31 octubre 2016

RESEÑANDO “BOLIVIA EN MOVIMIENTO, DANZAS DE LOS NUEVE DEPARTAMENTOS” por Patricia Ballivián Salek


Carlos Rodrigo Zapata C. (*)


 “Antes de que el ser humano aprendiera a hablar, que es una compleja construcción intelectual, aprendió a imitar el lenguaje de la naturaleza, aprendió a bailar. Con su cuerpo imitaba los movimientos de los animales, del viento y de la lluvia y lo uso para agradecer, venerar y alegrarse.”

Homero Carvalho

En Bolivia, el encuentro con lo nuevo y desconocido, en medio del aislamiento y la soledad, fue el motivo, la razón y la ocasión para festejar, para inventar los formas más ocurrentes de celebrarlo, donde las danzas y todo su cortejo inseparable de expresiones (como la música, los trajes, la coreografía) jugaron un rol estelar.

Carlos Rodrigo Zapata C.



Bolivia fue el primer país en lanzar su grito libertario, pero el último en independizarse en la América del Sur. La guerra por la independencia duró 16 largos años, debido en buena medida a las dificultades de acceso al territorio.

Esta es apenas una de las tantas historias que se puede contar de "la más íntima de las naciones de América", como una vez el Chueco Céspedes llamó con gran acierto a nuestra patria. 

Lo que ocurre es que particularmente por dichas dificultades de acceso, nuestros antepasados se mantuvieron a lo largo del tiempo relativamente alejados del mundanal ruido e incluso bastante aislados entre sí, de modo que mucho de lo acontecido en nuestros retirados parajes trascendió poco al mundo e incluso entre nosotros. 

Kusillo- Dios de la alegría
Pero en cada rincón patrio, en cada esquina de nuestro dilatado y hermoso país, o se estaba tramando una rebelión, tejiendo una historia o simplemente se estaba inventando una danza, creando un ritmo, diseñando un atuendo.

 Sí, esas eran las actividades que nos hacían vivir y siguen formando parte de nuestro acervo, de nuestros usos y costumbres, de nuestras prácticas tradicionales.

Con el correr del tiempo hemos ido descubriendo nuestra riqueza de expresiones, su diversidad, y lo más impresionante, el grado en que cada una de ellas se fue puliendo y perfeccionado a través del tiempo, al punto que cuando tuvimos ocasión de conocerlas, no solamente ya formaban parte íntima de algún rincón de nuestro suelo patrio, sino que además ya se presentaban con gran armonía de formas, ritmos y colores. 
Auqui Auquis - Altiplano

A medida que nuestra gente se fue conociendo mutuamente gracias a la vertebración del territorio, a las crecientes posibilidades de viajar, a las comunicaciones, fuimos descubriendo toda esa diversidad grandiosa de expresiones artísticas, culturales, folklóricas, que nos mostraba la creatividad de nuestros antepasados, su afán por reflejar las costumbres locales, por imitar todo lo nuevo, como una forma de celebrar el encuentro, de festejar esas bocanadas de aire fresco que llegaban de vez en cuando de otras partes, para enriquecer el terruño pequeño y apartado, muchas veces sumido en la soledad y el abandono.

Entonces la fiesta se convertía en la forma de festejar esas ocurrencias, de celebrar nuestro encuentro con lo nuevo, lo desconocido, lo impensado, y en medio de toda esa algarabía surgía la danza, como la mejor forma de poder expresarlo. 

Carnavalito - Amazonía
Cómo fuimos conociendo entre nosotros ese mundo pletórico de expresiones, es una historia que aún debe contarse. Como ejemplo valga recordar, como a principios de los años 60, no hace mucho más de 50 años, los aires del Occidente nacional, de las tierras altas, empezaron a poblarse de tonadas poco conocidas, como si de pronto se estuviera produciendo el desembarco de una nueva cultura, de nuevos cánticos y melodías, de otras danzas e instrumentos. Fue cuando se concluyó la construcción de la carretera que unía el Oriente con el Occidente del país –es tan extenso el país que hablamos de él en términos hemisféricos- lo que dio paso, poco a poco, a la difusión de toda forma de expresión, y llegó el taquirari, el carnavalito, las danzas orientales, con todo su sabor y candor, dejándonos a los pobladores de las altitudes un aire de tierras cálidas y alegres. 

Chajjes de Colquencha
Seguro que en cada rincón patrio podrían contarse historias similares, de la forma en que se fue difundiendo y dando a conocer semejante cúmulo de expresiones de nuestra tierra.

Es este el marco en que debe mirarse y valorarse la labor que ha desplegado Patricia Ballivián Salek, una estudiosa de las danzas y las expresiones folklóricas nacionales, por pasión, placer y curiosidad, y porque desde niña se dejó llevar por el movimiento y el baile.

Patricia Balivián Salek
La labor de Patricia puede resumirse en la idea de quien se ha propuesto revelarnos un tesoro, exhibiendo ante nuestra azorada mirada algunas de sus piezas más importantes, y ello puede lograrlo gracias a que las danzas folklóricas nacieron, crecieron y se multiplicaron paralela y simultáneamente en muchos rincones patrios, sin que hasta el presente hayamos tomado plena conciencia de su riqueza de expresiones, de toda la gama de motivos que propiciaron su desarrollo y toda la diversidad de sentires que transmiten.

Es cierto que el trabajo que nos presenta Patricia, BOLIVIA EN MOVIMIENTO, DANZAS DE LOS NUEVE DEPARTAMENTOS, no es el primero de su especie, porque el tema de las danzas folklóricas y toda el cortejo exuberante de manifestaciones que suele acompañarlas, es un tema que inquieta y apasiona el alma nacional. No es pues por casualidad que las principales fiestas folklóricas nacionales, donde se reúne todo ese colorido fastuoso, ya legendario e inverosímil de expresiones, hayan merecido reconocimientos internacionales muy valorados, como el recibido por el Carnaval de Oruro que fue declarado “Obra maestra del patrimonio oral e intangible de la humanidad” por la UNESCO. 

Chipayas - Altiplano

Lo particular del aporte de Patricia se traduce en un conjunto de rasgos y características que le dan su propio brillo y personalidad, pues a través de ella, de la empresa que ha culminado al cabo de décadas, puede sentirse y percibirse cuán hondo calan las danzas y las expresiones folklóricas el alma de nuestro país, al punto que Patricia se tomó, se diría que muy tranquilamente, casi 40 años para concluir su tarea. En los años 70 empezó su labor, donde coleccionó gran parte de los materiales que incluyó en su libro, lo que hoy nos permite descubrir cuán vivas se hallaban entonces todas las danzas y expresiones retratadas, y cuán vivas permanecen hoy en día muchas de ellas.

Aña Aña de los Guaraní
La forma detallada y cuidadosa con que describe y caracteriza cada danza, las impresionantes fotografías que tomó entonces y ha cuidado celosamente durante todos estos años cual guarda y albacea de un tesoro invalorable, nos muestra no a una cultora de danzas o a una escritora esmerada, o a una investigadora ávida por registrar los objetos de su atención, sino a la artista que reside en ella, la que al transmitir la esencia de lo que ha observado, acariciado y respetado por tantos años, se da modos para que no nos perdamos detalle alguno, que cada rasgo pueda salir a relucir con luz propia y que nada de lo que simbolizan, reflejan y representan todas esas expresiones, quede sin apreciarse cabalmente, sin valorarse debidamente.

Tundiquis - Altiplano
A leer las presentaciones de las danzas, admirar las fotografías e ir pasando las páginas uno se va sumergiendo en la historia del país, de cada rincón patrio, en los motivos de alegría y diversión de sus gentes, en todo su trabajo creativo. Al final uno siente que se halla en presencia de una obra que no aspira a ser un catálogo, ni una guía turística, ni siquiera un registro meticuloso de todos los rasgos de cada expresión, sino una obra que ha sido capaz de reunir retazos esenciales de un país que se va encontrando a sí mismo cada día más, gracias a todo ese derroche de imaginación, virtuosismo y creatividad que depositaron nuestros antepasados en todas esas expresiones, y que ahora, Patricia, con extrema delicadeza, acierto y esmero, nos ha presentado como un obsequio para solaz de nuestra propia alma y muestra del orgullo que debemos sentir por la forma en que hemos aprendido a relacionarnos con nuestro medio, con nuestro mundo, con nuestras circunstancias y soledades, pero también a festejar nuestros encuentros, plasmados en nuestras maravillosas danzas nacionales.  

No es pues casual, como dice Homero Carvalho, que “antes de que el ser humano aprendiera a hablar… aprendió a bailar”, porque seguramente comprendió que nada de su mundo podría ser nombrado mientras el movimiento, el baile, la danza, no se hubiera apoderado de todo ello. 

Gracias Patricia por permitirme este acercamiento a estas latitudes de nuestra alma nacional. Estoy seguro que quien se deje guiar por las páginas de este hermoso libro que has producido se sentirá transportado a lo mejor de nosotros y al mejor de los arroyos de la vida, allí donde se fusionan las alegrías, las esperanzas y todos los encuentros que han hecho posibles nuestras danzas y todo el cortejo de expresiones que delicadamente las acompañan. 

(*) Para todo efecto, amigo personal de Paty desde la más tierna juventud