29 abril 2022

BOLIVIA: “PROCESO DE CAMBIO”, UN EUFEMISMO ‘ATRAPA TODO’ PARA LA TOMA DEL ESTADO Y EL PAÍS


Carlos Rodrigo Zapata C. (*)

Luego de años de andar escuchando la idea fuerza del “proceso de cambio” y de ver que nada cambia, aunque muchas cosas cambian, debemos decir que se trata de una expresión ‘atrapa todo’, una locución que busca captar todo sin precisar nada.

Si vemos la situación económica del país, está claro que Bolivia se está hundiendo a velocidad vertiginosa, porque la estructura económica heredada no sólo no cambia, sino que sus vacíos e insuficiencias, que sería largo enumerar, se han acentuado peligrosamente. El extractivismo ha llegado a todos los extremos más inimaginables, donde no se perdona la salud de la población, el medio ambiente, las áreas protegidas ni los saldos y restos del ausente Estado de derecho y del inexistente Estado de los bienes públicos. La explotación de oro en todos los ríos importantes del norte del país y la tala ilegal de madera son sus actividades favoritas. Lo mismo sucede con el narcotráfico que ha contado con el apoyo y fomento desde el Estado, tanto por acción como por omisión, siendo esta última posiblemente la más funesta y perniciosa, porque permite involucrar a funcionarios y responsables del aparato estatal sin que tengan que asumir un compromiso directo con el narcotráfico y sin que puedan ser contundentemente imputados, juzgados y sentenciados. A estos dos pilares -extractivismo y narcotráfico- se suman muchos otros e incluyen el contrabando, el avasallamiento de tierras, la proliferación de loteadores, la trata de personas y un largo etcétera. ¿“Proceso de cambio”? Sería bueno que alguna vez algún dirigente, militante o funcionario del MAS se atreva a señalar a qué se refieren con esa expresión y en qué grado o medida lograron alcanzar lo que pretendían.


En materia socio-cultural seguimos a la búsqueda de algún sentido. Muy al inicio de las gestiones masistas de nuestro Estado se habló de la “reserva moral”, dando a entender que tener el Estado nacional en manos de esta fuerza política sería una garantía de respeto y seriedad, ya que los diversos pueblos indígenas participantes en todo este proceso serían una suerte de garantía que las cosas discurrirían por los mejores rieles que cabe imaginar. Nada de eso hemos podido advertir en estos ya largos e interminables años de gestión y espera. La corrupción, el atropello, el completo deterioro de los saldos de justicia que aún podían percibirse, la manipulación, el engaño, la falacia y la impostura son los elementos más visibles de este “proceso de cambio”. La democracia ha sido sistemáticamente degradada a un rito que sólo se cumple para no aparecer como despotismo, autoritarismo, autocracia o la variedad de verticalismo que se quiera. Si nos referimos a los elementos que legitiman a todo proceso democrático, estos han sido barridos, eliminados de la atención púbica y mucho más de la práctica de los gobernantes, mejor digo, de los detentores del poder público. Diálogo, consenso, crítica y autocrítica, independencia de poderes, respeto al voto soberano, son prácticas que han sido archivadas y sepultadas. Nuevamente, ¿”proceso de cambio”? No se lo ve o no se lo entiende ni por asomo, excepto que se quiera decir que significa destrucción, liquidación de lo habido y todo ello sin reemplazo ni restitución por alguna forma de proceder que signifique una superación de lo habido.

Otros ámbitos en los que también se ha observado “cambios” están relacionados estrechamente con el aparato del Estado. El crecimiento del empleo público ha llegado a niveles jamás vistos. Se requiere prácticamente toda la recaudación de impuestos para sostener este nivel de empleo, dejando en manos de un funcionariado público muy poco experto la provisión de servicios públicos de muy cuestionable calidad.




El modelo aplicado en Bolivia se basa en unas ideas que están muy lejos de corresponder a una economía con las características de la nuestra. Pensar que el crecimiento económico puede alentarse por la vía del consumo y la demanda internas puede ser una buena idea para países con gran población y un nivel de desarrollo significativo de sus fuerzas productivas. Bolivia está muy lejos de esas condiciones, ya que nuestro aparato productivo es completamente dependiente de las importaciones que además requiere del sector informal proporcionalmente más grande del mundo, con más del 80% de la fuerza laboral “empleada” en dicho sector. Existe una relación íntima entre importaciones e informalidad. Es la manera en que los propietarios de los medios de producción del país pueden desentenderse de crear puestos de trabajo suficientes, por lo que los informales no tienen otra que vivir “a salto de mata” , inventándose constantemente nuevas formas de subsistencia. Sin las importaciones esa acrobacia sería imposible.

El resultado de todo lo señalado es que los déficits fiscales han crecido continuamente, la deuda pública interna y externa ya supera el 80% del PIB, las reservas internacionales caen y, en medio de todo este desmadre, los capitales negros provenientes de la depredación ambiental y del narcotráfico se van comprando Bolivia, porque éstas son las únicas fuentes de “inversión extranjera directa” realmente existentes y operantes en nuestro país.

Nuevamente, ¿dónde está el “proceso de cambio”, en qué consiste? ¿En todo lo señalado? ¿Ese es el “proceso de cambio” masista? ¿Liquidar todos los fundamentos que puedan hacer posible un desarrollo continuo, con inclusión social y sostenibilidad ambiental?

Lamentablemente eso es lo que hay y lo que se puede ver y anotar, no hay forma ni manera de extractar de lo acontecido en estos casi eternos 17 años de omnipresencia masista otro resultado. Incluso si valoráramos positivamente los nuevos contratos con las petroleras y para satisfacción de la hinchada masista los llamáramos nacionalización de los hidrocarburos, sin comillas, podemos advertir que todo eso se fundió en el camino y se lo llevo el viento y no nos dejó más que frustración, decepción y engaño. ¿Por qué? Porque mataron a la gallina de los huevos de oro y además dilapidaron la plata que más tardó en entrar que en salir, ya que no se logró transformar ningún rincón de nuestras vetustas y carcomidas estructuras socioeconómicas y productivas. De modo que la discusión, si los nuevos contratos significaron nacionalización o no, está fuera de lugar, no tiene ningún sentido ni relevancia a estas alturas. A nombre del “proceso de cambio” se despilfarró el mayor ingreso en divisas de toda nuestra historia.

El único resultado que puede advertirse es que los adherentes del masismo se apoderaron del aparato del Estado y lo manejan a su regalado antojo. Normas, leyes, procedimientos quedaron fuera de lugar, todo es “meterle nomás”, usando cada quien como mejor le cante el poder aplastante de su sello y su escritorio. Que el MAS se haya permitido decir en sus estatutos (oleados y sacramentados por el TSE) que sólo los militantes inscritos pueden ser funcionarios públicos, es uno de los pocos reconocimientos de la desfachatez y descaro con que manejan el aparato público que debe responder a todos los bolivianos, pero eso al masismo le vale un pepino.

En síntesis, el proceso de cambio -esta vez sin comillas- real y verdadero que podemos advertir es la destrucción de los pálidos fundamentos que tenía esta nación para construir su futuro, lo cuál es decir mucho y a la vez decir poco, ya que lo que se había logrado era realmente muy poco, pero para un país tan heterogéneo en todas sus esferas y dimensiones, tan poco apegado a normas y valores, tan irreverente con todo lo que no le calza, era una siembra respetable que podía haber fructificado en la construcción de una trama amplia de valores, guías y principios que nos permita encarar el futuro con mucho más certidumbre y optimismo. Todo eso ha sido sepultado por el masismo sin haber logrado cristalizar ninguna propuesta, visión o enfoque que tenga la traza de interesante o promisoria. La mayor víctima de todo este proceso de destrucción destructivo fue la precaria institucionalidad del país, lo que hoy se está traduciendo en una anomia y parálisis total en múltiples órganos del tejido social boliviano, abriendo de par en par el país a las más diversas formas de destrucción, avasallamiento y desquiciamiento de los bienes naturales y la soberanía nacional. La historia del mar y del Silala son muestras palpables de dicho desquiciamiento.

Bolivia siempre ha vivido en la encrucijada de su heterogeneidad social, estructural, étnico-cultural, geográfica, razón por la que siempre nos ha sido extremadamente difícil conciliar nuestros desencuentros y desavenencias. Lo que viene aconteciendo con el “proceso de cambio” y el masismo podemos decir que es la culminación (¿será?) de nuestros desencuentros, producto de nuestra avasalladora diversidad y heterogeneidad en todos los ámbitos. Peor imposible, podríamos resumir. Si no se logra detener este carromato desbocado está garantizado que será peor, mucho peor, simplemente porque Bolivia no ha logrado construir un derrotero, es decir, un norte, una visión edificadora, capaz de proponernos y ofrecernos un devenir promisorio para todos.

Bolivia está en los descuentos, en la cuenta regresiva que ya va llegando a cero o próxima al nocaut. ‘Ahora es cuando’, eslogan repetido hasta el cansancio por quienes protestan por mil razones, porque mañana se habrá cerrado esa última oportunidad para siempre.

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(*) Economista, experto en planificación territorial, catedrático de "Desarrollo del Capitalismo".

 

20 marzo 2022

“COMISIÓN POR OMISIÓN”, FORMA PERVERSA DE SOCAVAR EL FUTURO DE UNA SOCIEDAD


Carlos Rodrigo Zapata C. (1)

Entendemos por omisión usualmente la no ejecución de una acción esperada, lo que puede ser producto del descuido o la flojera, aunque también puede serlo de la premeditación, incluso la más artera que es posible imaginar. Por lo general se ve la omisión como falta de atención o de prolijidad en el propio desempeño, por lo que suele pasar como pecado venial que a lo sumo importaría una reprimenda, y asunto zanjado. 


Los tratadistas de asuntos de derecho han visto que la omisión puede ir mucho más allá y hallarse en el campo de los atentados más aviesos e incalificables, al punto que llegan a equiparar la omisión con la acción deliberada destinada a producir determinados actos y diversos hechos concomitantes, exactamente del mismo modo que si se hubiera actuado expresamente para producir dichos actos y hechos. A esa variante de la omisión la denominan “comisión por omisión”, donde “comisión” procede del verbo cometer.

Uno diría a priori que no es imaginable tratar una omisión, es decir, un dejar de hacer, un descuido o distracción como un acto destinado a causar daños y perjuicios, a provocar violencia y destrucción. La finalidad de las siguientes reflexiones apunta justamente a mostrar la forma y la manera en que la omisión puede constituirse en un acto criminal, en un atentado contra la sociedad, por lo que no puede eximirse al omiso u omitente de responsabilidad bajo ningún concepto.

¿QUÉ ES LA OMISIÓN EN EL MARCO DEL DERECHO?

La Real Academia de la Lengua (RAE) define la omisión como “Abstención de hacer o decir, falta por haber dejado de hacer algo necesario o conveniente en la ejecución de una cosa o por no haberla ejecutado, y flojedad o descuido de quien está encargado de un asunto”.

Esta primera aproximación ya remite la omisión al ámbito de las faltas, pero como decíamos, puede tratarse de un pecado venial. De modo que la RAE no nos da una idea clara de la gravedad extrema a la que puede llegar este tipo de comportamiento. Sigamos.

En cambio, en el ámbito del derecho, ya se muestra la gama de alcances que puede tener: “La omisión, en derecho, es una conducta que consiste en la abstención de una actuación que constituye un deber legal. Cumpliéndose los requisitos legales, la omisión puede constituir un delito, cuasidelito o una falta”. (2)

En el caso más específico de la “comisión por omisión” se observa que ha sido incluida en diversos códigos penales del mundo. Por ejemplo, en el artículo 11 del Código penal español se dice que: “Los delitos que consistan en la producción de un resultado sólo se entenderán cometidos por omisión cuando la no evitación del mismo, al infringir un especial deber jurídico del autor, equivalga, según el sentido del texto de la Ley, a su causación. A tal efecto se equiparará la omisión a la acción: (a) cuando exista una específica obligación legal o contractual de actuar. (b) cuando el omitente haya creado una ocasión de riesgo para el bien jurídicamente protegido mediante una acción u omisión precedente". (3)

Los tratadistas han considerado que para calificar una omisión como impropia o de “comisión por omisión”, se requiere cumplir con determinados requisitos específicos, como los mencionados por el código penal español. En el caso del derecho mexicano se considera que “las únicas actividades o inactividades que legitiman la intervención legislativa penal… son aquellas que poseen la propiedad de antisocialidad” y considera que “son antisociales las actividades o inactividades que intencionalmente o por descuido se traducen en una afectación innecesaria a los bienes, individuales o colectivos, de índole social objetiva que son imprescindibles para hacer soportable la convivencia social o preservar la subsistencia misma de la sociedad”.

El consenso general entre juristas y especialistas en derecho ha concluido que deben darse necesariamente dos condiciones para calificar la omisión como acción dañina deliberada y recurrir a la figura de la “comisión por omisión”:

  1) Función de Evitación de lesión de bienes jurídicos: significa que existe una función de protección que consiste en la “defensa en todos los flancos” del bien jurídico que se trate contra peligros de todo género.

  2) Supervisión de determinada fuente de peligro: la protección de los bienes jurídicos frente a la fuente u origen del peligro consiste en limitar o aminorar la fuente de riesgo. (4)

Dicho en breve, los juristas han recurrido básicamente al herramental relacionado con la gestión de riesgos, por lo que apuntan a evitar o prevenir riesgos y, en su caso, a reducir el riesgo al que un bien jurídico pueda verse expuesto. Como se puede apreciar en los casos español y mexicano, se tiende a establecer los causales legales determinantes como para poder transformar la omisión en acción, y ésta en acción delictiva o criminal. En el caso español se exige que “el omitente haya creado una ocasión de riesgo para el bien jurídicamente protegido mediante una acción u omisión precedente”, de modo tal que no pueda alegarse inconsciencia acerca de las posibles consecuencias derivadas de una omisión. En el caso mexicano debe quedar claro que la omisión exige la acción penal cuando la misma reviste el carácter de antisocial, situación que ocurre cuando se constituye en una acción lesiva al interés general.

Todas estas consideraciones y muchas otras son producto de dilatados estudios y análisis que han llevado a cabo los especialistas en derecho durante décadas a fin de establecer las condiciones que hacen posible que una omisión pueda transformarse en acción deliberada destinada a ocasionar determinados hechos de carácter punible.


Es esencial abordar esta temática en nuestro medio que ha convertido la omisión, por descuido, falta de atención, exceso de confianza u otras razones, en particular aquella variante destinada a facilitar u ocasionar determinados hechos lesivos al interés colectivo, en pan de todos los días.

¿EN QUÉ MARCO SURGEN OPORTUNIDADES PARA QUE LA OMISIÓN PUEDA TRANSFORMARSE EN ACCIÓN DELIBERADA?

A modo de sintetizar, podemos decir que las condiciones indispensables para transformar la omisión en una acción, incluso de carácter lesivo y hasta criminal, tienen que ver: 1) con los deberes formales del omitente y 2) con el contexto en que actúa. 

Dicha transformación exige que entre una y otra condición exista una gran energía complementaria que la omisión puede poner en acción a fin de ser dirigida justamente a la producción de acciones y hechos que pueden llegar a ser altamente lesivos al interés general.

A fin de ir directo al núcleo de la cuestión, señalemos que se cumple la primera condición mencionada -la de los deberes formales- cuando el omitente tiene competencias o responsabilidades expresamente asignadas y que sólo él puede ejercer o desempeñar, porque así está establecido en el marco legal, constitucional o contractual prevaleciente.

La segunda condición -la del contexto en que se actúa- es igualmente determinante para transformar la omisión en una acción que puede tener carácter delictivo. Si, por ejemplo, en un contexto escolar, el omitente es el portero de un establecimiento educativo que incumple sus obligaciones o las realiza de modo poco prolijo, puede ocurrir que unos ladrones se den cuenta de ello y aprovechen su falta de control para apoderarse de bienes de la institución. En este caso es posible imaginar que la omisión facilita o hasta alienta el asalto que viene a ser coproducido por el mismo omitente por ser el responsable de cuidar las instalaciones del centro educativo, y por la acción de los mismos ladrones que aprovecharon el descuido del portero.

Esa conducta del portero puede ser vista como una omisión que, si bien alienta o facilita la respuesta de los ladrones, puede no haber sido producida aviesa y premeditadamente, sino que es producto de una práctica y modo de desempeño descuidado. Aquí cabe obviamente la pregunta, si todo ese modo de ejercer sus funciones no habrá sido premeditamente ejercido con la finalidad de facilitar a los ladrones su tarea. Aquí pueden surgir discrepancias entre quienes ven esta situación como falta de prolijidad y descuido, y quienes ven en ese comportamiento una grave lesión a la integridad del patrimonio del centro educativo.

Entre los deberes formales del omitente y el contexto en que actúa surge una relación dialéctica de reforzamiento mutuo y complementario que permite transformar la omisión en acción deliberada. De este modo, el omitente puede alegar inocencia, a lo más descuido y desatención, pero evitará reconocer una acción aviesa y deliberada para inducir determinadas acciones y reacciones y producir determinados hechos.

Por ello, es crucial comprender los alcances de la “comisión por omisión”, ya que recién en ese marco se podrá establecer las pruebas que son indispensables para demostrar cuán poderosa es la interacción que existe entre deberes y contexto. En el caso de este tipo de delito, la prueba es la misma omisión en determinados contextos que deben ser puestos en evidencia con meridiana claridad. Veremos algunos ejemplos para ilustrar estos extremos.

¿EN QUÉ GRADO Y MEDIDA LA “COMISIÓN POR OMISIÓN” CONTRIBUYE A FORJAR EL DESTINO DE BOLIVIA?

A fin de mostrar el grado de peligrosidad que es posible atribuirle a la omisión, es necesario puntualizar algunos aspectos y señalar algunos ejemplos que ilustren el grado y la medida en que la omisión puede equipararse a la acción aviesa y malintencionada. 

Entre los puntos a destacar es indispensable abundar más en el contexto, ya que se constituye en el elemento clave o determinante que puede transformar la omisión en un acto y éste es una acción criminal. Establecer el incumplimiento de deberes resulta, en cambio, una tarea relativamente más simple.

Veamos un ejemplo. Si el contexto reinante se caracteriza por la falta de oportunidades de empleo para la población, lo lógico es que quien ofrezca empleos logre captar la atención de los desocupados. Si la creación de esos empleos depende de vulnerar leyes, evitar el pago de impuestos y aranceles e implantar las infraestructuras necesarias para realizar producciones ilegales o destructivas de los bienes de la naturaleza, es obvio suponer que pretender satisfacer todos esos requisitos constituye una quimera o una locura. La oficina de impuestos, la aduana, las instancias que velan por el medio ambiente o la policía pronto estarían detrás de sus talones, haciendo prácticamente imposible que prospere un emprendimiento bajo esas condiciones.

Pero, ¿qué pasa cuando el o los omitentes, es decir, las autoridades a cargo de controlar todos esos desbordes, se hallan claramente persuadidos que si no hacen nada se producirán los empleos ofrecidos? El resultado es que se producirán los puestos de trabajo ofrecidos, pero la institucionalidad relacionada con las instancias mencionadas quedará disminuida o sepultada, ya que en realidad se estaría permitiendo que convivan diversos parámetros para medir las mismas cosas. En este caso se puede decir que hay un motivo “loable” que permite convertir la omisión en acción orientada a producir empleos, pero a costa de la destrucción, por ejemplo, de los bienes de la naturaleza y del tejido institucional.

Un motivo menos loable sería, por ejemplo, hacer todo ello, pero con fines mucho más estrechos, por ejemplo, enriquecerse a costa de la sociedad y el Estado, sin importar si existen beneficios sociales o colectivos sostenibles y sin que interesen los costos relacionados con la destrucción del tejido institucional.

En este caso también le toca actuar al omitente: su labor es la de no actuar en el cumplimiento de sus deberes, lo que significa al mismo tiempo ignorar una serie de decisiones que toman quienes se han dado a la tarea de instalar las bases y condiciones indispensables para hacer posible dicho enriquecimiento a costa de destruir el tejido institucional, de crear estructuras ilegales que permitan la generación de las actividades relacionadas con todo ello. Es posible que, en un primer momento, cuando las condiciones aún no están plenamente desarrolladas, no exista plena conciencia que la omisión puede provocar o desencadenar la instalación y desarrollo de dichas condiciones. Seguramente por ello el Código penal español citado exige que exista una “omisión precedente”. Pero en un segundo momento, será muy fácil advertir que existe una relación íntima y directa entre la omisión y el desarrollo de las bases y condiciones para hacer posible el negocio del enriquecimiento. En este caso la omisión se ha convertido en acción, y en una acción de tipo criminal, ya que de modo avieso e intencional se están lesionando los objetivos e intereses centrales de una sociedad -sus bienes jurídicos, como ser la paz social, la igualdad, la justicia- que apuntan a establecer estructuras capaces de favorecer y alentar la armonía y la convivencia pacífica y no el enriquecimiento de unos pocos a costa del patrimonio colectivo.

El primer ejemplo está íntimamente relacionado con la forma en que se ha pretendido justificar en Bolivia el saqueo y la depredación de los bienes de la naturaleza por la vía del extractivismo, mientras que el segundo ejemplo refleja el proceso de instalación de las bases y condiciones que han hecho posible el desarrollo del negocio del narcotráfico en Bolivia.

A modo de ilustrar los alcances de este último ejemplo, es oportuno señalar aquellas bases y condiciones indispensables que no podrían haberse dado ni desarrollado si no se contara con la omisión activa, es decir, con ese tipo de omisión que se convierte en acción y, además, de tipo lesivo a los intereses de la sociedad.

A fin de hacer posible el negocio del narcotráfico como una actividad continua, se requiere contar con una diversidad de infraestructuras, medios e insumos, requeridos para ello, es decir, montar toda la cadena de valor que va desde la hoja de coca hasta el clorhidrato de cocaína, pasando por el acondicionamiento de los lugares de producción hasta el mercado final, sin descuidar todos los circuitos de expendio y comercialización interna y externa.

Eso implica contar con terrenos aptos para el cultivo de hoja de coca en cantidades considerables de acuerdo a la escala en que se busca operar. Dado que el clorhidrato no se produce sólo con hoja de coca, se requiere facilitar el acceso a todos los ingredientes o precursores indispensables para hacerlo posible. Como la mayor parte de dichos ingredientes no se producen en el país, deben importarse, pero debido a que legalmente son consideradas sustancias controladas, estos insumos deben internarse en el país vía contrabando o con la concomitancia de las autoridades encargadas de controlar el movimiento comercial.

También se requiere un sistema de protección de todas las factorías y centros de producción, empezando por los cultivos de coca hasta las pozas de maceración y las fábricas de clorhidrato que deben permanecer en la clandestinidad, cuando menos éstas dos últimas, puesto que se supone que son ilegales. Dado que sólo una fracción de la producción final está destinada al mercado interno, es indispensable organizar toda la logística relacionada con el traslado hacia el exterior del país de dicha substancia, lo que exige una infraestructura adecuada que va desde pistas aéreas hasta aviones, y todas las infraestructuras y medios indispensables para que funcionen, con todas las complicidades que la situación exige. Por supuesto que para cada tipo de operación se requiere personal especializado, desde los agricultores y los pisacoca pasando por quienes ofrecen seguridad hasta los que conducen las aeronaves. A todo ello todavía habría que agregar los eslabones relacionados con el lavado de narco dólares y su inserción en la economía nacional.

La omisión a estas alturas ya no puede ser un factor ocasional, sino que se convierte en un elemento indispensable de toda la cadena de valor, como si se tratara de un precursor insustituible, que hace posible la actividad del narcotráfico. (5) Podríamos decir que llega al extremo que el omitente tiene el poder de usar la ambición y la energía del actor principal, en este caso, de los narcotraficantes, para lograr lo que persigue. Es como un luchador de yudo que se vale de la fuerza del adversario para doblegarlo. A estas alturas resulta ya muy difícil saber si el actor con la energía delincuencial se vale del omitente o éste del primero. Están íntimamente imbricados y embarcados en un mismo proyecto.

El ejemplo del narcotráfico es sin duda el más patético, el que de modo más contundente nos permite comprender la omisión como una fuerza letal y destructiva, en particular porque la omisión ha sido puesta a disposición de dicha fuerza, cuando se espera que el ejercicio de las funciones y responsabilidades confiadas al omitente debería beneficiar al conjunto de la sociedad. Es decir, el omitente traiciona las finalidades e intereses fundamentales de la nación, pues aprovecha sus deberes y funciones para ayudar a fuerzas poderosas a realizar sus fines, obstaculizando o haciendo inviables los fines de la sociedad.

El problema mayor es que múltiples estructuras se han conformado y establecido de este modo a través del tiempo, lo cual significa que las estructuras que dispone Bolivia han sido formadas en muchos casos al influjo de estas dinámicas, donde el omitente actúa como la fuerza que tolera, permite, alienta y se convierte en cómplice de actores que no tienen como norte el bienestar de la sociedad, sino el suyo propio.

En otra ocasión pasaremos revista a las principales estructuras que se han conformado en Bolivia gracias a la omisión -como el colonialismo, los despojos territoriales, la informalidad-, siempre a espaldas del pueblo y violando las reglas de juego que la sociedad se ha dado para organizar su propio desarrollo y convivencia pacífica, lo cual ha generado cada vez nuevas condiciones para reproducir el atraso, la dependencia, la pobreza y la marginalidad.

¿QUÉ DEBEMOS HACER PARA COMBATIR LA OMISIÓN DESTRUCTIVA?

El tema de la omisión no ha sido objeto de ningún tratamiento especial en nuestro medio, aunque ha sido formalmente introducido en el Código Penal boliviano. Su Artículo 13 bis.- (COMISIÓN POR OMISIÓN).- establece que: “Los delitos que consistan en la producción de un resultado sólo se entenderán cometidos por omisión cuando el no haberlos evitado, por la infracción de un especial deber jurídico del autor que lo coloca en posición de garante, equivalga, según el sentido de la Ley, a su causación”.

Ese artículo aparece aislado y sin mayor relevancia, ya que no existen casos y situaciones en los que se hubiera generado una jurisprudencia que vaya más allá de casos sancionados por omisión de auxilio o socorro familiar, muy frecuentes en todos los espacios jurídicos. Por lo general se sigue considerando a la omisión como una falta reprochable, pero nada más.

Por lo que podemos advertir, el tema tiende a ser mucho más crítico y grave cuanto más pobre o débil es una sociedad en recursos económicos y sociales, pero también en recursos jurídicos, penales y de capacidades para imponer la ley a fin de encaminar las cosas adecuadamente y evitar delitos y combatirlos. Dicho de otro modo: la omisión es monstruosamente lesiva a los intereses colectivos en entornos en los que existe una particular debilidad de la sociedad para prevenir delitos a la par que existen poderosas fuerzas con una voluntad y poder delictivo para implantar lo que se les antoja.

La “comisión por omisión”, como señalan los especialistas en derecho, muestra que en el mundo la omisión en determinadas circunstancias está claramente identificada como un delito, asunto que en nuestro medio no ha merecido mayor atención, mucho menos en los extremos a los que la omisión puede conducir las cosas.

Lo fundamental es iniciar un intercambio entre profesionales de las diversas ramas para establecer el grado y la medida en que la omisión en determinadas condiciones y circunstancias puede y debe ser considerada un delito penal que debe ser rigurosamente sancionado. Describir los marcos y condiciones en los que ello se da, es la tarea que corresponde desarrollar.

Pero seguir mirando el techo, ignorando la labor de apoyo descarado que ocasiona la omisión en el montaje de estructuras completamente atentatorias contra todo progreso social, material y espiritual del país, no puede seguir siendo aceptado ni tolerado.

Quienes actúan omisamente o al borde de la completa inefectividad en el cumplimiento de sus deberes, funciones y competencias, poniéndose al servicio de fuerzas ajenas al futuro del país, pueden ser mucho más lesivos al interés nacional que los más aviesos criminales.

CONCLUSIONES

Entre las consecuencias más nefastas y perniciosas que ocasiona la omisión, en este caso tanto de la omisión por descuido como de la comisión por omisión de carácter delictivo, es que contribuye a sembrar estructuras ajenas al buen futuro o devenir de la sociedad, así como a producir y acrecentar las desigualdades en la sociedad. Desde el momento en que la omisión tiene que ver con no cumplir las reglas de juego imperantes en la sociedad (sea la Constitución, las leyes, reglamentos, etc.), dado el hecho que dichas reglas se han establecido con la intención de forjar condiciones iguales para todos, todo desvío en la aplicación de estas reglas es un atentado directo contra la igualdad y el futuro colectivo. En este sentido podemos decir que la fuente principal de estructuración de la desigualdad y de un futuro lleno de obstáculos e incertidumbres proviene fundamentalmente de todo lo que se omite, sea por descuido o por acción delictiva.


Fuentes Consultadas

BOLIVIA. CÓDIGO PENAL Y CÓDIGO DE PROCEDIMIENTO PENAL ACTUALIZADOS

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Comisión por Omisión. Algunas consideraciones sobre la Injerencia como Fuente de la Posición de Garante

https://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-34372006000200007

La posición de garante tratándose de los delitos impropios de omisión cometidos por los militares por incumplimiento de sus funciones constitucionales y legales.

https://repository.eafit.edu.co/bitstream/handle/10784/1354/DazaLopez_MariaIsabel_2013.pdf?sequence

Omisión en la Doctrina Mexicana

https://mexico.leyderecho.org/omision/#Omision_en_la_Doctrina_Mexicana

SENTENCIAS SALA PENAL C.S.J. /COLOMBIA

https://gavillan1.blogspot.com/2008/01/por-omisin.html

Sentencias sobre Comisión por omisión

https://vlex.es/topics/comision-por-omision-951862?filter=sentencias

Wikipedia - Omisión

https://es.wikipedia.org/wiki/Omisi%C3%B3n



(1) Economista, experto en planificación territorial. Catedrático de “Desarrollo del Capitalismo”.

(2) Ver: Wikipedia, Omisión, https://es.wikipedia.org/wiki/Omisi%C3%B3n

(3) Ver: Wikipedia, Op cit.

(4) Ver: "La posición de garante tratándose de los delitos impropios de omisión cometidos por los militares por incumplimiento de sus funciones constitucionales y legales", pág. 39.

(5) Una de las condiciones para probar la “comisión por omisión” radica en establecer la complicidad, es decir, la coordinación de “acciones” (omisiones) y requerimientos de los cómplices. Ver: https://gavillan1.blogspot.com/2008/01/por-omisin.html



 

17 enero 2022

Orígenes de la impostura masista. LA PSICOLOGÍA DEL PODER EN BOLIVIA



Carlos Rodrigo Zapata C.

Tocar este tema es de importancia capital para el MAS y también para el país, por la sencilla razón que se ha establecido un estilo muy infame de hacer política basado en la impostura, la mentira y la falacia.

Para abordar el tema de modo directo, empecemos con una afirmación categórica: si el MAS se hubiera ocupado de aprender a gobernar antes de especializarse en mentir, distorsionar y encubrir su incompetencia, hoy podría estar dando respuesta y solución a algunos de los múltiples problemas de la sociedad boliviana. Pero ese no es el caso y está lejos de ello, por lo que vale la pena dedicar unas reflexiones a entender, a qué se debió esa forma tan torpe y ligera de dilapidar no sólo el poder, sino las esperanzas del pueblo boliviano y los abundantes recursos que tuvieron a disposición.

Consideramos que la respuesta se halla básicamente en la psicología de los gobernantes, tanto en la psicología individual como colectiva. Desagreguemos un tanto esta respuesta general para adentrarnos en aspectos más específicos y estudiemos brevemente el contexto en que la dimensión psicológica ha salido a relucir poderosamente, al punto que se ha instalado en el país todo un modo muy infame de hacer política.

La asunción al poder de Evo Morales llegó de sopetón, como nunca antes se había imaginado la clase dominante, tampoco las clases medias, aunque estas últimas contribuyeron decididamente a ese resultado. ¿Cuál es el problema psicológico relacionado con este hecho? Morales y su equipo se hallaban muy lejos de tener la experiencia mínima indispensable para asumir el gobierno. Con su ascenso al poder del país se produjo un cambio de guardia fundamental: se fueron los que tenían la experiencia y la memoria institucional e ingresaron quienes no las tenían. Se produjo un gran vacío en la gestión que fue llenado con apoyo de muchos consultores y cooperantes, pero ello no impidió que los elementos psicológicos salgan a relucir: la inseguridad, la necesidad de guardar las formas, aparentando controlar situaciones que estaban lejos de entenderse y manejarse coherentemente.

A esa reacción colectiva se sumaron las respuestas individuales. Cada quien debía batirse en su esquina como mejor pudiera. La secular e histórica marginación de amplios sectores de la sociedad boliviana de todo cargo y función pública y, por tanto, del ejercicio del poder político y de todo tipo de responsabilidad en el aparato estatal, crearon un estado de inseguridad y de vacilación continua que se mantuvo a lo largo de los años. Por estar alejados de los centros de decisión, había un gran desconocimiento de los procesos de gestión pública y mucho más aún, la falta de una comprensión clara de la problemática nacional y de los obstáculos estructurales que atraviesa la sociedad boliviana desde sus orígenes. Estas trabas y limitaciones en el ejercicio práctico del poder sólo se lograron pasar por alto gracias a los extraordinarios ingresos que empezó a percibir el país como consecuencia del superciclo de las materias primas, un resultado que los cepalistas jamás imaginaron: que los términos de intercambio entre productos exportados e importados sean favorables a nuestro país, y en un grado único y superlativo.

Pero ello si bien trajo una suerte de respiro, también trajo uno de los rasgos más dañinos y destructores de toda organización política en formación: se instalado la impostura, la desfachatez, la mentira, la falta de transparencia. Se puede entender que como medida de autoprotección se haya recurrido a esas malas artes de modo temporal o circunstancial, pero al haberse generalizado y establecido ese modo de abordar las cosas de modo permanente, el MAS se convirtió en un refugio de gente que antes de aprender a resolver problemas, aprendió a mentir y distorsionar.

La acción conjunta de la psicología colectiva e individual tendió a reforzar ese patrón de comportamientos y reacciones que les permitió a los masistas quedar muy bien ante sus bases, que, dicho sea de paso, aceptaban todo sumisamente, pero no lograban dar pie con bola, es decir, encarar los problemas críticos del país y plantear soluciones plausibles y deseables.

El hecho es que las “soluciones” masistas por lo general fallaban en tres aspectos: 1) no daban en el blanco, lo que significa que no respondían a la problemática del país, por lo que 2) sus planteamientos e iniciativas o eran quiméricas y fantasiosas o 3) se enfrentaban al franco rechazo de la sociedad, al menos de las partes más directamente afectadas. El TIPNIS, las represas benianas en proceso, las empresas llave en mano, edificaciones faraónicas, etc. son una muestra de sus errores. Pero la interminable lista de actos de corrupción de toda laya son la prueba de su completo extravío y fracaso.

De ese modo la mentira, la distorsión, la falacia y la impostura se convirtieron en la marca de distinción del masismo, en la firma indeleble que acompaña todas sus obras y yerros, así como toda la dilapidación de los recursos del país, tanto de los provenientes del superciclo de precios de las materias primas, como también de los bienes naturales por la vía del extractivismo, de la soberanía nacional y por supuesto de los capitales confianza y esperanza que fueron tirados al tacho de basura.

Esto ocurrió sin que el masismo haya intentado siquiera enmendar sus actuaciones y corregir sus fallos y entender que nadie nace sabiendo, y que todo ello exigía un proceso de aprendizaje intenso y profundo, y no basta -como se suele decir- con hacer camino al andar. Es verdad que siempre se hace camino al andar, pero el que sale, el que resulta de esos andares, que puede ser muy sabio y enaltecedor o muy nefasto y nocivo.

Hoy, transcurridos ya 16 años desde la asunción al poder de Evo Morales, la marca de fuego que pesa sobre el masismo es indeleble. Morales se ha convertido en la expresión misma de un usurpador y violador compulso de la Constitución que no tiene empacho alguno en amenazar a ciudades enteras, en recurrir al fraude electoral y, encima de ello, tampoco se inmuta a la hora de negarlo y tiene el descaro de acusar a sus adversarios políticos de orquestar un golpe de Estado. Está marcado a hierro el carácter del masismo, resultante en parte de las circunstancias y avatares que le tocó enfrentar, pero que plasman y reflejan su esencia, su afán de encubrir y simular, desarrollando al mismo tiempo un estilo aprovechador y vividor como nunca antes en nuestra historia.

A partir de la dialéctica entre la psicología colectiva e individual y el contexto y condiciones en que se produjo esa confrontación con el poder, el MAS ha quedado degradado, depreciado, reducido a una piltrafa partidaria, incapaz de poder corregir semejante herencia, simplemente porque todo ello se convirtió en parte de su ADN, de su marca de distinción.

Por todo lo señalado, debemos decir que el capital político que acumuló el MAS, seguramente uno de los más importantes de la historia nacional, quedó reducido a escombros, es inservible, inutilizable, simplemente porque el conjunto de prácticas, valores y comportamientos que sacaron a relucir son absolutamente incompatibles con el ser nacional, con lo que el boliviano espera y desea, con la Bolivia que nos toca construir. Es obvio que el masismo jamás reconocerá nada de lo aquí señalado porque otros de los rasgos que lo caracterizan se relacionan con su incapacidad de diálogo, autocrítica y consenso. Por tanto, no tienen ninguna oportunidad de superar sus graves falencias.

La disolución de ese frente político es la única respuesta histórica que les queda, pues las bases sobre las que surgieron y lo (de)formaron tampoco ya existen, ni existe un pueblo esperanzado o ansioso de sus posibles respuestas y soluciones, sino todo lo contrario: un pueblo hastiado de la mentira, la impostura, el descaro y la hipocresía que constituyen los pilares centrales de la herencia masista. Consumieron las bases y fundamentos que le dieron un rol protagónico central en la historia del país. Ya no les queda ningún material que les permita renovarse o recuperarse. Toda continuación sólo será producto de su obcecación y tozudez y de su incapacidad de comprender que sobre dicha herencia no puede haber trayectoria alguna que pueda ser buena o útil para algo. No pudieron ni supieron administrar el inmenso poder que la gente les confirió porque creyó en sus buenas intenciones y en su voluntad de construir un país unido, fuerte, orgulloso de su diversidad. Nada de todo ello surgió, solo una infinita decepción y un interminable cuestionamiento. Por ello, llegó el tiempo en que ya sólo les toca largarse de la historia patria, pues aquí ya no tienen nada más que hacer.

19 noviembre 2021

INFORMALES INDIGNADOS. Un país descubre sus estructuras profundas.


Carlos Rodrigo Zapata C. (*)

Las manifestaciones de parte de la oposición en el curso de la semana pasada sorprendieron al régimen masista que no se esperaba esa contundencia, mucho menos la composición de fuerzas que surgió, pues aglutinó a cívicos, plataformas y primordialmente a organizaciones de informales -en particular, gremiales y transportistas- en torno al rechazo al proyecto de Ley contra la Legitimización de Ganancias Ilícitas, cuyo tratamiento fue paralizado en la ALP, y luego en rechazo de la Ley de la Estrategia contra la Legitimación de Ganancias Ilícitas, la Ley 1386, que ya había sido promulgada en agosto pasado, la cual entretanto fue abrogada en los pasados días.  


Pastora urbana - vendedora de golosinas y otros

¿Cuáles fueron los errores de cálculo de los operadores del masismo? Sin lugar a dudas, no haber previsto la reacción iracunda de los informales. Este es un tema que merece ser analizado adecuadamente porque toca profundamente no sólo la comprensión o incomprensión de nuestras estructuras, sino que además es un factor crucial de la gobernabilidad económica y política del país.

EL CERCO LEGAL A LOS OPOSITORES

Para comprender este desenlace es fundamental tener una explicación de las razones por las que el masismo cayó en semejante error. Todo indica que el régimen Arce está empeñado en tender un cerco legal a todo potencial opositor, de modo tal que el régimen en funciones tenga a mano todos los instrumentos necesarios para acallar esas voces por medios legales, pero recurrió a una táctica completamente errada que denota que no entiende el país.

El problema surge en el momento en que se quiere usar ese extraordinario instrumento llamado ley, que se supone es válido para todos los ciudadanos del país, independientemente de su situación o condición económica. Seguramente los funcionarios del régimen imaginaron que los informales, por la condición dominante de pobreza y precariedad en que vive la gran mayoría de ellos, no se darían por aludidos. No obstante, en la Estrategia se presenta una idea clara que la “informalidad permite a las organizaciones criminales y terroristas la posibilidad de abrir negocios y consumir con mayor facilidad sus ingresos procedentes del delito y subsistir permanentemente en el sector informal sin mayores riesgos de ser detectados”. Y agrega: “la informalidad genera numerosas oportunidades para que el delincuente pueda ingresar a la economía el producto del delito y puedan ser llevadas a cabo en forma anónima y sin dejar ningún tipo de registro que permita su detección por las autoridades”. Para rematar se expresa la preocupación por el hecho que “las políticas públicas implementadas contra la LGI/FT [Legitimación de Ganancias Ilícitas y el Financiamiento del Terrorismo] están diseñadas para prevenir y detectar hechos vinculados a estos delitos a través del sector formal”, por lo que, si no se contempla “la problemática, causas y condiciones de la informalidad, podría desalentar la formalidad en sectores económicos pequeños que sí invierten dinero obtenido legalmente”.

Pese a tener esta idea básica clara, resulta que se aprueba una estrategia y promulga una Ley que no tienen un diagnóstico definido de esta situación y menos las acciones que correspondería llevar adelante. En el Plan de Acción de la Estrategia sólo se llega a decir que se debe “conformar una comisión para desarrollar un diagnóstico del sector informal que permita identificar la magnitud de actividades informales y su incidencia de los riesgos de LGI/FT en este sector”, lo cual muestra que no tenían ni idea de cómo reaccionaría el sector.

Pero ahí es donde empieza el problema y el desconocimiento de la realidad del país por parte del mismo régimen. Los informales están muy conscientes que viven a costa de violar las normas, por lo que se imaginaron que en cualquier momento podía caerles la UIF, la Unidad de Investigaciones Financieras, que ha sido percibida como la policía financiera con poderes omnímodos y con gran ansia persecutoria.

El uso de la “justicia” y las leyes se han convertido en los instrumentos preferidos del masismo porque permiten extraer lo mejor de todos los mundos que habita: por un lado, tener los instrumentos suficientes para perseguir a los opositores por cualquier razón y, por otro, mostrar que Bolivia sigue moviéndose en el marco de un Estado de derecho. Un escenario de este tipo permitiría perfeccionar los contornos de un régimen autocrático y autoritario de modo completamente legal y hasta con apariencia democrática, que ha abierto las compuertas a sectores sociales históricamente marginados de nuestro país, etc. Sena quina, la perfecta cuadratura del círculo.

Pero el tiro le salió por la culata, por la misma razón que en febrero del 2016 el régimen Morales tuvo el atrevimiento de convocar a un referendo, pensando que tenía a la población en el bolsillo, pero le fue como la mona, lo que lo llevó 3 años más tarde a desenmascararse, cuando recurrió al fraude electoral y a todas las medidas que aplicó para eternizarse en el poder. Con todo ello quedó claramente en evidencia que los referendos y la democracia le valen un comino al masismo.

Ahora el régimen Arce repite el mismo libreto, sólo que ahora se ocupa de montar un sistema de leyes que controle cualquier movimiento de los opositores. La condición para que ello funcione es que no exista un sistema de justicia que merezca ese nombre y que los ciudadanos no descubran a tiempo todas esas bombas legales que se están sembrando a su alrededor en la estructura jurídica del país. Por segunda vez observamos que las cuentas le salieron mal al masismo y que su juego quedó en evidencia, aunque, incapaces de reconocer y admitir todo lo que se descubre, prosiguen con su labor de tergiversar y encubrir lo que acontece porque ese es el último camuflaje que les queda.

Dicho sintéticamente, partimos de la hipótesis que el masismo ha extraído las peores lecciones relacionadas con noviembre del 2019, cuando el levantamiento popular a raíz del fraude electoral no le dejó otro camino a Morales y su régimen que dimitir y huir del país. Para evitar otra vez una experiencia semejante, están construyendo una serie de cercos legales en torno a los potenciales adversarios políticos a fin de poder sacárselos de encima con la premura y oportunidad que el caso aconseje, sin que ello despierte mayores dudas o sospechas de autoritarismo en el escenario internacional.

LA REACCIÓN DE LOS INFORMALES

Ahora sí analicemos brevemente, a qué se debió la reacción de los informales, cuando según la hipótesis señalada, los tiros no estaban dirigidos contra ellos. Al final veremos que las propias declaraciones de los funcionarios del régimen han puesto en evidencia que la implantación de estas leyes apunta a atacar a todo opositor potencial y que el régimen Arce se ha propuesto instalarlas en nuestra economía jurídica.

La reacción de los informales mostró varias cosas sumamente notables para comprender las estructuras realmente existentes en nuestro país y sus dinámicas de funcionamiento. Lo primero es que los informales se sienten ciudadanos del país, que pueden verse afectados por sus normas, aunque viven en buena medida de saltarse todas las normas existentes, y que van progresando, aunque muy lentamente, pese a ser los grandes olvidados del Estado. Lo segundo, es que no se sienten tan miserables como para no salir en defensa de su patrimonio, asunto que demuestra que tendrían las condiciones para formalizarse, pero que prefieren por conveniencia permanecer en la informalidad. Es decir, necesitan un Estado que los proteja y al mismo tiempo tolere sus métodos y encima los socape, un dilema que no ha podido resolver ninguna sociedad en el mundo.

Determinados sectores, en particular, gremiales, transportistas y chuteros (nos referimos aquí a quienes adquirieron los vehículos internados ilegalmente en el país) sintieron que la famosa ley en tratamiento en la ALP podía afectar sus intereses, por lo que dispusieron de inmediato medidas contundentes para oponerse a dicha ley.

La reacción de los informales se debió básicamente a dos preocupaciones: por un lado, a ser investigados por la UIF y, por otro, a que se desate una persecución contra esas “organizaciones criminales” que en muchos casos son las que les facilitan el sustento a los informales.

Uno podría decir que el pez muere por la boca o que, a confesión de parte, relevo de prueba, pues con esa conducta los informales estaban admitiendo que podría haber muchas razones para ponerlos en el centro de la mira de las instancias destinadas a perseguir la legitimación de ganancias ilícitas. Aquí es donde se complican y complejizan las cosas porque resulta que este temor es fundado y a la vez no lo es, o sólo en algunos casos lo es.

Por fin, ¿Cómo es esta cuestión? Para comprender la reacción de los informales debemos retrotraernos a sus orígenes, a las causas que los hicieron posibles. En el principio, en la década de los años 1960, convergieron dos fuerzas demográficas. Por un lado, el crecimiento vegetativo de la población que durante varios años superó el 2% anual. Por otro lado, los movimientos migratorios campo-ciudad que más que duplicaron esa tasa de crecimiento en las ciudades por espacio de unas 2 décadas, donde por ejemplo el crecimiento demográfico de El Alto llega a ser el más vertiginoso de la historia de América Latina. Al principio, los recién llegados a las ciudades solían encontrar empleo relativamente rápido, aunque siempre se trató de empleos precarios, temporales. Con el pasar del tiempo y el aumento y concentración de la población migrante en las ciudades, la situación de empleo se fue complicando. Si al principio había que esperar unas semanas, luego ya eran meses, lo que exigía organizar algún modo o sistema de subsistencia.

Estos modos temporales, provisionales y precarios de subsistencia en las urbes fueron dando lugar a muchas formas de “hacerse” a las ciudades, de inventarse formas de subsistencia desde la vivienda, hasta los servicios, el empleo, etc. Dos criterios forjaron ese modo de vida, trabajo y subsistencia informal. Por un lado, ocupar todo aquello que no estaba ocupado, en particular, la toma de predios no ocupados, y privatizar lo público, lo que incluye entre otros la “lotización” de calles y avenidas, las conexiones ilegales a la red eléctrica, etc. y, por otro lado, evadir o evitar toda clase de normas legales, tales como el pago de impuestos, la seguridad social, el seguro de salud, la ausencia de contratos de trabajo, la falta de consideración de normas ambientales, de seguridad industrial, etc. De este modo y de a poco, prolongando sus jornadas laborales, incluyendo a toda la familia en los emprendimientos acometidos y con largas luchas y movilización social, la nueva capa social de los informales fue surgiendo hasta consolidarse y convertirse hoy en día en parte del ambiente natural que observamos en calles y plazas de las urbes nacionales.

Las preguntas clave son, de dónde provenían y por qué no encontraban suficientes puestos de trabajo. Gran parte provenía del campo, de condiciones de vida y trabajo muy pobres y precarias y muy distintas a las habituales en los centros urbanos. Por lo general tenían un nivel de escolaridad extremadamente bajo, la mayoría no habían completado ni siquiera los estudios primarios. Al llegar a las ciudades se encontraron con un mundo en que los propietarios de los medios de producción generaban muy pocas y precarias oportunidades de empleo, tan pocas que hoy en día, pese a que las inmensas riquezas naturales del país fueron ampliamente repartidas y distribuidas, cerca del 80% de la fuerza laboral del país se halla adscrito al sector informal. Por ello, ya desde hace mucho, apostaron por la recuperación de sus tierras con la reforma agraria (de las que las comunidades indígenas fueron expulsadas), ya que nunca creyeron en el cuento de la proletarización del capitalismo, es decir, que los empresarios crearían puestos de trabajo para todos.

Al no contar con medios de producción y tampoco con una oferta de puestos de trabajo significativa, debían inventarse las formas más bizarras o extrañas de subsistencia. Pronto surgieron varios sectores que se convirtieron en fundamentales para la subsistencia en el sector informal. Por un lado, el comercio y, por otro, los servicios. Pero esos sectores no lograron absorber a la creciente masa de trabajadores que tampoco eran absorbidos por las empresas establecidas, de modo que debían abrirse a nuevos sectores de actividad, e incluso estar dispuestos a recibir toda clase de prebendas a cambio de apoyo político, fenómenos estos últimos que se han manifestado con mucho mayor fuerza en lo que va del presente siglo.

¿Qué sectores se convirtieron en los fundamentales para las actividades de los informales? Por delante, el contrabando, ya que los diferenciales de precios entre los precios de importación y de venta al detalle final, mucho más en épocas proteccionistas, hacían posible largas cadenas de intermediarios. Esos diferenciales se hicieron aún mayores desde que nuevas capas de comerciantes informales ya en este nuevo siglo empezaron a viajar a China a traer mercaderías, lo cual no significa que perdieran su condición de informales. Si algún sector debe ser llamado el sustentador del sector informal es el contrabando, pues abrió opciones de subsistencia insospechadas a un número creciente de la fuerza laboral informal. Pero todo eso tampoco fue suficiente, especialmente debido al hecho que Bolivia hoy es el país que tiene el mayor porcentaje de fuerza laboral informal en el mundo.

Se fueron agregando otros sectores, cada vez más especializados, como la piratería y la ropa usada, a los que luego se agregó la labor de los “chuteros” (aquí en sentido de contrabandistas de vehículos, usualmente usados). También la inclusión en actividades relacionadas con el narcotráfico incursionó fuertemente en el sector informal, menos en las labores directamente relacionadas con los eslabones de la cadena del narcotráfico, y más en la atención a las actividades que se derivan del lavado de los fondos que genera el narcotráfico. Íntimamente relacionado con ello, las actividades relacionadas con el extractivismo se expandieron y crecieron significativamente, especialmente en actividades tales como el lavado de oro, la extracción ilegal de maderas preciosas, la caza de especies en peligro de extinción y el control de tierras. Estos son los principales sectores de actividad que contribuyen significativamente al sostenimiento del sector informal.

Como se puede apreciar, este sector está íntimamente relacionado con actividades que de diversos modos violan normas en distintos sectores, lo cual muestra que es muy difícil que se puedan institucionalizar nuestras prácticas. La ley básica del sector informal es que no haya leyes, porque de otro modo se ven limitados en la consecución de sus posibilidades de subsistencia, que de a poco ya no sólo son de subsistencia, sino de micro acumulación y en algunos casos de macro acumulación.

No obstante, este cuadro debe ser relativizado en varios sentidos. Primero, hay un porcentaje significativo del sector informal que vive diariamente de su esfuerzo y su trabajo extremadamente sacrificado. Pienso en las vendedoras callejeras y ambulantes que pasan fácilmente 10 a 14 horas diarias para ganarse el sustento. Estas personas usualmente se acogen a un sinnúmero de tratamientos de excepción (especialmente en materia de impuestos y vialidad) que han proliferado como formas de acompañamiento al sector informal. Segundo, otro porcentaje se mueve en una zona intermedia entre el trabajo sacrificado y abnegado y la incursión en actividades de tipo claramente ilegal. Finalmente hay un pequeño porcentaje que vive completamente abocado a actividades ilegales y delincuenciales que por lo general recibe la mayor tajada en ese sector, pero resulta vital para la reproducción de las condiciones de vida y trabajo informales. Estos vienen a ser los “empresarios” reales y propietarios de medios de producción que generan oportunidades de sustento a los informales. Por esta senda, Bolivia está hundiéndose en un mar de obstáculos, distorsiones y problemas.

Como se puede apreciar, aquí se mezclan muchas cosas, desde el trabajado sacrificado hasta las mafias organizadas que proveen múltiples oportunidades de empleo en el sector informal. Este cuadro nos muestra que en su consciente y subconsciente el trabajador informal sabe que no tiene posibilidad alguna de exhibir cuentas claras en relación a los orígenes de sus ingresos y sus patrimonios. Repito, en muchos casos sus ingresos son producto de esfuerzo sacrificado, pero esa no es la única característica de los informales. Todo ello ha desatado inmensas susceptibilidades en el sector informal, al punto que pese a tener y mantener relaciones fluidas y de mutuo provecho con las administraciones gubernamentales, muy en especial con los regímenes masistas, se han sentido en esta ocasión francamente amenazados.

CONCLUSIONES

Diversos funcionarios han intentado bajar los ánimos de los informales y apaciguarlos, diciendo en todos los tonos y modalidades que el tiro no estaba dirigido contra ellos, que cómo los van a controlar, que saben que ganan su dinero con mucho trabajo sacrificado, etc. También han señalado que “hay que proceder de acuerdo a la normatividad vigente”, lo que significa que se trata de imponer un conjunto de leyes persecutorias y avasalladoras para luego decidir en qué casos se usa y contra quienes. El hecho es que no hubo forma de apaciguar los ánimos de los informales, a la vez que los funcionarios del régimen fueron revelando sus reales intenciones.

La conclusión es que el régimen Arce, pese a dar algunas señales de comprender la lógica de funcionamiento del sector informal, ha recurrido a las leyes que son de cumplimiento obligatorio para todos por igual, cuando en el país las diferencias y desigualdades en materia de posibilidades de cumplimiento de las leyes y de tratamiento que se brinda a los diversos sectores sociales, son abismalmente diferentes, así como la disposición de cumplirlas o someterse a ellas. En este marco, resulta notable destacar, por ejemplo, que aproximadamente el 2% de las empresas del país contribuyen con el 90% de los impuestos, que en 10 años aprox. se ha triplicado el parque automotriz (entre 2010 y 2020 el parque automotriz pasó de 600000 a cerca de 2 millones de vehículos) y que hay sectores que reciben ingentes recursos por las actividades que realizan, como los cocaleros, pero que no tributen, para mencionar sólo algunas de las incoherencias e inconsistencias que hacen prácticamente imposible vivir según la regla: un Estado, una ley, una autoridad, un cumplimiento.

Otra conclusión es que sin encarar la “formalización” del sector informal, -lo cual significa que tanto las actividades que desempeñan los informales como los sectores de actividad en los que se apoyan, deben respetar el marco legal establecido- no será posible establecer marcos institucionales sólidos, sin los cuales es poco imaginable una sociedad orientada de modo estable a su progreso y bienestar.

La reacción de los informales se ha debido a un fallo inmenso en el aparato destinado a montar un sistema de amedrentamiento en el país, pero ha ayudado a poner de manifiesto las estructuras profundas que presiden el acontecer del país, signado por una inmensa precariedad, falta de oportunidades y perspectivas del sector informal, el que por necesidad y conveniencia termina amparando y protegiendo a sectores que trafican con todo lo que es imaginable, desde drogas, vehículos y riquezas naturales, hasta personas, capitales y soberanía.

En este marco, es preciso destacar que el sector informal puede ser la vía de solución de los problemas de Bolivia o su perdición final. Existe una voluntad inmensa de trabajo abnegado y sacrificio como podemos ver en todos esos casos de mujeres y hombres que sacan a sus familias adelante y logran prosperar y ganarse nuevas oportunidades en la vida. Por ello mismo, es una gran desgracia que durante la época de mayor bonanza en la historia de Bolivia el régimen masista haya despilfarrado monumentalmente esos recursos (¡esto si es lo verdaderamente monumental!) y no haya invertido un peso en brindarles a los informales nuevas opciones y posibilidades de acceder a nuevos recursos, a formación, a bienes y servicios públicos y colectivos, en suma, a nuevos sectores de actividad, y los hayan dejado librados a su suerte, mientras se invertían miles de millones en proyectos faraónicos llave en mano que solo han contribuido a reforzar la dependencia de Bolivia de sus materias primas y de los caprichosos mercados internacionales.

El resultado final es que la lucha contra la legitimación de ganancias ilícitas ha quedado archivada, como si Bolivia se hallara muy próxima a la perfección en materia de transparencia en el manejo de sus flujos financieros. En realidad, es como si se hubiera declarado que Bolivia es un paraíso fiscal informal, abierto para el lavado de todos los dineros negros mal habidos en el mundo. Los informales la sacaron barato, todo gracias a que el régimen Arce buscaba con su “ley maldita” un resultado completamente ajeno a la lucha contra el tráfico de capitales negros.

Todo ello muestra que no es la mejor forma de recomendarnos para construir un país serio, donde se respeta el Estado de derecho, la transparencia y se labora diligentemente en la construcción de nuevas oportunidades de vida dignas, legales y sostenibles para todos sus habitantes.


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(*) Economista, especialista en planificación territorial, catedrático de "Desarrollo del Capitalismo" en la Carrera de Sociología (UMSA, 2017).

 





05 noviembre 2021

EL CAPITÁN ZAPATA

 

Una historia de profunda amistad en un mundo de conquistadores, sultanes, almirantes y piratas a fines del Siglo XVI que empezó en Potosí y abarcó a todo el mundo.


Bartolomé Arzáns de Orsúa y Vela (1676 - 1736), historiador potosino que escribió la Historia de la Villa Imperial de Potosí "durante treinta años arduos y fríos", no sólo elaboró una obra de incomparable belleza y acuciosidad, sino que ha descrito como ningún otro autor de su época, historias que nos recuerdan las hazañas más extraordinarias de los aventureros de todos los tiempos.

La historia del Capitán Zapata es justamente una de esas epopeyas universales, en las que la aventura y la piratería se entremezclan con la riqueza, Potosí con centros imperiales de Europa, Asia y África, la desventura y el sufrimiento con la amistad y la lealtad. 

En esta versión contamos la historia libremente, pero fiel al texto original.


Por: Carlos Rodrigo Zapata C. (*)

"Por felicísimo año tuvieron los moradores de Potosí éste de 1562, en el cual se descubrieron muy ricos metales en las minas de su admirable cerro", así empieza su relato Bartolomé. "En la veta Rica se descubrió metal de plata blanca tan poderoso que las hebras que sobresalían de la tierra en los trozos eran de grosor de un dedo, y tan fina y resplandeciente se mostraba que parecía estar bruñida".

Un año antes de estos descubrimientos, había arribado a la Villa Imperial de Potosí un individuo de nombre Georgio Zapata quien, como muchos otros, llegó en pos de hacer fortuna rápida. Mostrando papeles escritos en lengua italiana, en los que se relataban algunas hazañas de armas en las que había participado, y otros en los que se le confería los títulos de Alferéz y Capitán, ganó rápidamente la confianza de los pobladores de la Villa.

Su primer y más íntimo amigo fue Rodrigo Peláez, proveniente de los reinos de España, quien trabajaba como asalariado de un alemán, Gaspar Boti, hombre próspero, poseedor de importantes vetas. Al poco tiempo de su estadía en Potosí se fue a vivir con Peláez a quien ayudaba en las labores de mina, "tirando de salario 20 pesos cada semana".

La experiencia de esta vida demuestra que "al que siempre le asiste felicidad, todo le sucede prósperamente", de tal modo que un día estando Georgio Zapata en el Cerro Rico, apartóse de su compañero Don Rodrigo y comenzó a catear una mina abandonada y descubrió que tenía una ley muy alta. Extrajo algunas muestras que mostró a Don Rodrigo, minero más experimentado, y entre ambos festejaron el hallazgo que le comunicaron prontamente a Boti como muestra de agradecimiento, "pues  ambos lo tenían por señor y por amigo" y resolvieron explotar la mina juntos entre los tres, "aunque sin dar a entender a la Villa que la tenían", para no despertar la codicia de sus vecinos. Los cronistas de la época cuentan que pudieron hacerlo muy bien, pues las minas de Gaspar Boti, conocidas por su gran riqueza, se hallaban muy próximas a la veta recién descubierta.

El Capitán Zapata, Peláez y Boti explotaron la mina por muchos años, sacando en ese período de tiempo "muchos millones de plata que liberalmente repartieron mucha parte entre sus amigos y paisanos", quedando los tres muy ricos. "Pasados 10 años de posesión y continua saca de poderosos metales de aquella rica mina falleció Gaspar Boti". El Capitán Zapata continuó con la explotación de la mina que "se hizo conocida con nombre de Zapatera, por haber sido descubierta y labrada por el dicho Capitán Zapata" y sacó a relucir su prosperidad y gran fortuna "sin descaecer un punto de la amistad de Don Rodrigo". "Hízose tan estimado en toda esta Villa que no se tenía por noble quien no solicitaba su amistad. Y a la verdad, de él se dice que era dotado de muchas excelencias y virtudes morales, y en las cosas de las armas, esfuerzo, valentía, destreza y disciplina militar fue aventajadísimo".

Era "alto de cuerpo, bien proporcionado en sus miembros, de grandes fuerzas y de muy hermoso y grave gesto, manso, benigno, liberal y muy afable y alegre, limosnero y caritativo", pero "por faltarle nuestra santa fe católica se condenaría".

Al cabo de más de 15 años de permanencia en la Villa, el Capitán Zapata decidió retornar a su patria con su gran fortuna. En ese período de tiempo había "rescatado hasta 12 arrobas de oro fino de la ciudad de La Paz y provincia de los Chichas". "Despidióse de todos los vecinos, repartió liberalmente mucha cantidad de plata entre los amigos y otros pobres forasteros", y sin revelar verdaderamente quién era y de dónde venía, partió de la gran Villa "con la cantidad de oro que he referido y otros dos millones de plata", pero no a España o Italia, pues de ningún lugar, villa, ni ciudad de dichos reinos era oriundo, sino "a la Turquía, pues había nacido y criádose en Constantinopla: turco de nación aunque habido en una cristiana griega, según se supo después por sus mismas cartas, y su propio nombre era Emir Cigala". Enterados los vecinos de la Villa de esta noticia, quedaron muy sorprendidos, pues ni Rodrigo Peláez que había sido "tan su amigo y compañero de cuarto y mesa.... jamás en 15 años de tan conforme amistad no le vio acción ni le oyó palabra contraria a nuestra santa fe".

Llegó, pues, Emir Cigala muy rico de vuelta a Turquía, "a la corte de Constantinopla, patria suya y cruel madrastra de la cristiandad", donde tiranizaba e imperaba Amurates, Sultán de los turcos, "a quien fue a besar la mano Emir Cigala, que en Potosí era el Capitán Zapata".

"Diole cuenta a su gran señor de todos los sucesos que había tenido en 17 años que había faltado de Constantinopla, y la mucha plata que había sacado del Cerro de Potosí". Le mostró un retrato de la forma de este riquísimo Cerro, y diole del oro que traía de La Paz, rescatado con la plata extraída. Amurates, admirado de la extraordinaria riqueza de su Emir, le hizo muchas honras y le nombró general de las galeras turcas.

Pocos años después del retorno de Emir Cigala de la Villa Imperial de Potosí, falleció Amurates, el Gran Sultán de los turcos. El sucesor de Amurates, el Sultán Mahomet, hizo a Cigala uno de sus Visires. En su nueva investidura, tomó Agria junto al nuevo Sultán en octubre de 1588 y "después continuó Cigala la guerra en servicio de Mahomet y en daño de algunas cristianas provincias, por lo cual (dice el mismo Cigala en una carta que después escribió a esta Villa) consiguió ser Rey de Argel....".

Mientras todo lo referido acontecía con Emir Cigala que en Potosí se hacía pasar por el Capitán Zapata, ocurrió que el viejo amigo de Cigala, don Rodrigo Peláez, después de algunos años también decidió retornar a su tierra natal.

"Con un crecidísimo caudal llegó a su patria que era la ciudad de Oviedo", donde por muchos años "estuvo gozando de sus riquezas". En 1596, hallándose Don Rodrigo en la ciudad de Cádiz,  aprontándose a partir al Perú en viaje de negocios con una "porción considerable de ropa", aconteció que se anunció una invasión encabezada por el Almirante de Inglaterra, quien dirigía una fuerza compuesta por 20.000 ingleses, holandeses y franceses. Inicialmente intentó atacar Lisboa, pero Don Diego Bochero, quien comandaba las fuerzas portuguesas distribuidas en 18 navíos, salióle al frente y el almirante inglés no se atrevió a pelear". Pasó inmediatamente al Algarve y de allí se dirigió a Cádiz, ciudad donde por falta de prevención y una dirección adecuada, cundió rápidamente la confusión y el caos, y fue tomada el 1 de julio del año referido.




"Los ingleses usaron a su voluntad. Excusada cosa es contar lástimas, sacrilegios y otros daños que padeció esta ciudad, pues siendo herejes se dice todo". Una vez concluida su misión de asalto y destrucción, los ingleses retornaron a su reino.

"En este lamentable saco perdió Don Rodrigo Peláez no sólo toda su hacienda, más también la libertad", pues Fujino de Praet, cabo francés que formaba parte de la fuerza expedicionaria inglesa, "lo llevó cautivo con otros dos mozos de aquella ciudad". Luego de entrar con ellos a Londres en la gran marcha triunfal, retornó a Francia.

Estando Don Rodrigo en la ciudad de Tolón al servicio del mencionado cabo, llegaron allí dos emisarios, de nombre Rustán y Maiheneto, enviados por el Gran Turco con unas cartas dirigidas al rey de Francia. "Y como tenían desde antes amistad estos dos turcos con el Fujino, éste les presentó con otras joyas aquellos tres españoles cautivos", pasando de este modo a ser esclavos de los emisarios turcos. "Cúpole a Don Rodrigo el tener por su señor a Maiheneto (que lo trató muy mal este bárbaro el tiempo que con él estuvo) hasta que volviendo de Francia lo vendió a unos moros africanos que topó en el camino, los cuales iban a Argel donde lo llevaron como esclavo".

Así se inició la tercera esclavitud de Don Rodrigo. Apenas llegado a Argel fue vendido en subasta pública a Cara Cigala, hermano de Emir Cigala quien seguía siendo Rey de Argel. "Y como viviesen juntos en palacio los dos hermanos, pudo Emir Cigala ver a Don Rodrigo", demacrado y envejecido, a quien reconoció a primera vista, más no el cristiano al mahometano.

Apartándolo de la gente, lo condujo Emir Cigala a un jardín, y le preguntó si lo reconocía. "Respondió Don Rodrigo que no. Díjole entonces Emir Cigala: Pues, ¿sólo en 20 años has borrado de tu memoria una tan estrecha amistad como la que tuvimos? ¿No conoces al Capitán Zapata con quien fuiste por tiempo de 10 años minador en el Cerro de Potosí?" Recién entonces pudo reconocerlo Don Rodrigo y se inclinó a besarle los pies, pero Cigala no lo permitió, "antes sí lo sentó a su lado después de haberle dado muchos abrazos".

Comenzaron a contarse uno al otro todo lo ocurrido a cada uno, desde el momento que se separaron en la Villa Imperial de Potosí. "Dióle cuenta Cigala de cómo siempre había profesado la ley de Mahoma" y la había mantenido en reserva durante los 15 años que permanecieron juntos. También le contó de sus desventuras y triunfos al lado de los Sultanes Turcos, Amurates y Mahomet. Luego de asegurarle la recuperación de su libertad y de obsequiarle "muchas preseas de oro", le pidió que "cuando se fuese a España escribiese a la Villa Imperial de Potosí todo lo que le había oído y visto por sus ojos; y que  aunque de contraria ley, estaba muy agradecido al verdadero Dios, a sus vecinos y al Cerro".

Pidióle Don Rodrigo una carta "de su mano y sello", para que remitida a la Villa Rica fuese de mayor crédito. "Todo se lo concedió, que cuando la amistad de los amigos es firme y verdadera nada se excusa de lo que el uno al otro se pide". Llegando a España escribió Don Rodrigo a Potosí, adjuntando la carta de Emir Cigala, "escrita en muy buen castellano, aunque con algunas cláusulas en arábigo, cuya fecha es de 20 de junio del año de 1598".

Bartolomé, el historiador potosino, concluye su relato, agregando: "He excusado el poner aquí la copia de dicha carta, por evitar prolijidad y porque me parece es bastante lo que queda dicho".

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(*) Economista, planificador regional. Publicado originalmente el 25 de junio 1995 en SEMANA del periódico Ultima Hora. La Paz, Bolivia.