06 julio 2010

Bolivia Constituyente - "La Constitución como programa de desarrollo"




Bolivia sigue a la búsqueda de la piedra filosofal en materia de rumbo económico. Es como si los dioses se hubieran confabulado para mantenerla fuera de nuestra vista y nuestro alcance.

En el balance de fuerzas entre la tiranía que ejercen las materias primas no renovables sobre las estructuras, demandas y preferencias de la sociedad y la disponibilidad del territorio nacional para tráficos ilícitos e ilegales de todo tipo, versus la necesidad de sentar las bases para impulsar procesos de acumulación ampliada, con generación creciente de valor agregado, que permitan salir de esa economía extractivista, productora de materias primas, aprovechadora de la renta extraordinaria que nos deparan esas riquezas naturales, Bolivia se viene decidiendo sistemáticamente por las dos primeras vertientes, posponiendo para algún futuro indeterminado la tercera vertiente. 


Ello genera una situación de inestabilidad estructural, pues los recursos humanos y capacidades requeridas por la economía de corte extractivista y traficante no es precisamente muy exigente, razón por la que no se necesita calificar significativamente a la mano de obra, ni es necesario promover procesos de desarrollo tecnológico, tampoco fomentar la actividad empresarial, menos esmerarse en cumplir contratos, construir un sistema de justicia respetable, etc., pues todo ello se hace relativamente superfluo cuando se cuenta con rentas extraordinarias derivadas de la explotación de los recursos naturales. La veta del mineral, el yacimiento del hidrocarburo, la biodiversidad de la naturaleza ya traen consigo su renta extraordinaria, pues son productos tan valiosos que ya incorporan su "valor agregado" por lo que se hace innecesario desarrollar todos aquellos procesos y esfuerzos que en otras economías son objeto de gran dedicación y atención, pues en la formación de sus recursos humanos y el desarrollo tecnológico adecuado se les va la vida, ya que de esos factores productivos saldrá su valor agregado y su renta que les permita obtener su producto y sus ingresos, y acumular de modo creciente, incorporando siempre nuevas esferas del conocimiento y la producción, diversificando y especializando sus productos de modo continuo. Podría decirse, para qué complicarse la vida, si puede ser tan fácil y tan simple.

El problema es que Bolivia, pese a sus extraordinarias riquezas naturales de todo tipo, sigue siendo una de las sociedades más pobres del hemisferio occidental (eso significa, ¡de la mitad del planeta!!), y sin vislumbrar claramente nuevos horizontes y perspectivas para construir una economía que vaya más allá de la simple explotación de los recursos naturales y del uso del territorio para toda clase de tráficos ilícitos.

Una forma de empezar a encaminar soluciones de mediano a largo plazo consiste en ver a la Constitución Política del Estado (CPE) como el programa básico de desarrollo a encarar por toda la sociedad, todos sus estamentos y recursos, de modo que quede meridianamente claro para todos, hacia dónde queremos dirigirnos, qué problemas estructurales debemos resolver y de qué condiciones debemos dotarnos para poder avanzar hacia nuevos horizontes.

Lástima que la nueva CPE no tuvo la apertura para vislumbrar esa oportunidad, y prefirió concentrarse en establecer toda una gama muy amplia de derechos humanos y colectivos, aunque sin señalar qué aspectos deben superarse o lograrse y cómo se pretende cumplir con con todas esas prerrogativas.

El artículo que se presenta a continuación ("La Constitución como programa de desarrollo") fue un intento de lograr que la Asamblea Constituyente pudiera prestar atención a estos alcances, de modo que se establezca una relación mucho más estrecha entre problemas y soluciones, derechos y deberes, sueños y realidades.

Lo publicamos nuevamente después de años porque consideramos que no ha perdido ni su actualidad ni su frescura, sino que con el paso del tiempo ha adquirido aún más autoridad y prestancia, como los viejos vinos que más valen cuanto más añejos son.

Esperamos, amigo lector, que pueda valorar en todo su alcance este pequeño aporte, pero que visto a la luz del tiempo, podría ser muy significativo para el futuro nacional. 
Carlos Rodrigo Zapata C.



La Constitución como programa de desarrollo

Carlos Rodrigo Zapata C.
Una de las oportunidades que más ha despreciado Bolivia a lo largo de su dilatada historia de enmiendas constitucionales, radica en no haber visto a la Constitución Política del Estado (CPE) como el programa básico de desarrollo a ser encarado por los sucesivos Gobiernos de turno y la sociedad en su conjunto, a fin de resolver los problemas estructurales que la acosan.

De ahí que llama poderosamente la atención que algunos constituyentes y analistas sostengan que la nueva CPE debe abocarse exclusivamente a definir los términos del nuevo Pacto Social, dejando la solución de los problemas a las leyes específicas y a la gestión pública.

Esta postura asume que para diseñar la nueva CPE no requerimos precisar los objetivos y los medios necesarios para encarar los problemas de nuestro desarrollo, por lo que no requerimos un diagnóstico preciso de nuestra problemática, y no sólo eso, sino que el Estado boliviano ha sabido actuar soberanamente en todos los ámbitos de su quehacer y que los partidos políticos son capaces de plantear visiones de país y programas de gobierno, como si no conociéramos ya de sobra sus graves insuficiencias en este campo. Más aún, se supone que tenemos los suficientes medios y capacidad para hacer realidad todas las libertades y derechos que se nos ocurra incluir en la CPE. El hecho es que en más de 180 años de vida republicana, no hemos logrado ser tan felices como desgraciados lo fuimos durante la colonia.

Sólo en sociedades muy organizadas es posible esperar que el Legislativo dicte una ley, el Ejecutivo la aplique adecuadamente y todo ello suceda sobre la base del programa de la fuerza política gobernante. Ello exige contar con los recursos, capacidades y consensos suficientes, así como con un manejo articulado y eficaz de los mismos, aspectos que nosotros no hemos generado en medida suficiente hasta el presente. De ahí que para encarar la construcción de nuestro país sobre bases reales, es preciso definir, antes que nada, una estrategia de concentración y manejo apropiado de dichos recursos, pues de otro modo seguiremos transitando por los mismos caminos fallidos del pasado.


Considero que la estrategia adecuada para emplear nuestros escasos recursos de modo concentrado en las tareas que nos exige la sociedad, radica en incluir en la nueva CPE las bases de las políticas públicas necesarias para enfrentar y resolver los problemas estructurales del país. De este modo, todos los recursos y capacidades públicas, privadas y de la sociedad civil podrían emplearse concentradamente para enfrentar estos problemas, el quehacer estatal tendría fuertemente definidas las directrices de su accionar y los partidos políticos podrían ocuparse de complementar dicho programa básico con sus propuestas. Pero ello exige ver a la CPE como guía o programa de acción para el desarrollo y no sólo como un marco jurídico que defina las relaciones sociales fundamentales.

Para comprender que este enfoque no está alejado de las funciones que cumplen las Constituciones Políticas, es indispensable tomar en cuenta las funciones que la teoría del Derecho Constitucional considera que debería asumir toda Constitución. Dichas funciones son: la Función de Organización (establecimiento de la organización del Estado y la autoridad), la Función de Limitación del poder (protección de la libertad y los derechos ciudadanos), la Función de Orden (la base para la ley, la creación de seguridad legal), la Función de Orientación (la que define los objetivos principales de la sociedad) y la Función de Integración (la que vela por la unidad nacional). Entre las funciones que regulan las bases de todo Pacto Social, la Función de Orientación es clave, pues ella indica los objetivos primordiales que persigue la sociedad en su conjunto.

Los objetivos usuales que se destacan en toda Constitución se refieren a libertad, dignidad, igualdad, respeto, entre otros. Si bien dichos objetivos son portadores de todo un programa de acción social y política de extraordinaria envergadura para el Estado y la sociedad, por nuestra experiencia histórica de más de 180 años, podemos afirmar que ninguno de esos objetivos podrá alcanzarse estable y sosteniblemente, si es que no resolvemos adecuadamente nuestros problemas estructurales. De ahí que la Función de Orientación de la Constitución necesariamente debe incluir, en nuestro caso, además de los objetivos usuales ya citados, las bases para enfrentar los problemas estructurales que se han convertido en el principal obstáculo al desarrollo del país.

¿Cuáles son los principales problemas estructurales de nuestro país? Sin duda, esta es una pregunta crucial, cuyo tratamiento no puede seguir siendo postergado. Según mi punto de vista, son: los obstáculos geográficos, inadecuado ordenamiento territorial, uso no sostenible de los recursos naturales, la alta incidencia de desastres, la heterogeneidad estructural, la insuficiencia crónica de bienes públicos y colectivos nacionales y locales, los muy bajos niveles de educación media, técnica y profesional, el deterioro de los términos de intercambio en el comercio internacional, la falta de perfeccionamiento de derechos propietarios y de aplicación de la justicia, los resabios de una democracia oligárquica en nuestro régimen electoral y la falta de respeto en la sociedad. Dichos obstáculos estructurales hacen imposible el crecimiento de nuestra economía a ritmos que permitan reducir los niveles de pobreza existentes en plazos aceptables.

Sería oportuno referirse a cada uno de estos problemas estructurales en detalle para comprender que constituyen obstáculos tan formidables a nuestras aspiraciones de equidad y bienestar, que sin encararlos adecuadamente todos los demás objetivos que pretendamos alcanzar aparecen como ilusorios o, incluso, como falaces. Si lo que pretendemos es que los pactos y acuerdos que alcancemos en el marco de la Asamblea Constituyente sean útiles y beneficiosos para el bien común, es indispensable no sólo recuperar el control del excedente económico nacional, nacionalizando los hidrocarburos, preservando nuestros recursos y aplicando otras medidas, sino que de similar importancia es velar por el uso estratégico, efectivo y eficiente de los recursos que tenemos a disposición, pues es tan dañino para las aspiraciones nacionales no apuntar a concentrar los recursos, como procurar usarlos de modo cada vez más disperso y fraccionado.

Sin hacer ello, nuestros pactos quedarán en el papel, y la angustia y desesperanza volverán a apoderarse del alma nacional.

El autor es economista.

Originalmente publicado en Bolpress, CEDIB, El Diario y otros, entre abril de 2006 y junio 2007.

24 mayo 2010

¿Cuál es el papel o función primordial de los medios de comunicación?



Consulta a Javier Darío Restrepo, director del Consultorio Ético de la FUNDACIÓN NUEVO PERIODISMO IBEROAMERICANO (FNPI)


La Paz, 23 de febrero de 2010

Estimado Javier Darío,

Aprovecho la oportunidad para enviarle mis cordiales saludos desde La Paz, ciudad en la que tuve el gusto de conocerlo el año 2006.

El tema de mi consulta tiene que ver con una gran preocupación que me causan los medios de comunicación y se relaciona con su comprensión o su percepción del rol o la función que les corresponde cumplir en sociedades que requieren resolver urgentemente incontables problemas acuciantes. Tengo la impresión que los medios de comunicación por lo general dejan fuera de consideración aquellos aspectos y temáticas que deberían hallarse en el corazón mismo de su misión.

En este marco, mi consulta es la siguiente: ¿Cuál es el rol de los medios de comunicación, cuál es su papel o función primordial, de qué modo corresponde que mejor asuman dicho papel, dónde podemos encontrar ejemplos de buenas prácticas en la materia?

Creo que son muchas preguntas a la vez, pero espero que me pueda dar su punto de vista del modo más amplio posible.

Huelga decir que considero que la libertad de pensamiento, expresión y comunicación es una de las conquistas más importantes de los pueblos en su afán por construir espacios de libertad y de convivencia pacífica, razón por la que deben realizar todo esfuerzo posible por preservarla y fortalecerla.

Le agradezco de antemano por la atención que pueda brindar a estas preocupaciones y quedo a la espera de sus valiosos comentarios.

Cordialmente,
Carlos Rodrigo Zapata C.
La Paz, Bolivia

El Consultorio Ético de la FNPI, procesó y respondió mi consulta como sigue:

http://www.fnpi.org/consultorio-etico/consultorio/?tx_wecdiscussion%5Bsingle%5D=32296


[982] Responsabilidad social de los medios
 
¿Cuál es el rol de los medios de comunicación, cuál es su papel o función primordial, de qué modos corresponde que mejor asuman dicho papel?
Carlos Rodrigo Zapata, Blog Claraboya, La Paz, BoliviaPublicado por: Carlos Rodrigo Zapata C. en abr 07, 2010 03:35 Categoría:Responsabilidad social Agregar comentario
 
Los medios de comunicación deben ser respuesta a la sociedad entera. Al contrario de lo que sucede con las empresas privadas, la industria, el comercio, que se deben sólo a la parte de la sociedad cubierta por su actividad, la responsabilidad del periodista y de los medios periodísticos es para con toda la sociedad.

Y su respuesta se da con información que, convertida en conocimiento, es un aporte a la libertad de las personas que tienen acceso a los medios de comunicación.

En efecto, las decisiones de los ciudadanos son tanto más libres si se apoyan en un conocimiento cabal de lo que sucede. Fundamentar con una sólida información una decisión en libertad, es el objetivo propio de periodistas y de medios periodísticos.

No se trata de entretener o divertir con las noticias, ni se trata de inducir en la mente de los receptores lealtades políticas, religiosas, gremiales, personales o gubernamentales, sino de crearles a cuantos reciben las noticias, las condiciones favorables para que decidan en libertad.

Esas informaciones siempre tienen que ver con el bien común, por tanto el periodista y su medio se convierten en defensores y promotores de todo lo relacionado con el bien común a través de la información diaria.

Una actitud ética supone, por tanto: creer que la información crea las condiciones para decidir y que a fuerza de decidir se fortalece la libertad; y creer que el periodismo tiene esa misión antes que otra cualquiera y que con ella presta a la sociedad un servicio insustituible.

En algunos manuales de estilo se rechaza la actividad de promoción de campañas públicas con las que medios y periodistas asumen un liderazgo cívico. La razón de ese rechazo es que el compromiso con una campaña restringe y le quita legitimidad a la acción de medios y periodistas y los introduce en el campo de la actividad política en el que la credibilidad se pone en peligro.

Publicado por: Javier Darío Restrepo en abr 07, 2010 03:37





Mi comentario a la respuesta del Consultorio Ético de la FNPI:


Apreciado Javier Darío,

Le agradezco mucho su respuesta clarificadora. En especial comparto plenamente eso de que “los medios de comunicación deben ser respuesta a la sociedad entera” y que “su respuesta se da con información que, convertida en conocimiento, es un aporte a la libertad de las personas“. “Fundamentar con una sólida información una decisión en libertad, es el objetivo propio de periodistas y de medios periodísticos”, ya que se trata “de crearles a cuantos reciben las noticias, las condiciones favorables para que decidan en libertad”.

Su argumentación centrada en “respuesta a la sociedad entera” y proveer información para decidir en libertad son dos elementos muy valiosos de su respuesta que nos ayudan a precisar el rol, la función o el papel de los medios de comunicación. Me pregunto en qué medida y de qué manera los medios de comunicación toman en cuenta efectivamente esas exigencias, esos altos estándares éticos de la libertad de prensa.

Vivo con la impresión que son relativamente pocos medios los que realmente toman en cuenta y consideran estos estándares, que comprenden cabalmente la importancia de la misión de la prensa, su función clarificadora, ordenadora, orientadora en medio de los avatares humanos.

Por el contrario, observo que muchos medios usan su posición mucho más como medio de adoctrinamiento, para cultivar el sensacionalismo o con el mero afán de oponerse a lo que sus conductores consideran un obstáculo a sus intereses o creencias personales. Una y otra vez observo que el interés de la colectividad –que es cuando menos el interés de las colectividades que la componen- es ignorado, tratado con desdén o francamente manipulado a favor de otros intereses, de otras servidumbres.

También comparto su creencia en sentido que “la información crea las condiciones para decidir” y que “a fuerza de decidir se fortalece la libertad”, pero considero que la información debe venir necesariamente acompañada de sendas escoltas, para que se constituya en la verdadera guía de decisiones que conducen a la libertad: la comprensión y la aceptación. Y si alguna carencia, falencia, insuficiencia mayor percibo en la labor comunicativa de los medios, radica justamente en la gran falta de estos complementos indispensables. ¿Cómo comprometerse con los cauces de la libertad, de la emancipación, del valor civil, sin una labor constante que apunte a la comprensión y la aceptación basada en información, veraz, amplia, oportuna, crítica, orientadora, capaz de abrir nuevos horizontes?

Hay tantos temas que apenas son tocados por la prensa que da la impresión que el mundo estuviera dividido en tantos compartimentos estancos o segmentos como islotes posee un archipiélago, justo como las estrategias de hiper-segmentación seguidas por la mercadotecnia y los mismos medios de comunicación. Con tantos mensajes recortados a la medida de diversos grupos pequeños, ¿cómo puede contribuirse a la comprensión mutua entre los seres humanos, o acaso así se espera que surja el respeto mutuo, que se diseñen formas de convivencia pacífica, que se diriman los conflictos por medio del diálogo y se construya la paz?

Muchos medios de comunicación actuales se hallan aún lejos de contribuir a generar más posibilidades de diálogo y comprensión mutua entre los seres humanos, las culturas y las civilizaciones que los códigos de comunicación más simples del pasado, debido particularmente a que su inmensa capacidad de poner en circulación ingentes cantidades de información va de la mano de muchas formas de neutralizar su efecto, de distorsionar su comprensión y de tergiversar su aceptación, al punto que la desinformación ya toca los umbrales de un atentado contra la misma convivencia pacífica entre los seres humanos.

Todos estos comentarios me provocan su respuesta Javier Darío, pues nos muestra la magnitud de la tarea a absolver, la altura de la exigencia que es indispensable considerar.

Muchas gracias nuevamente por su franqueza y su compromiso con las mejores causas que se le puede recomendar seguir al ser humano.

Cordialmente,
Carlos Rodrigo Zapata C.
La Paz, Bolivia

El cuadro del inicio es "Encarcelado" de Gil Imaná, pintor boliviano.


28 marzo 2010

El derrotero, una metáfora para organizar el cambio

Carlos Rodrigo Zapata C.

Por costumbre y tradición solemos emplear términos y expresiones que hemos oído a menudo, pero de cuyo alcance y contenido preciso no nos hemos anoticiado suficientemente. Esto me ha sucedido con la expresión "derrotero", frecuentemente empleada por mi difunto padre, un eterno preocupado por la suerte del país y de todos los bolivianos.

Con el pasar del tiempo, la expresión me fue sonando a buscar el pasaje hacia algún futuro distinto en medio de múltiples derrotas, entendida esta última expresión como su nombre lo sugiere, como derrota, fracaso, pérdida, revés, al punto que pensé que debía encontrar un término más amable, más adecuado a la gran finalidad que perseguiría el vocablo, pero que tan pobremente lograba resolver. Busqué un término que refleje mejor mi percepción, que exprese una sucesión de victorias, buenas prácticas y decisiones acertadas que puedan conducirnos finalmente al sueño anhelado, a construir la patria que queremos, aquella en la que el "vivir bien", el "buen vivir", en suma, el vivir en consonancia con Dios, la Pachamama y nuestros congéneres, se halle en armonía y equilibrio.

Buena fue mi sorpresa al indagar un tanto en torno a la etimología y al origen de la expresión derrotero, todo un himno a la cultura náutica y toda una metáfora de extraordinaria belleza para expresar los cuidados y consideraciones que debemos tener al momento de elegir y seleccionar los rumbos que debemos escoger y seguir. Pero vamos por partes, permítanme compartir con ustedes estos pequeños hallazgos y reflexiones.

Lo primero, es una breve clarificación tomada de diccionarios. Allí se dice que el derrotero es: 1. Camino, rumbo, medio tomado para llegar al fin propuesto. 2. Línea dibujada en un mapa para señalar la dirección que debe seguir una embarcación. 3. Dirección que sigue una embarcación, derrota, rumbo. Sobre la etimología se dice que derrota viene de derromper (http://www.rae.es/), del latín rupto (que significa roto), de modo que una vía rupta era un camino abierto en la espesura del bosque a fuerza de romper obstáculos y del francés dèrouter expresión empleada para referirse a la acción de tormentas y vientos que desviaban de su ruta a las naves en el mar (http://hurgapalabras.blogspot.com/).
Más allá de esta primera aproximación, que nos muestra el secreto vínculo entre derrota y rumbo, deseo recurrir a ese maravilloso instrumento del Internet llamado Wikipedia, autodenominado la enciclopedia libre, uno de los mascarones de proa de la Web 2.0, pues allí se encuentra alguna luz sobre casi todo lo que nos mueve y motiva a los seres humanos, e interactivamente se va convirtiendo en un gran enlace, en una gran red que nos permite comprendernos entre nosotros los contemporáneos y valorar mejor los esfuerzos y las soluciones de nuestros venerables antepasados.

¿Qué dice Wikipedia sobre el derrotero?.
Un derrotero es una publicación náutica específica. Consiste en una obra escrita e ilustrada, que describe las costas, bajofondos, señalizaciones (boyas, faros, balizas, etc.), perfiles visuales de las costas, peligros, formas de navegación convenientes, puertos y terminales, etc., para información – indispensable – del navegante. Hay que tener en cuenta que el navegante tiene frecuentemente como destino lugares adonde nunca ha ido. La mayoría de los países tienen derroteros de las propias costas, a veces en varios volúmenes. Todos los buques deben llevar reglamentariamente los Derroteros. Los buques mercantes habilitados para la navegación de ultramar (esto es, casi todos los buques de porte), tienen la obligación de tener a bordo derroteros de todo el mundo, que se guardan en el Cuarto de derrota.

Podemos tomar otras fuentes, indagar en otros matices, pero quedémonos con esta idea, con esta interpretación que nos ofrece Wikipedia y examinemos un tanto sus elementos, pensando que estamos describiendo un instrumento que nos permitirá organizarnos certeramente para encaminarnos a nuestro futuro.

- Consiste en una obra escrita e ilustrada: No basta con discursos, ni grandes declaraciones, es toda una obra, incluso ilustrada, pues eso es lo que nos compromete con una visión común y compartida;

- que describe las costas, bajofondos, señalizaciones (boyas, faros, balizas, etc.), perfiles visuales de las costas, peligros: Es decir, toda una carta de navegación, toda una identific
ación de las consideraciones y cuidados que debemos tener o tomar en cuenta para elegir el camino, ruta o vía que decidamos emprender, no vaya a ser que encallemos, no reconozcamos oportunamente donde nos hallamos o no hayamos previsto sitemas de alerta que nos adviertan de peligros encubiertos o de otros navíos próximos; 
- formas de navegación convenientes, puertos y terminales, etc., para información – indispensable – del navegante: El derrotero también nos ilustra sobre los puntos donde atracar, es decir, dónde detener la marcha transitoriamente, para intercambiar mundo por vida (¡esto es lo que hacen los barcos!) y reabastecerse para proseguir;

- Hay que tener en cuenta que el navegante tiene frecuentemente como destino lugares adonde nunca ha ido: Ocurre lo mismo cuando un pueblo o una sociedad eligen un camino que nunca han transitado, por lo que es bueno y oportuno procurarse tanta información como sea posible, para evitar tropiezos y ensayos y errores permanentes que tanto dolor y desgracia siembran, todo con la justificación de labrar nuevos senderos, abrir nuevas oportunidades;

- La mayoría de los países tienen derroteros de las propias costas, a veces en varios volúmenes: Es que es indispensable saber dónde nos hallamos, qué peligros nos acechan, qué precauciones debemos tomar, cuál es la mejor forma de enfrentarlos. Un pueblo que no sabe lo que debe enfrentar es como un navegante sin carta navegación, que además no tiene otra opción que navegar orientándose visualmente por los mismos accidentes de la costa. Las contrariedades, perjuicios y desastres se hallan programados de este modo;

- Todos los buques deben llevar reglamentariamente los Derroteros. Los buques mercantes habilitados para la navegación de ultramar (esto es, casi todos los buques de porte), tienen la obligación de tener a bordo derroteros de todo el mundo, que se guardan en el Cuarto de derrota
: Sin duda, no sólo los países, sino los buques –que en nuestra metáfora se refiere a las grandes empresas- cuentan con estos derroteros, pues es su manera de asegurar la eficacia de sus inversiones y el éxito de sus cometidos. En el caso boliviano, en el Cuarto de derrota (que incluye por ahora la nueva Constitución y los planes mayores) ojalá logremos acumular tantas rutas, planes, proyectos, políticas para el cambio y cuidados al navegar, como derechos ciudadanos y garantías constitucionales nos hemos conferido.

Hasta aquí he remarcado brevemente algunos rasgos de este gran instrumento llamado derrotero y su uso para los fines de la construcción de los planes y vías que una sociedad elige recorrer.

¿Cuáles son los derroteros de los bolivianos? Pues muchos, tantos que no conseguimos definir una secuencia sabia y maestra, como si todo tuviera que cocinarse al mismo tiempo, todo tuviera la misma importancia y trascendencia. Es necesario, es indispensable contar con varias voces, contrapuestas o no, pues sólo de ese modo por contraste, coincidencia o contraposición lograremos identificar las vías más propicias y prometedoras para construir nuestros propios derroteros.

¿Cómo se hace algo así? En primer término, formulando propuestas o enfoques alternativos, poniéndolas en el tapete nacional de discusión, exponiéndolas ante los mvimientos sociales o ante todo grupo de interesados, en el vecindario o en el trabajo. En segundo lugar, sustentándolas, dándoles la fuerza argumentativa y empírica suficiente como para que sean consideradas y apreciadas por cada vez más ciudadanos. Tercero, procurando generar casos o ejemplos piloto de la pertinencia de la solución o propuesta elaborada. Cuarto, abogando por las soluciones que pasaron la prueba ácida de la experiencia piloto, difundiendo su pertinencia y oportunidad, mostrando sus ventajas y alcances, así como sus limitaciones.

En suma, si al construir nuestros derroteros tomamos en cuenta todos aquellos aspectos necesarios para arribar a nuestra meta oportunamente, seguramente nos aventuraremos pronto a realizar nuevos viajes sin tener que navegar “amarrados” a la costa (es decir, con la costa a ojos vista), a realizar viajes más largos, a confiar en nuestros instrumentos de navegación. Pues, no puede haber habido ningún navegante que haya aprendido a navegar largas distancias sin haber navegado cortas. Levemos anclas y despleguemos velas para apurar este viaje.




16 enero 2010

Hacia un sistema de partidos democrático revolucionarios




Carlos Rodrigo Zapata C.

Luis H. Antezana J., nuestro muy apreciado Cachín, en un ensayo luminoso sobre los procesos ideológicos en Bolivia, concluyó en 1979 que no podía haber ningún partido político en Bolivia que pueda cautivar a las masas si es que no tocaba los extremos del espectro político ideológico boliviano entonces vigente, dados por un ideologuema enigmático que él llamó ‘NR’, es decir, ‘Nacionalismo Revolucionario’. No cabe duda que dichos ejes impregnaron la conciencia colectiva nacional de tal modo que en Bolivia era muy difícil, hasta hace muy poco, perfilar colectividades políticas que no se adscriban a dichos marcos referenciales.

Da la impresión que en los últimos años el tema de la nación ha ido perdiendo fuerza, como si la cuestión nacional ya no pudiera mantenerse en el primer orden de las prioridades, aunque no tanto porque a los bolivianos ya no les interesen asuntos como el de la unidad nacional o la construcción de la nación, sino porque consideran que ello mismo pasa por otros procesos, otros factores que el país requiere apropiarse con fuerza y convicción. Por ello, si alguno de los componentes del ‘NR’ ha perdido brillantez y capacidad de tracción es ‘N’, simplemente porque hasta el presente no se vislumbra un proyecto nacional, una visión de país, una justificación suficiente como para poner justamente a ‘N’ en la base de una nueva colectividad política. En cambio ‘R’ ha recobrado nuevo brillo, no sólo por la quiebra estrepitosa del neoliberalismo y el incumplimiento de todas las promesas que se hicieron en torno a otros discursos reformistas, sino y principalmente por todo el proceso de cambio que se viene impulsando en nuestro país. 

Ello significa que nos hallamos en pleno proceso de transición de un espectro político ideológico a otro, donde una parte del discurso ideológico va quedando en el camino, mientras otra goza de nueva vida y energía, como si esta tierra estuviera especialmente acondicionada para mantener y hacer resurgir a ‘R’ en cada etapa de nuestra azarosa vida nacional.

Si auscultamos con cuidado los sístoles y diástoles de nuestra sociedad, podremos darnos cuenta que a más tardar desde el tiempo de las dictaduras y golpes de Estado en Bolivia, el país ha empezado a seguir otras pulsaciones, a sacar cara por otros discursos, a asumir en carne propia la defensa de otras causas que antes no estaban presentes de esa manera y con esa intensidad en nuestros mapas ideológicos y doctrinarios. Me estoy refiriendo a la democracia, uno de los grandes discursos articuladores y constructores de civilidad, capaz de inducir el cambio sin violencia y de coadyuvar a construir escenarios de convivencia pese a las divergencias.

En Bolivia la lucha por la democracia fue básicamente la lucha por la recuperación de las libertades y por la vigencia del estado de derecho, perdidos particularmente en el interregno de los gobiernos de facto. Desde entonces, la democracia se ha incorporado al herramental necesario para construir la nación, y para hacer posible la convivencia de k’aras y t’aras, de opresores y oprimidos, 

Dada la diversidad cultural del país, requerimos encontrar y aplicar ideologuemas de corte más transversal que los actuales, que puedan ser asumidos por muy diversos sectores sociales y que adherirse a ellos no signifique renunciar a lo que es caro para uno. ¿Qué es transversal? Es aquello que sea que nos toque tangencial o profundamente, constituye un complemento indispensable para nuestro modo de ser, estar y hacer en el mundo. Veamos un par de ejemplos.
El retorno al Tahuantinsuyo, como pretenden algunos sectores sociales, es una demanda legítima para unos y un grave retroceso para otros. Ello significa que ese discurso no puede ocupar el lugar de “N” porque produce reacciones adversas en una parte significativa del cuerpo social boliviano. Tampoco podría actuar como discurso transversal, como algo complementario, pues, o estás con ese tipo de cambio o no estás con él, pues copa todo el horizonte de expectativas y quehaceres, e impone modos de ser, estar y hacer que pueden no ser compatibles con tu modo de pensar. El caso de la “nación camba” o el separatismo, proclamado unas veces a “sotto voce”, otras más estentóreamente, es anti “N” y anti discurso transversal, porque implica la negación de la nación y exige un cambio de rumbo absoluto de muchos de los modos de existencia y convivencia actuales. Aceptar ese discurso equivale a renunciar a todas las nervaduras que nos atan a nuestra Patria boliviana.
Es en este contexto que aparece el discurso democrático con una fuerza aglutinadora inmensa, porque no nos fuerza a dejar el tacú por el ayllu, ni a teñirnos de blanco ni a hablar inglés, y más bien nos impele a seguir ocupándonos de lo que nos interesa, pero también a seguir construyendo la nación, evitando al mismo tiempo absurdas y vanas confrontaciones. Su carácter transversal, de donde surge su fuerza innata, se halla justamente en que la democracia es portadora de la libertad y la igualdad, requisitos indispensables para construir sociedades abiertas, capaces de convivir en paz, pero por sobre todo sin tener que asumir las imposiciones ideológicas del adversario político, ni sus quimeras y fantasías como si fueran propias.

La democracia aparece así como el gran dirimidor del “empate catastrófico” (A. García Linera), en particular, porque los cambios profundos que debe encarar el país son posibles en el marco democrático y respetando el estado de derecho, no porque los bolivianos seamos capaces de torcer las leyes de la historia, que nos dicen que los cambios profundos siempre vienen acompañados de violencia, sino porque las diferencias en nuestro país son tan abismales que la renuncia a parte de los privilegios de los de “arriba” permitirá dar un giro profundo en la suerte de los de “abajo”. 

En este marco, es posible advertir la emergencia de un nuevo sistema de partidos políticos en Bolivia que se halle íntimamente consustanciado con la “D” de Democrático y la “R” de Revolucionario. Los nuevos partidos políticos que surjan en Bolivia se adscribirán a estos dos componentes, consolidando de este modo el proceso de transición histórica en marcha: el paso del ‘NR’ a ‘DR’, conformando partidos democrático-revolucionarios. 

El surgimiento de una nueva pléyade de partidos políticos en Bolivia, adscritos al cambio y a la democracia, es una necesidad urgente, no sólo porque un sistema democrático abierto y veraz es inimaginable sin partidos políticos, sino porque la sociedad toda puede quedarse atorada, incapaz de canalizar sus demandas de cambio, si no encuentra las vías que requiera en cada coyuntura histórica para avanzar sin comprometer su futuro, ni renunciar a él. 

(*) El autor es economista, analista político. El presente artículo fue publicado originalmente en El Diario, el 20 de marzo de 2007.







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25 diciembre 2009

No hay peor ciego que el que no quiere ver

Carlos Rodrigo Zapata C.

Es para no creer lo que dicen los periódicos: El PPB no se explica por qué el MAS logró amplia votación en Bolivia, mientras que uno de sus líderes “admitió que la oposición ‘no entiende qué pasó’ y por qué la clase media le ratificó su apoyo al MAS”.

¡Qué ceguera, qué estrechez mental! Ni siquiera los anuncios previos sirvieron para ver las cosas desde otra perspectiva: el referéndum revocatorio nos dio claramente la pauta de lo que piensa el país, pues en esa oportunidad Evo logró el 67,4% de los votos. Y ese resultado, casi idéntico al actual, ocurrió hace casi año y medio, tiempo en el cual la oposición no sólo empeoró y desmejoró ostensiblemente su imagen y su accionar, sino que demostró en los hechos una inmensa incapacidad para interpelar a un líder en la cresta de la ola y mucho menos a un vigoroso proceso en marcha.

¿Qué hechos muestran eso? Pues, sus intentos de asonada, de defender lo indefendible con asaltos, arrebatos y matanzas, su gran incapacidad de comprender que el país (re)quiere un cambio profundo, su falta de propuestas, de líderes alternativos, de reflexión sobre el país, de querer un país nuevo, con todos incluidos.

Posiblemente será necesario preguntar, ¿qué propuesta discutible tiene la oposición, qué programa de gobierno ha formulado, cómo espera que podría realizarla, qué sectores sociales podrían respaldar esas propuestas, con qué apoyos internos y externos cuenta? Pese a que acaba de concluir la contienda electoral, no creo que haya algún “político” opositor que pueda responder a estas preguntas, menos un ciudadano común, por informado que se sienta.

En cambio, si se les preguntara a los opositores, qué hace mal Evo y su gobierno, qué debería enmendar, qué futuro nos espera al cabo del largo Evo que tenemos por delante, obtendríamos una y mil respuestas que nos mostrarían diversas falencias que efectivamente puede registrarse y advertirse, pero también una cantidad no menor de especulaciones que sólo mostrarían, una vez más, la liviandad con que se ha tomado las cosas la oposición.

La pregunta, la tremenda pregunta es: ¿y por qué no reacciona el pueblo boliviano ante todas esas falencias e insuficiencias que es posible advertir y registrar, qué le hace actuar a un pueblo de esa manera, hasta qué punto le han lavado el cerebro para que siga votando a favor de quien le genera tantos problemas? La respuesta es aún más tenebrosa: porque quiere respuestas, porque se hartó de partidos y políticos inútiles hasta para plantear propuestas, porque todas las falencias e insuficiencias que se puedan registrar siguen siendo menores, ínfimas, en comparación a todas las falencias y estafas que le ha tocado vivir al pueblo por décadas, porque estamos gestando un movimiento muy propio, nacido de las entrañas del pueblo, porque estamos empezando a mirarnos de frente, a reconocernos, a saber quienes habíamos sido en este nuestro archipiélago de localismos, incapaces de reconocernos como herederos de unos mismos padres, héroes y luchadores, en fin, porque ahora estamos aprendiendo a caminar erguidos, como expresión de nuestro orgullo y respeto a nosotros mismos.

Sentirse súbitamente apartado del poder y marginado de este proceso de cambio en marcha, es triste, patéticamente triste, pues los dueños del país nunca se imaginaron ni se pusieron en ese escenario, de tan dueños que se sentían del mismo.

Ya vendrán los tiempos de reflexión, de contrición y de arrepentimiento, pero también de retorno a la realidad en aquellos casos que su patriotismo, su amor por el país, por su gente, su futuro, sean más grandes que todas sus frustraciones y orfandades. Estoy seguro que el corazón del pueblo es mucho más grande y noble que lo que hoy por hoy la oposición es capaz siquiera de imaginar.

El camino de retorno del hijo pródigo es aún largo, ojalá que lo encuentre y no quede extraviado en los senderos de su propia miopía y sus rencores.

(*) Economista, analista político

07 diciembre 2009

El Presidente Morales ha sido reelecto abrumadoramente

Por Carlos Rodrigo Zapata C.
Global Consultores, Gerente de Estudios y Proyectos

 EL MAS obtuvo dos tercios de los escaños parlamentarios, y de modo también absolutamente inédito, habría logrado ese resultado en cada una de las cámaras.

 Ese resultado le confiere al Presidente reelecto Evo Morales poderes totales, lo cual significa que dependerá más de su voluntad de diálogo, y por cierto que de la capacidad de bloqueo de sus adversarios y de plantear propuestas en beneficio de las mayorías nacionales, el grado y la medida en que el frente gobernante tome en cuenta la opinión de la minoría.

 La debilidad congénita de la oposición ha quedado absolutamente refrendada de varias maneras. Primero, por la muy baja votación alcanzada por el conjunto de ella, que no llega a un tercio de la votación total. Segundo, el hecho que la mayor parte de los frentes postulantes no ha obtenido ni un solo punto porcentual, pues los votos alcanzados no les permiten llegar ni a ese guarismo. En este marco, debe destacarse la renuncia de los candidatos a la vicepresidencia en dos de dichos frentes, así como el abandono de candidaturas de muchos de sus postulantes, lo cual da una señal clara que ni los mismos participantes se daban ningún crédito. Tercero, las propuestas opositoras han sido elaboradas más como requisito a cumplir que con la intención de proponer alguna variante al proceso de cambio inaugurado e impulsado por el Presidente Morales. Cuarto, la propuesta de PP no era otra cosa que una convocatoria a los sectores desplazados del poder a mantenerse unidos en la defensa de sus intereses, mientras que la de UN, sin ninguna base social y sin lograr dirigir su mensaje a ningún sector social en particular, cae en un anodina propuesta de producir productos biológicos que, además de ingenua, peca de poco viable e insostenible.

 Pero otra novedad de esta contienda es que se ha dado una suerte de solución binominal en la distribución de escaños al senado entre el oficialismo y la oposición, ya que el total de ellos se ha repartido entre la fuerza ganadora y la segunda fuerza, lo cual no refleja la congénita debilidad de la oposición, sino lo barato que le ha resultado a la oposición hacerse de un tercio del senado, aún con la muy baja votación alcanzada. Recordemos que el régimen binominal se da en Chile, donde la primera fuerza obtiene un escaño senatorial y la segunda el segundo escaño en cada región, lo cual prácticamente obliga a mantener un equilibrio en dicha cámara, así la distancia en votos entre ambas fuerzas sea muy pronunciado, como es el caso que se ha podido observar en esta elección en Bolivia.

 El resultado alcanzado por la oposición en el senado muestra una vez más la vigencia del oprobioso sistema de la democracia oligárquica, según el cual el voto de unos ciudadanos vale mucho más que el de otros. En Pando ha bastado con unos 15000 votos para alzarse con dos escaños a senador, mientras que en Santa Cruz han sido necesarios cerca de 400000 votos para lograr el mismo resultado, es decir, algo así como 26 veces más votos que en el primer caso.

 El voto boliviano en el exterior, otra novedad inédita en este proceso, ha sido recibido con extraordinario entusiasmo y satisfacción por parte de los compatriotas residentes en 4 países, Argentina, Brasil España y Estados Unidos, puesto que en muchos casos por primera vez en sus vidas, han tenido la oportunidad de votar y elegir al gobernante de su país. No obstante este gesto de apertura y reconocimiento de los derechos electorales de los bolivianos en el exterior, es oportuno destacar dos aspectos claramente contrastantes. Por un lado, puede apreciarse que el voto en si, tanto por la magnitud –se empadronó en el exterior a menos del 4% del padrón electoral- y las dificultades de votación registradas, como por el hecho que sólo se suman a la votación para Presidente y Vicepresidente, han resultado poco significativas, de impacto muy reducido, aspecto que deberá mejorar significativamente de cara a nuevos comicios nacionales. Por otro lado, la inclusión de los ciudadanos bolivianos residentes en el exterior en esta contienda electoral ha permitido poner sobre el tapete nacional el tema de sus condiciones de vida, de migración, sus derechos humanos, laborales, los conflictos originados por la separación o la división familiar, la emergencia de la familia internacional y lo que se está dando en llamar, la industria de la migración, una serie diversa de distintos tipos de tráfico humano, unas veces impulsados por fuerzas y factores de expulsión y no pocas veces por otras de atracción. Si el proceso electoral mismo nos ha dejado algún producto nuevo, impensado, oportuno, necesario, valioso y útil ha sido empezar a comprender la suerte de nuestros hermanos, hijos nietos, padres que viven en el exterior, y hacen hasta lo indecible para mantener y sustentar los lazos que han contraído con sus familiares y responder dignamente y de modo ejemplar a sus deberes. Haber empezado a reconocer este inmenso vacío que se había instalado en la sociedad, es sin duda un mérito grande de este proceso electoral que ha abierto las puertas al reconocimiento de nuestros compatriotas en el exterior. En hora buena. Ahora se requiere construir una política consistente, precisa y protectiva de nuestros conciudadanos, donde quiera que se encuentren. Es hora de una diplomacia seria, profesional, sensible, capaz, digna, en toda su extensión.

 El apoyo masivo y contundente, prácticamente en toda la República, más precisamente, en todo el Estado Plurinacional, al Presidente Morales muestra la voluntad nacional de acompañar dicho proceso. No obstante, esta conclusión debe observársela desde varios puntos de vista:
- Uno, el Presidente Morales no tenía rival al frente, puesto que lo que la oposición ofrecía no era más que “más de lo mismo”, lo cual es claramente rechazado por la gran mayoría del país.
- Dos, justamente debido a la incapacidad de la oposición de proponer alguna alternativa discutible y viable de país, es que muchos electores han terminado sumándose al carro del ganador, lo cual le concede a éste último una votación mayor que la que posiblemente habría logrado en ese otro escenario. Esto último no significa que Evo Morales no cuente con una mayoría en su favor, pero sí significa que la polarización y la dispersión de la oposición se ha constituido claramente en uno de los caballos de fuerza del propio triunfo de Morales.
- Tres, la contundencia del triunfo puede generar la ilusión de un poder omnímodo, algo así como cheque de gerencia en blanco, con todas las firmas necesarias y sin fecha. Esta lectura es problemática y peligrosa, puesto que puede dar la impresión que todos los electores que votaron por el MAS están igualmente de acuerdo con el proceso de cambio en marcha que apunta a superar la exclusión y la pobreza de grandes sectores de la sociedad boliviana recurriendo a un menú de soluciones que ha sido ampliamente probado en otras latitudes y épocas, pero por lo general sólo ha dejado un enorme sabor amargo. En este sentido, la lectura que debe hacerse es que se requiere soluciones que resuelvan los problemas del pasado, los problemas actuales, sin generar nuevos o mayores problemas.

 Una última impresión. Por primera vez en la historia boliviana podemos apreciar que existe un gran consenso en torno a un gobierno, una propuesta, un liderato, más allá del grado o la medida en que el ‘efecto ganador’ pueda haber influido en los guarismos finales. Esta es sin duda una noticia de primera importancia, puesto que ello evitará que en buena medida persista la conflictividad que caracteriza a la sociedad boliviana en todos sus quehaceres y menesteres. La politización de lo grande y lo menudo pasará en buena medida a segundo plano, poniendo en el primero aquello que siempre debía tener presente la sociedad: la gestión pública, su calidad, su transparencia, su efectividad y su eficiencia. Pero para que ello funcione se requerirá que otros ingredientes que la hacen posible y la vehiculizan, también jueguen en el mismo equipo:
- la precisión con que el equipo gubernamental pueda comprender y emprender el trabajo de transformación del país, de implementación de la nueva Constitución Política, tarea muy compleja y entreverada que exigirá mucho tino, paciencia y trastienda, como dicen los amigos españoles, para lograr evacuar consensos aceptables y viables;
- la claridad y madurez de las demandas de los diversos sectores sociales, puesto que se convertirán de facto o por default, según se prefiera, en la verdadera instancia organizadora de la demanda social y sus prioridades, puesto que los otros poderes del Estado se hallarán completamente dispuestos a seguir al Presidente y su inmediato equipo de colaboradores por todos las vías y atajos que pretenda emplear;
- y el rol de la prensa que de una vez por todas debe comprender que no es un protagonista de primer plano, ni un actor aislado o independiente de la suerte, requerimientos y avatares de la sociedad, sino un carro de acompañamiento de la sociedad, que debe salir a la palestra a criticar, advertir, protestar o proponer, pero no con el protagonismo que ha pretendido tener en los pasados 4años, pues su labor fundamental radica en informar sobre los desarrollos que se suscitan en la sociedad, orientar y comunicar los aspectos de la propia gestión pública, y llamar la atención sobre vacíos y descuidos por parte de la sociedad y el gobierno, amonestar a quien corresponda por la inconsistencia con que asume su rol, su responsabilidad, su papel en el concierto social, etc. No necesitamos otros Robin Hoods para manejar nuestros asuntos, ya tenemos el que por ahora requerimos, necesitamos miradas que horaden el futuro y nos traigan mensajes que nos ayuden a construirlo y recibirlo como expresión de nuestro propio querer y hacer, y no como resultado de imposiciones o de circunstancias inapelables.

El pueblo boliviano ha tomado su decisión. Es deber de todos quienes estamos comprometidos con su suerte y su destino poner todo de nuestra parte para hacer realidad del mejor modo posible su preferencia y su elección.

(7 de diciembre de 2009)
e-mail: CarlosRodrigoZapata@gmail.com

02 diciembre 2009

LA METÁFORA DEL COPILOTO

¿Cómo incluir el futuro en nuestras acciones presentes?

Carlos Rodrigo Zapata C.

Los bolivianos no hemos aprendido a incorporar el futuro en nuestras acciones y reflexiones, razón por la que tendemos a ocuparnos excesivamente de lo coyuntural, de lo que acontece en el momento actual

¿Qué significa eso? Que vivimos en función del día a día, del último acontecimiento acaecido, por lo que nuestra atención y nuestros esfuerzos usualmente se hallan centrados en el ahora mismo, situación que nos conduce a despreciar diversas formas de incluir el futuro en el presente, tales como la prevención, la educación, la información, la planificación, la disposición al cambio, las reformas continuas, etc., por lo que las respuestas que producimos usualmente son poco adecuadas, parciales, tardías y descontextualizadas. En este marco podría afirmarse que somos unos permanentes aprendices de la improvisación y la unilateralidad.

¿Cómo hacemos para ganarle un lapso de tiempo a la dinámica desbocada que vivimos, cómo hacemos para dar un salto al futuro en nuestros proyectos y realizaciones, de tal modo que la realidad no nos sorprenda siempre en paños menores con su sarcasmo y su implacable rigor? Esperamos responder a este cuestionamiento con ayuda de una metáfora, basada en una experiencia concreta, que podría ayudarnos a comprender la importancia y necesidad de incluir el futuro en nuestras acciones presentes. Es oportuno aclarar que metáfora es una forma de estructurar el pensamiento –la más poderosa de cuantas podamos evocar- y consiste en reconstruir una cuestión o materia para nosotros relativamente desconocida, en términos de otra cuestión o materia conocida o familiar para nosotros. Pero veamos la metáfora que nos ayudará en este asunto.

Recuerdo una experiencia de Julio Mantilla cuando fue Alcalde de La Paz, la cual siempre me ha conmovido por su fuerza y originalidad. En una oportunidad le invitaron a participar como copiloto en una carrera de autos –creo que fue la vuelta al lago Titicaca. Luego de su participación, Julio estaba encantado, impresionadísimo con su vivencia. Me explicó cuál es la tarea que debe cumplir un copiloto en una carrera. Es el que tiene que indicar al piloto con la debida anticipación cómo está el camino, cuando hay curva, de qué lado viene, si reducir o acelerar la velocidad, qué marcha poner. “Derecha, derecha, bache, reducir, izquierda, izquierda, segunda, tercera….”, así le iba indicando al piloto en cada tramo, según recuerdo su relato. Pero lo que más me impresionó, fue cuando me contó que ir de copiloto es como “mandar tu ajayu (*) por delante en el camino”, para que vaya a explorar la siguiente curva, a examinar el siguiente tramo. Como copiloto, tú no puedes concentrarte en los siguientes 50 ó 100 metros del camino, me dijo, pues esa es la tarea del piloto; tu tarea consiste en concentrarte en los siguientes 200 ó 500 metros o más, pues como copiloto debes contribuir a anticipar todos los tiempos y movimientos del piloto

Esa hermosa vivencia -que de paso nos ilustra de cuerpo entero la pasión por el “deporte tuerca”, como se suele denominar al automovilismo deportivo- nos sirve de metáfora para darnos cuenta, cuándo estamos actuando sólo en función del momento y la circunstancia, dejándonos arrastrar y arrasar por el día a día, y cuándo estamos mirando más allá y actuamos anticipando el futuro. Podríamos decir que el piloto es el que tiene la responsabilidad de conducirnos a la meta y que el copiloto es el que procura incorporar el futuro en el presente con todas sus advertencias, recursos y orientaciones, pero sólo la acción conjunta y combinada de ambos -su convolución podría decirse- es la que permite hacer una gran carrera

Mientras sólo nos ocupamos de lo inmediato o coyuntural, de aquellas cuestiones que nos impone la tiranía del momento actual, con seguridad que acumularemos una montaña cada vez mayor de problemas sin resolver, simplemente porque no podremos ir tan rápido como quisiéramos, porque nuestras respuestas serán coyunturalistas y dejarán muchos cabos o hilos sueltos, porque algunas o muchas de ellas serán un completo fiasco y, además, porque la misma vorágine de la coyuntura nos impedirá ocuparnos de todas las cuestiones pendientes

De modo que la metáfora del copiloto no sólo nos muestra la importancia de incorporar el futuro en todas nuestras acciones y reflexiones -lo cual se constituye a su vez en una de las formas más preciosas de anticipar el futuro, es decir, de ganarle a la incertidumbre unos palmos- sino que además nos muestra la necesidad de una acción coordinada y sincronizada entre piloto y copiloto, entre aquellos que dirigen y conducen, y aquellos que anticipan y previenen. Sin piloto no hay nave que pueda ser conducida efectivamente, pero sin copiloto no hay nave que pueda llegar a destino oportuna y certeramente.

(*) Ajayu. Expresión aymará que significa energía vital en busca de armonía.

[Originalmente publicado en El Diario el 2 de noviembre de 2006. También en BolPress (http://www.bolpress.com) y GUASABARAeditor (http://guasabaraeditor.blogspot.com)]

 E-mail: carlosrodrigozapata@gmail.com

25 agosto 2009

EL VIRAJE DE LULA

CARLOS RODRIGO ZAPATA C.

Los medios de difusión cariocas reflejaban en mayo del 2006 el estado de indignación existente en el Brasil a raíz de la llamada “nacionalización” de los hidrocarburos en Bolivia, que consistió en conminar a las empresas petroleras a firmar nuevos contratos o dejar la plaza boliviana. Los titulares de prensa de ese momento lo decían todo: “Molesta a Brasil estatización en Bolivia”, “Se agrava disputa Brasil-Bolivia”, “El ministro de Relaciones Exteriores de Brasil no descartó el retiro del embajador de su país en Bolivia”, “El 1,4 por ciento de brasileños desea declararle guerra a Bolivia”.

En un momento crucial de conformación de la agenda de cambio boliviana, Brasil no le tendió la mano a Evo, dejó la cancha libre a Caracas y puso de manifiesto su falta de liderazgo regional y su impericia para construir una visión que sea capaz de situar a Sudamérica en el concierto mundial como una potencia regional. Eran momentos en los que Brasil sólo tenía ojos para su ombligo y hacía ostentación de una falta de políticas hacia su entorno sudamericano, que sólo mostraba, una vez más, la preferencia de los países del subcontinente de quejarse de sus vecinos antes que cooperar con ellos. ¡Qué Latinoamérica más falta de miras!

El pasado 22 de agosto de 2009, la historia cambia abruptamente, de modo tal que no parece que se tratara de los mismos actores que en el clímax de la crisis del gas no escatimaron comentarios rudos y torpes entre ellos. Ahora, de pronto, Lula ingresa con paso de parada a la historia boliviana, mostrando una actitud y una voluntad de liderazgo que sorprende. Nuevamente los titulares de los medios de difusión nos dan una idea de este momento: “Bolivia y Brasil consolidaron relaciones bilaterales”, “Lula anuncia medidas de ayuda”, “Lula da espaldarazo a Morales”, “Brasil abre mercado a textiles bolivianos”, “Cuatro mega acuerdos sellan la integración de Bolivia y Brasil”, “Valora Lula 'lucha de toda la vida' de Bolivia por su liberación”. Lula y Evo suscriben cuatro acuerdos muy significativos, sobre investigación para la exploración del Salar de Uyuni; el entendimiento en defensa civil y asistencia humanitaria; apoyo en la formación profesional y un financiamiento de 332 millones de dólares para la construcción de la carretera San Ignacio de Moxos-Villa Tunari. A dichos acuerdos se suma la decisión del presidente Lula de abrir el mercado brasilero a los textiles bolivianos, con la finalidad de reemplazar el perdido mercado norteamericano e introducir una suerte de “APTDEA sin condiciones”, como bautizó el Presidente Morales a la disposición brasilera.

Ante este cambio vertiginoso de posturas, uno se pregunta intrigado, qué pasó, qué razones o argumentos justifican ese mensaje tan contundente por parte del coloso brasilero de abrirse a Bolivia, de tenderle vías que le faciliten el tránsito al desarrollo a nuestro empobrecido país, ¿a qué se debió ese cambio?

Da la impresión que Lula y su entorno gubernamental han comprendido muchas cosas en los últimos años, en particular, la necesidad regional de contar con un liderazgo que le abra a la región mejores oportunidades en el contexto internacional. Latinoamérica en general y en particular Sudamérica, tienen todos los “insumos” para convertirse en un importante actor en el tablado internacional, para coadyuvar en la construcción de un mundo más responsable, capaz de resolver sus problemas y hacer frente a sus desafíos con mejores posibilidades de éxito. Latinoamérica, como el gran crisol de la humanidad, el lugar donde convergen y conviven todas las culturas, etnias y razas, como no sucede de modo semejante en el mundo entero, tiene inmensas riquezas y extraordinarios recursos naturales, que representan la mayor proporción de especies y climas del orbe. Como si todo ello fuera poco, los descubrimientos y revalorizaciones de ingentes recursos siguen día a día, como son los casos del litio en el Salar de Uyuni o el agua dulce en el gigantesco acuífero Guaraní. Los fabulosos recursos hidrocarburíferos del Orinoco, recientemente descubiertos en Venezuela, y aquellos otros en la costa de los estados brasileros de Santa Catarina y Espíritu Santo, sitúan a Brasil y Venezuela como los países con las mayores reservas hidrocarburíferas del planeta, por delante de los países árabes con sus reservas ya legendarias. Dichas reservas constituyen sin duda un gran compromiso y responsabilidad internacional, pero también pueden entrañar grandes peligros.

El periodista uruguayo Raúl Zibechi, uno de los analistas latinoamericanos más destacados, ha dado a conocer recientemente su punto de vista en torno a las razones que explicarían el afán norteamericano por usar siete bases militares en Colombia. Según su punto de vista, el tiro no está dirigido a fortalecer al gobierno colombiano en su lucha contra las FARC, sino que “el mensaje principal es para Brasil y no para Venezuela”, en coincidencia con la opinión del profesor Juan Gabriel Tokatlián, aunque con dos precisiones del mismo Zibechi: 1) Decir Brasil es decir Amazonía, es decir, recursos naturales, y 2) preocupa la creciente alianza entre China y Brasil, “cuyo comercio debe realizarse a través de la cordillera andina”.

En este contexto, Zibechi señala algunas de las razones que sustentan su punto de vista, entre las que destaca la fuerte competencia por recursos naturales con la creciente participación de potencias extracontinentales, las alianzas de los principales países latinoamericanos con países asiáticos y potencias emergentes, el creciente uso en la región de otras monedas distintas al dólar para sus transacciones comerciales. También el ritmo de crecimiento de dichos vínculos y los montos alcanzados, son mencionados como otras posibles fuentes de preocupación norteamericana. El comercio entre China y América Latina pasó de 8000 a más de 100000 millones de dólares en los últimos 20 años. De igual modo, la presencia china en fondos de inversión (incluido el BID) ha crecido vertiginosamente en los últimos años. Como una consecuencia derivada de estos y otros aspectos, se estaría dando la llamada "Geopolítica del Cerco" en la jerga brasilera, según la cual militares estadounidenses estarían construyendo un cinturón militar que rodea a Brasil en base a pistas y destacamentos, lo cual disminuiría la capacidad brasileña de “proyectar poder en el ámbito regional”. Hasta aquí los planteamientos de Zibechi.

Si tomamos como base este enfoque, podríamos concluir que Brasil habría comprendido que su bien entendido interés nacional pasa necesariamente por un proyecto sólido de integración regional, y que en Bolivia estaría dando sus primeros pasos, que luego podría extender a otros países. A ello se agregaría su interés por relegar a Caracas de su protagonismo regional que aún no arroja los frutos esperados.

En el caso concreto de Bolivia, el apoyo brasilero a la carretera bioceánica por territorio boliviano implica haber superado enfoques descartados por el propio Brasil en los años 90, debido a que los elevados costos de transporte por tramontar Los Andes por los puntos de paso que brinda Bolivia y los bajos volúmenes de carga esperada de ida y vuelta, hacían prácticamente inviable esa opción. El financiamiento por parte de Brasil de la carretera de penetración hacia la amazonía beniana, hasta San Ignacio de Moxos, es otra muestra de la voluntad de vincular fuertemente la amazonía al movimiento general de la economía boliviana y regional. Empieza a romperse ese cerco que ha impedido durante décadas todo tipo de aprovechamiento de los recursos de la Amazonía y ha convertido toda esa inmensa región, particularmente el área que corresponde a la amazonía boliviana, en una especie de tierra de reserva o de protección permanente, ya que se ha limitado consecuentemente el desarrollo de todos aquellos recursos complementarios necesarios para su aprovechamiento integral y sostenible. Una muestra de la forma cerrada en que se mantiene ese cerco radica en la imposibilidad actual de conectar el centro y el norte del departamento de La Paz, lo que significaría vincular las zonas andinas con las amazónicas. También las continuas dificultades para avanzar de modo efectivo en la exploración de petróleo en el norte paceño, nos muestra otras estacas del mismo cerco. El argumento ambiental es imprescindible tenerlo en cuenta y salvarlo adecuadamente, pero ello no debe llegar al extremo de dejarnos como meros espectadores de la riqueza y potencialidades amazónicas.

Más allá de ello, la relación Bolivia – Brasil es, sin duda, punto neurálgico de la agenda estratégica boliviana para el Siglo XXI. Basta pensar en el tamaño de nuestro vecino, en el hecho que nuestra mayor frontera de lejos es con el Brasil, en la diversidad de temas que nos vinculan, como ser la cuestión de los migrantes ilegales en ambos países, en las hidroeléctricas, el tema del narcotráfico, el Mutún, el Pantanal, el intercambio comercial y la navegación fluvial, como algunos de los puntos cruciales de dicha agenda. También la construcción de “confianza mutua” con Chile posiblemente podría ser más equilibrada, sin las altanerías silalescas que aún perduran y trasminan toda la relación, si logramos establecer un vínculo más claro y más estrecho con el Brasil.

Es de destacar que Zibechi centra su enfoque en los bienes comunes, que podríamos definir como el conjunto de recursos, servicios y espacios comunes que debe ser gestionado sosteniblemente en beneficio de la colectividad, como ser agua, servicios ambientales, paisajes, suelos, biodiversidad, etc. Sin duda, la disputa internacional crece en torno a las condiciones que presidirán su aprovechamiento en la medida que el deterioro ambiental y la injusticia social avanzan sin cesar.

A modo de conclusión, podemos apreciar que la intervención norteamericana en Colombia está empezando a desatar procesos de integración indispensables para todos los países de la región, a modificar comportamientos anquilosados y a rever nuestra región desde la perspectiva de un futuro común y compartido, como forma de defensa de nuestros recursos y de nuestra formas de encarar el futuro, lo cual en buen romance significa no otra cosa que defender nuestros sueños y proyectos, pues esa es la fuerza motriz de todo desarrollo humano.

"….quiero garantizarte compañero Evo, que pienso que tú empezaste una nueva era, Bolivia nunca más será la misma, porque este pueblo descubrió que ahora es posible avanzar y que ahora que conquistaron libertad, están aprendiendo el valor de la libertad, Bolivia nunca más retrocederá, yo tengo certeza que tú comenzaste la construcción de una gran nación en el continente Sudamericano"
(Presidente Lula, durante actos de suscripción de acuerdos entre Brasil y Bolivia en Villa Tunari, el 22/08/2009).

*) Raúl Zibechi. Sudamérica: Las bases en Colombia y la disputa por los bienes comunes. 21 de agosto de 2009 (IRCAMERICAS, especial para ARGENPRESS.info).

16 agosto 2009

Entrando en razón

Carlos Rodrigo Zapata C.

Da la impresión que los analistas y observadores de la realidad en nuestro medio van apercibiéndose de lo inevitable: del triunfo contundente de Evo Morales el venidero 6 de diciembre del 2009, así como de las causas más evidentes que lo harán posible: un electorado cautivo y una oposición miserable.

Las descripciones de la oposición aparecidas este fin de semana (16 de agosto de 2009) en los medios escritos de información, son una muestra de ello. El economista Gonzalo Chávez dice que se trata de “una oposición, nacional y regional, más perdida que Adán en el día de la madre. En este contexto desigual, han surgido un poupurrí de candidatos, que como vizcachas en invierno, buscan un lugar al sol en la nueva arquitectura hegemónica”.

Por su parte, el ex presidente Carlos Mesa, señala: “La oposición elegida en 2005, tanto la política como la regional, se hundió y desapareció víctima de sus propios errores y de una estrategia que mezclaba un espíritu poco democrático con una ingenuidad increíble, pretendiendo ganarle al campeón de la violencia callejera con violencia callejera….”

“Pero si bien esa oposición está hundida, la nueva, la que pretende enfrentar al Gobierno, tampoco parece haber entendido el tamaño de lo que está en juego. Aunque todavía está a tiempo de resolver cuestiones cruciales. Debe entender que no se trata exclusivamente de derrotar en las urnas a Morales, se trata de derrotarlo con una propuesta alternativa de país, con una oferta de cambio real, democrático (exactamente lo que él ni siente ni tiene), inclusiva y autonómica, que sea creíble, que pueda superar o igualar cuando menos la fuerza de carga simbólica que el Presidente tiene…”

“La reconstrucción del sistema político es una prioridad inexcusable y una tarea de largo aliento, un sistema que debe prescindir definitivamente de los partidos del pasado, que ya no existen o están moribundos, apenas apoyados en sus viejas estructuras organizativas. Este partir de cero es difícil y requiere visión. No basta con un “buen” candidato, se necesita un proyecto y se necesita partido (no el viejo partido centralista y autoritario del siglo XX), para ello se debe tener principios, programas y claridad de a quién se enfrenta y qué país debemos construir. Tarea de gigantes, imposible de realizar si seguimos en esta rueda de nombres, como si de una rifa se tratara. No es un asunto de caras, ni de sonrisas, es un asunto que requiere la mirada larga de la historia, frente a uno de los movimientos más devastadores que hayamos conocido…”

Estas citas bastan como para reflejar esa sensación de derrota anticipada que se abate inmisericorde sobre los pretendientes a opositores, que en medio de su estampida, aún creen en milagros, que la oposición “todavía está a tiempo de resolver cuestiones cruciales”, aunque se trate de una “tarea de gigantes”. No hay duda, la caída de la vieja estructura partidaria es tan estrepitosa, tan devastadora, que en su derrota sólo deja una estela de llanto e impotencia, incapaz de reconocer los signos de los nuevos tiempos.

Lo único que hay que reconocer y aprestarse a vivir es la revancha del desprecio, la hora del excluido. Sin ese ingrediente, no hay duda que podría darse una confrontación democrática de ideas, una pugna en torno a la mejor vía hacia días mejores para todos. Pero eso implicaría que hace mucho dejamos nuestros privilegios odiosos, hace mucho aprendimos a valorar y respetar la diversidad cultural en nuestra patria, y hace mucho logramos efectivamente implantar una serie de reivindicaciones, reformas y cambios revolucionarios que dejaron definitivamente atrás el pasado de oprobio y desprecio que ha caracterizado nuestra formación social. Pero nada de eso ha sucedido, todo ello es parte de la tarea pendiente, todo ello es lo que se le enrostra a la nación, a la oposición, a todos esos sectores sociales que se niegan a abrirse a todos esos sectores sociales excluidos y vilipendiados. Ahora es cuando deberemos hacer nuestras tareas pendientes, nos guste o no, ahora ya no hay plazos ni recreos.