carácter estructural, haciendo cada vez más difícil resolver los viejos problemas estructurales que son los que originaron los nuevos problemas estructurales. De este modo se van conformando capas sucesivas de problemas estructurales, una situación muy difícil de resolver

Para analizar más a fondo el tema de los problemas estructurales, me referiré a la propuesta reciente de CAINCO que propone eliminar aranceles aduaneros a fin de evitar el contrabando, ya que lo uno estaría directamente relacionado con lo otro.

¿Qué significa ello? Que entre aranceles y contrabando habría una relación única que se destruye en el momento en que se eliminan los aranceles. Dicho de modo simple: chau aranceles, chau contrabando, asunto resuelto. En la propuesta se señalan algunos efectos adversos sobre la economía, en particular la imposibilidad de competir con los productos extranjeros que ingresan de contrabando. [Ver la propuesta de CAINCO en: https://eldeber.com.bo/edicion-impresa/los-empresarios-plantean-eliminar-aranceles-para-evitar-contrabando_284881]

Este es un ejemplo de fondo de lo señalado preliminarmente: no es posible plantear soluciones de verdad con malos diagnósticos porque el remedio puede ser peor que la enfermedad. Lo que podemos aseverar es que el contrabando es un problema estructural y no un simple problema que se puede resolver con una simple solución. Para comprender este alcance, veamos cuáles son las principales funciones que cumple el contrabando en nuestra economía y sociedad.

Lo primero es comprender que el comercio y los servicios, desde que empezó a surgir el sector informal, allá por los años cincuenta del pasado siglo, se constituyeron en los sectores de actividad que más y mejor ayudaron al sector informal a construir diversos modos de subsistencia, precarios, pero capaces de asegurar el pan de cada día. De modo que estos sectores se hallan en la medula espinal del sector informal. En el curso del tiempo, esa variante del comercio llamada contrabando, pasó a convertirse en la estrella de dicho sector, simplemente porque se constituyó en la fuente primordial de la creación de autoempleos y mini emprendimientos usualmente de corte familiar que ayudaban a cubrir las necesidades mínimas.

Esta situación no ha cambiado en absoluto desde sus orígenes, sino que más bien se ha ido acentuando y perfeccionando, al punto que hoy en día sabemos que existen diversos gremios informales estrechamente vinculados con el contrabando. Los contrabandistas de chutos, ropa usada, productos pirateados, línea blanca, etc., se han especializado en todos los sentidos de la palabra, ya ni hablar del contrabando de salida que responde a otras lógicas. Han encontrado rutas, contactos, formas de sobornar y chantajear y tampoco han vacilado ante la necesidad de declarar zonas libres (las llamadas "zonas rojas") a diversas áreas fronterizas o recurrir a las armas para defender sus mercancías de contrabando e inclusive para acribillar a policías. Diríamos que los contrabandistas son quienes abastecen a los trabajadores informales bolivianos y al conjunto de la sociedad, de productos de todo tipo internados ilegalmente cada año.

Justamente detrás de ellos hay millones de trabajadores ligados al sector informal que viven esencialmente del contrabando. Hoy en día se estima que el sector informal absorbe en Bolivia al 83% de la fuerza laboral (en India es 90%, en Europa ronda el 15%), eso significa aprox. 6 millones de trabajadores, muchos de los cuales se hallan íntimamente relacionados con los dos sectores madre del sector informal, servicios y comercio, cerca de 4 millones de trabajadores, que tienen que vivir inventándose fuentes de subsistencia, ante la total incapacidad de los propietarios de los medios de producción de crear los suficientes puestos de trabajo que hagan innecesario todo este sistema involuntario de auto boicot a todos nuestros modos de ordenamiento, instituciones y estructuras.

Un dato impactante. Hasta el presente se han registrado 151.000 empresas de todo tamaño dedicadas al rubro automotor, lo cual incluye todo tipo de negocio relacionado con este sector, desde compra y venta de automotores, hasta talleres, comercializadoras de autopartes, lavado, repuestos e incluso transporte. El parque automotriz que pasó de 0,5 a 2,3 millones de unidades en un lapso de 15 años es completamente dependiente de las importaciones y el contrabando, por lo que se ha convertido en el principal sector generador de empleo del país, radicado esencialmente en el sector informal. Las empresas del sector automotor representan al 42% de las 355.335 empresas registradas en todos los rubros a nivel nacional [Cuadros de FUNDEMPRESA, marzo 2022].

¿Cuáles serían las consecuencias de aplicar la medida sugerida por CAINCO?

Los trabajadores relacionados con el sector informal que dependen umbilicalmente del contrabando perderían una inmensa cantidad de oportunidades de empleo y de generación de ingresos, situación que no podría ser tolerada por este sector.

En pocas palabras, eliminar los aranceles significaría una declaratoria de guerra a los millones de informales, ya que ellos viven en gran parte del contrabando. En este punto es crucial comprender la lógica de funcionamiento que opera en el sector. Para los informales no se trata únicamente de burlar los aranceles, sino que para ellos es vital la coexistencia de las importaciones legales al lado del contrabando. ¿Por qué? Simplemente porque esa coexistencia les permite maximizar el diferencial de precios entre los precios de los importadores legales (que se supone pagan aranceles) y los contrabandistas (que obviamente no pagan aranceles). Sin dicho diferencial, no tienen oportunidades de competir con las empresas que se abastecen de dichos productos importados. Las diferencias de productividad entre informales y sectores formales son demasiado grandes como para que tengan la oportunidad de competir y por tanto de subsistir en un medio que ya está abarrotado por miles de pequeñas empresas en cada rubro que han logrado instalarse en el país.

Lo que buscan los informales es reducir los desniveles en capacidad competitiva, para lo que se valen de una serie de medios o estrategias para lograr su propósito. Una de ellas es el contrabando, la otra es la misma importación legal, para maximizar el diferencial de precios, ya señalado. No sólo eso, sino que, en la tarea de hacerse más competitivos, los informales emplean grandes dosis de ‘esfuerzos productivos adicionales’ (EPAs), lo que significa aplicar trabajo familiar no remunerado que contribuye a maximizar los ingresos totales y a reducir los costos de producción y los precios. En este marco, la baja inflación en Bolivia también está intrínsecamente ligada con la auto explotación familiar del sector informal más grande de la región.

Al lado de estas estrategias para reducir los desniveles de competitividad existen otras relacionadas con todas las características intrínsecas del sector informal, tales como no pago de impuestos (o reducidos, sujetos a regímenes especiales), no cumplimiento de leyes laborales, inexistencia de aguinaldo, seguro de salud o seguro de vejez. También aparecen todas las formas de relacionarse con el poder político para acceder a perdonazos, prebendas, excepciones, etc., siempre a cambio de apoyo político. Como si fuera poco, el sector informal además está abierto a todos los recursos que ingresan al país por la vía del lavado de capitales negros, es decir, de origen no legal o no registrado, muchos de ellos relacionados con el extractivismo depredador y el narcotráfico. Todos estos son recursos de los que se valen los informales para superar los desniveles de productividad y competitividad existentes y lograr mejorar sus ingresos y sus oportunidades de empleo. De este modo el país ha fabricado dos almas: la que busca incrementar la productividad y la eficiencia y la que ve formas de hacerle el quite a estas exigencias para subsistir. Por supuesto que hay unos pocos que hacen grandes fortunas con todo ello.

Muchas de las distorsiones que ocurren en los esfuerzos por construir un ordenamiento jurídico, social e institucional adecuados, no sucederían si los propietarios de los medios de producción se hubieran ocupado de generar valor y crear suficientes puestos de trabajo y no se dedicaran al extractivismo, el rentismo y la explotación a mansalva de los bienes naturales. La incapacidad de crear puestos de trabajo ha generado a su vez este otro problema estructural de dimensiones colosales (el sector informal), ya que involucra a muchos ámbitos, sectores e intereses de nuestra economía y sociedad.

Como se puede observar, todo este cúmulo de medios y estrategias de los que se vale el sector informal se basa en dos aspectos centrales: depende en gran medida del contrabando y hace prácticamente imposible o inviable todo atisbo de construcción de una institucionalidad capaz de ordenar la economía.

Pensar que eliminando el contrabando se podrían ordenar muchos aspectos de la vida nacional, es un grave error, pues lo único que se lograría es que todos los riesgos que meticulosamente hemos fabricado y sembrado a través de décadas revienten en una gran insurrección popular motivada por la angustia y la desesperación.

En conclusión. La economía boliviana está sitiada por incontables problemas estructurales de hondo calado y largo pasado que impiden la aplicación de soluciones descontextualizadas, que no tomen en cuenta la integralidad de la problemática. Sin comprender profundamente los problemas estructurales no tenemos salida de ningún tipo.

Lastimosamente las teorías y doctrinas que circulan en nuestro medio han sido concebidas para sociedades que han procurado ajustarse al ‘acuerdo tácito fundamental’ que debe primar en toda sociedad que busque la convivencia pacífica y procure generarse un futuro promisorio. Dicho acuerdo señala que los propietarios de los medios de producción, al mismo tiempo que gozan del privilegio de poseer e incluso de concentrar dichos medios en pocas manos y de administrarlos, tienen el deber de generar los suficientes puestos de trabajo para toda la población trabajadora, y no sólo eso, sino usar y aprovechar dichos recursos de modo sostenible.

Ese pacto nunca se tomó en cuenta en Bolivia y hasta se cree que una minoría tiene el privilegio natural de disponer de los recursos a su antojo, sin tener ningún deber ni obligación de usarlos de modo responsable y sostenible.

Dado que los informales están lejos de ser propietarios de los medios de producción, lo cual vale para la gran mayoría, no tienen otro medio que inventarse toda clase de fuentes y formas de subsistencia, lo que impide poner orden en los procesos económicos, legales, ambientales, sociales y políticos, todo lo cual trastoca todo principio de convivencia y deja las puertas abiertas de par en par para el surgimiento y profundización de toda suerte de problemas estructurales que asolan la vida colectiva de nuestro país.

La idea de CAINCO de liquidar el contrabando por la vía de la eliminación de los aranceles no sólo peca de una gran estrechez de miras, sino que muestra un gran desconocimiento de la realidad del país. Si por ahí a este gobierno u otro se le antojara seguir estas recetas ultra neoliberales se desataría una gran conmoción social, pues se estaría afectando los precarios fundamentos que millones de informales se han inventado a lo largo de décadas luego de haber sido abandonados a su suerte, sin incursionar en la solución de la causa de fondo que ha originado todo este desmadre, o sea, la incapacidad de los propietarios de los medios de producción de generar puestos de trabajo.

Por todo lo señalado, recomiendo empezar a descubrir cuáles son los problemas estructurales que nos tienen acosados como para empezar a comprender el tamaño de desbarajuste en el que nos hallamos y las soluciones integrales que debemos construir.



31 mayo 2022

¿PUEDE RESURGIR LA GLOBALIZACIÓN DE SUS PROPIAS CENIZAS COMO EL AVE FÉNIX?


Carlos Rodrigo Zapata C. (*)

La reflexión que nos presenta Dani Rodrik es sin duda lúcida e incluso esperanzadora, pues no se rinde ante los resultados de la globalización, sino que más bien cree que puede resurgir de sus propias cenizas como el ave Fénix.

En el link adjunto se ha incluido el artículo original de Rodrik, así como la traducción al español del mismo. Vale la pena leerlo, pues nos muestra una nueva perspectiva y posibilidad de la globalización.



Rodrik plantea como imagen objetivo de esta nueva globalización nada menos que “permitir prosperidad inclusiva en casa y paz y seguridad en el exterior”. Da la impresión que Rodrik ve a la globalización como una suerte de panacea capaz de traer bienestar global y además paz y seguridad, unos alcances que seguramente nunca antes nos habíamos imaginado.

No obstante, aborda con pinzas esta nueva globalización utópica, ya que una de las condiciones que expone consiste en trazar líneas geopolíticas rojas que impidan que la cooperación global sea hecha trizas y que todo el castillo vuele por los aires, como está sucediendo precisamente en estos momentos, cuando Rusia al invadir a Ucrania de modo salvaje y feroz, ha destruido todo fundamento para un proceso de cooperación intensificada y multilateral con el invasor.

Poner fundamentos sólidos a las utopías no es fácil, pues imponen demandas y exigencias que tienen mucho sentido, pero que a la larga serán muy difíciles de cumplir, especialmente por parte de los actores que se alejan significativamente del promedio. Las potencias que se consideren ajenas o alejadas de ese promedio tenderán a hacer prevalecer sus propias reglas, poniendo en remojo o destruyendo las bases de la utopía. Ahora es Rusia, mañana puede ser Estados Unidos y pasado China los actores renuentes a someterse a reglas que puedan en alguna medida limitar o cuestionar el uso de toda su fuerza y capacidad. Su fuerza y poder serán siempre guía más segura para sus propias decisiones. La globalización sólo funcionará mientras los beneficios que extraigan de ella sean claramente superiores a los costos que les depara. 

Por lo que puede apreciarse, la única globalización que en adelante será posible, será aquella que satisfaga objetivos de corto a mediano plazo de conjuntos de países que temporalmente coincidan en sus trayectorias. La gran globalización como panacea de un mundo nuevo o mejor, capaz de abrir las puertas a todo esfuerzo innovador y actuar con equidad en la distribución de los beneficios, no parece tener en este tiempo muchas oportunidades de realizarse.

(*) Economista, experto en planificación territorial, catedrático de "Desarrollo del Capitalismo".


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DE LAS CENIZAS DE LA HIPERGLOBALIZACIÓN PODRÍA SURGIR UNA MEJOR GLOBALIZACIÓN


May 9, 2022 DANI RODRIK

CAMBRIDGE – Hoy en día generalmente se acepta que la era de hiperglobalización posterior a la década de 1990 ha llegado a su fin. La pandemia de COVID-19 y la guerra de Rusia contra Ucrania han relegado los mercados globales a un nivel secundario y, en el mejor de los casos, a un papel de apoyo a los objetivos nacionales, en particular la sanidad pública y la seguridad nacional. Pero las conversaciones sobre la desglobalización no deberían ocultarnos la posibilidad de que, de hecho, la crisis actual puede producir una mejor globalización.

La verdad es que la hiperglobalización ya estaba en retroceso desde la crisis financiera global de 2007-2008. La parte del comercio en el PIB mundial comenzó a declinar después de 2007, cuando la proporción de las exportaciones del PIB de China cayó unos notables 16 puntos porcentuales. Las cadenas de valor globales dejaron de expandirse. Los flujos de capital internacionales nunca recuperaron sus niveles anteriores a 2007. Y en las economías avanzadas los populistas abiertamente hostiles a la globalización se volvieron mucho más influyentes.

La hiperglobalización comenzó a crujir por sus propias contradicciones. La primera fue la tensión entre las ganancias derivadas de la especialización y aquellas derivadas de la diversificación productiva. El principio de la ventaja competitiva sostenía que los países debían especializarse en lo que producían bien. Pero una larga línea de pensamiento desarrollista sugería que, en lugar de eso, los gobiernos debían estimular sus economías para producir lo que los países más ricos producían. El resultado fue un conflicto entre las políticas intervencionistas de los países más exitosos, notablemente China, y los principios “liberales” consagrados en el sistema de comercio mundial.

En segundo lugar, la hiperglobalización exacerbó los problemas de distribución en muchas economías. La otra cara inevitable de las ganancias del comercio fue la redistribución del ingreso de los perdedores a los ganadores. Y a medida que se profundizó la globalización, creció la redistribución de sus perdedores a sus ganadores cada vez más en relación con las ganancias netas. Los economistas y tecnócratas que menospreciaron la lógica central de su disciplina terminaron socavando la confianza pública en ella.

En tercer lugar, la hiperglobalización socavó la rendición responsable de cuentas (accountability, CRZC) de los funcionarios públicos ante sus electores. Los llamados a reescribir las reglas de la globalización se respondieron con la respuesta de que la globalización era inmutable e irresistible, “el equivalente económico de una fuerza de la naturaleza, como el viento o el agua”, como dijo el presidente estadounidense Bill Clinton. A quienes cuestionaron el sistema imperante, el primer ministro del Reino Unido, Tony Blair, respondió que "también podrían debatir si el otoño debería seguir al verano".

En cuarto lugar, la lógica de suma cero de la seguridad nacional y la competencia geopolítica era la antítesis de la lógica de suma positiva de la cooperación económica internacional. Con el ascenso de China como rival geopolítico de Estados Unidos y la invasión rusa de Ucrania, la competencia estratégica se ha reafirmado a sí misma por encima de la economía.

Con el colapso de la hiperglobalización, los escenarios para la economía mundial comprenden todo tipo. El peor resultado, recordando la década de 1930, sería el retorno de los países (o grupos de países) a la autarquía. Una posibilidad menos mala, pero igualmente fea, es que la supremacía de la geopolítica signifique que las guerras comerciales y las sanciones económicas se conviertan en una característica permanente del comercio y las finanzas internacionales. El primer escenario parece poco probable: la economía mundial es más interdependiente que nunca y los costos económicos serían enormes, pero ciertamente no podemos descartar el segundo.

Sin embargo, también es posible vislumbrar un buen escenario en el que logremos un mejor equilibrio entre las prerrogativas del Estado-nación y los requisitos de una economía abierta. Tal reequilibrio podría permitir prosperidad inclusiva en casa y paz y seguridad en el exterior.  

El primer paso es que los formuladores de políticas reparen el daño causado a las economías y sociedades por la hiperglobalización, junto con otras políticas de ‘primero el mercado’. Esto requerirá revivir el espíritu de la era de Bretton Woods, cuando la economía mundial servía a los objetivos económicos y sociales nacionales (pleno empleo, prosperidad y equidad) y no al revés. Bajo la hiperglobalización, los políticos invirtieron esta lógica, con la economía global convirtiéndose en el fin y la sociedad nacional en el medio. La integración internacional condujo entonces a la desintegración interna. Algunos podrían preocuparse de que enfatizar los objetivos económicos y sociales domésticos socavaría la apertura económica. En realidad, la prosperidad compartida hace que las sociedades sean más seguras y más propensas a fomentar la apertura al mundo. Una lección clave de la teoría económica es que el comercio beneficia a un país en su conjunto, pero sólo mientras se aborden las preocupaciones distributivas. A los países bien administrados y bien ordenados les interesa estar abiertos. Esta es también la lección de la experiencia real bajo el sistema de Bretton Woods, cuando el comercio y la inversión a largo plazo aumentaron significativamente.

Un segundo requisito previo importante para el buen escenario es que los países no conviertan una búsqueda legítima de seguridad nacional en una agresión contra otros. Rusia puede haber tenido preocupaciones razonables sobre la ampliación de la OTAN, pero su guerra en Ucrania es una respuesta completamente desproporcionada que probablemente dejará a Rusia menos segura y menos próspera a largo plazo.

Para las grandes potencias, y EE. UU. en particular, esto significa reconocer la multipolaridad y abandonar la búsqueda de la supremacía mundial. Estados Unidos tiende a considerar el predominio estadounidense en los asuntos globales como el estado natural de las cosas. Desde este punto de vista, los avances económicos y tecnológicos de China son inherente y evidentemente una amenaza, y la relación bilateral se reduce a un juego de suma cero.

Dejando de lado la cuestión de si EE. UU. puede realmente evitar el ascenso relativo de China, esta mentalidad es peligrosa e improductiva. Por un lado, exacerba el dilema de la seguridad: es probable que las políticas estadounidenses diseñadas para socavar a las empresas chinas como Huawei hagan que China se sienta amenazada y responda de manera que validen los temores de Estados Unidos al expansionismo chino. Una perspectiva de suma cero también hace que sea más difícil cosechar los beneficios mutuos de la cooperación en áreas como el cambio climático y la salud pública mundial, al tiempo que reconoce que necesariamente habrá competencia en muchos otros dominios.

En resumen, nuestro mundo futuro no tiene por qué ser uno en el que la geopolítica triunfe sobre todo lo demás y los países (o bloques regionales) minimicen sus interacciones económicas entre sí. Si ese escenario distópico se materializa, no será debido a fuerzas sistémicas fuera de nuestro control. Al igual que con la hiperglobalización, será porque tomamos las decisiones equivocadas.

 

DANI RODRIK

Dani Rodrik, profesor de Economía Política Internacional en la Escuela de Gobierno John F. Kennedy de la Universidad de Harvard, es presidente de la Asociación Económica Internacional y autor de Straight Talk on Trade: Ideas for a Sane World Economy (Princeton University Press, 2017).

[Traducción: C R Zapata]


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A Better Globalization Might Rise from Hyper-Globalization’s Ashes

 May 9, 2022DANI RODRIK

Tomado de: Project Syndicate

With the end of post-1990s hyper-globalization, scenarios for the world economy run the gamut. In the best case, achieving a better balance between the prerogatives of the nation-state and the requirements of an open economy might enable inclusive prosperity at home and peace and security abroad.

CAMBRIDGE – The post-1990s era of hyper-globalization is now commonly acknowledged to have come to an end. The COVID-19 pandemic and Russia’s war against Ukraine have relegated global markets to a secondary and at best supporting role behind national objectives – in particular, public health and national security. But all the talk about deglobalization should not blind us to the possibility that the current crisis may in fact produce a better globalization.

In truth, hyper-globalization had been in retreat since the global financial crisis of 2007-08. The share of trade in world GDP began to decline after 2007, as China’s export-to-GDP ratio plummeted by a remarkable 16 percentage points. Global value chains stopped spreading. International capital flows never recovered to their pre-2007 heights. And populist politicians openly hostile to globalization became much more influential in the advanced economies.

Hyper-globalization crumbled under its many contradictions. First, there was a tension between the gains from specialization and the gains from productive diversification. The principle of comparative advantage held that countries should specialize in what they were currently good at producing. But a long line of developmental thinking suggested that governments should instead push national economies to produce what richer countries did. The result was the conflict between the interventionist policies of the most successful economies, notably China, and the “liberal” principles enshrined in the world trading system.

Second, hyper-globalization exacerbated distributional problems in many economies. The inevitable flip side of the gains from trade was the redistribution of income from its losers to its winners. And as globalization deepened, redistribution from losers to winners grew ever larger relative to the net gains. Economists and technocrats who pooh-poohed the central logic of their discipline ended up undermining public confidence in it.

Third, hyper-globalization undermined the accountability of public officials to their electorates. Calls to rewrite globalization’s rules were met with the retort that globalization was immutable and irresistible – “the economic equivalent of a force of nature, like wind or water,” as US President Bill Clinton put it. To those who questioned the prevailing system, UK Prime Minister Tony Blair responded that, “You might as well debate whether autumn should follow summer.”

Fourth, the zero-sum logic of national security and geopolitical competition was antithetical to the positive-sum logic of international economic cooperation. With China’s rise as a geopolitical rival to the United States, and Russia’s invasion of Ukraine, strategic competition has reasserted itself over economics.

With hyper-globalization having collapsed, scenarios for the world economy run the gamut. The worst outcome, recalling the 1930s, would be withdrawal by countries (or groups of countries) into autarky. A less bad, but still ugly, possibility is that the supremacy of geopolitics means that trade wars and economic sanctions become a permanent feature of international trade and finance. The first scenario seems unlikely – the world economy is more interdependent than ever, and the economic costs would be huge – but we certainly cannot rule out the second.

Yet, it is also possible to envisage a good scenario whereby we achieve a better balance between the prerogatives of the nation-state and the requirements of an open economy. Such a rebalancing might enable inclusive prosperity at home and peace and security abroad.

The first step is for policymakers to mend the damage done to economies and societies by hyper-globalization, along with other market-first policies. This will require reviving the spirit of the Bretton Woods era, when the global economy served domestic economic and social goals – full employment, prosperity, and equity – rather than the other way around. Under hyper-globalization, policymakers inverted this logic, with the global economy becoming the end and domestic society the means. International integration then led to domestic disintegration.

Some might worry that emphasizing domestic economic and social objectives would undermine economic openness. In reality, shared prosperity makes societies more secure and more likely to countenance openness to the world. A key lesson of economic theory is that trade benefits a country as a whole, but only as long as distributive concerns are addressed. It is in the self-interest of well-managed, well-ordered countries to be open. This is also the lesson of actual experience under the Bretton Woods system, when trade and long-term investment increased significantly.

A second important prerequisite for the good scenario is that countries do not turn a legitimate quest for national security into aggression against others. Russia may have had reasonable concerns about NATO enlargement, but its war in Ukraine is a completely disproportionate response that will likely leave Russia less secure and less prosperous in the long run.

For great powers, and the US in particular, this means acknowledging multipolarity and abandoning the quest for global supremacy. The US tends to regard American predominance in global affairs as the natural state of affairs. In this view, China’s economic and technological advances are inherently and self-evidently a threat, and the bilateral relationship is reduced to a zero-sum game.

Leaving aside the question of whether the US can actually prevent China’s relative rise, this mindset is both dangerous and unproductive. For one thing, it exacerbates the security dilemma: American policies designed to undermine Chinese firms such as Huawei are likely to make China feel threatened and respond in ways that validate US fears of Chinese expansionism. A zero-sum outlook also makes it more difficult to reap the mutual gains from cooperation in areas such as climate change and global public health, while acknowledging that there will necessarily be competition in many other domains.

In short, our future world need not be one where geopolitics trumps everything else and countries (or regional blocs) minimize their economic interactions with one another. If that dystopian scenario does materialize, it will not be due to systemic forces outside our control. As with hyper-globalization, it will be because we made the wrong choices.

DANI RODRIK


Dani Rodrik, Professor of International Political Economy at Harvard University’s John F. Kennedy School of Government, is President of the International Economic Association and the author of Straight Talk on Trade: Ideas for a Sane World Economy (Princeton University Press, 2017).




05 mayo 2022

LA GUERRA DE UCRANIA, UN TENDAL DE MUERTOS Y VERDADES CONSTRUIDAS

 

El mundo observa cada vez más atemorizado lo que acontece en Ucrania, en ese territorio emplazado entre Rusia y Europa. Sin duda, la brutalidad con la que el régimen ruso encabezado por Vladimir Putin ha demostrado una vez más que el ser humano aún no cuenta con una cultura de la paz, ni una civilización orientada a la paz, nos interpela a todos y nos muestra que aún estamos lejos de la imagen de seres de bien y de paz que pretendemos ser.

Una dimensión extremadamente preocupante de ese escenario de falta de esa cultura de paz es la de los relatos construidos, las argumentaciones forzadas que por fuerza dejan sin considerar elementos cruciales de la situación imperante, todo en aras de emplazar la propia versión como la más precisa para explicar lo que acontece.

El artículo de Oskar Lafontaine, ex candidato a Canciller de Alemania, es un ejemplo de este extremo.

En estas notas presento el artículo original de Lafontaine, su traducción al español y mi propio comentario. Considero que es crucial que las partes que procuran contribuir a esbozar los escenarios de la paz futura y que se hallan a muchos kilómetros de donde suceden las matanzas despiadadas de ucranianos, traten de oírse mutuamente, dejen la arrogancia de discursos y relatos construidos para toda ocasión y se centren en lo que acontece, sin pretender hilar todo tan fino que ya sea imposible entenderse entre todos.

Considero que Lafontaine es un brillante político, con una larga trayectoria en la política y gestión pública alemanas, pero también creo que una visión ya largamente instalada sobre los actores en disputa le impide desarrollar una visión mucho más objetiva y apta para proponer elementos fundamentales para hacer posible la paz ya, porque mañana puede ser demasiado tarde.

En lugar de tantas explicaciones acerca de las razones de actuación de unos y otros, es crucial ver la atroz tragedia que acontece en Ucrania y las posibilidades y condiciones para la paz. Eso requiere la humanidad con suma urgencia.

C R Zapata


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ESTADOS UNIDOS EMPUJA A EUROPA A UNA GUERRA NUCLEAR

El canciller Olaf Scholz en el dominio absoluto de los jugadores de Washington: una paz negociada con Moscú se vuelve cada vez más urgente.

Oskar Lafontaine (*)

En realidad, la guerra de Ucrania se trata de una disputa entre Estados Unidos y Rusia. En su libro The Only World Power, publicado en 1997, Zbigniew Brzezinski, ex asesor de seguridad del presidente estadounidense Jimmy Carter, elogió el incomparable aparato militar estadounidense como el único con un radio de acción global. Por supuesto, Rusia y China no estarían de acuerdo con la hegemonía estadounidense. Por lo tanto, EE. UU. debe hacer todo lo posible para evitar que surja un retador euroasiático para apoderarse del continente euroasiático. Ucrania es el pivote geopolítico (o sea, el punto de apoyo, giro y pesca) en la consecución de este objetivo. Sin Ucrania, Rusia ya no sería un imperio euroasiático. Sin embargo, si Moscú recuperara el dominio sobre Ucrania con sus importantes riquezas naturales y acceso al Mar Negro, Rusia automáticamente obtendría los medios para convertirse en un poderoso imperio que se extendería por Europa y Asia. Si se complementan estas reflexiones con el mensaje clave de una conferencia pronunciada por el responsable de Stratfor, George Friedman, el 3 de febrero de 2015 en Chicago, según el cual el principal objetivo de la política estadounidense durante siglos ha sido lograr que no haya cooperación entre Rusia y Alemania, entonces se sabe cuál era el objetivo de la expansión de la OTAN hacia el este.

Miles de millones para un títere

También se puede entender por qué la subsecretaria de Estado de EE. UU., Victoria Nuland, admitió francamente hace años que EE. UU. había gastado cinco mil millones de dólares para instalar un gobierno títere en Kiev de su agrado. Entonces también queda claro por qué Washington ha estado haciendo todo lo posible durante años para evitar la entrega de carbón, petróleo y gas de Rusia a Europa. En este contexto, también es más que plausible que el reconocido economista estadounidense Jeffrey Sachs advierta que la estrategia estadounidense apunta a una larga guerra en Ucrania con miles de muertos. Recomienda a Europa que siga su propio camino y hable de una Ucrania neutral con autonomía para el Donbass como solución negociada. Es asombroso hasta qué punto los políticos y periodistas en Europa, especialmente en Alemania, no reconocen estas conexiones geoestratégicas y siguen ciegamente la estrategia extremadamente peligrosa de EE. UU. de calentar aún más la guerra de Ucrania. Extremadamente peligrosa porque los EE. UU. evidentemente no quieren seguir el consejo de su ex presidente John F. Kennedy, según el cual una potencia nuclear nunca debe ser puesta en una situación en la que ya no encuentre una salida para salvar las apariencias.

Es una gran desventaja que Alemania esté ahora a cargo de un gobierno en el que los principales políticos tienen poca experiencia política externa. A ello se agrega que el mayor partido de la oposición, la CDU, está dirigido por el ex cabildero de Blackrock Friedrich Merz, cuyo antiguo empleador se gana bien la vida con el aumento de los precios de las acciones de las empresas de armamento. Al SPD le faltan políticos entendidos en distensión que, como Brandt o Bahr, todavía sabían que la seguridad en Alemania y Europa sólo puede lograrse junto con el poder nuclear Rusia. En el FDP tampoco hay un solo político de la talla de Hans-Dietrich Genscher, quien como ministro de Asuntos Exteriores siempre estuvo atento al peligro de una guerra nuclear limitada a Europa. Incluso Guido Westerwelle tuvo el coraje de tratar con frialdad a Estados Unidos cuando atacó a Libia. ¿A qué político del FDP se le confiaría todo eso hoy?

El lenguaje fascista de Baerbock

Los vasallos estadounidenses más consistentes y peligrosos en el gobierno federal y en el Bundestag alemán son los Verdes, cuyo ex líder Joschka Fischer, junto con su posterior contraparte de negocios Madeleine Albright, impulsaron la participación de Alemania en la guerra ilegal según el derecho internacional en Yugoslavia. Se pensaba que las cosas no podían empeorar, pero la nueva ministra de Asuntos Exteriores, Annalena Baerbock, utiliza un lenguaje fascista y quiere "arruinar" a Rusia. Según su propio anuncio, ella se apoya en los hombros de la recientemente fallecida Madeleine Albright, quien justificó la muerte de 500.000 niños iraquíes a manos de las sanciones estadounidenses.

Imagínese el griterío de Los Verdes si el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Lavrov, justificara la muerte de 500.000 niños ucranianos con el argumento que sea. En esta situación intrincada, no es suficiente que Olaf Scholz retrase las entregas de armas.

El aumento de los envíos de armas es el mantra de la administración Biden, que quiere debilitar a Rusia a toda costa, independientemente de las muertes que resulten de los envíos continuos de armas.

¿Alguien cree seriamente que la poder nuclear Rusia puede permitirse perder la guerra de Ucrania en la actual situación política mundial? Se den cuenta o no, los fanáticos proveedores de armas del Bundestag serán en parte responsables del aumento diario de muertes. ¿Cuánto se supone que durará la guerra? ¿Tanto como la guerra en Afganistán? ¿Por qué la política alemana no está aprendiendo de los fracasos de las guerras de intervención lideradas por Estados Unidos en las que participó la Bundeswehr? Habría una posibilidad, aunque pequeña, si el reelegido presidente francés Emmanuel Macron y el canciller alemán Olaf Scholz, como lo hicieron una vez François Hollande y Angela Merkel, frustran a los impulsores de la guerra estadounidenses y propugnan una solución sobre la base de las propuestas preferidas por Volodymyr Zelenskyy - la neutralidad de Ucrania y la autonomía de Donbass.

El presidente ucraniano no será en todo ello un socio confiable porque los EE. UU. y los extremistas de derecha en Ucrania lo presionan constantemente. La rivalidad entre las potencias mundiales EE. UU., Rusia y China obliga a Europa a hacer todo para evitar verse envuelta en un conflicto nuclear entre estas grandes potencias.

Charles de Gaulle había reconocido este peligro para Francia y, por lo tanto, rechazó la integración de las fuerzas armadas francesas en la OTAN dirigida por Estados Unidos porque no quería confiar en la disposición de los EE. UU. a utilizar sus fuerzas nucleares en caso de conflicto con la Unión Soviética, incluso cuando Moscú amenazó con lanzar un contraataque en las principales ciudades de los EE. UU.

Así que insistió en que Francia construyera su propia fuerza nuclear. “Los estados no tienen amigos, sólo intereses” era su máxima, y ​​cuando se trataba de vida o muerte, es decir, la guerra, estaba convencido de que la decisión no podía dejarse en manos de otros.

Paz estable gracias a la distensión

Al igual que De Gaulle, el canciller Willy Brandt también sabía que sólo impondría su política de paz y distensión sólo contra las oposiciones de Washington. Convencido de que esta era la única manera de asegurar la paz en Europa, implementó su Ostpolitik paso a paso. Estados Unidos estaba muy enojado, como lo demuestra la llamada telefónica de Henry Kissinger a Richard Nixon, en la que Kissinger le deseaba abiertamente cáncer de cuello a Willy Brandt.

Una discusión aventurera está teniendo lugar actualmente en Alemania.

La política de distensión, el intento de una buena cooperación con Rusia, sería la razón de la evolución actual. Pocas veces la verdad se ha puesto patas arriba de esta manera. Nunca antes ha sido tan claro hasta qué punto la propaganda estadounidense determina los medios y el debate político en Alemania. La verdad es otra. La política de distensión comenzó a mediados de la década de 1960, lo que condujo a una paz estable en Europa y provocó la caída del Muro de Berlín y la retirada de las tropas soviéticas de Alemania y Europa del Este. En la década de 1990, comenzó la política de confrontación con la expansión de la OTAN hacia el este y el creciente cerco de Rusia. Condujo a la guerra en Yugoslavia, ilegal según el derecho internacional, y a la invasión de Ucrania por tropas rusas, también ilegal según el derecho internacional. Si no es posible llegar pronto a una paz negociada, el peligro de una guerra nuclear aumentará porque los responsables en Moscú están contra la pared y los apostadores en Washington creen desde hace años que una guerra nuclear podría limitarse a Europa.

(*) Oskar Lafontaine fue presidente del SPD y ministro de Finanzas de la República Federal de Alemania. 

(Traducción: CR Zapata, del original en alemán)


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Amerika treibt Europa in einen Atomkrieg

Kanzler Olaf Scholz im Würgegriff der Hasardeure von Washington: Ein Verhandlungsfrieden mit Moskau wird immer dringlicher.

Oskar Lafontaine 

WEW_17_022_SCHOLZ.pdf (nachdenkseiten.de




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Amerika treibt Europa in einen Atomkrieg

¿ESTARÍA EMPUJANDO ESTADOS UNIDOS A EUROPA HACIA UNA GUERRA NUCLEAR?


Carlos Rodrigo Zapata C. (*)

Preocupante artículo de Oskar Lafontaine, en parte porque tiene razón en algunos de sus argumentos y en parte porque simplifica o no toma en cuenta otros argumentos.

¿En qué tiene razón? Lo formulo así: no existe justificación suficiente en la entrega de armas a Ucrania si ello no viene acompañado de una clara propuesta de cese al fuego y paz inmediatas. Que se sepa, los países de la OTAN no tienen una propuesta semejante, clara y precisa, para ejecutar mañana, si Putin, el agresor con rasgos genocidas, estuviera dispuesto a negociar.

También tiene razón en eso que no se puede llevar a una potencia a un callejón sin salida en que no pueda salvar las apariencias porque ello puede desatar millones de demonios. Y el tal Putin y su marioneta, Lavrov, lo han dicho antes de la invasión y lo están repitiendo: Occidente, no juegues con fuego porque te puedes quemar.

Más allá de estos dos elementos que no es posible pasar por alto, también hay que señalar que Lafontaine presenta todo en blanco y negro, con una gran furia maniqueísta y dicotómica. Opone la política de distención de Brand y Bahr a la política de confrontación post caída de la cortina de hierro. Cita a unos halcones norteamericanos que siempre procuraron asegurar y garantizar el predominio norteamericano en el mundo, como si fueran los consejeros o incluso los tomadores de decisiones actuales, creando de este modo un ambiente de tremenda agresión. Esa no es manera alguna de evaluar el estado actual de las cosas.

Considera que la ampliación de la OTAN ha respondido religiosamente a un plan premeditado para cercar a Rusia y cerrarle toda posibilidad de recuperar su cualidad europea, o sea, que se apodere de Ucrania. Una reflexión muy construida, muy artificial. Todo responde a múltiples maquinaciones del pasado, nada es producto de respuestas actuales o incluso espontáneas.

Tampoco hace referencia a la Pax Atomica, como si Rusia pudiera libremente blandir su arsenal nuclear, chantajear al mundo con él y creer que podría quedar exento de una respuesta nuclear en caso que tuviera el atrevimiento de usar armas atómicas. Lo mínimo que cabía en este punto es que Lafontaine hable del exterminio súbito y simultáneo de las potencias nucleares que se atrevan a entrar en ese nivel de conflicto. Pero ni una palabra.

Dicho de otro modo: nada se come tan caliente como se lo sirve. Tampoco el menú que nos sirve Lafontaine. Lo que no nos dice es que él le atribuye a Rusia la potestad de disponer de Ucrania a su antojo y que la ampliación de la OTAN ha respondido también a los deseos urgentes de países tiranizados durante décadas por el poder soviético. Bastaría con tomar en cuenta lo acontecido con Alemania del Este para comprenderlo y poder ponerse en los zapatos de los vecinos de Rusia. Pero no, para Lafontaine todo responde y obedece sólo a las artimañas yanquis para impedir el crecimiento de Rusia y evitar que se convierta en un nuevo imperio euroasiático. ¡Qué derecho podría asistirles a los gringos de oponerse a la expansión de este nuevo imperio!

En síntesis, Rusia no tiene potestades especiales, ni las puede exigir. Occidente tampoco actúa únicamente al calor de sus estrategias de contención geopolíticas. También hay esos otros actores que sufrieron inmensamente durante la ocupación soviética y no quieren saber de volver a pasar por algo similar. Por tanto, requieren contar con el apoyo de una alianza colectiva que los proteja y respalde frente a su peligroso y criminoso vecino, como ha salido a relucir nuevamente de modo sangriento y brutal.

En este marco también hay que agregar que la solución que plantea Lafontaine, siguiendo las propuestas de Selensky, se queda corta, pues la parte de la solución de Selensky que no cita Lafontaine es la de las garantías de seguridad que pide Ucrania para evitar que se repita semejante agresión. En este punto Lafontaine otra vez se queda atrás, no cierra el círculo de lo que acontece y de la posible solución a semejante embrollo.

En conclusión, oponerse al envío de armas a Ucrania es dejar las puertas abiertas de par en par para que Rusia se sienta con el derecho de invadir países a su antojo y amenazar al mundo con una guerra nuclear. Tampoco se puede apostar únicamente a armar a Ucrania con la idea de vencer y derrotar a Rusia. Esa es otra salvajada. Sólo queda hablar claro y plantear una propuesta para acordar la paz inmediata como condición y requisito para suspender el envío de armas y suspender incluso las sanciones, aunque esto último sujeto a los costos de reparación que debe asumir Rusia en su integridad.

Una prospectiva de paz mal negociada es el vehículo más certero para prolongar la guerra y los sufrimientos del pueblo ucraniano en particular. Hay que acabar con la hipocresía, las medias verdades, las post verdades y las dicotomías. Siembran más mal del que se pretende evitar.


(*) Economista, experto en planificación territorial, catedrático de "Desarrollo del Capitalismo".





29 abril 2022

BOLIVIA: “PROCESO DE CAMBIO”, UN EUFEMISMO ‘ATRAPA TODO’ PARA LA TOMA DEL ESTADO Y EL PAÍS


Carlos Rodrigo Zapata C. (*)

Luego de años de andar escuchando la idea fuerza del “proceso de cambio” y de ver que nada cambia, aunque muchas cosas cambian, debemos decir que se trata de una expresión ‘atrapa todo’, una locución que busca captar todo sin precisar nada.

Si vemos la situación económica del país, está claro que Bolivia se está hundiendo a velocidad vertiginosa, porque la estructura económica heredada no sólo no cambia, sino que sus vacíos e insuficiencias, que sería largo enumerar, se han acentuado peligrosamente. El extractivismo ha llegado a todos los extremos más inimaginables, donde no se perdona la salud de la población, el medio ambiente, las áreas protegidas ni los saldos y restos del ausente Estado de derecho y del inexistente Estado de los bienes públicos. La explotación de oro en todos los ríos importantes del norte del país y la tala ilegal de madera son sus actividades favoritas. Lo mismo sucede con el narcotráfico que ha contado con el apoyo y fomento desde el Estado, tanto por acción como por omisión, siendo esta última posiblemente la más funesta y perniciosa, porque permite involucrar a funcionarios y responsables del aparato estatal sin que tengan que asumir un compromiso directo con el narcotráfico y sin que puedan ser contundentemente imputados, juzgados y sentenciados. A estos dos pilares -extractivismo y narcotráfico- se suman muchos otros e incluyen el contrabando, el avasallamiento de tierras, la proliferación de loteadores, la trata de personas y un largo etcétera. ¿“Proceso de cambio”? Sería bueno que alguna vez algún dirigente, militante o funcionario del MAS se atreva a señalar a qué se refieren con esa expresión y en qué grado o medida lograron alcanzar lo que pretendían.


En materia socio-cultural seguimos a la búsqueda de algún sentido. Muy al inicio de las gestiones masistas de nuestro Estado se habló de la “reserva moral”, dando a entender que tener el Estado nacional en manos de esta fuerza política sería una garantía de respeto y seriedad, ya que los diversos pueblos indígenas participantes en todo este proceso serían una suerte de garantía que las cosas discurrirían por los mejores rieles que cabe imaginar. Nada de eso hemos podido advertir en estos ya largos e interminables años de gestión y espera. La corrupción, el atropello, el completo deterioro de los saldos de justicia que aún podían percibirse, la manipulación, el engaño, la falacia y la impostura son los elementos más visibles de este “proceso de cambio”. La democracia ha sido sistemáticamente degradada a un rito que sólo se cumple para no aparecer como despotismo, autoritarismo, autocracia o la variedad de verticalismo que se quiera. Si nos referimos a los elementos que legitiman a todo proceso democrático, estos han sido barridos, eliminados de la atención púbica y mucho más de la práctica de los gobernantes, mejor digo, de los detentores del poder público. Diálogo, consenso, crítica y autocrítica, independencia de poderes, respeto al voto soberano, son prácticas que han sido archivadas y sepultadas. Nuevamente, ¿”proceso de cambio”? No se lo ve o no se lo entiende ni por asomo, excepto que se quiera decir que significa destrucción, liquidación de lo habido y todo ello sin reemplazo ni restitución por alguna forma de proceder que signifique una superación de lo habido.

Otros ámbitos en los que también se ha observado “cambios” están relacionados estrechamente con el aparato del Estado. El crecimiento del empleo público ha llegado a niveles jamás vistos. Se requiere prácticamente toda la recaudación de impuestos para sostener este nivel de empleo, dejando en manos de un funcionariado público muy poco experto la provisión de servicios públicos de muy cuestionable calidad.




El modelo aplicado en Bolivia se basa en unas ideas que están muy lejos de corresponder a una economía con las características de la nuestra. Pensar que el crecimiento económico puede alentarse por la vía del consumo y la demanda internas puede ser una buena idea para países con gran población y un nivel de desarrollo significativo de sus fuerzas productivas. Bolivia está muy lejos de esas condiciones, ya que nuestro aparato productivo es completamente dependiente de las importaciones que además requiere del sector informal proporcionalmente más grande del mundo, con más del 80% de la fuerza laboral “empleada” en dicho sector. Existe una relación íntima entre importaciones e informalidad. Es la manera en que los propietarios de los medios de producción del país pueden desentenderse de crear puestos de trabajo suficientes, por lo que los informales no tienen otra que vivir “a salto de mata” , inventándose constantemente nuevas formas de subsistencia. Sin las importaciones esa acrobacia sería imposible.

El resultado de todo lo señalado es que los déficits fiscales han crecido continuamente, la deuda pública interna y externa ya supera el 80% del PIB, las reservas internacionales caen y, en medio de todo este desmadre, los capitales negros provenientes de la depredación ambiental y del narcotráfico se van comprando Bolivia, porque éstas son las únicas fuentes de “inversión extranjera directa” realmente existentes y operantes en nuestro país.

Nuevamente, ¿dónde está el “proceso de cambio”, en qué consiste? ¿En todo lo señalado? ¿Ese es el “proceso de cambio” masista? ¿Liquidar todos los fundamentos que puedan hacer posible un desarrollo continuo, con inclusión social y sostenibilidad ambiental?

Lamentablemente eso es lo que hay y lo que se puede ver y anotar, no hay forma ni manera de extractar de lo acontecido en estos casi eternos 17 años de omnipresencia masista otro resultado. Incluso si valoráramos positivamente los nuevos contratos con las petroleras y para satisfacción de la hinchada masista los llamáramos nacionalización de los hidrocarburos, sin comillas, podemos advertir que todo eso se fundió en el camino y se lo llevo el viento y no nos dejó más que frustración, decepción y engaño. ¿Por qué? Porque mataron a la gallina de los huevos de oro y además dilapidaron la plata que más tardó en entrar que en salir, ya que no se logró transformar ningún rincón de nuestras vetustas y carcomidas estructuras socioeconómicas y productivas. De modo que la discusión, si los nuevos contratos significaron nacionalización o no, está fuera de lugar, no tiene ningún sentido ni relevancia a estas alturas. A nombre del “proceso de cambio” se despilfarró el mayor ingreso en divisas de toda nuestra historia.

El único resultado que puede advertirse es que los adherentes del masismo se apoderaron del aparato del Estado y lo manejan a su regalado antojo. Normas, leyes, procedimientos quedaron fuera de lugar, todo es “meterle nomás”, usando cada quien como mejor le cante el poder aplastante de su sello y su escritorio. Que el MAS se haya permitido decir en sus estatutos (oleados y sacramentados por el TSE) que sólo los militantes inscritos pueden ser funcionarios públicos, es uno de los pocos reconocimientos de la desfachatez y descaro con que manejan el aparato público que debe responder a todos los bolivianos, pero eso al masismo le vale un pepino.

En síntesis, el proceso de cambio -esta vez sin comillas- real y verdadero que podemos advertir es la destrucción de los pálidos fundamentos que tenía esta nación para construir su futuro, lo cuál es decir mucho y a la vez decir poco, ya que lo que se había logrado era realmente muy poco, pero para un país tan heterogéneo en todas sus esferas y dimensiones, tan poco apegado a normas y valores, tan irreverente con todo lo que no le calza, era una siembra respetable que podía haber fructificado en la construcción de una trama amplia de valores, guías y principios que nos permita encarar el futuro con mucho más certidumbre y optimismo. Todo eso ha sido sepultado por el masismo sin haber logrado cristalizar ninguna propuesta, visión o enfoque que tenga la traza de interesante o promisoria. La mayor víctima de todo este proceso de destrucción destructivo fue la precaria institucionalidad del país, lo que hoy se está traduciendo en una anomia y parálisis total en múltiples órganos del tejido social boliviano, abriendo de par en par el país a las más diversas formas de destrucción, avasallamiento y desquiciamiento de los bienes naturales y la soberanía nacional. La historia del mar y del Silala son muestras palpables de dicho desquiciamiento.

Bolivia siempre ha vivido en la encrucijada de su heterogeneidad social, estructural, étnico-cultural, geográfica, razón por la que siempre nos ha sido extremadamente difícil conciliar nuestros desencuentros y desavenencias. Lo que viene aconteciendo con el “proceso de cambio” y el masismo podemos decir que es la culminación (¿será?) de nuestros desencuentros, producto de nuestra avasalladora diversidad y heterogeneidad en todos los ámbitos. Peor imposible, podríamos resumir. Si no se logra detener este carromato desbocado está garantizado que será peor, mucho peor, simplemente porque Bolivia no ha logrado construir un derrotero, es decir, un norte, una visión edificadora, capaz de proponernos y ofrecernos un devenir promisorio para todos.

Bolivia está en los descuentos, en la cuenta regresiva que ya va llegando a cero o próxima al nocaut. ‘Ahora es cuando’, eslogan repetido hasta el cansancio por quienes protestan por mil razones, porque mañana se habrá cerrado esa última oportunidad para siempre.

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(*) Economista, experto en planificación territorial, catedrático de "Desarrollo del Capitalismo".